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El profesor, agradecido, quiso un día visitar a los padres de su alumno, a lo que éste replicó \"que no sabía si ello sería posible\". Por fin, de allí a pocos días, el muchacho vino una vez con la noticia de que sus padres acogerían con gusto al maestro, \"siempre que éste jurase previamente que no revelaría a nadie el camino que conducía hasta su mansión, y que si luego el visitante faltaba algún día a su juramento, al punto quedaría ciego\". Hizo su promesa el maestro y salió con su discípulo hacia las afueras de la población. Ya en pleno campo, y cuando aquél temía ser víctima de una emboscada o de una burla. he aquí que el chiquillo se detiene; exige de nuevo la ratificación del juramento, y realizada ésta, un simple empujón dado por el chico a una piedra que por allí había dejó expedita la bajada al mundo subterráneo o mundo de los jinas, literalmente \"el otro mundo\", donde el atónito visitante fue cariñosamente recibido y obsequiado por los padres de su alumno, quienes vivían, repetimos en un mundo por completo \"semejante al nuestro en casas, calles, templos, etc.\" Desde entonces, añade Olcott con toda su clásica serie dad, la fortuna del profesor cambió radicalmente; de pobre que siempre fuera, resultó rico \"por los tesoros de los jinas\"; pero infatuado un día quiso revelar a otros el camino de aquel mundo faltando a sus juramentos, y al llegar con ellos hasta la piedra de marras, ¡quedó instantáneamente ciego! El tercero de los hechos en cuestión es el de aquel Hassán Khan, de Benarés, quien, dice Olcott, \"poseía el arte de su padre, que era un gran ocultista y que le había iniciado seriamente con ceremonias mágicas en la sublime Ciencia, dándole poder sobre siete daimones familiares cual los de Numa y Sócrates, bajo la condición estricta de llevar una vida moral y temperante. Sus pasiones, sin embargo, arrastraron a Hassán, y sus siete \"astrales criados\" se le habían ido escapando uno tras otro a su dominio...\"\n\nEl cuarto de los casos de Olcott es el de la visita que él hiciera con H. P. B. a las célebres grutas de Karli, donde entre mil rarezas relativas a retiros solitarios de Maestros en el interior de las criptas del arcaico y venerando hipogeo, a resortes secretos que hacen girar a ciertas piedras como las del subterráneo anterior, o el famoso de Aladino el jina, y a otras cosas a este tenor, ve el bravo coronel, mientras descansa en la explanada de fuera, cómo se le acerca inopinadamente un raro \"shadú\" o discípulo de Vishnú conduciendo a una vaca de cinco \"patas\" (la quinta pata colgando del morrillo como una fantástica excrescencia), hombre que, después de hablarle un momento, se esfuma en su presencia misma como neblina de lago.\n\nOtros muchos casos semejantes narrados ingenuamente por el coronel aquí y allá de su Diario o \"Historia auténtica de la Sociedad Teosófica\" no hicieron sino exacerbar nuestra ya excitada curiosidad hasta un grado increíble. Ora se trataba de un inopinado visitante hindú que, en plena redacción de un periódico en Nueva York les enseña a los redactores un extraño libro, da sus señas, ¡las de una librería de estampas religiosas!, y luego desaparece, dejándoles a todos asombrados; ora de otro tal que en el propio salón de la casa de Olcott le hace ver a éste \"en un cubo o recinto del mismo\" la más horrenda y variada de las faunas astrales; o, en fin, se ve el historiador de los primeros tiempos de la Sociedad visitado dos o tres veces por alguno de aquellos Maestros, quienes hasta le dejan cortar, para prueba de que no se trataba de ninguna alucinación, un pedazo de su turbante de muselina, que el coronel conservó en su poder luego muchos años y enseñó a quien le quiso ver.\n\nDeseando aquilatar hasta qué punto fuesen tales cosas factibles, hojeamos detenidamente las magistrales obras de H. P. B., en especial la novelita ocultista titulada Por las grutas y selvas del Indostán, y allí no sólo vimos ratificados por la maestra aquellos hechos, sino que el número y calidad de ellos aumentó considerablemente. No es cosa de referir uno por uno semejantes hechos, bastando a nuestro propósito el recordar los siguientes:\n\na) El fuego inextinguible de ciertos iniciados guebros y de otros, mantenido perpetuamente por sacerdotes extraños que no salen nunca de tales templos y que mantienen y custodian enormes bibliotecas subterráneas, donde es fama se conserva íntegro el tesoro bibliográfico de la Humanidad, sin faltar allí ninguno de los libros en todas las lenguas, libros que, a través de los siglos, se hayan ocupado de problemas filosófic05 y religiosos. Gentes que hasta conocen la radiotelefonía.\n\nb) Las montañas purificadoras de Bhadrinath, en cuyos hipogeos ciertos invisibles antecesores de los terapeutas del Líbano crean y mantienen un aura salutífera tal, que a sus termas acuden anualmente millares de peregrinos en demanda de su curación.\n\nc) Los takures del Ragistán (India), entre los que no es raro encontrar señores de juventud eterna, que se dicen descendientes directos del sol (\"surya-vansas\"), que jamás se mezclan en asuntos mundanos y que custodian por siglos, en espera de días mejores para los hombres, los inauditos tesoros de Hind o \"de los jinas\", capaces de eclipsar a los mayores de la historia. Dichos takures surya-vansas parecen poseer tales mantrams o \"palabras mágicas\" que con ellas pueden matar instantáneamente a cuantos tigres y demás alimañas tengan la osadía de acometerlos.\n\nch) La fraternidad secreta de los alrededores de las cavernas de Bagh en la India, \"gupta\" o región muy interior poco conocida por los europeos, y cuyos individuos operaron con la narradora y con Olcott prodigios bien extraños que aquélla refiere en su obra.\n\nd) Los llamados sanyasis de Siberia y los todas indostánicos de los montes Vindya, gentes de las que, según la autora, no hay noticias que se casen, ni se mueran, ni se dediquen a las habituales profesiones de los hombres; gentes que mantienen secretos vínculos con otras muchas semejantes de diversos puntos de Asia y aun del mundo, en el que viven, pues, una vida completamente separada de la de los mortales, como si ellos fuesen ciertamente ya de una raza superior y libertada de las infinitas miserias físicas, intelectuales y morales que a nosotros nos aquejan.\n\ne) Las mil gentes raras, en fin, citadas doquiera por los clásicos griegos y latinos, tales como las que tanto asombraran a Plinio, Etico, Filostrato, Apolonio de Tiana, etc., y de las cuales siempre queda a guisa de eco la eterna creencia de la Humanidad en seres subhumanos, humanos o superhumanos que están a nuestro lado mismo, pero que sólo en contadas y solemnes ocasiones nos es dable el tener un fugaz momento de trato con ellos, y eso a costa de grandes riesgos no pocas veces.\n\nEn resumen: todos estos relatos de los dos fundadores de la Sociedad Teosófica y otros muchos más que por la brevedad omitimos, volvían a traer ante la crítica serena el eterno problema humano que nosotros, a la entrada de nuestro libro De gentes delotro mundo} de aquéllos nacido, condensamos en estas interrogaciones inquietantes:\n\n¿Qué clase de seres son estas entidades llamadas djins o jinas, afrites, gulas empusas, proteos, etc., que parecen habitar o frecuentar con preferencia los lugares más apartados del comercio humano y hasta \"vivir sin aire\" en las mismas entrañas de la Tierra, seres poseedores de esa \"cuarta dimensión etérea o astral\" que a nosotros nos falta, seres cuyas relaciones con ellos pueden causar nuestra felicidad o nuestra desdicha?\n\n¿Qué tesoros son éstos de los que tan repetidamente se nos habla y que tan seductores naturalmente se nos presentan, y qué losas o piedras misteriosas son las que solapan, se nos dice, a los ojos de los profanos \"las entradas del otro mundo de los jinas\", piedras célebres ya en la historia del mito, pues que si un pobre maestro de escuela en la Benarés de nuestros días pudo encontradas antes de hacerse rico, también en el mito universal la encuentran de igual modo el Aladino de Las mil y una noches; el Juanillo el Oso de la leyenda española; el Don Lanzarote del Lago (incidente del sepulcro de Galaz) en la leyenda caballeresca; piedras, en fin, relacionadas con la \"Petra\" o .Pétera\" de los hierofantes iniciadores, con la \"Piedra bruta\" y la \"Piedra tallada y labrada\" de la Masonería, con la \"Pétera\" del Evangelio, con la \"Piedra cúbica\" de ciertos tratados de construcción tales como el español del arquitecto Herrera, con la \"Piedra de Jacob\", y la \"Piedra del Destino\" o Lía-Fail de Westminster y con las numerosas \"Piedras oscilantes\" de nuestra prehistoria; piedras que, en unión de los dólmenes, menhires y demás restos druídicos españoles, empiezan hoya bendecir -y ellas sabrán por qué- las autoridades eclesiásticas de nuestra patria.\n\nLo sugestivo de estos míticos asuntos nos llevó a estudiarlos más y más hasta escribir sobre ellos la obra ya citada, y en la que fuimos acumulando numerosísimos hechos, algunos verdaderamente hermosos, tales como el de \"los jinas andinos\", \"los tesoros de las huacas de los incas y del templo del Cuzco\", \"la raza heroica y vagabunda de los Tuatha de Danand\", judíos errantes de las leyendas de los bardos, merecedores por sí solos de un extenso tratado, y mil otros, en fin, acerca de \"los jinas de España\", que además de formar un capítulo de la obra desbordaron de ella para servir de base a otro simultáneo: El tesoro de los lagos de Somiedo y en el que los Aladinos, los tesoros y las \"vacas astrales\" asturianas abundan que es un primor. El libro De gentes del otro mundo tuvo así un prólogo en El tesoro de los lagos de Somiedo y un epílogo en el de Wágner, mitólogo y ocultista, por cuanto a la sombra de ese \"Arbol gigante\" constituído por las obras del coloso de Bayreuth, pudimos desarrollar un extenso trabajo de mitología comparada y en el que salta desde luego a la vista que en los nibelungos, gibichungos, walkyrias, gigantes, dioses, héroes, etc., de la trama de los Dramas musicales wagnerianos están siempre \"los jinas, sus tesoros y sus secretos\".\n\nEste \"hilo de oro\" literario, que viene a enlazar así cuatro de nuestras obras principales (la cuarta son los comentarios a Por las grutas y selvas, de H. P. B.), ha continuado de entonces acá tejiendo su \"tela\", porque el capítulo final de De gentes del otro mundo dejaba pendiente un cabo donde empalmar la trama de otro, a saber, el de las enseñanzas de Pablo, el Apóstol de las gentes y verdadero fundador del Cristianismo, al hablarnos como ocultista de \"las enemigas potestades del aire\", de \"la muerte y su mentira\", de \"el Dios Desconocido y sin Nombre\" (el Hyerostheos) y de otras cosas análogas que en el fondo no son sino \"misterios de los jinas, superhombres y Maestros\".\n\nEl libro de los jinas, que, con los nuevos e inagotables datos se imponía, pues, tenía que llevar otro título además, si había de responder plenamente a su carácter y al fin para el que se iba a escribir, porque al tomar por base las frases de San Pablo (Corintios, 1, XIV) de \"hay un cuerpo material y un cuerpo espiritual; cuando esto se sepa, ¿qué será, ¡oh Muerte!, de tu mentira?\", había de llamarse asimismo El libro que mata a la muerte, no en el sentido físico, ya que todo lo que nace muere y todo lo que muere renace, sino en el trascendente de matar en nosotros a esa farsa macabra de la Muerte, que no es sino el Velo de Isis que nos separa de las delicias de la inmortalidad.\n\nPaso a paso, cual las hojas de un modestísimo Corán, se fué escribiendo, pues, el presente libro al tenor de las necesidades mensuales de la revista El Telégrafo Español, a la que se consagrase, e inútil es decir que se guardó ni podía guardarse en sus tan raros como complicados asuntos orden alguno cronológico. Si estábamos en \"cuarta dimensión hiperfísica\", ¿a qué guardar semejante orden ya que en la hiperfísica, según el aserto de un Maestro, no existen, a bien decir, pasado, presente ni futuro?\n\nAdemás, una ordenación semejante acaso habría destruido la espontánea homogeneidad con que aquél se iba desarrollando. A partir, en efecto, del capítulo VIII, que es el primero que al detalle se ocupa ya de los invisibles jinas, la historia, en sus penumbras más deliciosas, parece seguir de cerca siempre a tan sugestivos personajes. De pronto tropezamos con un pasaje del historiador Anquetil Duperron, en el que los reyes persas, en la cumbre de su poderío, se creen dueños y señores de todo lo descubierto de la Tierra; pero los magos del reino, para abatir su soberbia haciéndole comprender al rey Darío que el hombre más encumbrado es nada para aquellos Seres superiores, le dan noticia cierta de ellos. El rey les intimida con la sumisión o la guerra; pero la embajada es contestada por los jinas del modo más burlón y soberbio, como se verá a su tiempo, y cuando los ejércitos del déspota persa van a conquistarlos... ¡no encuentran ni el sitio siquiera donde los emisarios anteriores los viesen; no los encuentran, repetimos, ni más ni menos que el acompañante de H. P. B. por los alrededores de Bombay tampoco pudo hallar la quinta de los rosales floridos, donde otro \"jina\" recibiera a la rusa iniciada, y donde los \"profanos\" no podían llegar por sí solos!\n\nY es lo bueno que la historia o leyenda anterior se reproduce en otro pueblo harto distante del primitivo de Persia en el tiempo y en el espacio, entre los fieles aztecas de México, cuyo rey Moctezuma -otro Darío soberbio- también, en su orgullo, quiere visitar a la \"Tierra de sus Antepasados\" (de sus \"jinas\" o muertos queridos). Los magos del reino, tras grandes averiguaciones, comunican al emperador que a semejante tierra no se puede llegar por ninguno de los trillados caminos del mundo pecador, sino por los inaccesibles del sacrificio. El viaje se realiza, al fin, como habremos de ver siguiendo al primitivo historiador Padre Durán, y los embajadores arriban a aquella elísea tierra donde la juventud era eterna y donde los reciben en plenos vigores los antepasados del viejo soberano, preguntándoles como si tal cosa por varias generaciones de sus antecesores en el trono y que, naturalmente, habían desaparecido de este mundo, mientras ellos gozaban de una juventud y una felicidad perfectas. . .\n\nEl caso mexicano encuentra en nuestras páginas otro caso histórico-legendario no menos asombroso: el de los Thuatha irlandeses y sus cuatro cosas mágicas que los hicieran inmortales, viviendo aun hoy como verdaderos jinas en las verdes colinas de Erin, en espera de un mundo menos corrompido que el actual a quien ayudar e iniciar en los misterios eternos. Las consiguientes cuevas de iniciación tampoco faltan aquí, como no faltan entre los mexicanos, entre los hindúes ni en ningún otro de los pueblos del planeta.\n\nVienen luego, lógicamente, los misteriosos \"todas\" de las Montañas Azules de la India, relacionados con swamis, gymnósofos y demás Maestros de los que nos habla la Teosofía; sus análogos los shamanos de Siberia y del país de Kalkas, cuna del alfabeto calcídico-matemático, zendzárico o jaíno, y, en fin, los sublimes Tirtankaras o Primitivos Buddhas de la Compasión, jaínos de que nos hablan con excepcional reverencia los libros sagrados mogoles.\n\nUn estudio detenido sobre nuestras fuentes primeras acerca del noble pueblo inca nos hace ver claramente los orígenes solares o jinas de esta maravillosa civilización precolombina en América del Sur, con una riqueza tal de detalles ocultistas que el hablar ahora de ellos sería profanar lo que es objeto de los correspondientes capítulos. Los amautas incásicos son verdaderos bardos de aquel suelo, transmisores de la eterna Religión-Sabiduría primitiva, que está por encima de todas las religiones vulgares o exotéricas, tanto como lo está el sol sobre la luna, y las iniciaciones del Templo del Sol, desconocidas para sus conquistadores y profanadores, nada tuvieron que envidiar, acaso, a las de Eleusis o a las del remoto Oriente.\n\nEl pueblo hebreo y su iniciático libro o Biblia nos da asimismo, a través de los acostumbrados velos sacerdotales, la sublime silueta de tres jinas históricos: Henoch (Jano o jaíno), Elías y Elíseo, patriarcas y profetas de la Primitiva Verdad, envueltos en maravillosos simbolismos, eso sin contar a los más excelsos jinas, los Elohim o Heliojins creadores, verdaderos Pitris solares y lunares, como los “agnisvatta\" y los \"barishad\" de las teogonías védicas. Estos \"Helios\" griegos y \"Helios\" o \"Caballeros del Cisne\" de la leyenda caballeresca dicen harto clara su procedencia para que vayamos más que a mencionarlos ahora en esta ojeada general de nuestra presente obra.\n\nDel judaísmo pasamos al cristianismo y a su célebre jina Juan o Io-agnes, \"el Bautista\", a las fraternidades más o menos jinas, a las que él, como su pariente Jesús, perteneciera; vemos el abolengo claramente buddhista de todos cuantos eran iniciados en las montañas del Líbano, y vemos también con delicioso arrobamiento las escenas jinas de la Transfiguración, la Resurrección, la Ascensión y la Pentecostés con todo ese tesoro ario de los lagos iniciáticos y de los Misterios que en ellos se celebraran durante edades sin cuento hasta los días de la decadencia de estos últimos.\n\nEn el Corán, como rama en cierto modo del gran tronco hebreo, los jinas no podían faltar tampoco y, en efecto, no sólo no faltan, sino que la obra del Profeta-maestro Mahoma es acaso una de las fuentes más puras entre las de Occidente, donde pueden aquilatarse detalles jinas o jainos nada fáciles de encontrar en otros Panteones. Las huríes, el lago Kanthea, los Harut y Marut, Dhul-Karnein, los durmientes de la Caverna, las gentes de Iadjudj, etc., no son, no, de este mundo, sino \"del otro de los jinas\".\n\nDe \"los jinas\" en Las mil y una noches no tenemos por qué hablar, dado que ellos saltan doquiera en el comentario ocultista que acabamos de dar a luz extractado de esa primitiva novela atlante-parsi, que es uno de los tesoros más preciados de la humana literatura, tesoro al nivel de cualquiera otro de los libros religiosos conocidos. Por su parte, la literatura caballeresca, como literatura jina, también enlaza la tradición iniciática de aquel libro con las enseñanzas incomprendidas del Paganismo, fuente de arte oculta de la que jamás se sacará todo el partido que es posible, y el que lea con esta clave los viejos romances de los ciclos artúrico y carlovingio sabrá al punto acerca del fondo de los mitos atlantes que ellos solapan muchísimo más que el más documentado de los folkloristas, a quienes les ha faltado siempre esta clave ocultista de interpretación que en vano han buscado en otras fuentes de la Historia y que guarda la clave además de toda la proto-historia occidental, especialmente de la española, donde los parsis y güebros de Hispaham, y después los egipcios u ofitas han ejercido básica influencia que aún perdura, viniendo a nuestro cielo muchos siglos antes que fenicios, griegos y cartagineses.\n\n¿A qué seguir reseñando ya lo que el lector ha de ir encontrando detallado a lo largo de las páginas del libro? Lo apuntado basta para su justificación y la de su doble titulo. El jina existe. Le hemos encontrado todos por lo menos una vez en el áspero e iniciático camino de nuestra vida en forma de \"hombres y cosas raras\". que ni hemos vuelto a ver ni hemos acertado luego a explicarnos; en forma de \"solución imprevista\", venida de ellos, como \"ángeles custodios\" de la Humanidad en general y en particular de cada uno de nosotros, aunque nosotros, ciegas bestezuelas desconfiadas y escépticas, lo hayamos echado luego, temiéndonos a nosotros mismos, al revuelto saco de lo que llamamos \"coincidencias\", \"casualidades\", \"alucinaciones\" y demás palabrejas de cobardía para no afrontar cara a cara, como lo hacemos nosotros, desafiando a la crítica, en el presente libro, donde la poesía tradicional y la verdad histórica van todo lo inextricablemente enlazadas que ir deben en nuestra vida si hemos de dar a la razón el vivificante calor de la emoción y el sentimiento, y a estos últimos la guía de una crítica histórica de mitología comparada como no se ha empleado hasta aquí por los sabios modernos, temerosos sin duda ellos en sus vanidades de que un glorioso pasado que se cree perdido y, sin embargo, resucita y vive, muestre ante sus espantados ojos una ciencia integral que penetra en lo maravilloso y puede responder gallarda a las tres preguntas del enigma de la Esfinge: \"¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos? y ¿adónde vamos?\", como jamás llegará a hacerlo su ciencia pobre y positivista, porque puede enseñamos, documentada con el testimonio de la sabiduría de todos los pueblos y edades, que hemos descendido de lo Alto, del Seno del Logos inefable, a través de las infinitas \"Casas de devoción\" de rutilantes astros y de \"Moradas\", como aquella que en sus éxtasis de iluminada consciente e inconsciente columbrase Teresa de Cepeda...\n\nMientras ignoremos tamañas verdades, no seremos sino \"animales de dos pies\"; cuando lo sepamos y alcancemos a obrar al tenor de tal \"Sabiduría\", empezaremos a ser Hombres y luego Héroes, Se midioses y Dioses a través de ese obscuro y extraño \"Mundo de los Jinas\", de los que pobre y malamente se ocupa este libro.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 144827, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000050.g2", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000050"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b38", "chapter_title": "===== CAPITULO 01 ===== CAPÍTULO PRIMERO EL OTRO MUNDO Y LA HIPERGEOMETRÍA", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 371, "text": "Los medios para semejante comunicación no aparecen, sin embargo, por parte alguna hoy. Es cierto que los múltiples tratadistas, antiguos y modernos, citados por Flammarión en su ya clásica Pluralidad de los mundos habitados, han intuído y fantaseado prodigiosamente acerca de seres de otros astros, y aun del espacio mismo interplanetario, y que como pertenecientes a nuestro \"archipiélago solar\", tarde o temprano, y en vida o en muerte, habrán de comunicarse con nosotros. Cierto es también que hoy poseemos un instrumento genuinamente físico, la onda de Hertz, para la que no existe ya imposibilidad teórica de alcanzar gallarda, mejor aun que su hermana la lumínica, al menos hasta planetas vecinos, como la Luna, Marte, Venus o Júpiter. Cierto es, por otro lado, que toda una escuela filosófica moderna, de vieja raigambre en la entraña de la historia -el Espiritismo-, ha pretendido más de una vez el darnos, como auténticas, comunicaciones con nuestros muertos queridos, moradores, bien de otros astros del espacio, a bien de mundos ene-dimensionales, que no son sino otras tantas posibilidades del Espacio Abstracto Incognoscible que, a guisa de única y efectiva Divinidad, se halla doquiera, por esencia, presencia y potencia, después de abstraídas filosóficamente todas las apariencias sensibles. Cierto, asimismo, que todas las grandes religiones troncales: jainismo, brahmanismo, parsismo, paganismo, judaísmo, buddhismo, sintoísmo, cristianismo, mahometismo., han glorificado a sus excelsos fundadores, cama otros tantos Tirtankaras, Rishis, Zoroastros, Avataras, Manús, Enviados, Hijos de Dios, Sephirothes, etc., etc., admitiendo, con fe admirable, la posibilidad que el Justo de todo tiempo, creencia o país tiene que ponerse al habla con ellos, ora mediante la mística yoga, el éxtasis, la fe íntima y la autoconciencia trascendente de Schopenhauer, ora remontando uno a uno, con su Amor místico, los infinitos peldaños de una Escala de Jacob, o Cadena de millones de devas, ángeles, jerarquías celestes, dioses, semidioses, jinas, héroes, etc., en número tan incalculable como el de las unidades matemáticas de los diferentes órdenes; ora, en fin, por la mediación, ya más próxima a nosotros, de los respectivos Lamas, Shamanos, Maestros, Sumos Sacerdotes o Pontífices; es decir, de efectivos \"constructores de místicos puentes\", entre este nuestro valle o mar de lágrimas y el ultra mare vitae de la clásica leyenda de Psiquis.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 144866, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000148.g3", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000148"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b106", "chapter_title": "AÑOS", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 152, "text": "En efecto, los griegos sabios tuvieron respecto a semejante misterio de la comunicación del hombre con seres superiores todo un poema simbólico, el de Las Aves, de Aristófanes; poema en el que, de mano maestra, se nos traza la historia de la edad de oro -esa edad cuya reminiscencia se halla como idea innata en todos nosotros, y cuyo recuerdo consta históricamente en todos los grandes libros religiosos-, edad del keitayuga, en la que los hombres y los dioses se entendían directamente, sin necesidad de intermediario alguno. 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LA HISTORIA Y LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 1676, "text": "===== CAPITULO 08 ===== CAPÍTULO VIII. LA HISTORIA Y LOS \"JINAS\"\n\nConclusiones deducidas de los capítulos anteriores. - Una palabra que no está en los diccionarios. -. Una lamentable definición de la Real Academia Española. - ¿Quiénes son los \"jinas\"? - Un pasaje del orientalista Anquetil, respecto de los magos de Persia. - Los janos, indiatis, jainos o jinas, y su rebeldía. El simbolismo del humano poder. - ¡Desvanecidos por maya hipnótica!- Un caso análogo de \"jinas\" consignado en la Historia de México de Fr. Diego Durán. - El emperador Moctezuma el viejo quiere enviar una embajada a la \"tierra de sus antepasados\". - Se ponen en acción todos los magos del reino.\n\n- La entrevista con la madre del dios Huitzilopochtli. - El porqué de nuestra miseria y nuestra ceguera. - ¡Mortales inmortales! - Los hombres, al volver a saber esta verdad perdida, lloran con Moctezuma y Tlacaelel nuestra triste caída en la cárcel de esta vida transitoria.\n\nPara no cansar ya más al lector con cosas relativamente abstrusas y antes de entrar en un nuevo orden de consideraciones, tendamos una ojeada general a la doctrina de los siete precedentes capítulos.\n\nEn ellos hemos visto, ante todo, la posibilidad y la necesidad de superar a nuestra ciencia moderna con el empleo del método teosófico o analógico fundado en la vieja clave de Hermes Trimegisto, porque este método, aunado con las más recientes conclusiones de la Hipergeometría, nos puede evidenciar la absoluta probabilidad de otros seres y otros mundos, hoy invisibles, que existen, sin embargo, a nuestro lado mismo, aunque ellos no nos sean apreciables de ordinario, por ser nosotros seres de meras tres dimensiones, y enedimensionados ellos. Apelando, en fin, a la Historia de la Filosofía, hemos demostrado también con textos relativos a Pitágoras, Platón, Lucrecio, Plutarco, Orígenes, San Pablo, Kant, etc., que para la Antigüedad sabia la tal existencia de otros seres y mundos invisibles era de absoluta realidad, desde el momento en que, unánimes y contestes, enseñan ellos que por encima de nuestro cuerpo está nuestra alma, y por encima de entrambas nuestro Supremo Espíritu, viviendo estos tres elementos fundamentales del verdadero Hombre, aun aquí abajo, tres vidas distintas: la animal, corpórea o terrestre; la humana, lunar o psíquica, y la divina, espiritual o solar, con .arreglo al sublime texto de Plutarco, cual si el verdadero Hombre fuera, como es, en efecto, un habitante al par del Sol, de la Luna y de la Tierra, un ser sometido, por tanto, a dos muertes sucesivas: la muerte física que le priva de su cuerpo material llevándole a los ámbitos del espacio demarcados por la órbita o esfera de la Luna, y la muerte psíquica, segunda muerte que, en el caso favorable, quizá poco frecuente, de un completo triunfo del alma o psiquis sobre los elementos inferiores pasionales, liga definitivamente al alma y al Espíritu, con arreglo al verdadero significado de la conocidísima fábula de Psiquis y Heros, de Apuleyo, de la que trataremos en su día, mientras que en el contrario y más frecuente caso de las almas encenagadas en las pasiones y en el egoísmo, esta unión puede hasta romperse, acarreando al hombre los más tristes destinos.\n\nAquellos de nuestros lectores que conozcan los anteriores tomos de esta nuestra Biblioteca comprenderán sin esfuerzo que los siete, capítulos precedentes podrían continuarse con muchos otros relativos a los clásicos grecolatinos iniciados en los Misterios y aun con otros autores, tanto orientales como europeos; pero con ello no conseguiríamos sino abusar de la ansiedad de los que hasta aquí nos han seguido leyendo y que, impacientes, se habrán preguntado de seguro: \"¿Cómo matar a la muerte, al tenor del titulo del presente libro? Y, además, ¿qué diablo de seres son esos jinas del subtítulo, -cuya palabra empieza por no estar en los diccionarios?\" .\n\nRespecto de la primera pregunta, la contestación es sencilla: a la muerte se la mata así que se adquiere conciencia de la inmortalidad; se la mata desde el momento en que, por intuitiva fe y por filosófico estudio como el que vamos haciendo, se demuestra su gran mentira, puesto que, si desde el punto de mira positivista, no es ella sino un aniquilamiento de la conciencia y una disociación de los elementos del organismo hasta entonces vivo en otros organismos inferiores, acabando en agua, anhídrido carbónico y unos cuantos álcalis, para el que ve más hondo, al tenor de los principios filosóficos y analógicos, ya ella no es sino una mera transformación; uno como despojarse el alma lunar del hombre -y aun de los animales y plantas de las viejas vestiduras corpóreas, para pasar al mundo inmediatamente superior, al que nosotros hemos denominado \"mundo de los jinas\".\n\nEn cuanto a la pregunta segunda, o sea la relativa a quiénes sean estos seres y cuál su dicho mundo, la cosa, como nueva, resulta un poco compleja, precisando algunas previas explicaciones que se irán ampliando luego.\n\nDe los varios tomos de esta nuestra Biblioteca de las Maravillas se desprenden, en efecto, multitud de detalles filosóficos, legendarios y aun históricos relativos a unos seres invisibles que existen, al parecer, a nuestro lado mismo, seres de cuarta o ulterior dimensión a los que, siguiendo la tradición universal, hemos dado en denominar genéricamente finas. Al intentar hoy en este honrado tomo un nuevo y más concreto tratado acerca de ellos, es indispensable, pues, el hacer un resumen de cuanto hemos podido apreciar en aquellos otros respecto a tan sugestivo asunto; es decir, una concreta exposición de hechos que más al por menor pueden verse en sus lugares respectivos y que vendrán así a contestar cumplidamente a aquella interrogación naturalísima. Semejantes detalles son los más propios para excitar la dormida curiosidad del más escéptico y aun ponerle los pelos de punta con el misterioso escalofrío de lo superliminar y lo sublime.\n\nEnumeremos con la sencillez de quien se siente muy por encima de todo temor al necio ridículo, cuantos casos de jinas conocemos. El lector, si se fija, recordará quizá alguno más de su propia experiencia, y si la encuesta sobre el particular de los extraños hechos de los jinas se ampliase a cuantos han devorado dudas científicas, penas morales y acerbos sufrimientos físicos, la lista tomaría las proporciones gigantescas de lo que confunde, anonada y abruma.\n\nEntre los millares de casos jinas que registra la historia merece puesto de honor el siguiente, relativo al Imperio soberbio de los persas, caso narrado nada menos que por el propio orientalista Anquetil y persona la menos sospechosa, por tanto, en tales cuestiones.\n\nEste gran pueblo persa, dice dicho autor, vivió feliz unos millares de años, gobernado por magos (supervivientes de la catástrofe atlántica), hasta que trocó, como- luego Israel, el paternal gobierno sabio de sus Jueces o doctos, por el tiránico y absurdo de sus Reyes guerreros. El Imperio empezó así por un Darío dominador y acabó por otro Darío vencido: ¡un Imperio tan soberbio, que, por mano de Jerjes, mandó azotar al mar y cargarle de cadenas cual a esclavo, por el delito de lesa majestad de haber deshecho con sus olas el puente de barcas construído sobre el Bósforo, para pasar a dominar a los libres pueblos griegos que aún conservan sus clásicas instituciones redentoras!\n\nCiro habla ya realizado, dice Anquetil, las más épicas hazañas en Asia Menor, Asiría y Babilonia, y Cambises había ya dominado el Egipcio y la Etiopía, por manera que el Imperio de los persas se extendía desde la Cirenaica hasta la India, y desde la Etiopía y la Arabia hasta el, Caspio y el Ara!. ¡Prácticamente creyó Darío, en su ceguera, que había dominado ya a su despótico capricho al mundo (Odo conocido!\n\nPero los astutos magos, deseosos de vengarse de su soberbia con sus burlas, y conocedores, de siempre, de ese extraño pueblo jina, que es invisible de ordinario a nuestra vista, pero del que estamos separados, valga la frase, por el tenue velo de niebla hipergeométrica de la cuarta dimensión, hubieron de humillar al déspota, diciéndole:\n\n-No seas necio. En todo cuanto dices de que el mundo entero te rinde vasallaje, no hay sino la ilusión más crasa. ¡Bien cerca tienes, por ejemplo, un felicísimo pueblo escita, el de los indiatis o jaínos, a quienes no sólo no someterás, sino que cuantas veces lo intentes, se burlarán de ti!\n\nCiego de ira Darío ante tamaña posibilidad humillante, destacó en el acto una. embajada a aquellos adoradores del dios Jano, intimándoles el vasallaje más estricto. El resultado de la embajada no se hizo esperar; los emisarios, llenos de recelos respecto a las- mil extrañas cosas que durante su misión les aconteciesen, cosas como para poner a prueba al más escéptico en cuanto a posibilidades desconocidas de la naturaleza, depositaron a los pies del César los objetos que, por toda contestación, les habían dado para él los cuitados aquellos, es a saber: un topo, un pez, un pájaro, un poco de amianto y un haz de cinco flechas. Los adivinos a sueldo del tirano quedaron perplejos ante aquella dudosa prueba del jaíno vasallaje. sin saber cómo interpretada; pero los magos le sacaron sarcásticamente de su perplejidad, diciéndole:\n\n-¡Sí! ¡Te prometen completo vasallaje, para cuando seas dueño del interior de la tierra, como el topo; de las aguas, como el pez; de los aires, como el ave; cuando puedas resistir incólume la acción del fuego como los hilos del amianto y dominar, en fin, tu pensamiento con el conocimiento mágico de la Pentalfa y de la Década o \"haz de las cinco flechas\" que te envían!\n\nIndignado Darío dió la orden de que se atacase inmediatamente al rebelde pueblo burlón, pero sus legiones no sólo no encontraron a nadie, sino que el país mismo que buscaban se les ocultó cual tenue neblina de la mañana...\n\nUn segundo caso muy análogo al anterior e instructivo por demás. es el consignado por el P. Durán en su notabilisima e inestudiada Historia de México. El antedicho pueblo jina de Darío aparece aquí -ya se verá más adelante la razón de ello- como el país originario de la humanidad o, al menos, de los pueblos mexicanos. El perdido Paraíso primitivo como si dijéramos.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145340, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000603.g5", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000603", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000604", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000605", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000606"], "reference_count": 3, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b523", "chapter_title": "===== CAPITULO 08 ===== CAPÍTULO VIII. 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Injusta con Fray Diego Durán, le deparó todas las desventuras que pueden perseguir al que ha consumado una larga y laboriosa vida en útiles trabajos. Apareciendo en sus obras como uno de los más ardientes propagadores del Evangelio en el siglo XVI, ignoramos cuáles fueron el teatro y fruto de sus tareas apostólicas, Diligente investigador y conservador de antiguas tradiciones y monumentos históricos, trabajó para extraños o para la polilla, no dejándonos recuerdo alguno, ni de su familia ni de su persona.\" Sólo se sabe por el cronista mismo de su provincia, Dávila Padilla, QUE ERA HIJO DE MÉXICO, que escribió dos libros, uno de historia y otro de antiguallas de los indios, que vivió muy enfermo y murió en 1588. \"Los escritores posteriores no han hecho más que repetir lo que aquél dijo, y algunos de ellos con variantes que despojan al desventurado escritor de lo último que se le podía quitar: su nombre, su patria y la propiedad de sus escritos\" .\n\nY que estos últimos fueron notabilísimos, lo prueba el aprecio en que ya se tienen por todos los verdaderos amantes de las glorias mexicanas cuanto de la imparcialidad que a la historia debe siempre presidir.\n\nLa ciencia, en efecto, tendrá siempre que agradecer al gran dominico el habernos dado el sencillo panorama de los tiempos de México que precedieron a la conquista española, con todos los rasgos fidedignos relativos a sus ideas religiosas, calcadas, como llevamos visto, en este prodigioso mundo jina que empezamos a estudiar, y que, aun admitido simplemente como hipótesis, podría esclarecer muchas dudas de las que han asaltado a varios juiciosos historiadores e investigadores de los riquísimos códices del Anahuac, con el mártir de Boturini a la cabeza .", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145419, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000614.g6", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000614", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000615", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000616", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000617", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000618", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000619", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000620", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000621"], "reference_count": 8, "matched_forms": ["jina", "JINAS", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b613", "chapter_title": "===== CAPITULO 09 ===== CAPÍTULO IX. PROSIGUEN LAS HISTORIAS DE LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 824, "text": "===== CAPITULO 09 ===== CAPÍTULO IX. PROSIGUEN LAS HISTORIAS DE LOS \"JINAS\"\n\nLos jinas en Irlanda y Escocia o Tuatha de Danand. - El pueblo siempre errante. cantado por los bardos. - La batalla legendaria de Madura y los cuatro pueblos de este nombre en el mundo. - Las cuatro cosas mágicas del Gaedhil.Los prehistóricos Caballeros del Grial. - Las cumbres del Connaicue y los Fir-bolgs perversos. - ¿Eran gentes humanas o sobrehumanas los Tuatha? - Sus glorias, sus ejércitos, sus triunfos y su misteriosa desaparición. según los cantos ossiánicos. – Brígida, la diosa de la sabiduría, y su caldera mágica. El enano Gwion y \"la Tierra jina del Descanso\". - La catástrofe atlante. - Los Tuatha y la Edad de Oro. - La inspiración y los jinas. - Detalles concordantes de griegos y orientales. _ La raza desaparecida de los del color de la luna. - Ellos nos ven a nosotros, pero nosotros no podemos verlos. - Un pasaje de las Estancias de Dzyan. - Consideraciones filosóficas e históricas acerca de estos extremos.\n\nEl capítulo VII de nuestro libro De gentes del otro mundo -libro que viene a ser el precedente del actual- se consagra por entero a un pueblo verdaderamente jina, es decir, a unas gentes mitad legendarias, mitad históricas, de la primitiva Irlanda, gentes que bien pueden considerarse como el prototipo de la extraña raza que nos ocupa.\n\nPreferible sería, pues, que el lector examinase al detalle el referido capítulo, que es, por decirlo así, un capítulo de nuestra propia historia de España, por referirse a los habitantes del Gaedhil, es decir, de la Galicia irlandesa primitiva, formada por esa admirable raza gallega siempre emigradora; raza que fué en época prehistórica a las Islas Británicas y aun a la Galitzia centroeuropea; que en la Edad Media colonizó la Península a medida que la abandonaban los árabes, y que en la edad moderna ha dado el principal núcleo colonizador de América.\n\nBaste saber para nuestro objeto que las más antiguas tradiciones irlandesas, consignadas en los cantos de los bardos o rapsodas nórdicos, hablan de un pueblo maravilloso, cainita o inca, es decir, de \"sacerdotes-reyes\", llamado de los Tuatha de Danand o Tau-hua-de-Diana, habilísimo en toda clase de artes mágicas, aprendidas en Tebas cuando, después de largos siglos de permanencia en las verdes colinas de Erinn (la Irlanda antecéltica), fueron arrojados hacia Oriente por el pueblo de los fir-bolgs (rifeños o atlantes occidentales) .\n\nPrototipo del judío errante, los pueblos jinas de los Tuatha, en eterno éxodo análogo al de judíos de un lado y mexicanos de otro, recorrieron ellos todos los países mediterráneos, hasta llegar a la propia Escandinavia, donde fundaron, además de una ciudad lunar y otra solar, cuatro grandes ciudades mágicas con los nombres de las cuatro grandes razas humanas: la aria, la semita, la atlante y la europea posatlántica. De la Escandinavia, en fin, siguiendo esos sus tristes destinos errabundos que están a guisa de extrañas reminiscencias gitanescas en los pechos de todos los hombres como base del espíritu aventurero, retornaron, primero a Escocia y luego a Irlanda. Al desembarcar en esta isla, protegidos, como Eneas en Cartago, por una espesa niebla mágica (o Velo de Isis y de (a, cuarta dimensión que los ocultara), se prepararon para dar a sus eternos enemigos, los Fir-bolgs, o gentes tenebrosas, la célebre batalla de Madura, batalla cuyo elogio mítico está hecho con sólo apuntar que hubo y hay una Madura en Irlanda; otra vasca en nuestro territorio; una tercera junto a Cartago, y que fué patria de Apuleyo el inmortal autor de la leyenda iniciática y jina de Psiquis y Reros, o sea del Alma y el Espíritu. Una cuarta población Madura la vemos aún hoy en el Indostán, y quizá no sea difícil encontrar otras semejantes registrando historias antiguas.\n\nVencieron, decimos, los Tuatha en semejante batalla, y tras mil peripecias, volvieron a reinar en su amada Irlanda durante cerca de cuatro siglos, dando lugar su ciencia mágica a leyendas inmortales, como las relativas a los dólmenes y menhires prehistóricos de Stonehenge; a las colinas sagradas de los druidas; al Cauldrón de Daagda o Caldera de Pedro el botero; al \"enanito Gwion\", precursor de los héroes de Gulliver y de Carlyle; a la Lanza y Espada sagradas; al Caudillo de la Mano de Plata, y, en suma, a todo el complejísimo mito caballeresco del Santo Grial, del Tesoro nibelungo, de El Kalevala y los Eddas, con sus Sagas, Veledas y Urvalas nórdicas, y, en fin, al de los Caballeros andantes. Al cabo de dicho tiempo, los Tuathas, como los mexicanos verdaderamente iniciados bajo los españoles, desaparecieron de aquellos lugares al empuje de la invasión de un pueblo ya netamente histórico: el milesiano o ciclópeo, que tantas huellas ha dejado en los países mediterráneos.\n\nVeamos ahora un ligero extracto de las hazañas de los Tuatha o jinas irlandeses y su triste desaparición a los ojos de los mortales al tenor de los variadísimos cantos de los bardos, que cita profusamente Rold Brash.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145430, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000626.g7", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000626", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000627", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000628"], "reference_count": 5, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b613", "chapter_title": "===== CAPITULO 09 ===== CAPÍTULO IX. 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Gwion el chico, hijo del poeta de la Tierra del Descanso, y, por consiguiente, un jina, probó de aquella agua con su dedo, adquiriendo el don de la clarividencia y de la profecía, lo que le permitió huir de la gran catástrofe que preparaba a los hombres la perversidad de Ceridwin, volando a su patria nativa; pero en el momento mismo de la hazaña de Gwion el jina, el resto del líquido de la caldera se derramó por toda la tierra, dando lugar al Diluvio... Desde entonces las gentes jinas de los Tuatha de Danand, dicen los textos citados, desaparecieron de la Tierra de Erinn para vivir en el encantado Reino de las Hadas (reino de la imaginación, o de faery), pero ellos no murieron, porque no podían morir, sino que, por causa del veneno de la caldera -el pecado de Adán o de los adantes-, siguen viviendo en los rath sepulcrales, en el tarn de la montaña, en los pagos o recintos benditos debajo de las aguas de los lagos y en todo otro lugar aún no profanado por la planta o los vicios de los hombres, quienes no les ven por causa del Velo que tienen ante sus ojos, aunque ellos bien que nos ven a nosotros...\"\n\nPor cierto, que semejante desaparición de los Tuatha cuenta con dos hermosos precedentes concordantes, uno el de las leyendas iniciáticas de Oriente contenidas en las Estancias de Dzyan o .lían, que forman la base de La Doctrina Secreta, de H. P. B., Y otro el de las leyendas análogas que sirvieron de base a Hesiodo para su Teogonía.\n\nEstas últimas dicen que \"la raza de hombres de la Edad de Oro -la edad de Jano, jina o jaina- vivió como una tribu de dioses sobre la tierra\". Apartados ellos, al fin, de las miserias que sobrevinieron luego a la humanidad, se durmieron para morir con la dulzura de la niñez tranquila, convirtiéndolos Zeus en amables genios (o jinas), quienes, invisibles desde entonces a los ojos humanos, recorren constantemente la tierra, velando por sus hermanos menores los hombres... Son ellos, pues, los resplandecientes númenes que en los inefables trigales de la luz recogen las doradas gavillas con que sustentan e iluminan a los hombres en el Sendero. Sus fúlgidos pensamientos pueblan la atmósfera mental de los hombres inspirados (genios y poetas) , porque la inspiración no es sino el acto de sumergirse la mente en semejantes esplendores inmortales para traducir el lenguaje humano su excelsa belleza o su recóndita verdad, y su rasgo distintivo es el de dejar sumergida en divina titilación nuestras almas cual banderas agitadas por el viento en una marcha triunfal .", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145442, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000643.g8", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000643", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000644", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000645", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000646", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000647", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000648", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000649", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000650", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000651", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000652"], "reference_count": 8, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b613", "chapter_title": "===== CAPITULO 09 ===== CAPÍTULO IX. PROSIGUEN LAS HISTORIAS DE LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 1341, "text": "Por eso también los mexicanos de Moctezuma el Viejo logran establecer un contacto real con los padres o antecesores felices de aquel pueblo, los jinas de las siete cuevas de Aztlán, puesto que con más o menos esfuerzos mágicos los mexicanos llegan a llevarles allí suntuosos presentes, de cuya miseria se ríen aquéllos. Bien pronto, sin embargo, semejante contacto entre mexicanos y jinas o antecesores se pierde, o sea tan luego como regresan los pocos y heroicos embajadores que a tamaño esfuerzo han podido sobrevivir.\n\nPor eso, en fin, los Tuatha de Danand o jinas irlandeses, después de ser arrojados de su país nativo a las comarcas más remotas, vuelven al cabo de los años a ellas, con un éxodo penoso, y tras de mil y mil detalles mágicos o hiperfísicos de su sobrehumana ciencia y su no menos sobrehumano poder, retornan a su país aquel, y en él reinan históricamente casi cuatrocientos años. Luego, no por ello se mueren, sino que, cediendo el puesto al pueblo histórico de los milesios griegos, su contacto con este nuestro mundo histórico se pierde para la ciencia, pero no para la poesía, cuyos vates o adivinos (poetas) les siguen viendo como ellos nos siguen viendo a nosotros...\n\nPor muy positivista y estrecho que sea nuestro criterio en estas cosas, y al tenor de lo que dejamos sentado en los primeros capítulos respecto a las \"posibilidades invisibles\" de la Hipergeometría, no nos es lícito ya cerrar los ojos a estos atisbos históricos, desvirtuados o no por la leyenda, ni seguir riéndonos de ello con esa misma ignorante sonrisa despectiva con la que Voltaire se burló, ora de los primeros fósiles descubiertos, creyéndolos \"meras conchas dejadas en las montañas por los peregrinos que. iban a Santiago de Compostela\", ora de los primeros atisbos del sánscrito en Europa, calificando a esta lengua troncal y sabia de \"pura superchería brahmánica\".\n\nNo. El verdadero criterio científico desde hoy, en punto a estas cuestiones, debe ser radicalmente opuesto al hasta aquí mantenido, pues que debemos decir en pura ciencia analógica al par que analizadora: ¿Cabe que ese paralelismo entre el número abstracto o A1gebra y la forma concreta o Geometría, que constituye la entraña de la Geometría Analítica, se dé en todo cuanto nos rodea, y que, al lado, por consiguiente, de los seres de tres dimensiones, como nosotros, haya seres de cuatro dimensiones o más, como los llamados jinas, quienes alternativamente y a voluntad suya puedan sernos visibles o invisibles, pasando desde su mundo del hipervolumen al nuestro del volumen, que es sólo la proyectiva del suyo?\n\nAdmitiendo posibilidad semejante, los casos anteriores tendrían ya explicación. Los jinas, al relacionarse o no, a voluntad suya, con nosotros, se nos mostrarían amables y se ocultarían de nosotros como el padre se muestra u oculta al tierno e incauto niño, o como la mosca, posándose o volando, se muestra o desaparece en el plano de la hormiga. El problema, por tanto, así ya planteado, revestiría esta otra forma, más noblemente científica: la de buscar por doquier casos análogos que puedan robustecer por su número y demás circunstancias históricas las posibilidades anteriormente deducidas de los tres ya expuestos. Si tales casos no pudieran hallarse, la probabilidad de los ya dichos acaso se debilitaría; pero si, en cambio, logramos presentar más y más casos análogos, la tal probabilidad, con arreglo a las leyes de la más elemental lógica, alcanzaría ya todos los caracteres de la certidumbre .\n\ny esto último es precisamente lo que sucede, dado que los tales casos pueden multiplicarse hasta lo infinito, como se verá por los siguientes capítulos, capítulos en los que el testimonio objetivo de la historia se auna deliciosamente al subjetivo y admirable de las religiones, tan ricas todas ellas en leyendas con uno u otro nombre acerca de los jinas.\n\nLa segunda consideración trascendente que surge del raro nombre de los Tuathas de Danand es no menos notable. Si Tua-tha es Tahua o Tauhua, es decir, \"gentes divinas de la Tau, de la Justicia o de la Crucifixión en la materia\", al tenor de la disciplina interpretativa ocultista que se llama Ternura o Coordinatoria de los elementos fonéticos, \"Danand\" o \"Dan-Dan\" es todo un hilo de oro para adivinar la verdadera procedencia oriental de gentes tan prodigiosas, como igualmente el alcance de sus perdidas doctrinas jinas o jainas.\n\nEn efecto: recurriendo como siempre a las luces de la Maestra H. P. B., tropezamos con estas revelaciones en los comienzos precisamente de la introducción a La Doctrina Secreta.\n\n\"Dan o Chhan, en la moderna fonética china o tibetana , es el nombre general que abarca a todas las escuelas esotéricas -o Sociedades secretas iniciáticas- y a su maravillosa literatura ocultista. Por eso, en los más antiguos libros de esta clase, la palabra Jana está definida como \"la reforma de uno mismo por medio de la meditación y el conocimiento\"; es decir, \"un segundo y efectivo nacimiento interno\" . De aquí también, Como puede verse en la nota de la página 129 de la obra de Edkins titulada Chinese Buddhisme, la palabra Dzan, Djan o Dzyan, que a su vez ha dado nombre al Libro de las Estancias de Dzyan, a cuya comentario se consagra la presente obra.\n\nSin embargo -continúa la Maestra-, las porciones secretas del Dan, Dana o Janna contenidas en la metafísica del propio Gautama el Buddha, por inmensas y grandiosas que aparezcan a los que no están informados respecto a la Religión-Sabiduría de la Antigüedad, o sea Teosofía, no constituyen sino una pequeña parte de este gigantesco conjunto. El gran reformador hindú Gautama limitó, en efecto, sus enseñanzas públicas -lo mismo que Jesús dice en la parábola del sembrador y Pablo en sus epístolas, respecta a los misterios del Reino de los Cielos o mundo jina- al aspecto puramente moral y fisiológico de la Religión de la Sabiduría; es decir, a la ética y al hombre únicamente. En cambio, las cosas \"invisibles e incorpóreas\", el misterio del Ser fuera de nuestra esfera terrestre, no fueron tratadas en manera alguna por el gran Maestro en sus enseñanzas públicas, sino que reservó las verdades ocultas para un círculo selecto de sus discípulos a Arhats, quienes recibían tamaña iniciación en la famosa Cueva Saptaparma, la Sattapanni de Mahivansa, cerca del Monte Baibhir, el Webhâra de las manuscritos palíes. Dicha cueva estaba junto a Rijigriha, la antigua capital de Magadha, y era también la Cueva Cheta de Fa-hian, como justamente, siguiendo. al ingeniero Beglor, sospechan algunos arqueólogos ... Sin embargo, es tan grandiosa en sí la literatura buddhista, que sólo el Kanjur y el Tanjur de los buddhistas del Norte constan de 325 o, más bien, 333 volúmenes (108 el primero y 225 el segundo) , cada uno de los cuales pesa de cuatro a cinco libras, y que en su canon sagrado o Saddharmâlankâra , prescindiendo de sus comentarios, contiene, dice Spence Hardy (The Legends and Theories of the Buddhistes, pág. 66), cinco o seis veces él volumen de la Biblia, la cual, según Max Müller, cuenta sólo tres millones y pico de letras, contra los 29 millones y pico de ellas que contiene aquél. Además, \"según una tradición conservada por las escuelas buddhistas, tanto del Norte como del Sur, el canon sagrado buddhista comprendía en su origen de 80 a 84.000 tratados, pero la mayor parte de ellos se perdieron, y sólo han quedado seis mil\", como este último sabio ha dicho en su cátedra. Perdidos, por supuesto, para los europeos; pero, ¿quién puede tener seguridad completa de que se hallan igualmente perdidos para los buddhistas o brahmanes? Teniendo en cuenta la reverencia de los buddhistas por toda línea escrita sobre Buddha y la Buena Ley, la pérdida, de 76.000 tratados resulta poco menos que imposible. Estando bien comprobado que los arhats buddhistas comenzaron su éxodo religioso con el propósito de propagar la buena fe más allá de Cachemira y de los Himalayas (año 300 antes de nuestra Era...), parece extraño el oír hablar a los orientalistas de semejante pérdida, como si hubiese sido realmente posible.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145459, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000662.g9", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000662", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000663", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000664"], "reference_count": 2, "matched_forms": ["JINAS", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b661", "chapter_title": "===== CAPITULO 10 ===== CAPÍTULO X. ORIENTE Y EL MUNDO DE LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 226, "text": "===== CAPITULO 10 ===== CAPÍTULO X. ORIENTE Y EL MUNDO DE LOS \"JINAS\"\n\nLos misteriosos \"todas\" en las Montañas Azules. - Unos émulos del Zeus griego. - La triste ignorancia en que se halla el Occidente respecto de ellos. - Un pueblo que ni se casa, ni se reproduce, ni envejece. - Sus periódicas asambleas secretas y sus inaccesibles templos. - El relato de un brahmán iniciado. Bebedores de leche pura como \"Gautama, el conductor de la Vaca\". - Swamis, Lohengrines, Gymnósofos y demás Maestros en la Historia. - Una digresión sobre \"El conde de Montecristo\", de Dumas, y el misterioso conde de Saint-Germain. - Los dikshatas. - El primitivo jainismo. - Los Tirtankaras jaínos. - El país de Kalkas y el alfabeto calcídico, zenzárico, matemático o jaíno. - Una exploración acerca de estos temas por el campo de la Historia y de la Filología.\n\nLos tres misteriosos pueblos jinas de Irlanda, Persia y México, indicados en los capítulos anteriores y emplazados en los dudosos confines de la Historia con la leyenda, tienen su concordante en otros mil no menos notables, especialmente en la India y en el Thibet. Como seres realmente superiores al hombre ordinario, gozan ellos, al parecer, de tales facultades hiperfísicas y tan asombroso dominio de las leyes naturales aún desconocidas, o \"poderes\", que les es factible realizar cuantos fenómenos mágicos o hiperdimensionales se cuentan como \"milagros\" en las creencias y tradiciones de todos los países.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145478, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000673.g10", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000673"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b661", "chapter_title": "===== CAPITULO 10 ===== CAPÍTULO X. ORIENTE Y EL MUNDO DE LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 197, "text": "Los individuos de dichas prodigiosas tribus que habitan en las grutas de las célebres montañas de Bhadrinath, son los llamados también swamis -de swan, cisne o ave sagrada, tan frecuente en todas las leyendas iniciáticas, tales como la del Caballero del Cisne, Helias o Lohengrin, de la que sacara gran partido Wágner para uno de sus dramas musicales-. Dichos extraños seres son monjes ascetas que jamás se casan, renunciando no pocos de ellos a las ventajas de la asociación monástica, y viviendo terriblemente solitarios, con un grado tal de pureza que resulta casi increíble respecto al resto de la humanidad. Estos últimos son los célebres jinas, gymnósofw o gimnosofistas, de la Tartaria, mencionados con honores casi divinos por los escritores clásicos de Grecia y Roma, en especial Pitágoras, Empédocles y Demócrito, apareciendo, muy de tarde en tarde, en el drama de la Historia, en los momentos supremos en los que es necesaria su intervención, al modo de los Caballeros del Grial del Monsalvat mítico, que nos muestra el Parsifal wagneriano como herederos directos de todas las glorias caballerescas de Tristanes, Lanzarotes, Arthus, Lohengrines y demás héroes de la Tabla Redonda primitiva, reprodu<;ida luego en el medioevo.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145489, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000678.g11", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000678", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000679", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000680", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000681"], "reference_count": 5, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b661", "chapter_title": "===== CAPITULO 10 ===== CAPÍTULO X. ORIENTE Y EL MUNDO DE LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 731, "text": "Saint-Germain, según las Memorias de aquella dama contemporánea de Luis XV, y que vivió hasta 1823, se aparece después de muchos años en que se le tenía por muerto, completamente joven, como antaño, a su amiga la condesa, que ya había envejecido; le predice todo cuanto amenaza al desgraciado Luis XVI, si no se adelanta con reformas a la próxima catástrofe revolucionaria, en la que hubo éste de perder hasta la vida; le señala con el dedo a los más estúpidos ministros, cuyas iras desafía haciéndose invisible e imprendible, y cuando, desoídos sus consejos-profecías, ya nada puede hacerse contra los Hados desencadenados sobre Francia, todavía se le muestra a la ilustre dama, según su promesa, otras cinco veces, en los momentos de mayor angustia para ella y para el país, o sea horas antes de morir el rey, la reina, el duque de Enghien y el de Berry, y a la caída de Napoleón, y la hace presentir para el día de su muerte su sexta y última visita, esa visita de la Intrusa, que en el mito asturiano se conoce por la Huestia o Santa Compaña... ¡La Compañía exaltadora y gloriosa de cuantos maestros y amigos nuestros nos han precedido en el mundo de los jinas, o mundo de la \"cuarta dimensión\", en que el Maestro Saint-Germain vivía como tal, y siempre joven, hacía luengos siglos, como \"siempre jóvenes\" hemos visto y veremos a los demás personajes jinas del histórico al par que legendario cinematógrafo de este libro!...\n\nEn efecto, la reina María Antonieta escribía a la condesa, a la vista ya de la temible revolución: \"¿Quién es ese personaje tan por encima de lo conocido, que viene interesándose por mí desde hace tantos años, sin darse a conocer, sin recibir una recompensa, y diciéndome la verdad siempre? Desde mi llegada a Francia, y en todos los acontecimientos importantes de mi vida, un protector misterioso me ha prevenido fielmente de cuanto tenía que temer...\" y la propia condesa, hablando de aquellas apariciones anunciadas y regulares del Maestro, ponía en labios de éste la frase típica de amargura con que el mundo de los felices jinas, la \"Iglesia triunfante\", que diría el Derecho canónico, se lamenta de la loca ceguera de los hombres: \"A los Hijos de la Verdad se les combate doquiera como a seres peligrosísimos. ¡La Humanidad sólo recibe bien a quien la engaña, pierde y sacrifica!\"; y ésta es la ceguera real y efectiva, la ceguera de la falta de intuición, del don de ver la Verdad, Velo de Isis, que nos hace no ver a tamaño mundo, que se halla a nuestro lado protegiéndonos todo lo que merecemos por nuestro karma y un poco más sin duda...\"\n\nMás que un \"Hijo de la Verdad\", Saint Germain era uno de los mayores Maestros de ella que han conocido los tiempos: un toda efectivo. El músico, rival de Paganini en el violín; el filólogo y poliglota, dotado del don de lenguas de la Pentecostés; el prodigioso alquimista, para quien todas las mayores riquezas no eran sino bagatelas despreciables; el consejero de sabios y de reyes; el ente sobrehumano que en sus trances de hasta dos y tres días parecía verlo todo en el pasado como en el porvenir; el que leía pliegos cerrados sin tocarlos, y podía escribir dos documentos a la vez, uno con cada mano; el ser poderoso, en fin, que aparecía como el rayo y desaparecía con el rayo mismo, sería un jina, un personaje perfecto y rigurosamente histórico, si nosotros, los hombres perversos de esta triste edad, en lugar de calculadas mentiras explotadoras, tuviésemos alguna cosa digna de ser llamada \"Historia\". A pesar de ello, el Maestro en cuestión no puede ser arrancado del marco histórico, pese al interés del siglo XIX en borrarle de la memoria de su época, porque sobre las citadas Memorias históricas de m.adame Adhemar, hoy aparentemente perdidas, cayó luego, del modo más extraño, la conocida obra del fundador de la novela moderna, Alejandro Dumas.\n\n¿Qué agregar ya, pues, a esto último, cuando todos, en nuestras mocedades, nos hemos embobado y absorbido hasta perder la noción de nosotros mismos en las aventuras pasmosas del infeliz marinero Edmundo Dantés, protagonista de la obra de Dumas, transformado, supone el novelista, por el arte semimágico del misterioso abate Faria, en la proteica y brujesca figura jina del Conde de Montecristo?", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145494, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000684.g12", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000684", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000685", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000686", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000687"], "reference_count": 4, "matched_forms": ["Jina", "jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b661", "chapter_title": "===== CAPITULO 10 ===== CAPÍTULO X. ORIENTE Y EL MUNDO DE LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 504, "text": "Por eso, el verdadero nombre de la tal novela bien podría ser el de Karma, porque es ella el momento más grande que a la terrible ley de Justicia de las Esferas nos ofrece la moderna literatura. Karma, en el desastroso fin de los tres asesinos de Dantés -Villefort, Danglás y Caderouse-, quienes, a vuelta de ilusorias felicidades trágicamente desvanecidas, vienen a recoger, gota a gota, idénticas amarguras de las que sembraron con sus espinas el antes risueño camino del héroe; Karma, en el premio recogido por la protectora familia del armador Morrel; Karma, en fin, del propio autor, quien, así como había en cierto modo degradado un tanto con su ficción la excelsa e incomprendida figura jina del Adepto Saint-Germain -aunque dejándola todavía harto hermosa y atrayente en Monte,cristo-, pudo así ver quizá en sus últimos días, cuando le abrumaban las deudas y los derroches casi tanto como las glorias de sus Tres mosqueteros y su Conde, que alguien, quizá el propio Maquet, deslizándose como astuta serpiente guiada por la conocida mano de cierta institución necromante, volvió arteramente del revés toda la obra, en su lamentable y repugnante apostilla que lleva el título de La mano del muerto, y en la que literalmente se ha hecho negro de lo blanco y blanco de lo negro, como si se hubiese escrito, no por Dumas, padre, o Dumas, hijo, bajo lamentables apremios del negocio editorial, sino por el mayor enemigo que existir pudo del. novelista y del protagonista de su obra -el maravilloso Saint-GermainMontecristo-, cuya noble figura iniciática quedaba falsificada así.\n\nTerminada ya esta digresión de historia moderna, volvamos a nuestros jinas asiáticos y a lo que sobre ellos nos dice en otros lugares la admirable H. P. B. en su citada obra Por las grutas y selvas del lndostán.\n\nLos dikshatas o verdaderos yoquis iniciados de otra de las regiones hindúes -nos enseña- evitan cuanto pueden el mostrarse en público, recluídos, como casi siempre lo están, y consagrados a perpetuo estudio, no presentándose -como Saint-Germain y los demás citados- sino cuando tienen una misión especial que cumplir en el mundo. De esta excelsa clase son algunos de los más grandes lamas buddhistas, dominando todas las leyes del llamado \"magnetismo\", ya conocido y practicado desde tiempo inmemorial, en la propia China y en el Thibet, la Magia o Ciencia Suprema, con la típica denominación de Ciencia Gina, Jina o Jaina.\n\nPor eso, los más sabios de entre los partidarios de la antiquísima religión jina o jaina consideran, tanto al brahmanismo cuanto al buddhismo, como meras y \"modernas\" desviaciones del Jainismo, y siendo hasta el propio Gautama el Buddha un mero discípulo del gran Gurú o Maestro de los jaínos, por lo cual cuidan de establecer una profunda distinción entre la actual religión jaína de la India y el Jainismo o Cainismo troncal y primitivo, o sea la Religión Sabiduría originaria, o de la Edad de Oro del mundo, llamada tan apropiadamente \"Ciencia de los dioses\", o Teosofía. 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LOS \"JINAS\" INCAS\n\nEl inca Garcilaso de la Vega y sus \"Comentarios reales de los ineas\", - Un contraste histórico entre \"los Hijos del Sol\" y los demás pueblos sudamericanos, - El relato de un Amauta inca. - Gentes solares, cainitas, quírites o incas del viejo continente. - Shamanos o jinas y sus discípulos incas. - Los dos reformadores, el Manú y su Coya, en el lago sagrado de Titicaca, - La religión natural de los incas y su culto simbólico del Sol y de la Luna.Pachacamac, el Logos Demiúrgico inca. - El Dios Desconocido. - Runas y Llamas. - Las reencarnaciones. - Lazos fonéticos entre los incas y los pueblos del viejo continente. - Los incas fueron arios y no semitas. - Pruebas históricas de este aserto. - El culto de Vesta. - La fiesta del Sol. - Las cronologías de los quipos. - La proverbial caballerosidad aria de los incas. - \"Caso diplomático\" que hoy envidiaríamos. - Altísima moralidad de aquellos \"Hijos de la Luz\". - El templo de Cuzco. - Cámaras iniciáticas del Sol, la Luna, Venus y las Pléyades, estas últimas como centro del Universo, al tenor de lo que admite también nuestra Astronomía. - Las cuatro clases de lenguas del Imperio inca. - Su iniciática sabiduría.\n\nLos bondadosos lectores habrán de perdonarnos este aserto, que acaso se les antoje demasiado fuerte e injustificado: los fundadores del Imperio inca del Perú fueron los jinas.\n\nPero, antes de rechazar por temeraria semejante aserdón, bueno será que nos acompañen por esta breve excursión histórica, apoyada en una de las más hermosas obras de la época: los Comentarios reales de los Incas, o Historia general del Perú, escrita en el siglo XVI por el célebre inca Garcilaso de la Vega .\n\nPocos contrastes históricos son más notables, en efecto, que el que presentara América del Sur entre el egregio pueblo inca y los demás de aquel vasto continente a la llegada de los conquistadores. Y este contraste, por otra parte, es el que en el capítulo anterior nos ha trazado la Maestra H. P. B. entre el pueblo jina de los todas y el pueblo inferior de los badagas, que los considera como a verdaderos \"hijos del Sol\" o dioses, honrándose con proveer a sus necesidades materiales, ni más ni menos que acaeciera con los incas. De aquí la inmensa distancia entre unos y otros, que Garcilaso nos describe en estos términos:", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145515, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000707.g14", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000707"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b698", "chapter_title": "===== CAPITULO 11 ===== CAPÍTULO XI. LOS \"JINAS\" INCAS", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 145, "text": "Por eso no son de extrañar las infinitas conexiones que la doctrina y los hechos de los primeros Incas guardan con toda la iniciación oriental como vamos a puntualizar, empezando por decir que el propio César Can tú liga a éstos con ciertas tribus mogoles, o shamanas antiguas, lo que equivale a establecer que en eso de la inopinada presentación del Manú del Norte, o Manco Capac, y de su compañera (Coya o Iaco), se dió acaso la extrañísima circunstancia que acaba de hacernos notar H. P. B. en el capítulo anterior, relativa al fenómeno \"teúrgico\" de esos seres puros o shamanos, que, prestando su cuerpo físico como hostia santa y vehículo material, vienen a servir así en el mundo de los hombres como divinos instrumentos de la protectora acción de los jinas, o seres superiores, tutela y guía de la Humanidad desde que existe.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145523, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000719.g15", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000719"], "reference_count": 4, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b698", "chapter_title": "===== CAPITULO 11 ===== CAPÍTULO XI. LOS \"JINAS\" INCAS", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 151, "text": "Cosas semejantes, y otras aún más admirables que también nos relata el cronista, prueban que tenemos a la vista, si no un pueblo jina, porque el jina está por encima del sexo, sí un pueblo vercladeramente protegido en su infancia post-atlante por jinas -efectivos que transparentan sus protecciones a la manera de los \"todas\" con los \"badagas\" de la India, que vimos en el anterior capitulo. lJn pueblo verdaderamente humano, en suma, que al practicar así el bien, no podía menos de recibir, como reciben siempre los buenos, la augusta protección de esos seres hiperfísicos o de \"cuarta dimensión\" que nos guían solícitos, y entre los cuales más de una vez están nuestros muertos queridos. De ello hay además una referencia hermosísima relativa, ya que no a los incas, a los mexicanos. cuyas doctrinas, como derivadas del mismo origen, establecían semejante lazo entre los hombres buenos y sus jinas protectores.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145535, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000724.g16", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000724"], "reference_count": 2, "matched_forms": ["jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b698", "chapter_title": "===== CAPITULO 11 ===== CAPÍTULO XI. LOS \"JINAS\" INCAS", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 444, "text": "Si el pueblo inca, en efecto, fuese semita, como se ha pretendido por todos los cronistas, con el P. Acosta a la cabeza, las características de su templo serían más o menos las del célebre templo de Jerusalén. Mas, lejos de ser así, todos sus rasgos son más primitivos y más relacionados con los de la remota antigüedad egipcia y asiática, y por ello aquellos siete templos del Sol y de los planetas que se alzaron en la Heliópolis o incásica \"Ciudad del Sol\" del Alto Nilo, como en la Baalbek del Líbano, etc., estaban, por decirlo así, agrupados en un solo edificio, aunque en cámaras diferentes. según el propio Garcilaso nos indica. Había, pues, amén de la \"Cámara del Sol\" (Inti), cuyas paredes, forradas de oro, mostraban en caracteres iniciáticos la verdadera situación de la galería en 'la qué yacían sepultados los tesoros jinas del Imperio, otra \"Cámara de la Luna\" (Quilla), revestida de alto abajo de planchas de plata; otra \"Cámara o logia del Planeta Venus\" (Chasda), y una cuarta \"Cámara de las Pléyades o Cabrillas (Coyllur), y una quinta cámara, verdadero Sancta-Sanctorum\" (Huata) de aquella caldea y aria iniciación. Las otras dos \"Cámaras del Rayo y del Arco-Iris\" (Illapa), completaban aquel verdadero septenario de templos astronómicos, consagrados todos a la Teosofía, o sea a la primitiva y única Religión de la Naturaleza (Garcilaso, ob. cit., I. 2, capítulos XXVI y XXVII.) Por supuesto que con ello los incas, inspirados por sus jinas protectores, no hicieron sino establecer práctica e iniciática veneración hacia esos cuatro soles de la doctrina cosmogónica primitiva del atlante Asuramaya, el primero de los astrónomos: el Sol físico y visible, el Sol ecuatorial, el Sol polar y el Sol central o Logos Demiúrgico, todos invisibles, pero cuyos respectivos \"cuerpos\" o tatuas, que dice la lengua sánscrita, eran: el sistema planetario; el grupo de soles vecinos que, como Sirio, alpha del Centauro, la 61 del Cisne, etc., vienen a constituir, valga la frase, la familia del Sol nuestro;- la Galaxia entera o gran conjunto de los cien millones de soles que integran en la nebulosa de la Vía Láctea, en cuyo seno vivimos, y cuyo centro, según Madler, es precisamente las Pléyades, y, en fin, el conjunto todo de esas lejanas nebulosas, de las que forma parte, como una de tantas, esta Vía Láctea, las dos nebulosas o Nubes de Magallanes, tan semejantes a esta última, las de Orión, los Lebreles, la Lira y mil otras que, demarcando el más gigantesco de los anillos o \"serpientes\" del Cosmos, contornean en círculo máximo nuestro cielo, cortando aparentemente la Vía Láctea hacia las constelaciones de Casiopea y del Sagitario .", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145540, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000729.g17", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000729", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000730", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000731", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000732", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000733", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000734", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000735", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000736", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000737", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000738", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000739", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000740", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000741"], "reference_count": 8, "matched_forms": ["Jina", "jina", "JINAS", "Jinas", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b728", "chapter_title": "===== CAPITULO 12 ===== CAPÍTULO XII. MAS SOBRE LOS \"JINAS\" INCAS", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 1423, "text": "===== CAPITULO 12 ===== CAPÍTULO XII. MAS SOBRE LOS \"JINAS\" INCAS\n\nEl Imperio inca empieza a revelársenos ahora. - El doctor Squier en las ruinas de Pisac. - Exploraciones de Hiram Bingham en Machu Pichu por cuenta de la Universidad de Yale. - Abolengos caldeos o calcídicos del Imperio y de la lengua quichúa. - Las huacas. - El Viracocha inca. - Un precursor del Parsifal wagneriano. - El \"inca que llora sangre\" y su primogénito. - Este último tiene una salvadora visión jina. - ¿La Vaca pentápoda del Viracoroa? - El caso del jina Hancohuallu..- Welsungos, lobos o divinos rebeldes ineas. - Un verdadero Narada inca. - Concordancias europeas: \"el Camarada vestido de blanco\", en las trincheras durante la Gran Guerra. - Un relato de los mexicanos a Cortés. - La sabia legislación de los incas y su desprecio hacia las riquezas. - La aristo-democracia de los que se sacrifican. - Cómo educaban los incas a su príncipe y cómo realizaban el ideal de justicia. - La mina de aquel feliz Imperio. - La gente \"que no fué vista\".\n\nEl día en que se haga un estudio desapasionado y teosófico del maravilloso Imperio de los incas será un gran día para la humanidad, porque habrán de esclarecerse cosas e instituciones que aun hoy, en medio de nuestra decantada cultura, constituirían un gran progreso social.\n\nLa base para semejantes estudios está echada ya, gracias a los esfuerzos arqueológicos iniciados en Norteamérica, que empiezan a suministramos no pocas sorpresas.\n\nEn efecto, si queremos los llamados \"testimonios positivos\" por los materialistas, ahí tenemos, como documento vivo de tamañas grandezas, las investigaciones del doctor Squier en las ruinas de Pisac, y otro bien reciente, que se titula Por las tierras maravillosas del Perú. Viaje realizado en 1912 por la expedición peruana, bajo los auspicios de la Universidad de Yale y la Sociedad Nacional de Geografía, por Hiram Bingham, viaje publicado, con 244 soberbias ilustraciones, por el Magazine of the National Geographic Society (Memorial hall, Washington D. C., volumen XXIV, núm. 4, abril de 1913), que tengo a la vista. Dicho sabio norteamericano exploró la comarca, desde 1906 a 1911, descubriendo y excavando en 1912 las ruinas de la gloriosa ciudad inca del río Urubamba, llamada Machu Pichu, uno de esos últimos baluartes de la raza, jamás hollados por la planta de los conquistadores, según nos relatara la Maestra, con escándalo de no pocos seudodoctos, al hablar en su Isis sin Velo de los inauditos y ocultos tesoros de los incas. Es hoy la tal ciudad, con sus bastiones escalonados, su acrópolis, sus fuentes, templos, palacios y escalinatas de granito, \"el más asombroso grupo de ruinas descubiertas desde la conquista\", en el gran cañón del Urubamba, la parte, quizá, más inaccesible de los Andes (Ritisuyu, o \"la Montaña Nevada\"), a orillas de un espantoso precipicio que vuela 200 pies sobre el río, y a 60 millas al norte del Cuzco.\n\nEs, pues, la revelación del doctor Hiram Bingham un testimonio que agregar a esotros elocuentísimos de la jinesca grandeza inca, conocidos por los nombres de Calca, Rumicalca, Hurancalca, Ollantay, ciudades de evidente abolengo calcídico, caldeo, celta o kalkamogol -ya que todas esta palabras tienen el mismo abolengo iniciático en el lenguaje secreto, matemático o calcídico, originario de la Mogolia y el Thibet- no menos que sus compañeras de los ríos Urubamba y Apurimac, que se llaman Uru-bamba (la ciudad del fuego), Ayu-bamba (la del aire, por ser Vayu, aire, en sánscrito), Ruancarama o Jian-karama (\"el sendero de los Jinas\"), Abancay o Albancay (\"la blanca\"), Ferro-bamba (\"la ciudad del hierro\", metal conocido, aunque no empleado por ellos), Anta o Atlanta (típico nombre de nuestras huacas, navetas, torres o cámaras sepulcrales europeas) \"\n\nIanama (\"¿la ciudad de la muerte?\") , Punta (\"la quinta ciudad\" o \"la del cinco\"), Pisac (participio de presente del verbo Pisa, o \"sapio\", acaso), pampa ca-huam (o \"llanura de los dioses\"), Yucay o Io-cay, delicioso retiro de la Corte, a orillas del río y junto a Calcas, y alguna otra que puede verse en el croquis de la región, que nos da dicha expedición científica americana.\n\nY si no temiésemos forzar aún más las correlaciones sanscritánicas de semejantes nombres, que se les antojarán -y, acaso, con razón harto violentas a nuestros filólogos positivistas, todavía podríamos añadir a semejante léxico palabras como las de Viracocha, el Viraj, Varón Divino, Kabir o Logos de los hindúes; Inca\" que es Caín (sacerdote-rey) por ley de la temura cabalística; APacheta o culto de las alturas salvadas de la catástrofe de las aguas (apas, en sánscrito, aguas); runa, hombre y pensamiento o \"letra\"; Xacsahuam o Xexahuen, valle y ciudadela sagrada del Cuzco, que nos recuerda a esotra ciudad sagrada marroquí que ha sido conquistada también por España en nuestros días; Palla, la mujer de sangre real o \"hija de Palas\", que dirían los griegos; chita, el chit sánscrito, radical de nuestra palabra chitón, para imponer silencio; uchu, el famoso acchu o \"rayo de sol\" y \"piedra\" que tanto juega en la prehistoria de Occidente; mama, madre o antecesora en tantos pueblos asiáticos; pacha, animador, alentador, guía, y muchas más, dadas ya en el curso de este estudio.\n\nFinalmente, la palabra Viracocha es todo un mundo de revelaciones \"jinas\".\n\nAños después de la conquista aún pudo ver Garcilaso la momia del Inca de este nombre, con otras cuatro, conservadas al estilo egipcio, y relatamos tan heroicas hazañas de este gran rey, tenido en su juventud por un \"enemigo\" por su padre mismo. ¡Un verdadero misterio psicológico, que bien pudo servir de tipo a Wágner para trazar la figura sublime de su héroe Parsifal, el mozuelo abobado y estúpido que llegó a conquistar la Lanza Santa y salvar al Grial!\n\nEl inca Ialmar Huacac (\"el que llora sangre\") tenía un primogénito incorregible, dice, a quien tuvo que desheredar y echar de la Corte, haciéndole guardar el ganado del Sol, con otros pastores, en la solitaria comarca de Chita. Cierto día, sin embargo, se presentó el joven inopinadamente ante su padre, el rey, diciéndole que venía \"de parte de otro Inca o Señor más grande que él\", para salvar al pueblo de una gran catástrofe. \"Sabrás, señor -relató el príncipe-, que estando recostado a mediodía, y no sabré decir si dormido o despierto, debajo de una gran peña (o caverna) , se me puso delante un hombre extraño (un Jina, como cuantos nosotros llevamos vistos en los capítulos de De gentes del otro mundo), en hábito y figura diferente de la nuestra, porque tenía barbas de más de un palmo, y el vestido, largo y suelto, le cubría hasta los pies, conduciendo, además, un animal desconocido (la consabida vaca pentápoda de dichos capítulos). El anciano me dijo: \"Sobrino, yo soy Hijo del Sol y hermano del Inca Manco Capac y de la Coya Mama Oello Huaco, su mujer y hermana, y me llamo Viracocha Inca. Vengo a ti de parte del Sol, nuestro padre, para que des aviso al rey de cómo las provincias de Chinchasuyo y otras están reuniendo muchas gentes para derribarle de su trono y destruir nuestra imperial ciudad del Cuzco. Dile, pues, que se aperciba, y a ti, por tu parte, te digo que no temas adversidad alguna, pues que en todas te socorreré como a mi carne. No dejes, por tanto, de acometer cualquier hazaña que convenga a la majestad de tu sangre y grandeza de tu Imperio, que te ampararé.\" - En efecto, sigue el relato Garcilaso, los sublevados, cual torrente devastador, asolaron de allí a poco todo el Imperio, haciendo al rey desamparar el templo, y la catástrofe anunciada por aquel Saint-Germain de América habría sobrevenido (como sobrevino años más tarde por los españoles), si el gallardo Parsifal andino, atendiendo a los consejos y fiado en la jinesca protección de aquel Kabir, no hubiese asumido el poder real, y deshecho en sangriento choque a sus enemigos, tomando, finalmente, después, el augusto nombre de su protector Viracocha, y reinando largos años feliz bajo su égida. . .\n\n¿Qué pensar, pues, en buena filosofía, de estas repeticiones históricas que tienden el puente entre este nuestro mísero mundo y el mundo excelso de nuestros protectores LOS JINAS? No cabe, en efecto, otra cosa que admirar una vez más la universalidad con que la tradición de estas \"gentes del otro mundo\" se halla repartida por la Historia Universal, a poco que en ella se profundice, descartando el pobrísimo criterio positivista con que hasta aquí hemos seguido esta disciplina científica.\n\nSéanos permitido insistir en particular tan importantísimo que se relaciona además con otro personaje no menos importante en la historia oculta de aquellos pueblos: el famoso jina Hancohuallu.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145545, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000745.g18", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000745", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000746"], "reference_count": 3, "matched_forms": ["jina"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b728", "chapter_title": "===== CAPITULO 12 ===== CAPÍTULO XII. MAS SOBRE LOS \"JINAS\" INCAS", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 355, "text": "Los curiosísimos párrafos transcritos del inca Garcilaso de la Vega nos presentan, pues, en las figuras de Viracocha y de Hancohuallu, a dos personajes por demás extraños. El primero es un prototipo de rebeldes o welsungos, que diría Wágner, un \"hijo de la loba\" o de la gran Humanidad rebelde y jina, como Sigmundo, Sigfrido, Marte, Remo y Rómulo, Anubis; de esa vulgaridad que choca con las vulgaridades ambientes de los \"perros\" o \"vividores y sumisos\" que, dentro del humano egoísmo, tanto abundan, por desgracia, con daño y detrimento de los buenos. Por eso, en su juventud, le vemos desterrado por su padre de la Corte, como el Narada hindú lo fuera del cielo por Brahmâ , el Mercurio griego lo fuera por Júpiter, Sigmundo por Wotan, y tantos otros en los demás panteones religiosos, sin perjuicio luego de tener que recurrir a ellos en los momentos difíciles que vienen seguidamente por tal destierro, como acaeciera con el joven príncipe inca.\n\nEs decir, que lo que nos parece \"pura historia inca\", se sale, como siempre, de los moldes históricos para entrar en los de la leyenda y el mito, según vamos viendo en tantos otros pueblos, y es un Kabir, un Viracocha, un ser superior, un anciano de blanca barba, un jina, en fin, el que en la soledad, junto a la cueva iniciática de siempre y entre \"pastores\" o iniciados, se le aparece cuando el sol está en la plenitud de su carrera, para anunciarle al joven una gran catástrofe para su pueblo, que él está llamado a evitar, oficiando a su vez de \"hombre salvador, redentor o jina\", para tomar después, como sucede siempre en la trasmisión de la \"palabra o misión sagrada\", el propio nombre que su maestro. ¿Cómo, pues, nos asombramos, una vez más, de las supuestas \"casualidades\" y \"coincidencias\" de pueblo a pueblo, viendo al Viracocha iniciador y al Viracocha iniciado realizar la misión augusta de salvar a su pueblo de la tempestad guerrera que sobre él se cernía, como aún en nuestros propios días ha corrido, con más o menos verosimilitud, entre los pobres soldados de las trincheras de Occidente?", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145561, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000771.g19", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000771"], "reference_count": 2, "matched_forms": ["jina"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b728", "chapter_title": "===== CAPITULO 12 ===== CAPÍTULO XII. MAS SOBRE LOS \"JINAS\" INCAS", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 110, "text": "\"Los escitas -dice el historiador Anquetil- descienden de Gaumar o Gomar (\"el Hombre de la Vara\", o sea el jina), hijo de Jafet, o de Ia-phetus, el también jina o hijo de Io, la Primitiva Sabiduría.\" \"En cuanto a los celtas -añade-, ellos no eran sino escitas establecidos en Europa\"..., e igual pudo decir, dadas las toponimias incaicas transcritas anteriormente, acerca de los celtas, kalcas o incas establecidos en América con su Manú respectivo. La característica, en fin, de las gentes escíticas era, como nadie ignora, su más profundo desprecio hacia las riquezas, junto con una gran tendencia a la templanza y el más ferviente amor a la justicia.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145587, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000776.g20", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000776"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jina"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b728", "chapter_title": "===== CAPITULO 12 ===== CAPÍTULO XII. MAS SOBRE LOS \"JINAS\" INCAS", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 66, "text": "Véase otra muestra de semejantes sacrificios de esa aristocracia jina o \"toda\" de los reyes incas. Hablando Garcilaso (III, LIII) de cómo eran armados caballeros los mozos de sangre real, habilitándolos para tomar estado e ir a la guerra, consagra después otro capítulo (el LV) a demostrar \"cómo el príncipe heredero, al entrar en la probación, era tratado con mayor rigor que todos los otros\", diciendo:", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145592, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000780.g21", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000780", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000781", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000782"], "reference_count": 4, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b728", "chapter_title": "===== CAPITULO 12 ===== CAPÍTULO XII. MAS SOBRE LOS \"JINAS\" INCAS", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 544, "text": "La enseñanza incaica tenía, como todas las de las regiones del pasado, incluso el Cristianismo, una parte exotérica, pública o humana, y otra parte esotérica, privada, iniciática o jina, de la cual, si bien no se tienen detalles directos por los historiadores, por lo mismo que era secreta, sí puede colegirse cuál fuera leyendo entre líneas no pocas de las noticias que ellos nos suministran,\n\nUna de ellas es la rapidez increíble y verdaderamente jina con que se ocultó, más que desapareció, la iniciación inca a la llegada de los conquistadores, tanto, que un hombre de sangre real, como Garcilaso, heredero directo del trono por su madre Isabel, si en éste hubiesen podido heredar las hembras, y que nació ocho años después de la conquista, apenas si pudo recoger de labios de su tío las vagas indicaciones ocultistas o jinas de su citada obra, Cual ocurre siempre en estos casos -caída de los pitagóricos, de los templarios y de otras sociedades secretas-, la iniciación inca se ocultó ipso tacto así que pusieron en el país su planta los conquistadores. Sepultóse también por toneladas el oro del templo del Cuzco y el de otros muchos, y se creó, como sucede siempre que se peca contra la Magia, o sea \"contra el Espíritu Santo\", el más terrible de los karmas colectivos, tal, que aún hoy, por desgracia, perdura , a partir de esa verdadera tragedia griega de los Atridas, que tuvo por principales personajes a Huáscar, Atahualpa, Pizarro y Almagro.\n\nOtro rasgo plenamente jina es el que estampa Garcilaso (III, XVIII) cuando, al hablar de la batalla de Xaxahuana entre los chancas y los incas -en el lugar mismo en que fué después la decisiva entre Pizarro y Lagasca-, el Viracocha anima a estos últimos diciéndoles \"que, a pesar de ser aquéllos mucho más numerosos, él les daría la victoria contra ellos, y de ellos les haría señor, porque le enviaría gente que, sin que fuese vista, le ayudase\". En efecto, no sólo en la guerra, sino en todos los momentos, la relación secreta entre el Hierofante o Sumo Sacerdote y el Inca o Rey equivalía a otro auxilio \"invisible y continuo\" como el que, en tiempos de pasado esplendor, mediase entre el Sungado y el Mikado japonés. o entre el Colegio Sacerdotal romano y los primeros reyes iniciados (Rómulo, Numa, etc.), ó bien entre los shamanos, thibetanos y chinos, con los hombres superiores y reyes, como ya viéramos en el capítulo IX, y como podríamos ampliar si aquí trajésemos las extensas consideraciones que hemos consignado en numerosas páginas del tomo IV de esta Biblioteca. Sus ritos, por supuesto, eran secretos, como los de los druídas, y cuadraban a la perfecta superioridad de las gentes solares o incas sobre todas las demás de aquel continente, superioridad que en Astronomía les permitió predecir los \"eclipses de Sol y de Luna, conocer los movimientos de los planetas, saber que la Tierra es redonda y gira en torno del Astro-rey, determinar con toda exactitud las estaciones y el año trópico, dividido como entre nosotros en doce meses, y aun contar, gracias a secretos iniciáticos aún desconocidos por nuestra ciencia europea, otro grandes ciclos solares, a la manera de los años solares heliacales, de que también nos ha hablado Platón.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145596, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000784.g22", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000784", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000785", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000786", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000787", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000788", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000789", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000790", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000791", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000792", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000793", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000794", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000795", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000796", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000797", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000798", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000799", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000800", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000801", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000802"], "reference_count": 18, "matched_forms": ["Jina", "jina", "JINAS", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b783", "chapter_title": "===== CAPITULO 13 ===== CAPÍTULO XIII. EL PUEBLO HEBREO Y LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 2074, "text": "===== CAPITULO 13 ===== CAPÍTULO XIII. EL PUEBLO HEBREO Y LOS \"JINAS\"\n\nBreves palabras acerca del monoteísmo judaico. - Los ángeles o jinas en el Génesis. - Los querubines del Paraíso y el \"Fuego Encantado\" wagneriano. - Los \"Elohim\" creadores. - El \"Pozo de las Aguas de la Vida\". - Sara y los ángeles contra Sodoma. - El patriarca Enoch, Henoch, Jano o Jaino y la Biblia. - Caín, el prototipo de la raza jina. - El simbolismo del Pentateuco y el P. Scío de San Miguel. - La euthanasia jina, según diversos intérpretes católico-romanos. - Los hijos de Anak, el jina. - Equivalencias ocultistas del nombre de Henoch o \"el Vidente-Iniciador\". - El Henoch hebreo y el Hermes egipcio. - El \"Enoichion\" griego. - El Enoch de la Cábala. - El Enoch o Avatar de los hindúes y su Cruz. - Enoch-Helios o \"El Caballero del Cisne\". - La Ramases o \"ciudad de Rama\", hebrea. - Grandezas \"jinas\" del profeta Samuel. - El caso de Jonathás. - Significado del dicho de Josefo.\n\nComo quiera que el asunto de los jinas se hace más y más sugestivo, abramos capítulo aparte a los jinas de los pueblos judío y cristiano, cuyos respectivos libros religiosos tanto han contribuido a cimentar toda la ideología de los pueblos occidentales, pueblos que, pese a sus guerras y egoísmos, se creen colocados hoya la cabeza de una civilización... de naipes, \"como jamás ha conocido el mundo\".\n\nDesde luego, insistimos para ello en los derechos de nuestra acostumbrada libertad científica, sin la cual, y dentro del mayor respeto a los cultos de entrambos pueblos, toda investigación resultaría imposible. Además, como dice el Talmud: \"Todas las opiniones sinceras que se emiten a propósito de un punto de doctrina, son palabras de Dios vivo.\"\n\nEs muy frecuente en los autores que se ocupan de religiones comparadas el hablar del monoteísmo esencial de la religión judaica y su odio eterno hacia todo cuanto pueda trascender a un mundo superliminal o jina. Los ilustrados fariseos, los escépticos saduceos. diríanse siempre contrarios a poblar el mundo del más allá de esa pléyade inmensa de los 330 millones de devas o \"dioses\" del panteón hindú, como le poblara también el tan artístico pueblo griego con sus dioses consentes y selectos, sus semidioses y sus héroes.\n\nPero esto no es más que un craso error nacido de que los libros mosaicos, o \"Biblia\", que han llegado hasta nosotros, si bien reflejan con mayor o menar fidelidad las doctrinas exotéricas o populares groseras de los tiempos del gran reformador Moisés, están hechos con cargo a dichas leyendas antiguas por Esdras, después de la cautividad, y cuando ya \"el pueblo escogido\", como hoy sus herederos directos los pueblos europeos, se había hecho incrédulo y materialista.\n\nEl primitivo pueblo hebreo o semita no fué así, porque todavía conservaba, aunque materializadas, muchas de las doctrinas arias o \"samaritanas\" recibidas de los caldeos, ya que el propio patriarca A-braham (\"el no-brahman\") , el marido de Sahara (la Sara-svati hindú) , vino de Ur de la Caldea o \"Tierra del Fuego\"; es decir, de las colonias \"parsis\", donde el Fuego Espiritual se adoraba. Así las Intervenciones angélicas o jinas son frecuentísimas, contra lo que se cree, en el Antiguo Testamento. La primera de esta intervenciones es la de los querubines de fuego que, con sus espadas flamígeras, impidieron el retorno de la primera pareja humana al Paraíso del Deleite, en castigo por haber adquirido la razón al comer del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal .\n\nPor cierto que el fuego de estos querubines no puede ser más real ni más simbólico.\n\nSí; el Paraíso del supremo deleite espiritual está fuera y por encima de la mera razón; el frío e inerte raciocinio animal del hombre no puede abarcarle, porque su Fuego, que es Luz de luces, sólo puede ser percibido y atravesado por la Mística, la ciencia del Supremo Amor, que es superior al conocimiento. Por eso, a la walkyria Brunhilda, en el drama wagneriano -drama inspirado en las primitivas tradiciones escandinavas o de los protosemitas nórdicos-, la piedad de su irritado padre Wotan al sumergirla en el ensueño de su encanto, la rodea en su roca de un Fuego Sagrado, cuyo muro no puede ser franqueado sino por un héroe como Sigfredo, prototipo de la Mente Espiritual .\n\nEn las subsiguientes intervenciones de seres superiores en los negocios del hombre, se advierte en la Biblia el detalle de que en los primeros tiempos antediluvianos, poco después, es Dios mismo los Elohim o Dioses, la hueste colectiva de creadores, como llevamos dicho), el que alterna y conversa con los hombres, presentándose al modo como en otras leyendas se presentan los jinas. En cambio, pasada esta época, y a Aquél se limita a dirigirse al hombre, ora velando su Faz con fuegos, nubes y sueños; ora delegando sus órdenes en el ministerio de los ángeles, y más tarde meramente en los profetas o héroes. Márcanse así claramente dos o tres períodos que los paganos, como los orientales, llamarían, respectivamente, las Edades de oro, plata y cobre, bien superiores en esto como en todo a la presente y tristísima Edad de hierro o Kaliyuga, donde el hombre no sólo no ve nada superior a él, sino que casi no se ve a sí mismo.\n\nEn esa edad de plata, pues, que al diluvio, o catástrofe atlante, subsigue, vemos a los ángeles o semidioses descender entre los mortales, y sería largo hacer de ello detalladas referencias. Consignemos, pues, las más principales sólo:\n\nLa primera es la del Pozo del Viviente o de la vida (Gén., XVI), en la que el ángel detiene a la fugitiva Agar y le profetiza su numerosa descendencia. Este pozo, con sus similares, juega gran papel en diversos pasajes bíblicos, y es, por supuesto, no un pozo material, sino el símbolo de las puras aguas de la Sabiduría oculta. Por eso la frase del v. 19, cap XXI del Génesis, cuando \"Dios abrió los ojos de Agar en el desierto para que viese el pozo de agua...\", y de aquí también la discordia entre Abraham y Abimelech (o el Melcha) el pagano Abí), a causa del dicho pozo de Bersabee. Otro pozo vemos figurar, ya seco o sin las aguas de la sabiduría, en la tragedia de Joseph (o Io-sapho, \"la sabiduría de Io o primitiva\") con sus hermanos, cuando éstos pretendieron matarle, y por consejo de Rubén -el hombre rojo atlante que diría Basaldúa- le esconden en dicho pozo o cisterna, ya seca, de donde le sacan luego para venderle a unos mercaderes egipcios. Otro pozo es el en que Eliezer (Helias-zar o \"el hombre de Dios\") encuentra a Rebeca, la nieta de Melcha, y se la lleva por esposa a Isaac, el hijo de su Señor (ib. XXIV). Pozos, en fin, de análogo carácter fueron los cegados por los palestinos (ib. XXVI) por envidia a las prosperidades conseguidas por los israelitas, y por cierto que, al par que los palestinos cegaban estos simbólicos \"pozos de agua viva\" o de la sabiduría, los israelitas abrieron otros no menos simbólicos con sus crecientes doctrinas de corrupción, y cuyos nombres, en el mismo texto, son Calumnia, Enemistades, Anchura (Ancho camino o Mal sendero), etc., hasta cavar el último, o sea el de la Abundancia, después de habérseles aparecido y adoctrinado el Señor (ib. XXVI) .\n\nLa segunda intervención superliminal, o jina de la Biblia, es aquella de cuando bajan tres ángeles disfrazados de peregrinos, como el Wotan wagneriano cuando recorría la tierra y conversaba con los perversos , y después de profetizar a Sara que tendría un hijo, pasan a destruir a las vecinas ciudades de la Pentápolis, hospedándose en casa de Lot, destrucción \"por el fuego\" en la que algunos teósofos ven un eco, más que de la sumersión de la Atlántida, de la anterior destrucción de la Lemuria por los fuegos volcánicos, según se lee en La Doctrina Secreta.\n\nPero nada de ello es tan sublime y sugestivo como los breves veZrsículos del Génesis consagrados al patriarca hebreo del \"mundo de los jinas\", el maravilloso Enoch, Henoch, Jaino o Jano, cuya excelsa personalidad jamás ha sido bien interpretada por los comentaristas, quienes, por no ponerse al nivel debido, \"han tenido ojos para ver, y no han visto\", porque les ha faltado para esto, como para todo, la divina \"luz de Oriente\", única capaz de guiar a la humanidad ilustrada por estos tan consoladores derroteros.\n\nHagamos, pues, una glosa adecuada de los pasajes de referencia, seguros de que el lector ha de sentir que algo nuevo, y por encima de lo vulgar, se abre ante sus ojos.\n\n\"Vivió Henoch -dice el texto hebreo- sesenta y cinco años. y engendró a Mathusalem, y anduvo Henóch con Dios -es decir, practicó la suprema vida del justo-, y vivió otros trescientos años, engendrando hijos e hijas, y todos los días de Henoch fueron trescientos Sesenta y cinco años, y desapareció, Porque se le llevó Dios.\"\n\nCon estas sencillas, pero simbólicas palabras, nos habla el capítulo V del Génesis (v. 21 al 24) de la primera euthanasia humana, o sea del apoteótico tránsito al mundo de los jinas de aquel justo, biznieto de Cain-an (permutación del egregio nombre inca de Caín), que en el capítulo IV vemos ser descendiente, no de Seth, sino del propio y divino Caín , Viniendo luego a los comentaristas católicos de! hermoso pasaje Jina, nos sale el primero e! eruditísimo P. Scio de San Miguel, quien nos dice en la correspondiente nota: \"Aunque algunos rabinos no admiten el tránsito de Henoch sino en e! sentido de la muerte natural, no pocos de entre ellos coinciden con la creencia cristiana de que Henoch fué arrebatado por Dios en verdadera euthanasia, viviendo desde entonces en esotro mundo -al que nosotros denominamos de los jinas-, mundo desde el cual, judíos y cristianos opinan bajará algún día para conversión y salvación de los hombres, o bien para constituir, en unión del profeta Elías -otro transfigurado, como pronto veremos- aquellos dos testigos de las maldades del Antecristo de que habla el Apocalipsis (XI, 3 Y 4), a quienes éste hará finalmente morir.\" El Eclesiástico -añade aquel intérprete bíblico- consigna claramente que Henoch resultó grato a los ojos del Señor y fué trasladado al Paraíso -o mundo de los jinas- para llevar a los hombres hacia el camino recto, así que se arrepientan de sus muchas culpas, y San Pablo afirma que, \"gracias a su inmensa fe, Henoch fué traspuesto (o llevado en euthanasia a más excelso mundo), para que no viese la muerte, y que no fué hallado porque Dios mismo le traspuso, porque antes de semejante traslación tuvo así testimonio indudable de haber agradado al Señor durante su recta vida sobre la tierra\".\n\nEstas típicas frases del Iniciado cristiano en el capítulo XI de la Epístola a los Hebreos, no son, como él mismo dice, sino el fruto de \"esa fe que es la substancia misma de las cosas que se esperan y la esencia de las cosas que no se nos muestran a nuestros ojos físicos, pero merced a la cual hallaron la verdad los antiguos, aquellos que, a lo largo de su vida de justos, alcanzaron los bienes eternos, llegando a hacer visible lo invisible... después de sufrir escarnios, azotes, cárceles y cadenas, y de ser apedreados, maltratados, probados y hasta muertos de espada, tras de andar de acá para allá, mal cubiertos por groseras pieles, desamparados, angustiados, afligidos, y andando fuera de un mundo que de ellos no era digno, descarriados por los desiertos, montes y cavernas de la tierra\".\n\nEn cuanto al mundo especial donde seres tales como Henoch y Elías fueron trasladados, opinan doctores de la Iglesia tan poco idealistas como Agustín e Ireneo, que él no es sino un paraíso terrestre, donde viven en un nuevo cuerpo -el segundo cuerpo espiritual del que habla San Pablo-, que no está sujeto como el cuerpo físico a las miserias del envejecimiento, la corrupción, ni la muerte. Hasta ciertos Padres griegos, 'muy intuitivos y dotados de vigorosa imaginación creadora, como Teodoreto y San Juan Crisóstomo, llegaron a afirmar, según enseña aquel intérprete católico, que \"se puede aun llegar a saber el lugar de felicidad al que dichos elegidos fueron trasladados\", cosa -añadiremos nosotros- que es precisamente el objeto de este libro, al pretender, como por él pretendemos, inquirir acerca de la posibilidad y hasta la inmediata vecindad de este mundo de los llamados jinas, al terrestre mundo en que se agitan las tristes y mortales pasiones de los hombres.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145600, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000807.g23", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000807"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jina"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b783", "chapter_title": "===== CAPITULO 13 ===== CAPÍTULO XIII. 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EL PUEBLO HEBREO Y LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 214, "text": "El Enoch hebreo es, por otra parte, añadimos nosotros, ese Enos o Senius de los antiquísimos Cantos etruscos de los Hermanos Arhales, de los primeros días de Roma, \"el renovador de la verdadera Religión de la Naturaleza\", cuyo triunfo solar o jina se celebraba con grandes fiestas patriciales o iniciáticas. Por eso, la leyenda romana del Brabante, como tantas otras, le presenta, no en \"carro de fuego\", sino conducido por \"un Cisne\" (Swan, Chohan, etc.) , para socorrer con sus protecciones jinas a todos los desvalidos representados por la EIsa del Lohengrin. Este Caballero Helias, a su vez, es el nexo místico, al par que histórico, que enlaza a los venerandos nombres de EIías y de Enoch, como se ve en el hermoso libro de Bonilla San Martín El mito de Psiquis.\n\nMás o menos, todos los profetas de Israel están relacionados, en efecto, con ese tronco mágico de HeJi, Helios o Eliu (el Sol), como pertenecientes, efectivamente, a una dinastía solar o elegida, o jina, verdadera primogénita de la Humanidad. 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ELÍAS EL \"JINA\"\n\nLa misión profética de Ellas. - Los Helias, Helios, Eliu o Elías de las teogonías antiguas. - Sus resurrecciones de muertos. - Juicios de Dios y Fuegos Encantados. - El Maestro es arrebatado en \"carro de fuego\" al mundo de los jinas. - Eliseo pasa en seco el Jordán, como tantos otros \"dioses\". - Simeón Ben Iocai y su Zohar o Libro del Esplendor. - Más prodigios de Elías y de Eliseo. - El mundo de los \"protectores invisibles\" hebreo. - El Libro de Tobias. - El famoso \"pez\" de las aguas del Tigris, o sea la leyenda hebrea de Dagón. - Recuerdos de Las mil y una noches. - El Génesis es ley jina o superhumana, y el Deuteronomio ley humana o segunda ley. - El Libro de Job y sus enseñanzas jinas. - El eterno tema jina de \"La justificación\". - La leyenda europea de Helias, Elías, \"El Caballero del Cisne\" o \"Lohengrin\".\"El Santo Grial\" es el mundo de los jinas, eternos protectores de la humanidad.\n\nDespués de habernos ocupado tan extensamente de la transfiguración del patriarca Enoch y de su maravilloso libro, continuemos nuestra investigación acerca de otros excelsos personajes bíblicos que se nos muestran también transfigurados al modo jina, y muy especialmente el sublime profeta Elías el Thesbita, cuya historia se halla incidentalmente referida en el Libro III de los Reyes.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145645, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000839.g26", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000839", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000840", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000841", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000842", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000843"], "reference_count": 2, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b828", "chapter_title": "===== CAPITULO 14 ===== CAPÍTULO XIV. ELÍAS EL \"JINA\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 538, "text": "Llegados aquí, recordemos por vía de digresión a otro personaje rabínico, también arrebatado al mundo jina en medio de mágico fuego, o sea a Simeón Ben-Iochai, el compilador del Zohar, la más admirable de todas las obras cabalísticas, años antes de la era cristiana, según unos, y después de la destrucción del templo de Jerusalén, según otros; obra que, su hijo el rabino Eleazar, y Alba, secretario de éste, hubieron de completar, según nos enseña Isis sin Velo.\n\nComo era cosa sabida entre su pueblo que Simeón estaba en posesión no sólo de la Cábala, sino de la Mercaba, que le aseguraba la posesión de la \"Palabra Sagrada\", su misma vida corrió peligro, y por ello vióse obligado el anciano a huir al desierto, en donde por espacio de doce años habitó en una CUEVA rodeado de fieles discípulos, muriendo finalmente en medio de todo género de portentos . Muchas son, en efecto, las maravillas que se recuerda tuvieron lugar a su muerte, o mejor dicho a su tránsito, puesto que él no murió como los demás hombres, sino que desapareció súbitamente en medio de una deslumbradora luz que llenó de gloria todo el ámbito de la caverna, y que le arrebató a un mundo mejor, mientras que su cuerpo quedó inerte. Cuando luego esta luz se vió reemplazada por la obscuridad de aquel antro, dice Ginsburg, \"es cuando pudieron darse cuenta los discípulos de que aquella brillante lámpara de Israel se acababa de extinguir\". Sus biógrafos añaden que durante su entierro se oyeron conciertos de voces procedentes de los cielos, y cuando su cuerpo fué descendido a la profunda fosa para él abierta, salió de ella una llama, mientras que una potentísima y augusta voz hizo resonar en el aire estas palabras: \"¡Este es quien hará temblar a la tierra y conmoverse a los reinos!\".\n\nVolvamos a Eliseo, otro de los personajes solares judíos.\n\nUno de los dichos prodigios con los que Eliseo acreditó su nueva misión \"bajo el doble espíritu de su maestro Elías\", fué el hacer dulces y potables las aguas de Jericó, que eran salobres e impotables desde que Josué había pronunciado contra la ciudad un terrible anatema, que de este modo vino a levantar el santo.\n\nLas hazañas proféticas o jinas de Eliseo no les van en zaga a las de su Maestro; así, cuando aterrados los reyes de Israel, Judá y Edom, fueron a consultarle, el profeta llamó a un hábil tañedor de arpa, que con las dulzuras de su instrumento aquietase los alborotados ánimos de los regios consultantes, y facilitase con sus mantrams musicales la revelación del profeta (IV, Reyes, nI) . En otra ocasión multiplica enormemente la mísera porción de aceite de una viuda amenazada de cárcel por sus acreedores. En otras transforma una planta venenosa en alimenticia, para dar de comer con ella a sus adeptos; multiplica, como luego Jesús, los panes de una ofrenda; libra al general Naaman de los horrores de la lepra, con sólo hacerle bañar en el Jordán siete veces; profetiza la muerte del rey Benadad, después de haber anunciado también la milagrosa salvación del pueblo reducido a los \" horrores del hambre, hasta el punto de que las madres se comían a sus hijos, etc., etc.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145655, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000845.g27", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000845"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b828", "chapter_title": "===== CAPITULO 14 ===== CAPÍTULO XIV. ELÍAS EL \"JINA\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 53, "text": "En justicia, ningún cristiano ni judío puede dudar acerca de \"las protecciones invisibles\" de que se habla en la literatura teosófica, desde el momento en que admite, y tiene por canónicos, libros como el de Tobías; que es todo un poema del más puro sabor arcaico acerca de estas protecciones invisibles o jinas.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145661, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000855.g28", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000855", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000856", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000857", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000858", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000859", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000860"], "reference_count": 5, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b828", "chapter_title": "===== CAPITULO 14 ===== CAPÍTULO XIV. ELÍAS EL \"JINA\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 779, "text": "No obstante la indiscutible belleza de este arcadiano, feliz y antiguo Libro de Tobías, dechado de las costumbres patriarcales de aquellos tiempos de ensueño jina en que los ángeles convivían con los hombres , el lector conspicuo que recuerde la sublimidad de los cuentos de Las mil y una noches, no podrá menos de reconocer la inmensa superioridad que llevan éstos a aquél, como si estuviesen ellos más cerca de la verdad primitiva.\n\nEn dichas leyendas orientales, en efecto, cual en la incomparable Historia de Camaralzamán y la princesa de Bagdad y en otras muchas, no hay necesidad para la trama del drama de que un buen hombre tenga que cobrar unos dineros en lejano pueblo de las montañas de Ecbatana -dinero, sexo y semitismo han sido siempre la misma cosa-; ni de describir al por menor intimidades nupciales; ni de matar sucesivamente a siete maridos; ni de hablar de la procreación como supremo fin del matrimonio, olvidando el tan importante o más del mutuo auxilio entre los cónyuges; ni de hablar de soldadas, recelos, etc., sino que el prólogo mismo del amoroso drama idealista del eterno príncipe con la eterna princesa tiene lugar en el excelso mundo del ensueño o mundo jina, de la manera que refiere el sugestivo \"cuento\", o sea mediante hadas y genios invisibles que les hacen enamorarse uno de otro en sueños del modo más dulce y más puro...\n\nSiguiendo nuestro tema de la diferencia esencial entre los hombres de aquí abajo y sus \"protectores\" los jinas, diremos que casi no hay un rincón en el Antiguo Testamento en el que a ellos no se aluda.\n\nTal sucede con el pasaje en que \"los hijos de Dios\", es decir, de los Elohim o de los finas, conocen a las hijas de los hombres, determinándose la terrible catástrofe atlante o del Diluvio (Génesis, VI 1). Entonces acaba el imperio de la Primera Ley, o sea la Ley Natural y Paradisíaca (\"Sabiduría de los dioses\" o Teosofía) , y viene el Deuteronomio o Ley Segunda y más interior, la terrible e imperfecta ley escrita, tormento de los grandes hombres, por las limitaciones de ella, y férrea tutela de los pequeños. Esta opinión es más lógica que la que entrañan las palabras de Scío de San Miguel en su introducción al Deuteronomio, cuando dice: \"El libro quinto y último del Pentateuco se llama entre los hebreos el libro de Estas san las palabras, pues que es la frase con la que el texto original da principio. Los griegos y latinos le llaman Deuteronomio, que quiere decir \"segunda Ley\", no porque sean nuevas las cosas que Moisés ordena aquí a su pueblo, sino porque habiendo faltado ya todos aquellos que habían sido alistados para las armas y que habían oído la ley dada en el monte Sinaí, se había formado un segundo pueblo con sus hijos, a quien Moisés tuvo que intimar de nuevo la ley. En esta segunda promulgación hace Dios una nueva alianza con Israel , y Moisés, cercano ya el término de su vida, les reitera y encarece aquellos mismos avisos que les deja como expresión de su última voluntad. Al efecto, para que se mantuviera siempre en pie la memoria y observancia de los divinos mandamientos, encarga a los reyes (XVII, 18) que tan luego como entren en posesión de la corona se hagan escribir el Deuteronomio; también ordena (XXVII, 2) que éste sea grabado en piedras, y, por último, que se lea al pueblo todos los años sabáticos.\n\nMoisés, congregando a todo Israel en las llanuras de Moab, le pone a la vista los prodigios que el Señor había obrado en su favor desde que en el monte Sinaí había sido establecida la primera alianza, y repite la ley con nuevas ilustraciones, pronunciando terribles amenazas contra sus transgresores y prometiendo toda suerte de felicidades a quienes la guarden fielmente. En un cántico que profiere antes de morir, pinta con los más vivos colores las misericordias que había usado Dios con su pueblo, y la infidelidad de éste con él, vaticina su ulterior ingratitud y el rigor de sus castigos consiguientes. Por último, le garantiza su misericordia así que, arrepentido, se convierta a él...; da la bendición a las doce tribus; sube al monte Nebo, desde donde contempla la tierra prometida, y muere, o se hace jina.\n\nEsta \"tierra prometida\", si bien en la realidad histórica puede ser la de Canaán, en la simbólica y más excelsa, dentro de la múltiple significación de todo, libro iniciático, no es sino la de los Campos Elíseos (de Helios, del Solo de Elías) o \"Mundo de los jinas\", \"la tierra que mana leche y miel\", según la repetidísima expresión bíblica.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145671, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000866.g29", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000866", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000867", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000868", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000869", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000870", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000871", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000872"], "reference_count": 9, "matched_forms": ["jina", "Jinas", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b828", "chapter_title": "===== CAPITULO 14 ===== CAPÍTULO XIV. ELÍAS EL \"JINA\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 842, "text": "Job, por permisión divina, se ve atormentado, despojado, enfermo, bajo la cruel acción de esos seres malignos que Aristófanes llamó \"las negras Aves\"; San Pablo, \"las crueles Potestades del Aire\"; la Iglesia, \"los demonios\"; la Teosofía y la Kábala, \"los elementales y elementarios\", etc. Pero como 10b es justo y entona el Tema de su propia justificación frente a tales rigores del destino, vence al fin con el sagrado y mágico 1 t de su crucifixión en la llagada carne, y Jehovah permite que a él se lleguen los \"ángeles curadores\" o jinas, cuyo clásico caudillo en otros libros, como el de Tobías, es el arcángel Rafael.\n\nLa infanta Isomberta -es decir, el prototipo isíaco de la pobre humanidad-, calumniada por su suegra por haber dado a luz en un solo parto siete divinos infantes, a los que el Destino anunciara las más felices esperanzas, según la conocida leyenda occidental estudiada por el sabio Bonilla San Martín, en su Mito de Psiquis, va a ser sacrificada, como la Ifigenia griega y como tantas otras; pero he aquí que del mundo de los jinas llega en el momento supremo un Libertador: el Caballero del Cisne, hombre-jina a quien, en la versión moderna o wagneriana del Lohengrin no se le puede preguntar -como tampoco al Brillante del mito español - por su patria -el país del Santo Grial- ni por su nombre -que, como de jina, es nombre de misterio...-. La Isomberta de la vieja versión del mito, como la Elsa de la versión moderna, son así remediadas en sus cuitas, gracias a la protección de ese mundo oculto, mundo que vuelve a encerrarse en su misterio una vez que su protectora acción se ha cumplido.\n\nLos primeros romanos, cercados en su capital por los galos y amenazados más tarde por Aníbal; los hispano-góticos del medioevo, cercados en los riscos de Covadonga por los mahometanos; los franceses de Clodoveo, amenazados por las hordas de Atila, y los de nuestros propios días, cañoneada ya París por sus invasores teutones, entonaron también el Tema de la Justificación, diciendo: \"¡It!\", desde la cruz de sus dolores, y los enemigos, por verdadero prodigio, fueron alejados para no volver. . .\n\n¿A qué seguir, si la historia de cada mito, la vida de cada hombre, cada nación, y aun la humanidad entera, están llenas de semejantes casos?\n\nDiríase, además, como que en ese oculto mundo jina se lleva muy al por menor y con supremo esmero la cuenta estricta de las justicias e injusticias de este mundo nuestro, para imponerle las rectificaciones, sanciones y orientaciones que en cada momento son precisas para la curvilínea marcha de la Historia, y digo curvilínea porque en ella, meditando un poco, se ven claramente las dos fuerzas determinantes de tales ciclos o curvas, a saber: la jina del Bien, que emana de ellos, apoyándose en los pocos justos que siempre hay en cada tiempo y país; la elementaria o del Mal, prevalida en su inferioridad respecto de aquella otra, por el desdichado apoyo que les prestamos con nuestras insaciables pasiones egoístas. Esta es, y no otra, la batalla continua de la vida, en la que siempre se respeta nuestra libertad para el bien como para el mal, y en la que se forman los héroes o superhombres; los seres intermediarios entre este nuestro mundo de la vulgaridad animal y el excelso de los genios o jinas.\n\n\"Hay en lontananza -canta Lohengrin al darse a conocer a la estupefacta asamblea en el supremo momento de la despedida- un mundo inaccesible, un lugar sagrado llamado Montsalvat. Allí se eleva un Templo Indestructible, cuyo brillo y esplendores no tienen rivales en la Tierra. En sus muros, como en efectiva Sancta-Sanctorum, se conserva celosamente un Vaso augusto que los ángeles o dhyanis (¿jinas?) entregaron a la piadosa guarda de los hombres más puros. Una Paloma (Hamsa o Cisne protector) , cruzando el espacio, acude cada año a renovar sus esplendores. .. ¡Es el SANTO GRIAL! El tesoro que infunde inextinguible ardor en los caballeros que le custodian. Quien alcanza la gloria de servirle, queda ipso facto investido de un poder subrehumano (el Poder Mágico), y seguro ya de su victoria, tiene en su potente mano la suerte de los malvados. Aun cuando haya de trasladarse a lejanas comarcas para proteger la virtud escarnecida y el derecho menospreciado, su poder subsiste y su fuerza es sagrada todo el tiempo que su alto título y excelsa condición sean ignorados por todos (secreto iniciático) . Tan sublime y maravilloso Misterio no debe, no, ofrecerse a la mirada de los mortales. Por eso ninguno de los nuestros elude la severa ley y, al descubrirse su incógnita primera, ha de partir. ¡He aquí, pues, que yo descorro el Velo antes de irme! . .. ¡Parsifal es mi padre y el Santo Grial mi patria! ¡Yo SOY LOHENGRIN!\n\nPor supuesto que el Santo Grial y el Mundo de los Jinas son una cosa misma, como lo comprenderá acabadamente quien dé una mirada retrospectiva a los anteriores capítulos en armonía con otras enseñanzas de diversos pasajes de esta Biblioteca.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145682, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000873.g30", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000873", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000874", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000875", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000876"], "reference_count": 4, "matched_forms": ["jina", "JINAS"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b872", "chapter_title": "===== CAPITULO 15 ===== CAPÍTULO XV. EL CRISTIANISMO Y LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 563, "text": "===== CAPITULO 15 ===== CAPÍTULO XV. EL CRISTIANISMO Y LOS \"JINAS\"\n\nEstado de Galilea a la aparición de Juan el Bautista. - Juan y Elías, un solo personaje ocultista o jina. - Juan-Elías entre cristianos y musulmanes. - Las fraternidades eremíticas de Siria y Palestina. - Esenios, terapeutas, ebionitas, nazarenos y demás ascetas del Líbano y del Jordán y su mundo jina. - Abolengos caldeo-buddhistas de todos ellos, según las propias etimologías de sus nombres respectivos. - Todos ellos separaban en la Religión \"la letra que mata del espíritu que vivifica\", - Los bautistas, sabeanos y cristianos de San Juan. - Enseñanzas gnósticas sobre algunos de estos particulares misteriosos, - Los nazarenos eran como teurgistas caldeos. - Siria, Galilea y . Palestina en la época de Jesús y en nuestros días. - Las escuelas pitagóricas y las enseñanzas del Evangelio, según H. p, B, - La genuina pureza aria del Nuevo Testamento. - Cuatro momentos distintos de la vida de Jesús. - La Transfiguración de Jesús en el Tabor. - Su Resurrección y su Ascensión. - La Pentecostés,\n\nHistoriando H. P. B. el estado de toda la Galilea a la aparición de Juan el Bautista , nos ,dice en Isis sin Velo:\n\n\"De todos los personajes del pasado, cuyo recuerdo venía como las visiones de una noche agitada a despertar y conmover al pueblo israelita, el mayor, sin duda, era el de Elías el profeta. Entre los hebreos, aquel gigante que vivió en las asperezas del monte Carmelo, teniendo por toda compañía la vecindad de las bestias feroces, y de donde salía como el rayo para hundir y levantar reyes, se había convertido, por una serie de transformaciones sucesivas, en una especie de ser sobrehumano, unas veces visible, otras invisible, a quien respetaba hasta la misma muerte. Creíase generalmente, además, que Elías iba a venir de nuevo, a fin de restaurar el reino de Israel. La vida austera (o jina) que había hecho en el desierto; los terribles recuerdos que había dejado y que aún perduran en Oriente; aquella sombría imagen que aun en nuestros tiempos atemoriza , influía vivamente en los ánimos y marcaba con su sello a todas las concepciones populares. Cualquiera que aspirase a ejercer gran influencia sobre el pueblo, trataba de imitar a Elías, y como la vida solitaria había sido el rasgo característico de aquel profeta, habíase adquirido la costumbre de no considerar al \"hombre de Dios\" sino como un eremita. Creíase que todos los santos personajes habían tenido sus días de penitencia, de vida agreste, de ásperas austeridades. La penitencia en el desierto llegó a ser de este modo la condición indispensable y el preludio de altos destinos. La vida anacorética, tan opuesta al viejo espíritu judaico, alcanzaba así gran boga en Judea en tiempos de Juan. Los esenios o terapeutas se hallaban agrupados cerca del país de Juan, sobre las márgenes orientales del Mar Muerto... Los maestros de la juventud eran también, en ocasiones, una especie de anacoretas bastante parecidos a los gurus del brahmanismo. ¿Se dejaba quizá sentir en esto la influencia, más o menos remota, de los muni buddhistas? ¿Habían llegado hasta Judea, como llegaron indudablemente a Siria y a Babilonia, algunos de aquellos monjes que recorrían en todas direcciones la tierra?... Desde hacía algún tiempo Babilonia había llegado a ser un verdadero foco de buddhismo. Budasp (el Boddhisatua) tenía reputación de ser un sabio caldeo a quien se le consideraba como un fundador del propio sabeísmo baptista, que caracterizaba a los nazarenos .", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145689, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000885.g31", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000885"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jina"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b872", "chapter_title": "===== CAPITULO 15 ===== CAPÍTULO XV. EL CRISTIANISMO Y LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 50, "text": "Nazareth es, más o menos, toda Palestina, en sus tradiciones religiosas, su vivir casto y retirado, característico: esenio, ebionita. terapeuta y nazareno , es decir, jina, si por la vaga palabra en cuestión hemos de entender esencialmente algo de lo que quería significar nuestro Fray Luis de León con aquello de", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145701, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000895.g32", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000895", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000896", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000897"], "reference_count": 2, "matched_forms": ["Jina", "jina"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b872", "chapter_title": "===== CAPITULO 15 ===== CAPÍTULO XV. EL CRISTIANISMO Y LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 1062, "text": "Además, en las descripciones que los evangelistas nos hacen de la vida de Jesús, se aprecian claramente cuatro momentos distintos, o mundos, por lo menos, a saber: a) El de la vida ordinaria o exterior del Justo entre los hombres, conviviendo con publicanos y pecadores, amén de con los \"pescadores\", sus discípulos, ni más ni menos que acontece con todos los humanos, y al tenor de la hermosa sentencia que dice (Mateo, IX, 12): \"los sanos no tienen necesidad de médico, sino de enfermos\". b) El de la Vida Interior del Justo, cuando, alejándose del \"mundanal ruido\", que dijo nuestro clásico, se retiraba \"en soledad y silencio al último rincón de tu aposento\" (Mateo, VI, 5-13) a orar y comunicarse con el Padre, o sea con ese Dios Interior o Yo Superior (Atma Buddhi-Manas, de los orientales) que todos llevamos dentro, o, en otros términos, cuando después de haber ayudado a sus hermanos menores, los hombres del \"valle hondo y oscuro, con soledad y llanto\", se consagraba a la meditación o a la yoga, que los orientales dirían, o sea a procurarse la unión del alma humana -siempre anhelante de subir, de retornar a su celeste origen- con el Espíritu Divino que la cobija, unión, por otra parte, simbolizada por el eterno mito de Psiquis, tantas veces citado en anteriores libros. e) El de todo ese extraño y obscuro período que en los Evangelios media entre la muerte y resurrección del justo y su gloriosa ascensión a los cielos, período en el que, si no nos equivocamos, vive Jesús una vida periespiritual, que diría un discípulo de Allan Kardec; una vida intermedia y en cuerpo espiritual, que diría San Pablo (Corintios, I, XIV), o en doble etéreo, que añadiría un teósofo. En semejante \"cuerpo sutil y glorioso\", que, más o menos, recuerda al que parecen revestir todas las apariciones post-mortem que la historia, la leyenda y el fenómeno espiritista registran, Jesús acompaña, ora invisiblemente, ora visible, a sus discípulos; se presenta y convence al incrédulo positivista de Santo Tomás; se muestra en el cerrado cenáculo de aquéllos, atravesando las paredes, para prometerles la iluminación jina de Pentecostés, con sus lenguas de fuego, o sea el \"don pineal o del tercer ojo\", descrito por nosotros en las páginas 373 y siguientes de De gentes del otro mundo, y realiza, en fin, \"cosas de cuarta dimensión\", perfectamente imposibles para nosotros los pigmeos, que nos debatimos todavía durante esta nuestra vida física en las tinieblas o \"sombras de sombras\" de la dimensión tercera. d) El del mundo superliminal e inmediatamente superior a este último \"mundo etéreo\" de la dicha convivencia post-mortem del Maestro con sus discípulos, caracterizado porque ya en él, a diferencia de lo que les aconteciese en el anterior, los discípulos pierden la conciencia física que en este último estado tenían, razón por la cual, \"presas de un sueño invencible\", apenas si pueden darse cuenta de la transfiguración que sobre la cumbre del monte Tabor, y ante ellos mismos, se opera en el cuerpo y el semblante de Jesús, al convivir \"con aquellos que se fueron sin irse\", es decir, con Henoch, con Moisés y con Elías, los antes transfigurados, al tenor de cuanto llevamos visto. e) Finalmente, y por encima de todos los dichos cuatro estados anteriores, la propia Ascensión del Señor a los cielos nos dibuja un quinto e inefable estado celeste, para el que, al faltarnos las ideas, no pueden menos de faltamos también las palabras, pero que, igual que en el Cristianismo, tiene su nombre correspondiente en las otras religiones: Devachán, entre los brahmanes; Swarga, entre los buddhistas; Amenti, entre los egipcios, etc., etc.\n\nEl pasaje de Lucas (IX, 18-27) que sirve como de prólogo al sublime momento de la Transfiguración de Jesús, se presta a las más profundas y consoladoras meditaciones, si substituímos, con arreglo a la enseñanza evangélica, \"su letra que mata por su espíritu que vivifica\".\n\nEn efecto, vemos en dicho pasaje que Jesús, queriendo sondar en las respectivas psiquis de sus aún poco evolucionados discípulos acerca del juicio que iban formando de su persona y de sus enseñanzas, los llevó aparte después de haber realizado el milagro de la multiplicación de los panes y los peces -símbolo de la multiplicación del pan del alma o de la ciencia más que del grosero pan de los cuerpos, que \"siempre nos es dado por añadidura\" -, y les preguntó de manos a boca que quién decía el vulgo que era él. A lo cual respondieron unánimes, como lo hubieran hecho cualesquiera otros creyentes en las vidas anteriores, que unos decían que era Juan el Bautista; otros, que era Elías, y otros, que algún otro de los muchos profetas del Señor en los tiempos pretéritos, añadiendo Pedro aquella confesión solemne de \"Tú eres Cristo, hijo de Dios vivo,\" Al oír esto el Maestro, no pudiendo desmentir lo que era pura realidad, como miembro que era de la gran Fraternidad Blanca, cuyos adeptos, como dice H, P. B., tienen todos biografías humanas tan análogas que fácilmente pueden ser tomados unos por otros, les amenazó severamente, ordenándoles que no dijesen nada acerca de ello a las gentes, añadiendo estas frases que los comentaristas cristianos refieren siempre a la propia vida de Jesús, pero que, en espíritu, dado que todo hombre es, según los gnósticos, un Chrestos sufriente en este mundo antes de ser un Christos triunfante en el otro, bien puede asegurarse que aluden asimismo a todos nosotros y a nuestras tribulaciones y esperanzas a lo largo del Sendero Iniciático o Jina. Sendero que supone toda nuestra vida, desde la cuna hasta el sepulcro, cuna también, a su vez, de nuestro nacimiento a dicha segunda vida espiritual: \"Es necesario que todo hijo del hombre padezca muchas cosas, y que sea desechado de los ancianos (los tenidos en el mundo por prudentes, sensatos y discretos) y de los príncipes, de los sacerdotes (u hombres constituidos en autoridad mundana) y de los escribas (o sea de los tenidos por sabios en el mundo), y que sea entregado a la muerte (es decir, que la muerte haga de él al fin su presa, porque a ella nos ha entregado el Karma o Destino), y que resucite al tercer día. .. Mas, añádoos, en verdad, que algunos no gustarán la muerte hasta que vean por sí mismos el reino de Dios...\"", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145711, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000904.g33", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000904", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000905", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000906", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000907", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000908", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000909", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000910", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000911", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000912", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000913", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000914", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000915", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000916", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000917", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000918", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000919", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000920", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000921", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000922", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000923", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000924", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000925", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000926", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000927", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000928", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000929"], "reference_count": 2, "matched_forms": ["jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b872", "chapter_title": "===== CAPITULO 15 ===== CAPÍTULO XV. EL CRISTIANISMO Y LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 474, "text": "En este pasaje hubo de inspirarse el inmortal Fray Luis de León para aquella incomparable Oda a la Ascensión del Señor, con la que, pese a lo conocida que es, queremos honrar estas nuestras modestísimas páginas jinas, y que dice:\n\n¿Y dejas, Pastor santo,\n\ntu grey en este valle hondo, oscuro, con soledad y llanto,\n\ny tú, rompiendo el puro\n\naire, te vas al inmortal seguro?\n\nLos antes bienhadados,\n\ny los agora tristes y afligidos,\n\na tus pechos criados,\n\nde ti desposeídos,\n\n¿a dó convertirán ya sus sentidos?\n\n¿Qué mirarán los ojos\n\nque vieron de tu rostro la hermosura que no les sea enojos?\n\nQuien oyó tu dulzura,\n\n¿qué no tendrá por sordo y desventura?\n\nAqueste mar turbado,\n\n¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto al viento fiero airado?\n\nEstando tú cubierto,\n\n¿qué norte guiará la nave al puerto?\n\n¡Ay!, nube envidiosa:\n\naun de este breve gozo, ¿qué t_ quejas?\n\n¿Dó vuelas presurosa?\n\n¡Cuán rica tú te alejas!\n\n¡Cuán pobres y cuán ciegos, ¡ay!, nos dejas!\n\nOtro texto evangélico, por último, encuadra perfectamente con el espíritu de esta nuestra obra, puesto que dice:\n\n\"Y cuando se cumplían los días de la Pentecostés, todos los discípulos estaban congregados. Y vino de improviso del cielo un estruendo como de viento impetuoso conmoviendo el recinto. Y se les aparecieron unas lenguas dispersas, como de fuego, que fueron reposando una en cada uno de ellos. Y así, todos fueron llenos de Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en varias lenguas, según el dictado del Santo Espíritu. Había entonces en Jerusalén varones religiosos de cuantas naciones hay debajo del cielo. Y noticiosos del caso, acudieron en gran número, quedando pasmados porque oían hablar a los discípulos cada uno en su propia lengua. Y estaban todos atónitos y se maravillaban diciendo: \"¿Cómo es que siendo galileos los que hablan los oímos hablar cada uno de nosotros en nuestra propia lengua? ¿Qué quiere decir esto?\" Mas otros se burlaban y decían: \"¡Están llenos de mosto!\" Mas Pedro, en compañía de los once, puesto en pie, alzó su voz diciéndoles: \"Varones que habitáis en Jerusalén, oídme: No es que estemos embriagados, sino que se cumple lo que fué dicho por el profeta Joel: Y acontecerá en los postreros días, dice el Señor, que yo derramaré mi espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, y vuestros mancebos verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños, porque ciertamente en aquellos días derramaré de mi espíritu sobre mis siervos y siervas, y profetizarán, y daré maravillas arriba, en el cielo, y señales abajo, en la tierra...\" (Hechos, II, 1-19.)\n\nPor lo transcrito, que muy bien podría ampliarse, se ve cuántos pasajes del Evangelio se rozan con nuestro \"mundo de los jinas\". 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LOS \"JINAS\" Y SUS LAGOS SAGRADOS O INICIÁTICOS\n\nEl Fuego y el Agua en las Teogonías. - La estática y la dinámica del Agua, o sean los dos conceptos filosóficos de \"lago\" y \"río\". - Ampliación del concepto de \"lago\" en ley de teosófica analogía. - El lago y el río en la Tierra dan la base masculino-femenina para el sagrado jeroglífico de IO. - Las dos líneas sinuosas simbólicas de Acuario, inicial jeroglífica de la letra M, que. a su vez, lo es del gran nombre femenino en todas las Teogonías. - La \"lacustre\" cadena que liga filosóficamente a la fuente y al mar. - \"Lago\" es \"inercia\", \"muerte\", \"descanso\" y demás conceptos analógicos, como \"río\" es el concepto contrario. - Papel que \"el lago\" ha representado siempre en el mundo del Espíritu y en los Misterios iniciáticos. - Papel constante del \"lago\" en las divinas predicaciones de Jesús. - Los primeros discípulos son todos \"pescadores\".-La barca-símbolo de nuestro cuerpo en el proceloso mar de la vida.-El lago de Jenesareth, Jainesareth o Jina.-La fe en la p:llabra del Maestro. - Un pasaje \"jina\" de Ernesto Renán. - La Galilea de entonces y la de ahora. - La iniciática región superior del Líbano, según la princesa de Belgiojoso y sus metualís \"jinas\" adoradores del Fuego. - Idea general de los \"Misterios de los Lagos Iniciáticos\", hasta donde es posible colegir por los textos que poseemos.\n\nDe intento hemos dejado pasar en silencio en el capítulo que antecede todo lo relativo a los momentos más augustos de las predicaciones de Jesús en el lago de Genesareth. o \"lago de los jinas\". por su inmensa relación con \"los Misterios del Reino de los Cielos\". para poderlo tratar aparte aquí con todo el detenimiento que merece.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145746, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000944.g35", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000944", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000945", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000946", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000947"], "reference_count": 4, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b929", "chapter_title": "===== CAPITULO 16 ===== CAPÍTULO XVI. LOS \"JINAS\" Y SUS LAGOS SAGRADOS O INICIÁTICOS", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 1175, "text": "De nuevo vuelve Jesús a tomar el barco, y ya en tierras de su ciudad continúa sus milagros y predicaciones, no pocas de éstas, tales como la de la parábola del sembrador (ibid., XIII), pronunciada simbólicamente desde una nave también. Otra vez (ibid., XIV, 13), cuando el Bautista fué degollado, Jesús se retira en un barco \"a un lugar desierto y apartado\", es decir, al mundo jina, donde opera con la multitud el milagro de los cinco panes y dos peces, de los que comieron nada menos que cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños, sobrando además doce cestos llenos de pedazos (ibid., XIV, 15-21). ,\n\nEn subsiguientes pasajes vemos que el Maestro embarca a los discípulos en la navecilla, ordenándoles pasasen a la otra ribera del lago de Genesareth o jainesareth -el simbólico lago jina, que diríamos nosotros-, al que les llevaba ya solos, como elegidos o discípulos, mientras que Él despedía a la gente -la gente profana y se retiraba solo a orar en el monte. Sobrevínoles, pues, la noche a los discípulos en medio de las ondas, como era natural al perder de vista la luz de su Maestro, y el viento -como todos los vientos que los elementos desencadenan siempre contra los buenos y sus nobles obras- les era contrario. \"Mas a la cuarta vigilia de la noche vino Jesús hacia ellos, andando sobre el mar. Cuando así le vieron llegar hasta ellos sin sumergirse en las olas, se turbaron, \"temiendo fuese un fantasma\", y llenos de miedo comenzaron a darle grandes voces. Jesús les habló al mismo tiempo, diciéndoles: \"¡Tened buen ánimo y nada temáis!\", y Pedro, entonces, le dijo lleno de fe: \"¡Señor, si eres tú verdaderamente, mándame que vaya a ti sobre las aguas!\" A lo que el Maestro le contesta: \"¡Ven!\" Y bajando Pedro del barco -continúa el texto-, andaba también sobre las aguas, para llegar a Jesús; mas viendo el viento recio, tuvo miedo. y como empezase a hundirse, clamó diciendo: \"¡Valedme, Señor'\" Jesús entonces. extendió su mano, trabó de él, y le dijo: \"¿Por qué dudaste, hombre de poca fe?\" Luego que entraron en el barco cesó el viento, y los que dentro estaban adoraron a Jesús, diciéndole: \"¡Verdaderamente, Hijo de Dios eres!\" Y habiendo pasado a la otra parte del lago, fueron a la tierra de Genesar -]ainesar, ]ainazar, o región de los jinas, que nosotros diríamos asimismo-. donde los hombres de aquel lugar, así que le reconocieron enviaron por toda aquella tierra y le presentaron a todos cuantos padecían algún mal, y le rogaban que les permitiese tocar tan sólo a la orla de su vestido.\" (ibid., XIV, 22-36).\n\nQuien con Renán o con Strauss se haya tomado la molestia de estudiar a fondo los sinópticos, o sean los primitivos Evangelios de Mateo, Marcos y aun Lucas, amén de muchos otros de los setenta y dos llamados \"apócrifos\", no dudará de que ellos, ante todo, se han inspirado en las más arcaicas tradiciones galileas para dar adecuado marco a las poéticas descripciones de la vida de Jesús. Por eso aquel autor ha podido decir con pluma inimitable: \"La antigua palabra \"paraíso\", que el hebreo, como todas las lenguas de Oriente, había tomado de la Persia, y que en un principio sirvió para designar los parques de los reyes aqueménidas, resumía en aquella época el sueño de todos, la quimérica aspiración universal. ¡El Paraíso!... ¡El jardín delicioso donde se continuaría para siempre una vida llena de encantos inefables! ¿Cuánto tiempo duró aquella embriaguez? Se ignora. Durante el curso de aquella mágica aparición, nadie midió el tiempo, como nadie mide la duración de un éxtasis. El vuelo de horas las dejó en suspenso: una semana fué como un siglo. Pero, ya durase años o meses, aquel ensueño fué tan hermoso, que, después de él, la humanidad ha continuado viviendo de su recuerdo, y todavía es su debilitado perfume nuestra única y suprema consolación. Nunca al pecho humano dilató un gozo tan puro ni tan inmenso. En aquel esfuerzo, el más vigoroso que haya hecho la humanidad para elevarse sobre el barro de nuestro planeta, hubo un momento en que olvidó los lazos de plomo que la ligan a la tierra y las angustias de la vida. ¡Feliz el que entonces pudo ver la luz de aquella divina aurora y participar siquiera por un día de aquella ilusión- mágica y sin igual! Pero ¡más dichoso todavía -nos diría Jesús- el que, libre de toda ilusión, reproduce en sí mismo la aparición celeste, y sin ensueños milenarios, sin paraíso quimérico, sin otro móvil que la rectitud de su voluntad y la poesía de su alma, sepa crear de nuevo, y por sí solo, el verdadero Reino de Dios en su propio corazón!... \"\n\nSigue luego Renán trazando el marco jina de la Galilea de entonces, al recibir la doctrina iniciática del Divino Maestro, diciendo: «El hermoso clima de Galilea convertía la existencia de aquellos honrados pescadores en delicioso y perpetuo encanto. Todos eran ignorantes en extremo, débiles de espíritu y creyentes de espectros y apariciones. Sencillos, buenos, dichosos, blandamente mecidos por las cristalinas ondas de un mar en miniatura, o bien arrullados por el oleaje mientras dormitaban sobre el césped de sus risueños bordes, aquellas familias de pescadores preludiaban, a no dudarlo, el Reino de Dios... Difícil es, en efecto, el figurarse el encanto, la embriaguez de una vida que de ese modo se desliza a la faz del cielo; el robusto y dulce entusiasmo que infunde en el alma el continuo contacto con la Naturaleza, y los sueños de aquellas noches pasadas bajo la inmensidad de la azulada bóveda al trémulo fulgor de las estrellas. En otra noche semejante fué cuando Jacob, apoyada la cabeza sobre una piedra, leyó en los astros la promesa de una posteridad innumerable, y vió la escala misteriosa por la cual iban y venían los Elohim!- entre los cielos y la tierra. En la época de Jesús, el cielo continuaba abierto, y la tierra no había sido profanada. Las nubes se entreabrían aún sobre el hijo del hombre, y los ángeles subían y bajaban, sirviéndole de mensajeros. Las visiones del Reino de Dios se 'hallaban en todas partes, puesto que el hombre las abrigaba en su propio corazón. La mirada tranquila y dulce de aquellas almas sencillas contemplaba el universo en su origen ideal; quizá el mundo mismo descubría sus misterios a la conciencia divinamente lúcida de aquellos seres dichosos, cuya pureza de corazón les hizo merecedores un día de ver a Dios... Aquello era el advenimiento a la tierra del consuelo universal: «!.Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el \"reino de los cielos; bienaventurados los que lloran, porque ellos \"serán consolados; bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra; bienaventurados los que tienen hambre y sed de \"justicia, porque ellos serán saciados; bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia; bienaventurados \"los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios; bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos \"es el reino de los cielos!...\"", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145760, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000964.g36", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000964"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["Jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b929", "chapter_title": "===== CAPITULO 16 ===== CAPÍTULO XVI. LOS \"JINAS\" Y SUS LAGOS SAGRADOS O INICIÁTICOS", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 207, "text": "Estos antecedentes orientales explican asimismo la propia etimología de la palabra pista. A Júpiter (Calepinus, Septem linguarum), 'Como Hierofante supremo, se le denomina Júpiter Pi-stio, el \"iniciador en el lago\", el \"salvado de las aguas\", ni más ni menos que al Moisés judío, al Dagón u Oanes caldeo, al Quetralcoatl mexicano, al Olinos ibero, y a los demás excelsos Maestros o Jinas salvadores que llevamos vistos. Los nombres de Diana-Pista y Ceres-Pista equivalen también, literalmente, a los Misterios del lago de Diana o de Ceres; y a todos los iniciadores del pueblo romano, que solían venir de Egipto, Siria, Persia o India, se les denominó pistaceum o pistatium, como hoy mismo se llama pistacos a los grandes sacerdotes de los indios americanos... Esta pista, en fin, que encontramos -ahora, por extrañísima coincidencia es, a la vez, la pista de los tales pistacos, y la etimología admirable del entero significado castellano de tal palabra, equivale, pues, en punto a Misterios Iniciáticos y en todo lo demás de la vida misma, a \"reminiscencia, resto, cabo suelto, rastro o huella delatora de algo que antes fuera y ya no existe, pero que ha dejado estampada de un modo o de otro la imborrable señal de su paso\".", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145780, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000967.g37", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000967", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000968", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000969", "roso_de_luna_libro_jinas.p0000970"], "reference_count": 3, "matched_forms": ["jina", "JINAS", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b966", "chapter_title": "===== CAPITULO 17 ===== CAPÍTULO XVII. LOS \"JINAS\" EN EL \"CORÁN\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 387, "text": "===== CAPITULO 17 ===== CAPÍTULO XVII. LOS \"JINAS\" EN EL \"CORÁN\"\n\nEl Corán y la Biblia mosaica. - El hombre, como pensador, es superior a los ángeles. - Sólo viven los que mueren en el Señor. - El paraíso del justo. - Las \"huríes\" o vírgenes walkyrias. - El \"Kauther\" o divino Lago de Inmortalidad. - El \"Araf\" o Velo de Isis. - El \"Libro de la Verdad Evidente\" y su Sendero de liberación. - La resurrección o \"Gran Acontecimiento\". - Se ha entendido groseramente el Corán, creyendo que estimula al \"guerrero de sangre\" y no al \"guerrero del ideal\", - La leyenda de Harut y Marut. - La iniciación de \"Los siete durmientes de la Caverna\". - Cómo fué iniciado Moisés. - Las tres preguntas famosas y el Sigilo de los Iniciados. - Los arcanos de la Sabiduría. - El maestro Dhul Karnein (el Apolo Karneios o de los cuernos de luz) y el Velo de Isis. - Los maestros del Profeta. - El Ultramar de la vida. - Las gentes criminales de Iadjudj y Madjudj. _ El gran muro que protege a la pobre humanidad contra los asaltos de \"los invisibles\", - El peso de las almas, - Recuerdos árabes-españoles.\n\nNo hay necesidad de penetrar en esa encantadora selva del Kunhol Acbar (El tesoro de la antigüedad) o historia universal del pueblo árabe escrita por Alí Mustafá ben Hamed ben Abdul Moka, para que nos salgan al paso los \"jinas\" mahometanos. Basta para ello crl atento estudio del Corán, ese hermoso libro que en el fondo no es sino una glosa, una compilación de tradiciones mosaicas, una obra, en fin, paralela a esa otra que Esdras realizase al retornar el pueblo judío de su cautividad en Babilonia y que constituye la Biblia, según ha llegado hasta nosotros.\n\nEn efecto, toda la obra del Profeta Mahoma se apoya en la certeza de una vida ulterior en verdadero paraíso jina, del que antaño cayéramos, y que volverá a ser otorgado como premio al justo y a sus penalidades en la tierra. Véanse sino estos hechos y sentencias, entresacados casi al azar de las admirables e inestudiadas suras coránicas, empezando por las de la sura II, que parece arrancada de las propias Estancias de Dzyan, relativas al hombre como Pensador o Manú, al hombre que, caído hoy y todo, es, sin embargo, y por causa de su mente, superior a los mismos ángeles, al tenor del dicho de San Pablo.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145783, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000984.g38", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000984"], "reference_count": 2, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b966", "chapter_title": "===== CAPITULO 17 ===== CAPÍTULO XVII. LOS \"JINAS\" EN EL \"CORÁN\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 474, "text": "Esta Divina Mente, causa de nuestra titánica caída, es, pues, la que nos hizo descender del paraíso jina o de la Edad de Oro, al tenor también de la sura XX, versículo 121, donde se consigna: \"Dijo Alah al primer hombre y a los suyos una vez formados: -Descended todos del Paraíso, hombres y demonios, enemigos ya los unos. de los otros, para estar en perpetua guerra. Semejante estado de dolor y de lucha, empero, no será eterno, sino que habrá de cesar algún día. -El hombre entonces dice a Alah: -Señor, cuando yo haya muerto, ¿saldré vivo de mi propio cuerpo, por tu gran poder? -A ,lo que el Profeta responde: -Juro por Alah que reuniremos a todos los hombres y también a todos los demonios, y, arrodillados, los colocaremos en torno a la gehena de purificación\" (XIX, 67-69). Cómo podéis, pues, ser ingratos para con Alah, vosotros que estabais muertos y que recibisteis nueva vida de Él? ¿Cómo podéis ser ingratos cuando sabéis que Él os hará morir para que reviváis de nuevo? (II, 26). A los que han muerto en la senda del Señor no digáis que están muertos, porque ellos están vivos, aunque vosotros no lo comprendáis... En el sucederse continuo de los días y las noches; en el ir y venir de las naves trayendo y llevando cosas útiles; en el agua que Alah hace descender del cielo y correr luego por la tierra, dando vida a lo que yacía muerto; en las variaciones del viento y de las nubes que prestan servicio entre el Cielo y la Tierra; en todo, en fin, hay advertencias sabias para aquellos que quieren entender (II, 149 Y 159). El día en que Alah os llame de vuestras tumbas y le respondáis alabándole, os parecerá que no habéis permanecido sino un instante en ella (XVII, 54). Cada cual tiene, en efecto, una plaza en el Paraíso, plaza hacia la cual se vuelve para orar, y toda alma tiene su guardián que la vigila. Vosotros, pues, obrad el bien a porfía y dondequiera que estéis, que el Señor, que es omnipotente, algún día os reunirá allí (II, 143, LXXXVI, 4). Por eso, cuando leáis el libro de la verdad evidente (el Corán) nosotros -sigue diciendo el Profeta- levantaremos un velo entre vosotros y los que no creen en la vida futura (XVII, 47). Aquellos que ansían la paz de Alah, que son constantes en la adversidad, que cumplen con exactitud la oración, que dan los bienes que nosotros les hemos dispensado y que borran sus faltas con buenas obras, entrarán en los jardines del Edén (Campos Eliseos) con sus esposas e hijos que hayan sido justos. 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Todo hombre tiene seres superiores que se suceden sin cesar, colocados ante él y detrás de él, y que por él velan por orden del Señor. Alah no cambiará lo que ha concedido a los hombres mientras que ellos no sean los primeros en cambiar en mal lo que poseen de bien... Todo, en efecto, remonta hacia Alah (sendero evolutivo), y a él llega en un día de diez mil años; pero las gradas todas del Sendero (Escala de Jacob) son tales, que un \"resplandeciente\" (deva, jina o ángel) necesita un día (o ciclo) de cincuenta mil años para llegar hasta el trono de Alah (XXXII, 4; LXX, 4). Soporta, pues, con paciencia las necias palabras de los incrédulos, y sepárate convenientemente de ellos. Concédeles bondadosa tregua que yo solo me basto para luchar y confundir a cuantos gozan de este mundo desordenadamente (LXXIII, 10-11). A fin de que reflexionen, Alah les habla por parábolas, pero las obras de tales incrédulos son semejantes a cenizas, de las que se apodera el viento impetuoso. Sidjill, el Ángel de la Vida, escribe su libro correspondiente. Este libro será mostrado a los hombres en el día de su resurrección, para que, abierto ante sus ojos, pueda hacer por sí mismo su cuenta, porque nosotros, al efecto, hemos atado al cuello de cada hombre un ave inmortal (su conciencia o Espíritu) (XXI, 104) . Esto último es un eco nórdico del \"Cisne\" o \"swan\".", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145806, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0000995.g40", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0000995"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b966", "chapter_title": "===== CAPITULO 17 ===== CAPÍTULO XVII. LOS \"JINAS\" EN EL \"CORÁN\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 253, "text": "La perpetua virginidad de las huríes coránicas, repetida en diferentes suras, y las tan gráficas expresiones de esos paraísos hebreos de \"tierras que manaban leche, miel y ambrosía\", lo que hacen es demostramos el parentesco íntimo del pueblo árabe, no sólo con el hebreo, sino con todos los pueblos primitivos occidentales, irlandeses y nórdicos, en los que al guerrero, entiéndase bien, no al guerrero de sangre y de batalla, sino al guerrero del Ideal, es decir, al Justo, se le promete eterna bienaventuranza, estimulado aquí abajo en sus luchas por divinas vírgenes Walkyrias, que, montadas en sus caballos albos, como el Santiago de las leyendas medioevales, les estimulan y defienden en las luchas por el Ideal, No es culpa, no, de tales tradiciones, ni de reformadores religiosos como Mahoma, el que todas estas cosas se hayan echado por el lado carnal y no por el mítico, simbólico o ideal con que fueron ellas dadas; y para disipar tales errores, gustosos repetiríamos, si ello no nos llevase demasiado lejos, pasajes como el de las páginas 355 a la 362 de El tesoro de los lagos de Somiedo, respecto de los misterios del sexo, y el capítulo XII del tomo III, en lo relativo al verdadero concepto nórdico, occidental, oriental y árabe de la hurí, dama caballeresca o walkyria, con la que no cabe unión sexual alguna, porque, al tenor del divino pasaje evangélico (Mateo, XXII, 25-30), allí ya no se vive como hombres y mujeres, sino como ángeles (o jinas) en el cielo .", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145811, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001034.g41", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001034"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b966", "chapter_title": "===== CAPITULO 17 ===== CAPÍTULO XVII. LOS \"JINAS\" EN EL \"CORÁN\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 38, "text": "Para terminar estas sugestivas materias jinas e iniciáticas, transcribamos el pasaje coránico relativo al Velo de Isis y a Dhul Karnein, el Adepto árabe, maestro acaso de Mahoma, al par que Djebr-er-Rumi, Salmam, Yesar y otros.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145850, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001046.g42", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001046"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jina"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b966", "chapter_title": "===== CAPITULO 17 ===== CAPÍTULO XVII. LOS \"JINAS\" EN EL \"CORÁN\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 40, "text": "He aquí la consabida muralla jina entre los dos mundos de que tantas pruebas hemos visto en el Corán, si bien a estos seres, siguiendo el equivocado concepto bíblico-semita o vulgar, se les considera genios malos y no buenos.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145862, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001048.g43", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001048", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001049", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001050"], "reference_count": 5, "matched_forms": ["jina"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1046", "chapter_title": "===== CAPITULO 18 ===== CAPÍTULO XVIII. MUNDO, SUB MUNDO y SUPRAMUNDO", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 297, "text": "Mahoma, como bardo nórdico. - El Paraíso de los mahometanos, la Walhalla de los nórdicos, la Tierra de Befinn de los bardos y los Campos Elíseos de los paganos. - Hermosos pasajes del Telémaco, de Fenelón. - El tránsito de esta vida a otra forzosamente inferior o superior. - El problema de la felicidad en este pobre mundo. - Las tres distintas \"felicidades\" del bueno, del malo y del tibio. - Opiniones de un ilustre polígrafo extremeño. - La felicidad, como todo lo del mundo, no puede existir sin el contraste de la lucha. - El verdadero destino del hombre es la felicidad \"jina\" y otras aún superiores que nos son desconocidas. - \"¡Creced, multiplicaos y sed felices\"'. - La imaginación, como única realidad trascendente, es la clave de toda felicidad o desgracia humanas. - La felicidad estriba sólo en el esfuerzo y en la muerte del deseo. - Tres distintos tipos de \"felices\" aquí abajo, según varios poetas. - Nuestro ángel o \"jina interior\" y su trabajo oculto a lo largo de esta vida. - \"El momento-cumbre\" y la edad de los Cristos. \"¿Sed, quid indignor?\"\n\nLos pasajes coránicos transcritos en el capítulo anterior demuestran que Mahoma fué un verdadero rapsoda al estilo de Homero, de Hesíodo y de los bardos nórdicos Su misma descripción del Paraíso jina, deparado a los justos una vez que han dado feliz cima a sus penalidades en la Tierra, no es sino un eco fiel de aquella Mansión de la Dicha, o Walhalla de los Eddas escandinavos, o de aquella Tierra de Befinn que los bardos irlandeses del Gaedhil nos cantan como verdaderas Mansiones Solares o Campos Eliseos, al tenor de la consabida etimología jina de Helios, Helias, Elías o Eliu: EL SOL.\n\nLas O'Logans transations, de Irlanda, describen dicho encantado país jina en estos términos, que recuerdan a los del Corán:", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145864, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001057.g44", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001057"], "reference_count": 3, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1046", "chapter_title": "===== CAPITULO 18 ===== CAPÍTULO XVIII. MUNDO, SUB MUNDO y SUPRAMUNDO", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 303, "text": "Es más: héroes caballerescos de esta clase, tales como Amadís de Gaula (simbólicamente, \"el amador de la altura\", o sea el galo, el gálata, el galaico, el samaritano, etc., que todos estos nombres son idénticos) y el gran Raimbaud de Vaqueiras (simbólicamente, el vaqueiro astur, el búddhico \"Conductor de la Vaca\", que aparece como amante de la divina Beatrice, a la manera de Dante y de Petrarca, en la página 118 de la Hiddru tradition in Masonery), no son sino los prototipos simbólico-caballerescos del héroe humano en lucha con el Destino o \"Luz Astral\", y camino del mundo jina desde el día en que nace (si no antes) hasta el día de su muerte, que es el de su iniciático triunfo. Como tales prototipos, tienen su representación, día por día y pueblo por pueblo, en algún héroe chico o grande, en algún genio o jina humano, que por su triunfo ha venido a constituirse así, después de muerto, es decir, después de pasar a aquel mundo, en el \"hombre representativo\", numen o guía, ora de una simple familia, ora de una comarca, una región, una raza o una época, ya que en la matemática seriación de las unidades humanas de los diferentes órdenes todos somos héroes: grandes, pequeños o ínfimos, puesto que a todos, aquí abajo, nos es obligatoria la lucha como, única razón de nuestra existencia en este mundo dual, verdadera zona intermedia que pertenece a la vez al submundo (Hades, Hella, Infierno o \"lugar inferior\") de los elementales, y al supramundo (Campos Elíseos, Cielo, Devachán, Amenti, Paraíso, etc.) de los jinas. 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MUNDO, SUB MUNDO y SUPRAMUNDO", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 29, "text": "Estos sublimes conceptos del arzobispo de Cambray merecen el más serio estudio en orden a la felicidad falsa de la tierra y a la verdadera felicidad jina del cielo.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145881, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001082.g46", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001082", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001083", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001084", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001085", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001086"], "reference_count": 4, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1046", "chapter_title": "===== CAPITULO 18 ===== CAPÍTULO XVIII. MUNDO, SUB MUNDO y SUPRAMUNDO", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 756, "text": "Hay, en efecto, en el complejo problema de la felicidad una concepción infantil, egoísta o estática, y otra concepción superior, eminentemente viril, dinámica y altruísta, correspondiéndose, a bien decir, la una con lo que llamar podríamos el ideal de la bestia humana, y la otra con el del jina que, más o menos, llevamos también todos dentro. Nuestra mayor o menor racionalidad estriba en cómo ponderamos la una con la otra; y nuestro destino de ultratumba es más que probable que esté cifrado también en el triunfo definitivo que se haya logrado, al fin, de la segunda sobre la primera.\n\nPorque es indudable, dentro de la lógica e innata idea de nuestra responsabilidad moral, que el hombre es el autor de su propio destino. Los defectos, como alguien ha dicho, se heredan, pero también las virtudes, y cada hombre posee en sí mismo, por herencia de :Questros antepasados, un capital de salud, de felicidad y de éxito, con el que podemos siempre y en todo caso hacer algo útil. \"Todos los hombres -dice Gibbon- reciben además dos clases de educación: la que les dan los demás y la mucho más importante que cada cual se da a sí mismo\". A la demanda de la frase célebre de Mazarino, que pedía sólo un hombre que tuviese lo que se llama \"buena suerte\", el gran Sáinte-Beuve respondía en carta a Madame Loines: \"La fortuna entra ciertamente por mucho en las cosas humanas, pero entra por muchísimo más la conducta\" porque, como añade Fogazzaro en El Santo: \"Entre los pensamientos de cada hombre existe una especie de jerarquía. Ciertas nociones dominan en él y gobiernan su vida: el deber religioso, el moral, el civil, etc. De tales deberes tiene el hombre, más o menos, el concepto que le fué enseñado por sus preceptores. Pero esta jerarquía de ideas fundamentales e imperiosas no es el hombre todo. Por bajo de ella hay multitud de otras ideas que se agitan y modifican bajo las impresiones y experiencias de la vida, y más profundo aún existe otra región de su alma, su inconsciente, donde ciertas facultades ocultas realizan un trabajo \"oculto también -el trabajo del jina- y donde se producen los místicos contactos con Dios\".\n\nEn cuanto a la manera de fomentar semejante trabajo oculto de nuestro ángel o jina interior para elevamos a superior vida, he aquí la doctrina que en La Voz del Silencio nos expresa la Maestra H. P. B.:\n\n\"Una vida casta, una mente despejada, un corazón puro, un intelecto ansioso de conocimientos, una percepción espiritual clara, un cariño fraternal hacia toda la humanidad, una buena disposición para recibir y dar consejos e instrucciones, un sufrimiento animoso de la injusticia personal, una declaración esforzada de principios, una defensa valerosa de aquellos que son injustamente atacados., una devoción perseverante hacia el ideal de progreso y perfección de la humanidad, que la Ciencia Sagrada describe:. estos son los escalones de oro por los cuales el principiante puede alcanzar el Templo de la Sabiduría Divina. o. Acudiendo así en auxilio de las leyes de la Naturaleza y trabajando en armonía con ella, la propia Naturaleza nos mirará como uno de sus colaboradores o Creadores y nos prestará obediencia\". La pacienzuda labor precisa para ello es, en efecto, la única que labrarnos puede un más alto Destino, porque sólo a fuerza de paciencia es como el ínfimo gusano de seda convierte en raso para principescas vestiduras la pobre hoja de morera que le nutre.\n\nPor desgracia, este mundo es de lucha, porque, como parte integrante que es a la vez del submundo y del supramundo, nos obliga a todos los hombres a debatirnos entre el impulso salvador hacia ideales redentores futuros, el lastre ancestral o kármico de los vicios, y esa inercia o ley de vulgaridad egoísta que hace de la pereza animal una tercera fuerza. 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LOS \"JINAS\" EN \"LAS MIL Y UNA NOCHES\"\n\n\"El libro del Velo de Isis\". - Hechos extraños que se repiten. - Las mil y una noches primitivas y el Pancha-tantra hindú - Ediciones del gran libro. - El libro de Cama y Dymna. - La imaginación creadora discurre por los mismos cauces desde que el mundo es mundo. - La busca de la verdad histórica en las fábulas y en los niños. - Las \"agadas\" de una edad más feliz. -\n\nNieve que pasa a cieno. - Schahriar-Zacarías. - El viejo tributo de las cien doncellas. - Dinarzada y Scheherezada, o lo humano y lo jina. - Los redentores cargando con el brma de los perversos. - El comerciante honrado y los tres ancianos jinas. - Otro recuerdo de la Vaca pentápoda. - El pescador y el jina sepultado en el fondo del mar con sus misterios. - Alah-djin, \"el jina de Dios\". - El \"Vellocino de Oro\" de Sindbad el marino. - La \"Fuente de Oro\" de Ctesias, de Gnido. - Seif Almuluk y el Hada de la Matemática. - Ahmed Y el hada parsi Banú, con iU encantado mundo. - El príncipe Alahman y el rey de los jinas. - Las aves de Unus-Ahur. - Contenido de todos estos relatos fabulosos y simbólico del gran libro.\n\nCuantas cosas maravillosas hayan podido chocarnos en el decurso de los capítulos anteriores las vemos repetidas, y aún ampliadas, en ese gran libro iniciático que llamamos Las mil y una noches, o \"Libro del Velo de Isis\", al tenor de su jeroglífico 1001, \"mil y una\", y de su \"noche o Velo\" . Esto acaso no pruebe nada para los positivistas escépticos que aún van quedando, rezagados ya del creciente renaCimiento espiritualista de la post-guerra, y quienes nos dirán autoritariamente que ello no prueba sino que son \"ensueños de la imaginación, tan felizmente combinados, que gozan del envidiable privilegio de sugestionar por igual con su belleza a los grandes como a los chicos\". Para el crítico serio, sin embargo, semejantes repeticiones de hechos extraños, inexplicables, producidas en puntos inmensamente alejados unos de otros en tiempo y en espacio, toman los caracteres que asigna la lógica a la tradición o constante testimonio de los siglos. Muchos menos testimonios contestes de hechos han bastado, en efecto, para tener por indudables no pocas de nuestras cosas reputadas como científicas.\n\nAdemás, ello nos llevaría a tropezar de manos a boca con un descubrimiento pasmoso: el de que la activa o creadora imaginación del hombre, que aquellos ciegos confunden intencionalmente con la pasiva y alocada fantasía, corre siempre por los mismos cauces desde que el mundo es mundo, como respondiendo, por tanto, a leyes inmutables, que no son sino las entrevistas leyes del mundo de los jinas. Para que el lector pueda apreciar, pues, en todo cuanto valen semejantes concomitancias, no estará de más el que haga con nosotros una excursión ligera por el tiempo de aquellos preciosos \"cuentos de niños\", que no son sino \"altísimas verdades de viejos\" en su incomprendido simbolismo de fábulas efectivas. Está tan maleada, por desgracia, nuestra presente humanidad, y la historia tan llena de errores (no digamos patrañas, porque, al tenor de la etimología, \"patraña\" es \"cosa de los padres\" o santa tradición), que siempre nos sería lícito, por vía de asepsia moral, el buscar la Verdad en esas poderosas fuentes de Belleza prístina que se llaman \"las fábulas\" y \"los niños\".\n\nConcordando con estos asertos, nos dice por eso la maestra H. P. B. que \"en medio de los fantásticos desatinos de Las mil y una noches, mucho podría encontrarse digno de atención si lo relacionásemos con el desenvolvimiento de alguna verdad histórica. La Odisea, de Homero, por ejemplo, sobrepuja en aparente falta de sentido común a todos los dichos cuentos juntos, y, a pesar de ello, está probado que algunos de sus mitos son mucho más que la creación imaginativa etcétera, etcétera, cual si fuese una ley de la imaginación humana el tener que caer siempre poco o mucho en semejante monumento de las edades, sin poder salir apenas una vez de su letra, y, por de contado, nunca jamás de su divino espíritu. Véase Ponos, la genial obra de Melitón Martín, una de las fábulas modernas que más semejanza ofrecen con el antiguo estilo.\n\nPor de pronto, el problema del sexo, al que antes aludíamos, aparece vigoroso ya en la Introducción del libro. Los dos hermanos sultanes descubren la infidelidad de sus sultanas respectivas, a quienes decapitan, y, exasperados, creen que todas las demás mujeres son infieles también por ley de su naturaleza, merced a lo cual Schahriar o Zacarías -el mudo sacrificador del templo de Israel, que en el relato evangélico se da por esposo de Isabel, prima de María- se decide a sacrificar, como el famoso monstruo irlandés y gallego del Tributo de las cien doncellas, todas las noches a una mujer, después que ha compartido con ella su regio lecho. Tras tan horrenda carnicería, que tiene aterrado a todo el Imperio, aparece una heroína, Scheherezada, la hija del visir, quien como la Judith de Holofernes, o la Iseo del mito tristánico, se decide a libertar a su pueblo de semejante oprobio y resueltamente se ofrece en holocausto al monstruo, compartiendo su lecho .\n\nViene aquí entonces el símbolo de la acción de la Magia en el mundo y en la vida. La jina Scheherezada se hace despertar por su humana hermana Dinarzada \"antes del amanecer\" (hora de la iniciación), y ésta le ruega que le cuente uno de aquellos divinos cuentos que debía a sus profundos estudios. Scheherezada aprovecha esa hora augusta que precede al alba, y en la que el hombre comienza a salir del mundo misterioso del sueño, penetrando en el de los ensueños más dulces, ensueños jinas que acaso son la única verdad de nuestra existencia, y comienza su relato con la historia del comerciante y el ogro, que no es sino el símbolo del triste destino de la humanidad post-atlante destinada a desaparecer, como destinado estaba a morir el pobre comerciante del cuento bajo la espada del genio del malo magia negra (y como destinada estaba también a morir la pobre Scheherezada), si en aquel momento no se hubiesen presentado tres extraños personajes, dignos de especial mención.\n\nEstos tres personajes son tres típicos \"viejos\" o jinas, quienes se presentan para salvar al pobre comerciante en el momento supremo en que, fiel a la palabra que había dado al ogro de volver al año justo para que le sacrificase por el horrendo delito de haber comido dátiles (los misterios de los \"dáctilos\", o conocimiento cabalístico mal adquirido), iba a caer bajo la implacable cuchilla del ogro. El primero de aquellos jinas, como el shadú o \"conductor de la vaca pentápoda\" que figura en los relatos jinas de Olcott y de Blavatsky. a los que hiciéramos referencia en De gentes del otro mundo, pág. 9, conducía a una cierva, cierva que no era sino su estéril mujer, transformada así por una maga en castigo a que ella, para vengarse de una esclava de su marido que le había dado un hijo, los había transformado a ella en vaca, y al hijo en ternera. No hay por qué añadir que semejantes vaca y ternera no son sino la primitiva religión jina reflejada en la célebre vaca de Gautama el Buddha, o sean los dos cultos solar y lunar, de los que hemos hablado tantas veces.\n\nEl segundo jina llevaba dos perros negrísimos, quienes, a su vez. no eran sino dos pésimos hermanos suyos (u hombres) que, envidiosos de su prosperidad e ingratos a anteriores beneficios, habían tratado de sepultade en el mar (\"como lo fuera la Atlántida\") a él y a su jaina esposa, la cual, para castigados, los había metamorfoseado en perros malditos. En cuanto al tercero de los jinas salvadores del buen hombre, su historia era tal y tan sublimemente misteriosa (como efectiva historia mágica) que el libro la tiene que callar...\n\nViene luego en Las mil y una noches otra historia celebérrima: la del pescador , aquel otro desdichado padre de familia que logra pescar del fondo de los mares la cajita misteriosa en la que el genio de la magia tradicional yacía aprisionado bajo el sello de Salomón. Abierta esta \"caja de Pandora\", el genio le va a matar para vengarse, decía, de los desaires que había recibido de la humanidad, porque queriendo él libertarla de sus miserias, ésta le había continuamente despreciado. Pero el astuto pescador se da trazas, con el engaño de cierta pregunteja al estilo de las célebres de Wotan a Mimo en el primer acto del Sigfredo wagneriano, a volverle a encerrar en su caja; y encerrando con él toda \"esperanza\" de ulterior liberación. Con este motivo, el genio relata al pescador unas lindas historietas: la del Médico Durbán, la de El marido y el papagayo, la de El visir castigado, sobre cuyo alcance jina no podemos detenernos, como tampoco sobre el echado de las redes al agua y la pesca de los cuatro pececitos de colores, simbolismo de las cuatro razas humanas extinguidas antes de esta nuestra quinta raza, y del Príncipe de las Islas Negras, de lo que hemos sacado el debido partido en otro lugar . Baste indicar aquí que toda la leyenda del pescador es jina desde el momento en que el genio le lleva a éste a echar sus redes en cierto secreto lago, oculto en el más pintoresco jardín que puede darse, y que, \"no obstante encontrarse del otro lado de la montaña que dominaba a la capital, ninguno de los nacidos en ella le había visto jamás, como tampoco a las cuatro clases de peces del lago, los blancos, los azules, los rojos y los amarillos\", representaciones respectivas de las cuatro grandes razas troncales antecesoras de nuestra quinta raza aria. También, por ser jina, coincide el resto del relato con tantos otros que llevamos consignados en capítulos anteriores, como cuando el sultán, maravillado por los prodigios que había visto realizar a los peces, se lanza solo, de noche y con gran secreto, a recorrer \"el desconocido Sendero de la llanura\", hasta dar, al cabo de mucho esfuerzo, con el palacio atlante del Príncipe de las Islas Negras, o del Pecado, recorriendo en sólo un día, y por modo jina, un itinerario en el que, al regresar al modo humano, necesitó emplear tres largos meses.\n\nSeguir detallando más en estas sugestivas leyendas iniciáticas de Las mil y una noches, resultaría difícil, porque ni aun se sabría escoger bien. Nuestro objeto aquí se limita, pues, a echar una rápida ojeada jina por la sublime obra, contando con el conocimiento que todo hombre ilustrado debe tener de ella.\n\n¿Quién, por ejemplo, no recuerda la leyenda de Aladín o Alahdjin, el jina bueno, \"el jina de Alah\"? Ella sola bastaría para probar el intento de este capítulo.\n\nEn efecto: un ser puro, un niño (que niños se llama en el lenguaje iniciático a todos los que empiezan a recorrer el Sendero), hijo de \"un sastre\", quiere decir de un santo hombre conocedor de \"los shastras\", o versículos sagrados védicos, conoce a un hechicero, quien trata de utilizarle en el proyecto de robar cierta lámpara maravillosa (la del Conocimiento iniciático), escondida allá en las grutas de lejanísimas montañas. Llegados al sitio, tras el penoso viaje, el niño, por la virtud del anillo del mago, levanta una gran losa blanca y penetra, animoso, en el subterráneo, donde, a vuelta de mil prodigios, como los que el coronel Olcott nos narra en otro lugar (De gentes del otro mundo, capítulo 1), Y referentes a otro niño de Bombay que también logra bajar de igual modo al mundo de los jinas, se ve rodeado de un verdadero Paraíso, a la manera de los que anteriormente van descritos. Allí ve \"al pájaro que habla\" (como le viese y oyese el Sigfredo de Wágner bajo el tilo), \"a la fuente que mana oro\" y \"al árbol que canta\" . Por fin roba la lámpara maravillosa, y por ella conoce las perversas intenciones del hechicero, a quien, astuto, logra dejar encerrado en el subterráneo, mientras que él, gracias a la lámpara y al anillo, logra mágicamente cuantas riquezas pueden apetecerse en este mundo...\n\n¿Quién no recuerda, asimismo, las aventuras de Sindbad el marino? El Ave-roc que le lleva raudo por la región de los aires hasta hacerle conquistar un verdadero Vellocino de Oro, no es sino la famosa Ave-Fénix de los griegos; el Pájaro GARUNA de los parsis, el Ave-Li del gran poema chino del Li-sao (Grutas, pág. 210), y en la que el poeta precristiano visita las recónditas soledades iniciáticas del Tibet, tornando luego a este bajo mundo de los hombres, tan rico de bienes como de espíritu, porque es sabido que la miseria física de éstos no es sino el karma, reflejo o consecuencia de su miseria moral, y por eso, como dice el Evangelio, \"debemos tan sólo buscar el Reino de Dios y su Justicia (mundo jina del Ideal), que lo demás nos será dado por añadidura\", Si las riquezas físicas viniesen, en efecto, siempre a la par que las morales, y no después (ora en este mundo, ora en el de los jinas), seríamos virtuosos..., por egoísmo, es decir, careceríamos de toda virtud efectiva y basada en la renunciación del sacrificio.\n\nY, cuento tras cuento del gran libro, en todos aparecen los nombres jinas, sus jardines encantados, sus tesoros inauditos y su perfecta liberación enedimensional de esta nuestra triste cárcel de materia física, impenetrable para nosotros como tal, pero perfectamente penetrable para ellos, como seres hiperfísicos, y desde la que pueden establecer sus espirituales protecciones sobre los justos, de quienes es tal mundo.\n\nTal es el relato del cuento del heroico príncipe Seif Almuluk con la hija del Rey de los Genios, pues es una de las leyendas orientales que hacen mayor alusión al espiritual consorcio posible de jinas y hombres, pese a la barrera natural que se alza entre estas dos razas de seres. En tal sentido, es interesantísima y de valor inapreciable. Compendiémosla en pocas palabras.\n\nSeif y Said eran dos amigos inseparables, hijos, el uno del rey de Egipto, y el otro de su visir. Ambos habían sido concebidos por modo casi milagroso, de madres estériles, gracias a los consejos del rey Salomón, quien había deparado para el príncipe su anillo -el oro del pensamiento- y una cajita misteriosa, encerrando un vestido hecho con alas de mariposa -la imaginación-, y para el hijo del visir una fuerte espada y un fuerte venablo . Abierta por el príncipe la cajita, ve retratado en el velo del vestido -velo de Isis- la imagen de una beldad sin par en el mundo: la del hada Badial lamal, hija de Nahual, hijo de Charuc, primer rey de los genios creyentes que moran en la Isla de Babel, en el jardín de Irem o Irán. El joven se lanzó, en unión de Said, a buscar al hada por todo el ámbito del mundo, sin hallar quien de ella le diese razón en parte alguna, pasando cuantas amarguras y pruebas son de rigor en tales casos , Antes tuvo que redimir de su esclavitud a la dama Daulet-Chatun , su hermana de leche, y una vez que hubo alcanzado la suprema felicidad de conocer al hada de sus amores, se riñó gran contienda entre los buenos y los malos genios (los nilo lohitas, los rojo-azules), por si un mortal, por grande que fuese, podía enlazar con un hada sus destinos, pero gracias a Daulet-Chatun, o sea a la ninfa de la Matemática, el enlace es admitido por el \"\n\nRey de los Genios , y Seif-Almuluk se une a Badial Iamal, y su hermana Said con la admirable Daulet-Chatun, para que el recto espíritu de la justicia que a la Matemática trascendente preside pueda asesorar en los destinos del Mundo. Otra prueba más, en fin, del carácter simbólico matemático de Daulet-Chatun nos la da la leyenda al decir que el espíritu del mal genio que la tenía encantada en el palacio negro, entre el cielo y la tierra, era inalcanzable para todo mortal, pues yacía escondido en el pecho de un ave misteriosa -la Unidad-Una, alma del Mundo-, ave que, a su vez, estaba encerrada en siete cajitas -las siete decenas del sistema septesimal, propio de todos los símbolos de Oriente-; estas siete cajitas en siete cajas -las siete centenas-, y éstas, finalmente, en un sepulcro de mármol - el millar septesimal .\n\nEn el príncipe Ahmed y el hada sublime vienen, como siempre, los jinas, la peri o parsi-Banú, a saber:\n\nTres príncipes, hermanos, se enamoran de la misma princesa, y, para fallar su pleito,. el sultán los envió a los tres por el mundo, para que volviesen al cabo del año con alguna cosa extraña y rara. El que aportase la cosa más preciosa recibiría en galardón la mano de la princesa. Al cabo del año cada cual volvió con su preciosidad, es a saber: el segundo hermano, con una alfombra -¿aeroplano?-, con la que bastaba colocarse sobre ella y pronunciar cierto conjuro, para ser arrebatado por los aires y llegar al sitio que se quisiera; traía el hermano mayor. un espejo mágico, adquirido en Persia, en el que bastaba mirar para ver las cosas más remotas en el espacio o en el tiempo; y el tercero, que era Ahmed, una manzana, como las famosas de la Freya escandinava, o las no menos célebres del jardín de las Hespérides, \"Cogidas en el valle del Sogda , uno de los cuatro ríos del Paraíso, que bastaba dada a oler a cualquier enfermo para que al punto recobrase la salud. Los tres hermanos, al finalizar el año, se reunieron en una ciudad muy distante aún de la corte y se comunicaron sus adquisiciones respectivas; pero cuál no sería su dolor cuando, al ensayar el espejo mágico del mayor, vieron con él que agonizaba por momentos la princesa tan codiciada por los tres. Al punto vuelan los hermanos, rápidos como el rayo, en la alfombra del segundo, y gracias a la manzana del tercero logran restituir la salud a la princesa.\n\nPerplejo el sultán porque sin cualquiera de las tres cosas su hija habría muerto, remite el otorgar su mano a la prueba del arco, tan común entre todos los pueblos antiguos. La princesa casaría con aquel que arrojase más lejos su flecha . La del primer hermano va lejísimos, pero la sobrepuja aún el segundo. La del tercero, sin embargo, va tan lejos que llega a perderse en lontananza, sin que nadie alcanzase a encontrarla. El sultán concede, pues, la princesa al segundo, y mientras el primero se retira a un cenobio, el tercero, creyéndose injustamente preterido, se aleja de la corte, errante, a la ventura.\n\nAquí llega una nueva historia de los consabidos subterráneos de los jinas. El príncipe Ahmed, en efecto, a vuelta de mil penalidades por todo lo descubierto de la tierra, marchando siempre adelante, como marcharse debe por el camino de la perfección, cayó exhausto, al fin, junto a unas enhiestas y retiradas rocas, a cuyo pie vió caída la flecha de su esfuerzo. Ella había dado ciertamente en el blanco, pues que había abierto de par en par una estrecha puerta de hierro sin cerradura en -lo más raso de aquellas rocas, ocultas a las miradas del mundo... Penetra el príncipe lleno de resolución a lo largo de aquellos maravillosos subterráneos, y, sin detenerse en sus riquezas infinitas, descubre al Hada de su Amor, a la incomparable PariBanu, a cuyo lado conoce, por vez primera, el verdadero Amor trascendente que inspirar no puede ninguna mujer en el mundo, y pasa una existencia feliz al lado de su Adorada.\n\nLa voz del deber y de la sangre recuerda al fin al príncipe que ha dejado a su padre y a sus gentes en este bajo mundo, y recaba del hada permiso para volverlos a ver, a condición, sin embargo, de que no hable al sultán de su casamiento ni del retiro en que ambos viven tan ricos y felices. Poco a poco menudean las visitas del príncipe al reino de su padre, hasta que la envidia cortesana, intrigada por un fausto como el del príncipe de tan ignorado origen, apeló a la necromancia y -violó el secreto del retiro de los dos superhumanos amantes. El padre comienza entonces a pedir a su hijo verdaderos imposibles, que mágicamente, sin embargo, son realizados al instante por los genios servidores de la inmortal pareja, y, por fin, solicita nada menos que el conocer a uno de estos genios, a su rey Schaibar o Kabir, hermano del hada, quien cae entonces sobre el reino y realiza sobre todos los necromantes delincuentes aquellos -sultán, visir, cortesanos, etc.- una justicia cual la de la Atlántida o su émula Sodoma.\n\nEl príncipe Zeyn Alasnam y el Rey de los Genios es otro de los mejores pasajes jinas del gran libro. Dicha leyenda del príncipe Zeyn Alasnam, o bien del príncipe Man-Mah-Djin (el djin bueno), correctamente leído a la inversa, como corresponde a todos los nombres arios leídos al modo semita, ha circulado profusamente por España en uno de los más hermosísimos pliegos de cordel, bajo el título de \"El Príncipe Selim de Balsora y el Anillo Prodigioso\". El príncipe, hijo de un gran Rey Iniciado, descubre, por un viejo pergamino legado por su padre, un subterráneo inmenso, donde, aparte de las preciosidades consabidas en los subterráneos de esta clase, apareció una rotonda con ocho estatuas maravillosas, verdaderas musas de aquel encantado recinto, y un pedestal vacante consagrado para una novena estatua, que, por consejo de un venerable anciano que se le ha aparecido en sueños, ha de conquistar el joven yéndose a tierra de Egipto, la cuna, en unión de Persia, de toda la magia de Occidente.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 145984, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001201.g48", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001201"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jina"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1167", "chapter_title": "===== CAPITULO 19 ===== CAPÍTULO XIX. LOS \"JINAS\" EN \"LAS MIL Y UNA NOCHES\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 47, "text": "Para terminar, pues, esta tan rápida ojeada sobre la primera obra novelesca del mundo en tiempo y en mérito, digamos dos palabras acerca del cuento más genuinamente jina que contiene, a saber: el del príncipe Camaral-zamán y la princesa Badura, donde hombres, hadas y genios conviven.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146017, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001210.g49", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001210"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jina"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1167", "chapter_title": "===== CAPITULO 19 ===== CAPÍTULO XIX. LOS \"JINAS\" EN \"LAS MIL Y UNA NOCHES\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 178, "text": "Henos, pues, aquí, otra vez y siempre ante el problema del amor, el eterno problema, y en el que más que en ningún otro actúan en nuestro mundo los seres invisibles del submundo y del supramundo, que diría el gran teósofo portugués vizconde de Figaniere. El Amor, que es más grande que la Muerte, pues que la mata 9ando vida, es el nervio todo del inmenso poema en prosa de los parsis primitivos; pero el Amor con mayúscula, ese amor que, arrancando del santo hogar ario en el que el brahmin o pater familiae es sacerdote en unión de la mujer, el hijo, la hija y el extranjero protegido, se llega a elevar por encima del sexo mismo, en símbolos y emblemas ya trascendentes de un mundo superior o jina, que nos aguarda piadoso para después de ese solemne día en que, dejando aquí la carne, que es la hija y la madre del sexo, se nos descorra con la muerte el casto misterio de Las mil y una noches, o sea, bien traducido, EL VELO DE ISIS.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146026, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001211.g50", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001211", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001212", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001213", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001214", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001215", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001216", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001217", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001218", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001219", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001220", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001221", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001222", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001223", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001224", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001225", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001226", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001227", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001228", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001229", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001230", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001231", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001232", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001233", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001234"], "reference_count": 19, "matched_forms": ["JINA", "jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1210", "chapter_title": "===== CAPITULO 20 ===== CAPÍTULO XX. LA LITERATURA CABALLERESCA ES LITERATURA \"JINA\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 2762, "text": "===== CAPITULO 20 ===== CAPÍTULO XX. LA LITERATURA CABALLERESCA ES LITERATURA \"JINA\"\n\nEl Don Quijote de la Mancha y los Libros de Caballería. - Destrucción de los Misterios atlantes y arios. - Hércules-Alcides. - El gran encantador Merlín, el jina. - El Baladro de Merlín. - Los doce trabajos de Hércules y la Tabla Redonda. - El doce en los Misterios. - \"Yo soy Merlín, aquél que las historias...\". - Arthus-Suthra, Uter y Pendragón. - La isla Avalloria o \"de los ancianos\". - Un pasaje de Gibbon. - Opiniones de Hume, Clemencín, Aribau y otros. - \"El hilo de Oro\". - El Kama-loca gaelés. - El cuervo de Arthus y la Ciudad del Dite. - El Rey Pescador y su Grial Santo. - Los eternos \"lobos con piel de oveja\". - Viejas \"patrañas\" verdaderas. - Las crónicas de Turpín, Carlo-Magno, Orlando y los Doce Pares. - El Telesín de Rusticiano de Pisa. El nieto bretón de Eneas. - Amadís y su Peña Pobre. - Tirante el Blanco, el Caballero del Febo, Partinuplés y demás héroes caballerescos. - La conquista jina de \"el ultramar de la vida\". - Salidos, Galateas y demás gentes de la pastoril \"Arcadio-jina\". - La \"Jerusalén libertada\", del Tasso. - Los \"Cuatro hijos de Aymón\". - Godofredo de Bouillon y la Magia siríaca. - Circes y héroes. - La \"fuente de la risa\". - Los cruzados y los jinas. - Los caballeros del Temple y el Viejo de la Montaña.\n\nQuien con las luces teosóficas estudie a fondo la incomprendida y calumniada literatura caballeresca que el doctor Daniel Huet atribuye a árabes e hindúes, verá bien pronto que ella es simbólica, iniciática o jina. La célebre sátira de Cervantes en su Don Quijote, lejos de destruirla, como parece, la depura y sublima, cuando se sabe leer entre líneas, y toda la Edad Media debió sus luces, en medio de la general ignorancia, a la corriente de idealismo, caballerosidad, heroísmo y ciencia trascendente que ella aportó al mundo de los bárbaros, aunque el mundo, ciego, no siempre llegase a comprenderla.\n\nPor desgracia, un tema tan amplio mal va a poderse desarrollar en un mero capítulo. Quédese ello para un libro, aunque se den aquí las tónicas oportunas del mismo; tónicas iniciáticas, es decir abstrusas, intuitivas y hasta cierto punto secretas; tónicas que el lector por sí mismo es el único llamado a desenvolver, a guisa también de \"caballero andante del Ideal\", en demanda de su efectiva salvación jina tras las negruras de esta miserable vida física, que no es sino tránsito, duda, dualidad y lucha .\n\nRoma, por Julio César, había destruido en las Galias ese culto iniciático-jina o de los Misterios Atlantes y Arios, del que tan por extenso nos hablan Ragon en su Ortodoxie Maçonnique, y Blavatsky en el tomo nI de su Doctrina Secreta; pero como el demonio de ella en Gales, Escocia y aun Irlanda era casi nominal, no bien se desmoronó el Imperio, llegaron las invasiones normandas y se recrudecieron las luchas de los pictos y escotos contra los galoceltas, caledones o bretones, es decir, contra los herederos de esos Tuatha de Danand galaicos, de los que nos hemos ocupado en diversos lugares , y se hubo de resucitar la misma tradición primitiva de las hazañas simbólicas de Al-cide, Hércules o \"el Señor\", es decir, de los atlantes de la Buena Ley o jinas, que se salvaron de la gran catástrofe, en lucha contra los secuaces de la Mala Magia, que en ésta perecieron.\n\nEs, en efecto, una ley en la evolución del mito la de que las hazañas recientes de un héroe se encapsulen, digámoslo así, en las de otro más antiguo, como se ve en las de Napoleón imitando a César, César a Alejandro, Alejandro a Dario, a Sesostris, etc., dentro de la eterna repetición cíclica de la Historia entrevista por Vico. El nuevo Hércules o Arjuna galocelta del año 514 se llamó ARTHUS, y su Instructor, el Krishna nórdico que le animase en sus luchas, fué Merlín,\n\n\"...aquel que las historias\n\ncuentan que tuvo como padre al diablo\n\n(mentira autorizada por los tiempos),\n\npríncipe de la Mágica y Monarca\n\ny archivo de la Ciencia Zoroástrica,\n\némulo a las edades y a los siglos...\"\n\nEn efecto, del mismo modo que Jehovah se le aparece a Moisés y Jesús a Pablo, o sea como el Maestro iniciador se aparece al fin al discípulo antes de que éste inicie su labor redentora, Merlín, el Archidruida o Pontífice, surge un día de su sepulcro ante los asombrados ojos de Arthus, y del mismo modo que antes lo había hecho con el Pendragón Vortigerno en el lago seco iniciátíco, le lanza a Arthus el terrible Baladro (Threno o Profecía) de la serpiente blanca y de la roja, arrolladas en la Tau, formando el eterno caduceo de Mercurio, y le habla del formidable Jabalí de Cornuallis, del León de Justicia , y, en fin, de la necesidad que tiene Arthus, como \"pendragón\" o caudillo también de los siburos, bretones, caledonios, tuathas y demás pueblos primitivos occidentales, de emprender valeroso la difícil conquista del Santo Grial, el Monte Santo de la Iniciación, que, como hemos demostrado en el capítulo \"Parsifal\", de nuestro Wágner, mitólogo y ocultista, no es ningún \"plato\", \"copa\", \"joya\" ni \"piedra física\", como dieron después en decir los necromantes falsificadores del augusto mito ario-atlante, con cargo a uno de los sesenta y ocho Evangelios apócrifos, al hablar de la lanza de Longinos y de las predicaciones de Josef de Arimatea, para estímulo de todos aquellos héroes de la Tabla Redonda, Galoz, Booth, Don Galván, Perceval o Parsifal, etc., etc., encargados de su conquista.\n\nSegún el mitógrafo español don Buenaventura Carlos Aribau, en sus Libros de Caballerías (Revista Crítica de Historia y Literatura, página 326 y siguientes); Pellicer, en una de sus notas al Quijote, sostiene que Ambrosio Merlín fué un célebre inglés, tenido por encantador y mago o profeta, que floreció por los años 480, y de quien la grosera malicia de algunos, recordando las apocalípticas supersticiones acerca también del Anticristo, se decía que fué hijo de una princesa loca y de un feroz demonio íncubo, quien transmitió a su hijo toda su prodigiosa ciencia. Feijoo, en su Teatro Crítico (II, disc. 5), aún daba más pelos y señales de la tal madre de Merlín, diciendo que fue una religiosa del monasterio de Cacumerlin. En cuanto a su Baladro, también se narran en él muy minuciosamente los lazos santos que ligaran al viejo instructor Merlín con sus tres principales discípulos: alero, Pendragón y Arthus, o sea \"los hombres nacidos de mujer\", los \"dioses\" y los \"héroes\" .\n\nMerlín, pues, era un efectivo Maestro o jina, y como tal, guarda conexiones con los héroes de todas las teogonías. Es, por de pronto, el Hércules ógmico, del que ya hemos hablado a propósito de los Tuathas, y por eso inspira con sus doce trabajos solares las doce victorias de su discípulo Arthus, o Suthra, \"hilo de oro conector\", o Verbo, entre su excelsitud y la bajeza del mundo. Arthus, a su vez, crea sus doce discípulos, que son otros tantos héroes de la eucarística Mesa, o Tabla Redonda, en representación de los respectivos doce meses del año, o sean los doce hercúleos \"trabajos de vida\" que actualmente realiza en la Tierra el Sol, cosa también representada de igual modo iniciático en los doce patriarcas antediluvianos; en los doce hijos de Jacob, patriarca de Israel; en los doce apóstoles, discípulos de Jesús; en los doce puntos pitagóricos; en los doce hijos de Ida y de Adyti; en las Doce tablas de la ley romana (que son las mismas del Decálogo, con más otras dos secretas), y, en fin, en los doce dioses mayores, o signos del Zodíaco, uno de los cuales es el Hombre.\n\nY de igual modo que la grosera tradición relativa a la apoteosis jina de Hércules (como la de Enoch, Elías, Simeón ben Yocai, etc., que llevamos descritas) le hace víctima del fuego devorador y pasional, originado al vestir la terrible túnica de su esposa Deyanira, la tradición caballeresca de Merlín nos le presenta a éste encerrado y encantado en su tumba, como castigo a su debilidad con su esposa Bibiana, quien, por halagos, le arrancó, en prueba de amor, la Palabra Sagrada que podía encadenarle, ni más ni menos que al asceta Kandú la ninfa Pranlocha, según se lee en los Puranas védicos. Desde entonces, Merlín yace en la terrible ciudad del Dite o Daythia del submundo, como yacen en el tarn, en el dolmen, en el valle iniciático o en la montaña sagrada los gaedhélicos Tuatha; yace, añade la tradición, \"transformado en cuervo\", es decir, sumido en las tinieblas, o \"noche\" del humano ciclo de caída, o \"kali-yuga\" , en espera del cisne, el Lohengrin humano o \"Caballero andante del Ideal\", que ha de venir a desencantarle, o sea a sacar de nuevo la salvadora Magia blanca a la luz del día para traer otra vez la Edad de Oro a la Tierra. No hay que decir con esto si la leyenda simbólica de Merlín no está enlazada con todas las grandes leyendas iniciáticas, desde la del sacrificio de Daksha, el Prometeo encadenado y el \"cuervo-cisne apolíneo\" de Cástor y Pólux (noche y día, invierno y verano, contrarios complementarios, en fin, en la Naturaleza) , hasta la Divina Comedia, el Paraíso Perdido, las leyendas lohengrinescas de la infanta Isomberta o Isis, la de las dos aves; blanca y negra, de Odin (Hugín y Munín) , el cuervo-cisne de los templarios y de los piratas Wikingos escandinavos, y todas las demás, que son consecuencia de la primitiva leyenda jina del Gautama y su \"Vaca\", y la primitiva leyenda egipcia de Osiris-Isis-Horus-Tiphón, la terrible Tetracys pitagórica, por la que temían jurar hasta los dioses...\n\nEl anciano Merlín, el joven verbo Arthus, los doce patriarcales caballeros de la Redonda Mesa eucarística del Grial, mesa actualmente en poder del \"Rey Pescador\", \"Ictius\" (personaje que no hay para qué señalar con el dedo despertando sectarias suspicacias), son todos una teogonía medioeval y jina, que puede ponerse sin desdoro al lado de cualquiera otra de las antiguas en su séptuple significado astronómico, numérico, geométrico, filológico, biológico, artístico e histórico. Por desgracia, la eterna necedad humana, ayudada por los \"lobos con piel de oveja\" o \"mercaderes del Templo\", la hizo fracasar, como acaso logren realizado también con el presente movimiento teosófico.\n\nY como se trataba de teogonías secretas, sólo se podía llegar a ellas por iniciación. De aquí todo el conocido ritual caballeresco (transcripción de otros más antiguos y que ha venido a parar hasta la moderna francmasonería), con sus cuatro grandes épocas: la teosófico-iniciática y secreta del siglo XI; la guerrera y mundana de las Cruzadas; la albigense, y la ya decadente y literaria que ha llegado hasta nosotros informando con sus principios, tanto o más que el propio Cristianismo, a toda la vida moderna, con sus \"leyes de caballerosidad y de educación\", \"códigos del honor, la dignidad y la galantería\", \"palabras de caballeros\", y tantas otras que parecen haber encontrado, como Merlín, su tumba en la sima materialista de la Gran Guerra y en lo que después se nos quiere traer...\n\nAsí durante la terrible noche de la Edad Media (noche de la que no hemos salido aún quizá) brillaron soberanas las \"patrañas viejas y las olvidadas hazañas de nuestros padres -o jinas-, contenidas en los tres libros del esforzado y virtuoso caballero Amadís, hijo del rey Perión (o Pelión) de Gaula y de la reina Elisena\", como reza la portada del Amadís de Gaula, \"corregido y enmendado por el honrado y virtuoso caballero Garci-Ordóñez de Montalbo, regidor de la noble villa de Medina del Campo\", y por eso ha podido asegurar Clemencín (Comentarios al Quijote, cap. VI) que la cuna de los libros \"caballerescos españoles lo ha sido Portugal\"; como la de los franceses lo han sido la Bretaña y Normandía; la de los ingleses, Gales y Cornualia; la de los normandos, Escandinavia, y la de todos ellos, en fin, la leyenda ario-atlante de ese ser amado de Isis o Amadís, que se pierde en las tinieblas de la prehistoria, libro ibero y nórdico occidental con el nombre de Hércules, el Arjuna del Mahabharata, que también pasase a América con el nombre de Quetzalcoatl.\n\n¡Qué de libros no han derivado, en efecto, del Baladro, de Merlín (480) , Y de las no bieI; conocidas y \"apócrifas\" Crónicas del Arzobispo Turpín (800); de la jinesca y anónima Historia de Carlo-Magno, de Orlando y de los Doce Pares (1110); del Telesín y Marquín galeses (las Shekinales y el Melquisedec cabalistas) , traducidas en 1120 por el \"jina\" Rusticiano de Pisa; de las Historias bretonas de Brutos,. el nieto de Eneas, hasta Calevastro o Kale-d'astro, prínciPe de Gales, muerto el año 700, traducidas al latín por Maese Eustaquio en 1115, y la gemela Historia latina de los bretones Merlín, Arthus, Lancelote, Issota, Tristán y Perceval, del benedictino galés Godofredo d,e Monmouth en 1138, todos a base, por decido así, del Dolophatos, o Novela de los Siete sabios de Grecia, y del libro hindú de Los Siete con.. sejeros de Send-bad, traducido al francés por Heriberto Leclerc.\n\nAmadís en la Peña Pobre llamándose \"BeItenebros\" o el \"hijo\", el \"sumido en las tinieblas de la duda y de la desesperación\", no es sino el Segismundo, el welsungo de Wágner, que, pudiendo llamarse Friedmundo, \"boca de par\", y Frohwalt, \"el que se agita en la alegría o el éxtasis\", toma el nombre de Wehwalt, \"el que aquí abajo yace en el dolor de la vida física\", para ascender luego a los cielos del Ideal (o de su señora Auri-ana) tras sus torturas. Tirante el Blanco, Lanzarote, como El Caballero del Febo o Solisdán, Partinuplés o Partéríope (el hijo de las Musas del Partenón), Perceforest, Amadls de Grecia, Roldán, Oliveros, Guy de Borgoña, Ricarte de Normandía, Baldovinos o \"Val-bovino\", Reinaldos, Lisuarte, Olivante de Laura, Florismarte de Hircania, Belianís, Tablante \"de Rico-Monte\", Rugel o Rigel de Grecia, Esplandián, Pierres y su Magalona (o \"maga Elena\"), Cirolingio de Tracia, Durandarte, el Cid y, en fin, la copiosa serie de los Palmerines de Oliva y de Inglaterra, Primaleón, Platir, Polendos, Don Duardo, etc., no son sino otros tantos \"héroes solares\", más o menos históricos, que en sus crónicas y países respectivos resucitarán, más o menos \"superhombres u hombres del Ideal\", la nunca muerta leyenda del primitivo Hércules (el sabio, el griego, el egipcio y el hindú), como se resucitará siempre que en las grandes angustias de los pueblos éstos clamen al Destino, entonando, como la EIsa del Lohengrin, el tema del supremo dolor, llamado también por Wágner en sus obras EL TEMA DE LA JUSTIFICACIÓN .\n\nTodo esto sin contar, alIado de los libros jinas o caballerescos, esos otros tan afines a ellos y nacidos de su decadencia que se consagraron también, en prosa y verso, a cantar las delicias jinas o paradisíacas de la feliz Arcadia, tierra de Ultramar (el ultramar de la Vida, el \"reino de Sobradisa\", el \"Jardín de Flores\", o sea el otro mundo) , con sus Salicios, Nemorosos, Filebos, Darineles, Galateas, Filis y Dianas, en los que tanto sobresaliese -y él harto sabía por qué- el inca Garcilaso, del que hablásemos en anteriores capítulos al tratar de sus antecesores incas. Bien lo comprendió así el genial Cervantes, cuando de su valeroso caballero Don Quijote vencido, y de su escudero Sancho, quiso hacer en los últimos capítulos \"dos nuevos pastores de la soñada Arcadia del Descanso post-vitae\", cual si el héroe manchego presintiese ya vecina su muerte física, tras el natural cansancio de todo caballero andante que, a lo largo del Sendero de Liberación, ha recorrido las cuatro partes del mundo en busca de aventuras de todo género en las que poder mostrarse superhombre, jina o justo...\n\nLos libros de caballería, con todas sus degeneraciones de los últimos tiempos, que acabaron por desacreditarlos, son, pues, eternos. Lejos de haber muerto, como erróneamente se dice, bajo la sátira del manco de Lepanto, viven hoy de nuevo, con su Grial y todo, e inmortalizados, además, por la más sublime de las músicas descriptivas en esas inmortales obras del coloso de Bayreuth, que se llaman Lohengrin, Tannhauser, Tristán e Iseo, Parsifal y El anillo del Nibelungo, a todos los cuales hemos consagrado un modesto pero adecuado comentario en el tomo nI de esta Biblioteca.\n\nPor otra parte, en la rápida exposición que vamos haciendo en este capítulo, no sería perdonable el que omitiésemos algunos pasajes, jinas también, aunque de contraria índole, de las Cruzadas, el imponente hecho histórico que puso al Occidente en comunicación con el Oriente y preparó, además, el descubrimiento de América.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146027, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001249.g51", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001249"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1210", "chapter_title": "===== CAPITULO 20 ===== CAPÍTULO XX. 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EL \"DON QUIJOTE DE LA MANCHA\" Y LOS \"JINAS\"\n\nDon Quijote y Sancho, como hombres representativos de dos opuestos mundos.El simbolismo de los dos círculos del infra y el supramundo. - ta zona intermedia de la humana vulgaridad. - El anhelado retorno a la Tierra de la Edad de Oro. - Ideales \"blancos\" y realidades \"negras\". - El gran pecado de Cervantes y de Shakespeare. - El vate iluminado y el místico iluminador. - Cervantes, ¿padre o padrastro de Don Quijote? - La tercera parte que le falta a la obra, con la triunfal ascensión de Nuestro Señor Don Quijote a los Cielos. - ¡Drama, pero no tragedia! - El \"tate tate, folloncicos\" resultará inútil algún día para que el futuro Epimeteo del Titán manchego escriba la tercera parte de la historia de éste y le liberte. - El eterno símil de la madera de sándalo y del hacha que la corta. - Mérito y desgracia de los Libros de Caballería. - Los endriagos, vestigios y demás caterva de entes que pululan en estos libros, existen de un modo efectivo. - El mundo astral y el físico. - Luchadores silenciosos. - Las Dulcineas verdaderas. - Cómo y cuán caro paga la Humanidad sus errores en tal materia. - Los Sanchos eternos. - La cena de las burlas. - Proyección del mundo jina en el mundo humano que opera la imaginación. - Ejemplos. - Lo enseñado por el arte y lo positivo que nos cerca. - Don Quijote y San Francisco de Asís. - Los dioses de ayer son hoy nuestros demonios.\n\nHemos dicho en el capítulo anterior que la célebre Sátira de Cervantes en su Don Quijote, lejos de destruir la incomprendida literatura caballeresca o jina, la eleva y depura. En efecto, los dos protagonistas del mismo, o sean el caballero Don Quijote de la Mancha, antes ingenioso hidalgo, y su escudero Sancho Panza, el hombre de los prácticos y positivistas vivires, no son dos hombres cualesquiera, sino dos hombres representativos, el uno del Reino del Ideal y de la Justicia, a que aspiramos, y el otro de la triste cárcel platónica de la llamada Realidad, en cuyas mallas de ilusión vivimos.\n\nY dondequiera que van estos dos hombres, allí están representados los dos respectivos mundos, el semianimal de Sancho y el jina de su señor. Es más: no hay, puede decirse, una sola línea de la excelsa obra donde dichos dos mundos no se presenten en contraste y lucha, lucha y contraste del que podemos dar un adecuado simbolismo matemático-biológico, que no es para desdeñarlo.\n\nCuando superponemos dos círculos iguales, blanco el uno y negro el otro, haciendo coincidir sus centros, prácticamente los dos círculos no son sino uno; pero si empezamos a separarlos, se demarcan en seguida tres zonas distintas, una creciente blanca, otra creciente negra y una zona común a ambos, y decreciente o gris. La primera simboliza al mundo jina del ideal, o supramundo; la segunda, al submundo de una llamada realidad animal; la tercera es, en fin, el mundo propiamente dicho, la zona gris intermedia en nuestro derredor. El símil de dichos dos círculos (o esferas si hablamos en geometría de tres dimensiones) se ve constantemente realizado en la Naturaleza, ora en la cariocinesis celular, por la que de una sola célula se hacen dos, separándose con estricta sujeción al simbolismo; ora en todos los demás crecimientos naturales: el del tronco arbóreo bifurcado en ramas, el de los hijos separándose de su hogar natal o célula social llamada familia, el de las ideas y los partidos saliendo casi siempre de una misma idea-tronco con dos tendencias diferentes, que acaban siendo tan opuestas y enemigas como lo blanco de lo negro.\n\nTales eran, antes de comenzar la peregrina historia, el sosegado hidalgo Alonso Quijano el Bueno y Sancho Panza, su vecino. Dos hombres grises, vulgares, superpuestos, con toda la típica vulgaridad de su aldea manchega. Pero un día hubo de caer sobre la fértil tierra de la psiquis de aquél una semilla jina, redentora, idealista, semilla venida de muy lejos, como suelen venir todas, es a saber, de la famosa literatura caballeresca, madre de soñadores y poetas, mal avenidos con la vulgaridad sanchopancesca de la vida, escuela de caballeros de ese Santo Grial de la virtud y de su natural recompensa o compensación en éste o en otro mundo y, al punto, el soso hidalgo \"de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor..., hombre de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza\", se siente transfigurado y, como el símil del círculo blanco, comienza a separarse de su pristina y negra animalidad de ocioso que vegeta como tantos en la anónima aldea, lanzándose impávido por el mundo como un nuevo redentor caballeresco, contra \"los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar, abusos que mejorar y deudas que satisfacer...\".\n\n¡Si le valiese, el mundo, restituído a la Edad de Oro, de la que tan sublime elogio jina hace en su discurso a los cabreros, aquel discurso que empieza: \"¡Dichosa edad y siglos dichosos. . .!\", vería establecerse como por ensalmo aquel reinado ansiado de la Verdad sin velos que una vez imperó en el mundo con el Paraíso bíblico; la Era de Jano-Saturno romana; los Campos Elíseos, o de Ignisfail, ógmicos; la Walhalla, nórdica; el Edén, coránico; el Devachán, o Reino de los Angeles, ario; el Amenti, egipcio; el Reino del Padre, cristiano; el Summer land, espiritista, etc., reinado al que han aspirado siempre, con esa certidumbre infalsificable de la Luz Interior, los místicos de todos los tiempos!\n\nPero ¡ay! que el símil de los dos círculos o las dos esferas superpuestas no es, por desgracia, un mero símil, sino una verdad tan grande como trágica: la de que la Ley Natural o Karma nos obliga, al salir evolutivamente del mundo negro de la vulgaridad animal para dirigimos hacia el blanco mundo trascendente o jina, a pasar un tiempo de transición o de crucifixión intermedio entre aquélla, de la que gradualmente nos alejamos, y éste, al que tratamos de volar en alas del Ideal divino. No ya animales, ni ángeles todavía -nos grita desde el fondo de nuestro corazón la Ley-, sino seres de la transición, seres crucificados en la Cruz de las dos tendencias, vieja y nueva: HOMBRES, en suma.\n\nPor eso nacemos llorando, como quien se ve precipitado de un cielo a un abismo; por eso llorando y luchando vivimos, sin que sobre el alma ni sobre la materia, como pensara Espronceda, y es un eterno batallar nuestra vida, entre nuevos ideales blancos que pugnan por venir a la vida, y viejas realidades negras que no quieren aún irse... ¿Qué de dolores secretos no sufrirá la ostra antes de desprenderse evolutivamente de su valva, o la crisálida hasta verse histolíticamente despojada de su larval capullo, o la semilla antes de romperse para la germinación? ¿Qué de dolores no simbolizan también entre nosotros todas las emancipaciones, sean de hombres, sean de pueblos, sean de ideología, sean de revolución? No todo alumbramiento, sin embargo, es con sangre, pues que son incruentos los alumbramientos del agua, y de aquí que las revoluciones sangrientas y dolorosas sean evitables en un principio por una evolución incruenta y dulce...\n\nY en este punto concreto, crítico, que caracteriza a la vida del hombre entre el animal y el jina, estriba, a nuestro juicio, el mérito principal de la estupenda obra de Cervantes. Vedla desde los mismos comienzos de ésta; desde su Prólogo, en el que, después de aludir a la cárcel platónica en que dice nació su libro, lanza una efectiva invocación jina al \"perdido y anhelado paraíso\", cuando proclama que \"el sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud -jina- del espíritu, son gran parte para que las musas más estériles se muestren fecundas y ofrezcan partos al mundo que le colmen de contento y maravilla\" .\n\nPero Cervantes, bardo de los tiempos modernos, ruiseñor sin par al cerrar la horrible noche de la decadencia española después de haber sido España la soberana que lució en dos mundos, pecó, como todos los bardos, porque, siendo un inmenso poeta, no se atrevió a dar un paso más proclamándose místico, y aterrorizado ante su propia concepción de hombre crucificado por sus semejantes -concepción que crea los Buddhas, los San Franciscos de Asís y los Cristos-, se declaró en derrota; opuso a la realidad de la ilusión quijotesco caballeresca la ilusión de la realidad sanchopanzuna; tuvo por loco al propio hijo que le habían dado las musas; temió, como hombre escarmentado que pide, al modo de Jesús en el Huerto, que le aparte el ángel, si es posible, la copa de hieles y acíbares, y se declaró, ¡oh, dolor!, \"no padre, sino padrastro de Don Quijote\", y le trató, en efecto, como tal padrastro, haciéndole caer bajo las estacas yangüesas, las pedreas presidiarias de aquellos mismos a quienes libertara, las burlas macabras de los duques, los desprecios soberbios de canónigos, curas y bachilleres, que le trajeron en jaula y le tapiaron el aposento de sus meditaciones y le quemaron sus libros... Tal como hacía Cervantes hicieron también los bardos gaedhélicos, rúnicos y griegos, pues después de cantar lo único digno de ser cantado, la Edad de Oro perdida y el Grial de su caballeresca reconquista jina, cuidaban de establecer un falso divorcio entre la Verdad y la Belleza, añadiendo \"que ellos cantaban unas cosas en las que no creían\", ni más ni menos que el desvergonzado Mefistófeles del Fausto cuida de terminar su asombrosa endecha de la \"serenata a Margarita\", soltando, para borrarla, una escéptica carcajada que nos deja fríos. . .", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146066, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001266.g53", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001266", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001267", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001268", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001269", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001270", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001271", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001272", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001273", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001274"], "reference_count": 5, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1249", "chapter_title": "===== CAPITULO 21 ===== CAPÍTULO XXI. EL \"DON QUIJOTE DE LA MANCHA\" Y LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 2364, "text": "El joven gallardo, altruísta, lleno de elevados anhelos hacia el Ideal de un porvenir en bien de sus semejantes; el joven que le. yendo la historia de los grandes genios o jinas, sus predecesores, quiere legítimamente emularlos con aquel \"¡Yo también soy pintor!\" del clásico Maestro del medioevo, y que en lo mejor de su carrera, cuando menos lo piensa, cae bajo la garra de una pasión funesta, de un ideal falso que acaso le lleve hasta el crimen, ¿no puede decirse que ha caído en un encantamiento fatal, que habrá de aherrojarle quizá por todo el tiempo que le reste de vida? El hombre maduro que tras una lucha titánica por realizar un ideal redentor llega a verle al fin realizado, o a echar, por lo menos, firmísimas bases para la realización futura, ¿podría contar el número de los fantasmas tentadores o pavorosos, los endriagos perversos, los vestigios tremebundos a quienes antes ha vencido? ¿Se atrevería nadie tampoco a contar el número de los hombres -caballeros andantes o no de un ideal- a quienes otro caballero andante, también separado de él, no ya por miles de leguas terrestres, sino aun por ese abismo que el tiempo abre entre los que ya murieron y los que aún viven, socorre y salva al otro en forma del libro que dejara escrito? ¿Y qué más sierpe bramadora tampoco que ese Proteo de la tentación en todos los órdenes, que \"nos cerca como león buscando a quien devorar\", según la frase evangélica?...\n\nEl mundo astral y de la pasión es infinitamente más grande, más sagrado y más real que el cretino mundo físico de esos hombres escépticos que \"nacen, crecen, se reproducen y mueren\", al tenor de esa Historia Natural impía que se atrevió a colocar entre los irracionales al ser dotado de razón, de responsabilidad y de libre arbitrio; y en ese tan vasto como ignorado mundo hay luchadores silenciosos más valientes que el Cid, más conquistadores que Sesostris, Daría, Alejandro, Cortés o Pizarra, como hay y habrá siempre escritores venerandos capaces de levantar todo un mundo con la punta de su pluma, porque esa pluma es la palanca misma que reclamara Arquímedes, y cuyo fulero ansiado es la roca viva de una fe sincera en ese Cristo Interior o Atma de nuestra conciencia, conciencia que es consubstancia con la Conciencia Universal del Cosmos, o Anima-Mundi; y los libros de Caballería, los primeros al menos, como antes indicáramos, son como todos los libros religiosos, libros de lo astral, del supramundo jina, no libros de lo físico.\n\nEl mal estuvo, como siempre, en su divulgación entre gentes incapaces de entender, ni menos de desentrañar sus simbolismos, porque su lenguaje iba de alma a alma, no de oído a oído. Su texto, como tantos otros textos religiosos, eran parábolas, no hechos; imágenes, no cosas tangibles. Sus héroes no eran iniciadores en guerras humanas, sino discípulos, chatriyas, de un ideal, y sus respectivas damas no eran tales damas de carne y hueso. Don Quijote mismo, apenas si en su juventud viera una vez a Duleinea, en la que encarnó, sin embargo, el Ideal de su Alma, Ideal que, como todas las almas, al tenor de la frase evangélica, carece de sexo. Es más: hasta la Helena de Troya, como la Helena de Apolonio de Tyalla, o Como la Iseo de Tristán, no eran tales mujeres históricas, como trata de hacernos creer nuestra triste necromancia, sino Mujeres símbolos.\n\nTomad, pues, los libros caballerescos como lo que realmente son, como fábulas, es decir, como Verdades astrales disfrazadas con el velo de la mentira física, y la luz se hará en vuestras mentes respecto de problema tan esencial, y en el que tanto se ha calumniado a los antiguos. El secreto del Templo Caballeresco Ario se reveló en mala hora con ellos, y el movimiento, antes ahogado en sangre de albigenses y de trovadores, ahogado quedó también con la sátira de Cervantes en el más espantoso de los ridículos.\n\nPero, ¡ay! que tamañas profanaciones las suele pagar demasiado caras la humanidad. Ved, si no, las lágrimas y las humillaciones que a la noble España le ha costado, como a ninguna otra nación en el mundo. Muerto y sepultado Nuestro Señor Don Quijote, que diría Navarro Ledesma, los bajos escuderos quedaron en el mundo, y \"con todo ello comió y sigue comiendo la Sobrina, brindó y sigue brindando el Ama, y Sancho Panza mostró y sigue mostrando su mal disimulado regocijo\", por obra y gracia del testamento, sellado, como todos, por la muerte del testador inmortal, eterno. La patria de Don Quijote cayó presa de todos los Sanchos y los Sansones Carrascos, que \"se hicieron pastores\", como el Señor soñara en sus últimos días; pero pastores de esos que devoran al ganado que encomendara a su custodia el Divino Pastor, el \"Pastor Santo\" que a los cielos viera subir la oda de Fray Luis el salmantino, y los detentadores, en, fin, de la nación inmortal que sellase con el cretino \"tate, tate, folloncicos\" la tumba de Don Quijote para que no resucitase ni al tercero ni al billonésimo día, hoy no tienen ideales, porque llaman aún con desprecio \"quijotes\", \"locos\" e \"ilusos\" a cuantos caballeros andantes del Ideal nos preocupamos de lo de tejas arriba, y a quienes nos dejarían morir de hambre a ser posible, olvidando que \"no sólo de pan vive el hombre\"; que al que, venciendo endriagos y vestigios de mil calañas, \"busca el Reino de Dios y su Justicia, lo demás le es dado siempre por añadidura\", y que hasta el propio Jesús, cuando tuvo hambre -y se negó, sin embargo, a complacer al tentador, quien le pedía que transformase las piedras en pan y, suicida, se echase del Templo abajo, y postrado, en fin, le adorase a cambio del dominio sobre todos los ilusorios reinos de la Tierra-, a la postre los propios ángeles o jinas le sirvieron a la mesa...\n\nSí, quijotes eternos del más incorregible quijotismo, sin mezcla sanchopancesca alguna, tenemos que ser siempre, pese a todas las palizas yangüesas, a todas las pedreas, quemas y vencimientos. Una preciosa fábula de Las mil y una noches viene a damos sobre ello la enseñanza definitiva. ¿Recordáis, en efecto, aquella famosa cena del baramécida al astuto barbero, y en la que el anfitrión obsequiaba más y más a su huésped con manjares imaginativos v bebidas no menos ilusorias que no se veían por parte alguna? Pues cual le acaeció a la postre al barbero del cuento, la \"cena aquella de las burlas\" acabó de veras y bien de veras. Además, conviene anotar que el regio baramécida no le mentía a su barberil convidado...; ¡era simplemente que los alimentos y las bebidas aquellas eran astrales, no físicos, y este cuitado mal podía tomados si, desprovisto de la visión astral o sentido trascendente de la \"doble vista\" intuitiva, no los veía!\n\nTal nos sucede eternamente a lo largo del sendero de la vida, olvidando que la llamada realidad transitoria de aquí abajo es mera proyectiva geométrica de las quijotescas realidades de allá arriba, del encantado mundo jina, como la superficie lo es del volumen, la línea de la superficie y el punto de la línea, y que cuanto hoy poseemos no es sino una cristalización, un \"caso particular\" de infinitos momentos imaginativos. ¿Acaso la estatua que alzamos en una plaza no es la realización de los múltiples proyectos del escultor o de otros? ¿Acaso las soñadas utopías de hoy no han de ser, y siempre parcial o limitadamente, las realidades del mañana? Hubo, en verdad, una Grecia histórica; pero hay hoy, y ha habido desde entonces, tantos millones de Grecias como de áticos artistas. No olvidemos, en fin, que si una fruta real puede servirnos una sola vez de alimento físico, la misma fruta, magistralmente trasladada al lienzo por el arte, es infinitamente más real, porque es más durable y puede estamos alimentando espiritualmente con su belleza siglos y siglos...\n\nEl gran respeto que, a pesar de su sátira cruel, le inspiraban a Cervantes los libros de caballería -sobre todo los merecedores de tal nombre, no los que vinieron después-, lo revela el mismo escrutinio que el cura y el barbero hicieron de los libros de Don Quijote en el capitulo VI de la parte primera. Allí se excluyen de la hoguera purificadora el Amadís de Gaula, como único en su arte; El jardín de flores, de Antonio de Torquemada; el Palmerín de Inglaterra, merecedor de que se le destinase para su guarda nada menos que la caja en que hizo guardar Alejandro las obras del poeta Hornero; el Espejo de caballerías y Don Belianís de Grecia: la Historia del famoso caballero Tirante el Blanco, \"tesoro de contento y mina de pasatiempos\"; La Diana, de Jorge de Montemayor; Los diez libros de Fortuna de Amor, \"único en su género\"; El pastor de Filida, de Luis Gálvez de Montalvo; La Araucana, de Ercilla; La Austriada, de Juan Rufo; Las lágrimas de Angélica, de Soto, y El Monserrate, de Virués el valenciano; libros estos últimos más o menos tocados de gustos caballerescos.\n\nPor otra parte, el Quijote está influenciado también, no ya sólo por la literatura caballeresca, sino por las propias Mil y una noches, tronco oriental de esta última literatura. Sabido es, en efecto, que dichos cuentos hindú-persas corrían por doquiera, traducidos al castellano en los \"pliegos de cordel\", que Cervantes conocía a maravilla. Así, por ejemplo, la genial aventura de Clavileño, ese aeroplano singular, émulo de los que aparecen en aquel libro \"robando de las terrazas de los palacios a las gentiles princesas, que eran arrebatadas y conducidas por los aires a lugares remotos\", cual hoy en cinta cinematográfica, está inspirada en tales cuentos, e igual acontece en pasajes como el del capítulo L de la parte primera, cuando a través de la misma influencia oriental que se aprecia en la fábula de Apuleyo con su mito de Psiquis y Eros, nos describe el tránsito jina de éste hacia el otro mundo en estos hermosísimos términos: \"¿Hay mayor ventura que ver como si dijéramos que aquí ahora se muestra delante de nosotros un gran lago de pez hirviendo a borbollones y que andan nadando y cruzando por él muchos dragones, culebras y lagartos y otros muchos géneros de animales feroces y espantables -los animales pavorosos de lo astral, que diría un ocultista-, y que del medio del lago sale una voz tristísima que dice: \"¡Oh tú, caballero, quienquiera que seas, que el temeroso lago estás mirando: si quieres alcanzar el bien que debajo destas negras aguas se encubre, muestra el valor de tu fuerte pecho y arrójate en mitad de su negro y encendido licor, porque si así no lo haces no serás digno de ver las altas maravillas que en sí encierran y contienen los siete castillos de las siete Fadas que debajo desta negrura yacen\", y apenas el caballero ha acabado de oír la voz temerosa, cuando sin entrar más en cuentas consigo, sin pararse a considerar el peligro a que se pone y aun sin despojarse de la pesadumbre de sus fuertes armas, encomendándose a Dios y a su señora, se arroja en mitad del bullente lago, y cuando no se cata ni sabe dónde ha de parar, se halla entre unos floridos campos con quien los Elíseos no tienen que ver ninguna cosa? Allí le parece que el cielo es más transparente y que el sol luce con claridad más nueva; ofrécese a sus ojos una apacible floresta de tan verdes y frondosos árboles compuesta, que alegra a la vista su verdura y entretiene los oídos el dulce y no aprendido canto de los pequeños, infinitos y pintados pajarillos que por los intrincados ramos van cruzando. Aquí descubre un arroyuelo, cuyas frescas aguas, que líquidos cristales parecen, corren sobre menudas arenas y blancas pedrezuelas, que oro cernido y puras perlas semejan... Acullá, de improviso, se le descubre un fuerte castillo o vistoso alcázar, cuyas murallas son de macizo oro; las almenas, de diamantes; las puertas, de jacintos; finalmente, él es de tan admirable compostura, que con ser la materia de que está formado no menos que de diamantes, de carbuncos, de rubíes, de perlas, de oro y de esmeraldas, es de más estimación su hechura. ¿Y hay más que ver, después de haber visto esto, que ver salir por la puerta del castillo un buen número de doncellas -cuyos galanos y vistosos trajes, si yo me pusiese ahora a decirlos como las historias nos los cuentan, sería nunca acabar-, y tomar luego por la mano la que parecía principal de todas al atrevido caballero que se arrojó en el firviente lago, y llevarle sin hablar palabra dentro del rico alcázar o castillo, y hacerle desnudar como su madre le parió, y bañarle con templadas aguas, y luego untarle todo con olorosos ungüentos y vestirle una camisa de cendal delgadísimo, toda olorosa y perfumada, y acudir otra doncella y echarle un mantón sobre los hombros, que por lo menos dicen que suele valer una ciudad y aun más? ¿Qué es ver, pues, cuando nos cuentan que tras todo esto le llevan a otra sala, donde halla puestas las mesas con tanto concierto que queda suspenso y admirado? ¿Qué el verle echar agua a manos, toda de ámbar y de olorosas flores destilada? ¿Qué el hacerle sentar sobre una silla de marfil? ¿Qué el verle servir todas las doncellas, guardando un maravilloso silencio? ¿Qué el traerle tanta diferencia de manjares tan sabrosamente guisados, que no sabe el apetito a cuál ha de alargar la mano? ¿Cuál será oír la música que en tanto come suena, sin saberse quién la canta ni adónde? ¿Y después de la comida acabada y las mesas alzadas quedarse el caballero recostado sobre la silla, y quizá mondándose los dientes como es costumbre, entrar a deshora por la puerta de la sala otra mucho más hermosa doncella que ninguna de las primeras, y sentarse al lado del caballero, y comenzar a darle cuenta de qué castillo es aquél y cómo ella está encantada en él, con otras cosas que suspenden al caballero y admiran a los leyentes que van leyendo su historia?...\",", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146082, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001277.g54", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001277", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001278", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001279", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001280", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001281", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001282", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001283", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001284", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001285", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001286", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001287"], "reference_count": 13, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1249", "chapter_title": "===== CAPITULO 21 ===== CAPÍTULO XXI. EL \"DON QUIJOTE DE LA MANCHA\" Y LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 1603, "text": "¿Qué importaba todo esto, si, a la vuelta de más o menos siglos, había de operarse el cambio y se. sabría leer entre líneas en la entraña misma de la formidable sátira quijotesca y se llegaría a adorar solamente a nuestro Santo Sellar Don Quijote, el Uno-Único, el Incomprendido, que si murió fué para resucitar en los pechos idealistas de sus millones de lectores en todo el mundo, y si sufrió persecuciones sin tasa por la Justicia fué para enseñarnos una vez más a amada con el desprendimiento evangélico de cuantos aceptan valerosos su cruz, seguros de que por tamaña crucifixión han de alcanzar el Reino de los Cielos jinas?\n\nQuien tan acabadamente y con tan perfecto realismo supo pintar este mundo, en el que lo vulgar y lo sublime chocan a la continua, por ese solo hecho y en natural contraste, nos dejó pintado también el supermundo jina, que tal es la ley del Arte Mágico: la de hacer florecer en rosas los estiércoles, hacer brotar del helado invierno de la ignorancia las savias de la primavera fecunda y lograr, en fin, con la pintura del dolor y la esterilidad del genio aquí abajo, hacemos presentir la suprema felicidad de otra vida ampliamente compensadora, y en la que, siguiendo el dicho de San Pablo, salgamos de la cárcel de barro de esta vida ilusoria a las realidades hipergeométricas de la Eterna Luz... ¡Esta es aquella \"inacabable aventura de Don Belianís de Grecia\", a la que en su locura \"tantas veces quiso dalle fin al pie de la letra nuestro hidalgo\", ignorando que tal triunfo no se logra sino con la apoteosis gloriosa que subsigue a toda honrada vida!\n\nAsí, cuando Don Quijote habla u obra, el mundo de la imaginación -el mundo jina de allá arriba, por la imaginación proyectado aquí abajo- tiende un dulcísimo Velo de Maya sobre los abrojos y miserias materiales. Si no, vedlo:\n\nViajad por la yerta y trágica Castilla desde el amanecer al anochecer de un día calurosísimo de julio, cual lo hiciera el hidalgo manchego en su primera salida; cruzad por entre secos rastrojos y ardientes barbechos sin tropezar con una fuente en las hondonadas, donde languidecen cuatro secas matas de juncos, amén de algún enhiesto chopo de hoja pobre, trémula y sin sombra; llegad al anochecer a un mal ventorro, donde sólo hay \"ocasiones para no dormir en todo un año, cuanto más en una noche\", a la morada de un truhán panzudo y ladronzuelo, refugio de dos pingajos femeninos, pasto de sucios arrieros, encrucijada de caminos sin fin entre lejanas aldeas polvorientas; comed en aquélla por toda comida unos tasajos \"de mal remojado y peor cocido bacalao, y bebed en desbocado jarro un vinillo más cristiano que moro\", y decidme luego que todo esto de por sí no es una realidad bien triste, karma, quizá, de un pasado funesto... ¡Tal es el efectivo marco de la primera salida de nuestro bravo caballero!\n\nPero introducid, guiados por la experta mano del Príncipe de los genios, la cuarta dimensión jina en todo esto, quiero decir, seguid imaginativamente esos mismos lugares con el texto inmortal leído a fondo, y todo lo veréis cambiar por arte de efectiva magia: ¡esa Magia real que es patrimonio de los vates o poetas!\n\nCon esa doble vista intuitivo-imaginativa del que sabe profundizar en estas cosas, veréis apuntar el alba en el sereno cielo de la aldea manchega; abrirse las carcomidas puertas del corralón que mira al campo y salir por ellas una figura extraterrestre por lo desacostumbrada, montada en un jamelgo matalón y enteco, más viejo casi que su amo, contrahecha figura ésta y a la que no se le ve la cara bajo el morrión oriniento y la celada. de cartones de tienda, reforzados por detrás con travesaños de hierro o de alambre, y al que tampoco se le ve la ropa, oculta bajo unos arreos que, acaso, sirvieron en la conquista cristiana de Sevilla o de Toledo, siglos hada... ¡Es nuestro flamante héroe, camino sin camino de las más soñadas aventuras!\n\nVedle luego con su lanzón y tras su adarga que de las manos no suelta, no parar mientes en unas tierras que no son, por su monotonía, sino mar o desierto, y alzar como todos los místicos su vista hacia los cielos -los cielos tras los cuales mora su ideal inasequible-, clamando en verdadero éxtasis: \"¿Quién duda sin que en los venideros tiempos...?\", para acabar con todo aquello de la salida triunfal del rubicundo Apolo, tan parecida en orden místico a aquella su primera salida, y con la invocación jina del ansiado futuro que sepa hacer justicia a sus anhelos y hazañas por mano mágica de nobles encantadores, y también con la invocación verdaderamente a lo San Francisco, \"no del hermano lobo o la hermana piedra\", sino del buen Rocinante, compañero eterno suyo en todos sus caminos y carreras , antes que de su propia Dama, o sea del Ideal, su Supremo Espíritu,. ni más ni menos que aquel célebre yogui de la leyenda brahmánica que no quiso entrar en el conquistado Devachán sin que le acompañase su perro, el único compañero y amigo de sus tristezas pasadas, y a quien quería asociar en su triunfo.\n\nVedle, en fin, a nuestro héroe llegar cansado y hambriento, no al ventucho que antes viésemos, sino a su \"soberbio castillo\", como los celebérrimos del Penjab en la India, \"con sus cuatro torres y chapiteles de luciente plata, sin faltarle su puente levadizo y honda cava, con todos aquellos adherentes con que semejantes castillos se pintan\", castillo entre cuyas almenas un enano -vulgo \"apacentador de puercos\" - da con un gigantesco cuerno, que conmueve sonoramente los ámbitos vecinos, la señal alegre de la llegada del novel caballero, quien es recibido con pompa por el alcaide de la fortaleza y agasajado por las damas-rameras, como Lanzarote del Lago, \"cuando de Bretaña vino\". Come luego sabrosas truchas, que no bacalao; bebe por una caña horadada néctar del Olimpo, que no vino pardillo; al son de la concertada música del silbato de un castrador de puercos, y archisatisfecho de aquel banquete de abadejo y de pan duro, se dispone a velar sus armas, apadrinado por el castellano-truhán, de quien recibe \"una gran pescozada iniciática\" y un gentil espaldarazo, mientras que las buenas \"mozas del partido\" le calzan la espuela y le ciñen la espada, entre requiebros y cumplidos...\n\nTodo esto y mucho más es la vestidura jina de la primera aventura del Héroe, Quit('.dla, y veréis cómo desaparece todo encanto, y el castillo gallardo se transforma de nuevo en ventorro polvoriento y ruin; el alcaide hospitalario, en maleante de los de la playa de Sanlúcar; las doncellas, en pendonas; el Rocinante, en jamelgo fláccido; volviendo a amarillear secos los rastrojos y a caldearse insoportablemente los barbechos rojizos, porque se ha cegado la fuente de las maravillas imaginativas, y tras el vestido de floridos céspedes literarios, así arrancado, vuelve a aparecer el esqueleto puro del realismo positivista\", ¿No pasa esto siempre en el mundo, verdadero \"don Juan Pérez de Montalbán\", de la célebre sátira castellana, que viene así a quedar en simple Juan Pérez! ¿No es siempre vulgar y humildísimo el origen de las cosas que luego suelen deslumbrarnos? Pues todo ello no es sino mero efecto de perspectiva al pasar del mundo jina al mundo de la realidad animalo viceversa, y de aquí la acertada frase de Carlos Federico Amiel, cuando afirma ser los paisajes \"meros estados del alma\" del que los contempla, ora alegres, ora indiferentes, ora tristes.\n\ny es tan indeleble el infalsificable sello jina que el genio pone en las cosas más vulgares, que ya no podemos retornar a los lugares aquellos sin recordar la primera salida del Héroe, ni ver molinos de viento sin rememorar otra de sus más célebres aventuras. ni contemplar una toboseña tinaja sin que nos venga a las mientes la patria de Dulcinea, ni ver retablos de ferias sin remembrar a Ginesillo de Para pilla...; cosas éstas de la asociación de la idea real con la artística, admirablemente explotadas por Wágner, con los llamados leit motiv musicales de sus dramas -motivos análogos a los pictóricos y a los de las demás bellas artes-, y en los que la idea jina o imaginaria y la nota real de los mismos vienen a ser tan inseparables, que por la una deducimos la otra, con el más hermoso, quizá, de los lenguajes del símbolo.\n\nY era cosa, para más comprobar cuanto llevamos dicho, de recorrer uno por uno los más salientes pasajes jinas del libro, recordando, por ejemplo, aquella bajada de Don Quijote, émulo de Orfeo y de Perseo, al simpático infierno o \"lugar inferior\" de la cueva de Montesinos, \"donde le anocheció y amaneció y tornó a anochecer y a amanecer tres veces\", entre procesiones de fantasmas que recuerdan a la Huestia, o Santa compaña asturiana, y vivires jinas, no poco parecidos a los de estotro mundo de los hombres, mientras que en el reloj de éstos habían transcurrido tres horas a lo sumo. No menos digna de recordación jina resultaría asimismo la otra procesión de encantadores y la peroración de Merlín, urdida por el avispado caletre del secretario de los duques, la muerte y resurrección de la malferida amante Altisidora, la transformación de Dulcinea en rústica aldeana por la expedita vía de los encantamientos, aquel volar sin tasa del leñífero pero alígero Clavileño, etcétera, etcétera, moneda falsa todo ello del efectivo mundo de los jinas, pero cuya existencia como tal moneda falsa presupone indeclinablemente la existencia previa de aquellas mismas cosas que falsea o ridiculiza.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146093, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001290.g55", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001290", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001291"], "reference_count": 2, "matched_forms": ["JINAS", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1289", "chapter_title": "===== CAPITULO 22 ===== CAPÍTULO XXII. \"JINAS\" Y TROGLODITAS", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 300, "text": "===== CAPITULO 22 ===== CAPÍTULO XXII. \"JINAS\" Y TROGLODITAS\n\nLa reciente Exposición de Arte prehistórico español. - Orientaciones equivocadas. - El fósil-tradición y el fósil hueso. - Transgresiones de la ley del Espacio y la del Tiempo. - La Humanidad despertó para el Arte muy antes de la llamada época paleolítica. - La Edad Terciaria, que la precediese, conoció la gran cultura de la Atlántida. - Los paleolíticos europeos vinieron a Europa de fuera. - Eran ellos atlantes y post-atlantes en plena decadencia. - Enseñanzas de H. P. B. - ¡Hombres primitivos, unos consumados artistas! - Ya los hipogeos jaínos de India y Egipto primitivos estaban en su auge al comenzar el arte paleolítico de Europa. - Los jaínos excavando como gigantes y labrando como joyeros sus pasmosas criptas, conviviendo con los negroides paleolíticos, como nuestra civilización actual convive con otros pueblos africanos atrasadísimos. - Elefanta, Karli, etc. - Esculturas rupestres. - Cómo la Ciencia-Religión atlante se hizo secreta. - El neófito, tras su iniciación, nada de la cueva como de una segunda matriz. - Las pruebas de la tierra, el agua, el aire, el fuego y la mujer. - Es imposible apartarse de la idea de la continuidad religiosa, si se quiere juzgar bien de las pinturas trogloditas. - Los bisontes de Altamira no son sino un simbolismo más de la Ternera sagrada de Parvadi, o sea de nuestra Madre Tierra, que era redonda para los iniciados antiguos, igual que para nosotros. - Las pruebas de este aserto, multiplicables indefinidamente, están en nuestro libro De gentes del otro mundo. Desdoblamiento astral del candidato en la gruta. - Yuxtaposición inextricable de muchas de dichas pinturas. - ¿Pinturas inconscientes, o pinturas de lo astral7 - Enlace de todas estas cosas con mil detalles de nuestra Biblioteca. - Los ogam craobs, las runas, la Peña-Tú, etc., etc. - Cómo tras todo esto el intuitivo puede adivinar la proximidad del debatido mundo de los jinas.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146106, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001306.g56", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001306"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1289", "chapter_title": "===== CAPITULO 22 ===== CAPÍTULO XXII. \"JINAS\" Y TROGLODITAS", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 117, "text": "\"¿Hay mayor contento que ver como si dijéramos que aquí ahora se muestra delante de nosotros un gran lago de pez hirviendo a borbollones , y andan nadando y cruzando por él muchas serpientes y dragones con otros animales feroces espantables, y que del medio del lago sale una voz tristísima que dice: \"¡Tú, caballero, quienquiera que seas, que el temeroso lago estás mirando, si quieres alcanzar \"el bien que tras estas negras aguas se encubre, muestra el valor de \"tu fuerte pecho y arrójate en mitad de ellas!..., etc.?\" Prueba que, una vez vencida por el candidato, le permitía llegar a los elíseos campos jinas de la iniciación que venía luego, tras otros no menos pavorosos rigores.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146122, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001322.g57", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001322"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1289", "chapter_title": "===== CAPITULO 22 ===== CAPÍTULO XXII. \"JINAS\" Y TROGLODITAS", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 73, "text": "Por otra parte, en cacerías y danzas como las aludidas, no hay por qué no ver un efectivo precedente, por ejemplo, de las astrales correrías de Diana por los bosques celestes o jinas del mito mediterráneo, aquellas cacerías sin fin, aquellas bacanales en las que la diosa se enamoraba de sus elegidos y mataba a sus contradictores y émulos, los Endimión. los Narcisos, los Pastores} en cadena de mitos tras mitos, verdaderamente inacabable.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146138, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001324.g58", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001324", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001325", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001326", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001327", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001328", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001329", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001330"], "reference_count": 7, "matched_forms": ["jina", "JINAS", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1323", "chapter_title": "===== CAPITULO 23 ===== CAPÍTULO XXIII. LOS \"JINAS\" Y ROMA", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 1174, "text": "===== CAPITULO 23 ===== CAPÍTULO XXIII. LOS \"JINAS\" Y ROMA\n\nLeibnitz y su sistema \"teosófico\" de investigación histórica. - Los fundadores de la Ciudad Eterna trajeron consigo una gran civilización oriental o aria. Esta civilización fué típicamente jina. - Alba-longa, la blanca ciudad de los lagos iniciáticos, y Numitor, su rey. - Gentes quirites, solares o jainas, según los clásicos. - Jano y su Janiculo patricio. - Los himnos de los Hermanos Arvales. - A la edad de oro de Jano-Saturno sucede la de plata de Numitor . - la de cobre de Amulio. - Cuándo y por qué el cerrado templo de Jano se abría. - Rea, Rafa o Aretia y Marte-Wotan. - Los gemelos Remo y Rómulo amamantados por la loba del Aventino, bajo la higuera de Rama o Ruma. - Fástulo, el Rey-Pastor educador, y Acca-Laurentia, la Gran Nodriza o la Madre-Tierra. - Conexiones sin fin con el mito wagneriano de los Eddas. - Akas, Accadia, el país de la Luna, y sus inacabables derivaciones. - Los la. rarios de los calcas. - Las aves del Palatino. - Cómo la magia blanca ario-latina se vió sustituida por la necromancia de Roma. - Cancellieri y su obra Las siete cosas fatales de la Roma antigua. - Augures y arúspices. - La \"formosa juvenca\" o Ternera de Parvadi-Isis. - Roma tuvo siempre un nombre secreto. - Nous-Eneas-Júpiter-Gra-Bovi, el conductor de la Vaca. - Las sibilas y sus libros ante la historia y la filosofía.\n\nLeibnitz, ese Iniciado occidental que nos dió el Cálculo infinitesimal, la mejor teoría de las ideas innatas aportadas por nuestro Ego superior de sus vidas anteriores, y su pasmosa Monadología, fué el primero, según Cantú, a quien se le ocurrió buscar la historia en el estudio comparado o \"teosófico\" de las lenguas. Siguiendo, pues, la huella de tal maestro, natural es que, para rastrear lo que en la historia de Grecia y Roma haya quedado respecto de los jinas, debe apelarse al estudio de palabras y tradiciones grecolatinas que, cual joyas preciadas, se conservan.\n\n\"Es un hecho innegable -dice Pastor y Alvira en su Historia del Derecho romano- que en el idioma común y en el lenguaje jurídico romano se hallan a cada paso reminiscencias de una gran civilización muy anterior a Roma, y que los fundadores de esta ciudad debieron forzosamente llevar consigo. El estudio de semejante civilización debe ser la base de la historia jurídica romana, puesto que contiene los gérmenes de sus instituciones... Suele presentarse a los fundadores de la Ciudad Eterna como unos hombres aventureros, criminales, en estado de completa barbarie, sin tener idea de la religión ni de la sociedad política, y que, dotados, sin embargo, de un talento sui géneris, concibieron momentáneamente un gobierno perfecto; improvisaron su religión; establecieron jerarquías; en una palabra, que, como genios extraordinarios, comenzaron por donde acaban las sociedades cultas. El resultado de este concepto tan inverosímil es que se ignora la verdadera base de la Historia, y se pierde la afición hacia un 'estudio que se inicia con tan repugnantes hipótesis... La crítica moderna ha excogitado un nuevo procedimiento para conocer los tiempos prehistóricos con el análisis de los idiomas, sobre todo del sánscrito, que está llamado a producir inmensos resultados en la ciencia, y que parece demostrar que las razas indogermánicas se separaron un día de la patria común, o sea de la región occidental del centro del Asia, estableciéndose unas en la India y otras en Europa, siendo una de estas razas la antepasada común de griegos e itálicos, quienes más tarde constituyeron pueblos distintos.\n\nPero es que esa civilización indogermánica troncal a que el finado catedrático de la Universidad de Madrid alude, fué en sus orígenes, como la civilización inca y todas las otras, una civilización típicamente jina, según revelan sus más conocidas tradiciones, por ejemplo: la relativa a la Ciudad Eterna, que vamos a inquirir.\n\nCuentan, en efecto, los clásicos que en Alba-lanka (que no Albalonga) , o sea en \"la ciudad blanca de los lagos\" oscos, vascos o tosca nos, reinaba el gran Numitor (cuyo nombre, como el de Numa, segundo de los reyes romanos sus sucesores, es una alusión clarísima a su iniciática espiritualidad, al provenir él de la consabida palabra nous, noumeno, numen o espíritu). Durante este espiritual reinado, como durante el de sus obscuros antecesores, imperaba exclusiva en todo el territorio del Lacio (otra alusión a los lagos iniciáticos, de los que hablamos en anterior capítulo) la primitiva religión de Jano o Jaino, es decir, la áurea, solar, quiritaria y superhumana religión de los jinas , cosa conservada opacamente por la tradición actual, cuando dice que durante la Edad de Oro del Lacio y de la Liguria (otra alusión a los lagos, con su puerto de Luna y todo) , el rey divino lana o Saturno (IAO, Baco, Jehovah) imperó sobre aquellas santas gentes, tribus arias todas, aunque de muy diversas épocas y orígenes. Entonces, como en igual época del pueblo hebreo, podía decirse que convivían felices jinas y hombres.\n\nMas como nada es durable en este bajo mundo de dualidad y de lucha, a la edad de oro aquella sucedió la de plata, y luego la de cobre, representadas por la raza de A-man-l-io o Amulio, enemiga de los hombres, al tenor de su partícula a privativa, especie de raza de Las aves de Aristófanes, que, interponiéndose entre jinas y hombres como se interpone entre nosotros y el rayo de sol la nube, implantó una nueva religión de antropolatría o adoración de héroes divinizados: Júpiter, Neptuno, Plutón, etc., que es la que, más o menos, fué luego sustituída por el cristianismo. Sin embargo, la religión primitiva de Jano o Saturno quedó, digámoslo así, latente e iniciática, a la manera de todas las Sociedades iniciáticas cuando se ven perseguidas, y buena prueba de ello era la existencia en 106 tiempos ya históricos del Templo de Jano, cerrado durante las ilusorias delicias de la paz (que permitía los obscenos extravíos de la nueva religión antropolátrica), pero cuyas puertas sagradas se abrían siempre que los peligros de las guerras aconsejaban a los cautos romanos el volver los ojos hacia su única y sublime Religión Primitiva. En fin, según el simbolismo de la leyenda que comentamos, Rea (Are, en bustrófodo) , la hija lanzada de la corte y sucesora de Numitor, y privada de su corona por Amulio, vagó por los bosques con el aditamento expresivo de silvana o \"de las selvas\", llamándose desde entonces Rea-Sylvia. Este mismo nombre de Rea o Ra-ía, elocuente testimonio de la aria o solar estirpe de la desterrada, no es en sí sino el femenino de Ares, Aries, Ra, el cordero de Rama, o sea Marte; por eso se la puede considerar en su errática vida por los bosques como la primitiva Marta, la esposa del dios Marte, el Wotan de las leyendas nórdicas y yucatecas, viajero también como welsungo o lobo por todo el ámbito de la tierra, \"en demanda -como diría Wágner en su Sigfredo y su Walkyria- de un orden nuevo y superior al absurdo orden establecido\". 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LOS \"JINAS\" Y ROMA", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 66, "text": "y este ermitaño, Iniciador o Maestro, los crió ocultamente y los educó para que algún día hiciesen la reconquista del trono de sus mayores, o sea restableciesen la primitiva religión de J ano o de los jinas... ¡Estos son los hechos obscuros u ocultos bajo simbolismo, y a los que alude, al historiar a Roma, el capítulo XI, párrafo 1º., del iniciado y juicioso Tito Livio!", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146152, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001341.g60", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001341", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001342", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001343", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001344", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001345", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001346", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001347", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001348", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001349", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001350"], "reference_count": 21, "matched_forms": ["Jina", "jina", "JINAS", "Jinas", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1323", "chapter_title": "===== CAPITULO 23 ===== CAPÍTULO XXIII. LOS \"JINAS\" Y ROMA", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 2820, "text": "Viene en seguida la palabra Acadia, corrupción de Arcadia o Argalia, el país de la Luna o Arya, que aún es el prototipo de la felicidad jina, que también en el siglo IX diese nombre a los países del Canadá, cuando los descubrió Eriven o Eurico el Rojo, normando, todo con arreglo a su etimología de \"país encontrado\", o más bien paradisíaco, \"país que hay que buscar y encontrar\". Y de Acadia, Acádica, la primitiva forma de la escritura cuneiforme o ninivita; Acadina, la celebrada fuente consagrada a los hermanos pánicos, deidades antegriegas de la isla de ese nombre, equivalentes a las de los gemelos Cástor y Pólux, Remo y Rómulo, y sus homólogos; Acathra o Acadira, antiquísimo reino trasgangético al sur de China, y otro tibetano de la Sérica que peleó contra Alejandro; Acae, isla de Circe o de los jinas y salvadores encantos (Odisea) que Ulises no quiso seguir disfrutando, porque aún tenía pendientes en este pobre mundo humano los deberes de su hogar; Arcaico, hombre citado por San Pablo, y Acaya, reino tan célebre en los fastos del Cristianismo; Akali, sacerdote hindú de Akal, o el Dios Supremo, encargado de los libros de Nanak (la Venus persa) y también hombre de una de las más extrañas tribus argentinas del Anucán; AcamaPixtli (el dios de la atadura de cañas, o sea la decena, IO), primer rey de los aztecas; A camas, hijo de Teseo y de Fedra, quien con su hermano Demophon (otro Rómulo) fué al sitio de Troya y acompañó a Ganimedes para buscar a Helena, y también un hijo de Antenor, quien con Eneas, el jina, comandó a la escuadra troyana, y, en fin, otros hijos respectivamente de Ensor o En-soph, y de Asio o Drío de Merión; Acanta, ninfa predilecta o esposa de Apolo, que, cual todo lo referente al mundo jina yace hoy oculta, \"encantada\" o \"transformada en planta\"; Acamec, nombre alquímico de la parte más fina de la plata fundida; Acamoth, la Sophía o \"sabiduría\" gnóstica; Acantium, capital arcadia tanto del primitivo Peloponeso como de la Palestina antigua, y Acantia, la diosa lunar inspirador a del corintio Acanto, y diosa yucateca; Acacos, hijo de Licaon (Linceo) y padre putativo de Mercurio, nombre que también designa a la purísima flor nívea simbólica, que, según Calepino, significa \"contra los ladrones\"; Acal, nieto de Dédalo (Minos), inventor de la escuadra y el compás, y que precipitado por su tío desde la torre en que yacía preso (¡siempre el mito del cisne!) fué transformado en ave por su abuelo; Acabe, Acaburos y Acabitos, montes o ciudades de India, Egipto, Rodas y Cirenaica; Akakesios, otro nombre de la primitiva capital de Arcadia, al Norte de la gran Megalópolis, célebre por la estatua colosal de Hermes, por el templo de Pan o del Dios Desconocido y sin Nombre, y por asignarse como lugar del nacimiento de Mercurio; Acamatos, el dios de Hygyeia, el que posee la eterna salud jina y que conserva en estado acamático los miembros de sus secuaces o \"guerreros\"; Acaristías-dike, famosísima acción jurídica en Grecia, fundada en causas de ingratitud, como aquella que los ciegos hombres de las religiones vulgares o dogmáticas cometen a la continua contra la primitiva y única Religión de la Sabiduría Tina; Acasis o Acacalis, la hija de Minos amada por Apolo; Akation, barquilla o ballena del Conde Olinos, de Dagón, de Quetzalcoatl, de Jonás y de todos los homónimos de jano-Hércules; Acalista, notable himno nocturno de la Iglesia griega en honor de María; Acca, finísima tela de seda hindú, simbolismo del Velo de Isis; Accabe, Accabicon, Accad, Akkar o Arjad, Acci, Acco, Accain, etc., toponimias de montes y ciudades respectivas de España, Babilonia, Sippara y Mar Muerto; y, en fin, para no agotar las que se leen en la Enciclopedia Espasa (de donde las hemos tomado, pero deshaciendo su jesuítica o antiteosófica interpretación), las cuatro celebérrimas palabras de Academo, Academia, Accadia y Acasto, acerca de las cuales nos conviene decir algo más.\n\nLos clásicos, en efecto, nos narran que cuando los inevitables gemelos o dioscuros Cástor y Pólux invadieron al Atica para libertar a Helena del poder de Teseo, le hubieron de descubrir el sitio o camino (piedra cúbica, piedra iniciática) por donde subirse puede a la conquista humana de la \"Tierra de los Jinas\", razón por la cual en el bajo mundo de los mortales dejaron éstos a la Academia o \"Jardín de Academo\", como senda o lazo de unión entre jinas y hombres. Por eso la Academia quedó desde entonces como mansión de Atenea, Palas, Minerva o \"de la ciencia lunar de la tierra para la de allá arriba\", como gimnasio o \"lugar de educación jina, que no de educación meramente tísica, en tiempos del maestro Hiparco de Bitinia, donde hombres como el divino Platón enseñaron, por encima del Liceo, los misterios luni-solares de Prometeo, Hermes, Heracles, las M usas, Heros, Hephaestos y sus doce olivos sagrados o Dioses Mayores\".\n\nEn cuanto a Acasto, el cazador hijo de Pelias, los clásicos nos refieren una leyenda que es una variante de la del jina José, o IO-JaPh, judío, desvirtuadísima por la necromancia del paganismo de los últimos tiempos, pero que deja transparentarse, no obstante, todo el gran crimen cometido por el mundo atlante y por sus sucesores contra la Verdad primitiva de Accalarentina, que en este mito es ya Asti-damia, o Hipólita, \"la sepultada bajo las losas del sepulcro\", pero que más o menos pronto habrá de resucitar. Finalmente, la palabra Accadia, Acquadia o Ecadia, diremos -para no prolongar más este fuerte pasaje, que alude esencialmente a la antigua raza de los sumerios babilónicos, casta sacerdotal primitiva del pueblo ario-, que aparece más o menos con las palabras transcritas en todos los rincones del planeta, proclamando la supremacía, que en vano se pretendió ocultar, de los buenos jinas sobre los malos hombres.\n\nSigamos, pues, con la leyenda sublime de la fundación de Roma. Llegados a la pubertad los dos gemelos solares Remo y Rómulo (émulos de esotros griegos de Cástor y Pólux, representativos de la Noche y el Día), deciden, dicen los clásicos, el fundar una ciudad allí donde, de niños, fueran abandonados, o sea en el convencional lenguaje iniciático, crear un larario, un nuevo culto. Al efecto, con el arado de reja de cobre (calcas, el metal caldeo o calcidio, sucedáneo del oro y de la plata) , y con la yunta del toro blanco y de la vaca roja sin mancilla (alusión respectiva a las razas originarias de la Isla Sagrada y de la Atlántida, si es que entrambas no eran blancas), abren el surco o círculo mágico\" delimitador de la futura ciudad, y en el sagrado Palatino, o monte de Palas Atenea (Minerva o Isis) depositan como fieles arios un poco de aquella tierra de sus manes o mundos mayores que les acompañaban en todas sus cometarias erraticidades emigratorias, y téngase en cuenta que no eran sólo los romanos en aportarlas, sino también los albanos, ramaces, celios, hiceres, encomendis y demás gentes solares (al tenor de \"sus nombres de blancura y de luz\"), pueblos distintos, aunque dd mismo tronco, que, constituyendo al comenzar el populi romani quiritisque, pasaron así a sintetizarse en el populus romanus quiritium o ÚNICO, con sus cuatro castas arias y todo, de sacerdotes o arúspices, guerreros o patricios, comerciantes o libertos, clientes, etc., y sudras o esclavos. Por eso Virgilio canta en su Eneida (VIII, 318), y Ovidio en sus Fastos (I, 579), la compleja ascendencia romana de latinos, troyanos, griegos, sabinos y etruscos, gentes todas solares o quiritarias (curus, del Mahabarata y de tantas toponimias en los más apartados rincones del mundo) que tuviesen muchos siglos antes esa civilización jina, áurea o primitiva, a la que el texto de Pastor Alvira aludiera al principio.\n\nPero -cuenta la leyenda- las aves del Palatino, o sea el negro espectro de la mala Magia, hubo de surgir al punto, como acontece siempre en toda Magia troncal antes de separarse en los dos Senderos de la Diestra y de la Siniestra. Los cuervos, las aves con las. negras alas de la noche, vuelan por encima de Remo como por encima de Sigfredo en El ocaso de los dioses wagneriano, y bajo este fatídico anuncio, Rómulo-Hagen tiñe su traidora espada con la sangre del primer fratricidio, ni más ni menos que en la leyenda hebrea, verdaderamente trastrocada, de Caín y Abel, que ya puntualizamos en anterior capítulo. El hecho ocurría, según indicios de los clásicos, en la famosa luna de abril de 753, antes de nuestra Era: la luna sagrada de Bairán, en Oriente; la luna de los grandes sacrificios del año entre druidas y mexicas; la luna pascual del Cordero hebreo, y del Cordero cristiano también, símbolo todo ello de ese gran deicidio cometido por la humanidad al substituir la primitiva Religión de la Naturaleza (Sabiduría de las Edades, Ciencia cainita o Jina, en una palabra, Teosofía) por los demás cultos dogmáticos, vulgares o exotéricos: el fas, por el jus.\n\nVióse, pues, perdido ya en la Ciudad Eterna el culto solar de los viejos quírites con el triunfo de la necromancia de Rómulo sobre la buena Magia de Rama o Remo; aquél se refugió en la Iniciación de los Misterios mayores y menores, siglos después conocidos por Augusto también, y la feliz doctrina que los dos hermanos aprendiesen de niños bajo la férula tutelar de Fausto o Fauno (la Naturaleza) y de Acca, su \"mujer\", su contraparte femenina, en la feliz Accadia o Arcadia de los jinas y sus Campos Elíseos, de Helios, o del Sol, fué substituída por las necromancias de los arúspices, los sacrificios de animales y aun los sacrificios humanos (salus populi, suprema lex est), que aun en el Código de las XII Tablas se establece. Desde entonces. igual que la Verdad en la fábula de Lichtwehr, Acca, la Buena Madre isiaca o jina, yace oculta en el desierto, en el valle remoto, en el lugar inaccesible para los hombres profanadores, con todas sus enseñanzas, que habrán de volver algún día a reinar entre los hombres, cuando éstos, dando de lado a sus supersticiones, prejuicios, necromancias y egoísmos, se convenzan de que la Religión Primitiva, como el jorobadito de la leyenda de Los siete barberos, de Las mil y una noches, a quien se creía muerto por \"un parsi, un judío, un cristiano y un mahometano\", no está sino dormida.\n\nSí; hay que decido una vez más, ¡Y SIEMPRE! Sobre la Primitiva Religión-Sabiduría Jina hase tendido desde antes de la catástrofe atlante el más tupido, el más piadoso, al par que el más cruel de los velos. La simbólica estatua de la Diosa Isis -la que es, fué, y será ha sido desde entonces, no sólo \"velada\", sino \"re-velada\" o \"vuelta a velar\" del modo más artero, a cada nueva religión y a cada nuevo dogma antropomórfico con el que se ha ocultado la sola, LA ÚNICA RELIGIÓN DE LA NATURALEZA, que fué la de nuestros primeros padres en el elíseo paraíso jina de la Edad de Oro, y habrá de ser, al fin, la Religión única de nuestros hijos y de nuestros nietos...\n\nCancellieri, en su extraña obra Las siete cosas fatales de la Roma Antigua, de la Roma eterna, lo ha dicho con fúlgida claridad: \"El Velo de Helena o de Iliona (el Velo de Maya, Ilusión, Ilus o \"deno\"), constituía la mayor de las siete prendas sagradas que aseguraban la existencia y la prosperidad de la Roma Antigua\", y el Velo cubría y sigue cubriendo hasta al nombre mismo de la Ciudad central de Italia, centro a su vez del lago mediterráneo, que es centro, en fin, de la Eurasia, o sea de la mitad occidental del Viejo Mundo. Sólo se puede colegir que este nombre secreto de Roma, relacionado más de lo que pudiera ensoñarse con su nombre bustrófodo o contrario de AMOR (Buddha, en sánscrito), era un nombre genuina y sublimemente \"jina\", pues como dice, sin quizá saberlo bien, el propio César Cantú (Historia Universal, libro III, cap. 23): \"Los augures -yo diría arúspices- eran tenidos por superiores hasta a los dioses mismos (cosa instituída también por el brahmán, cuando dice: \"Yo soy Él\", y por San Pablo, cuando asegura que \"hasta los mismos ángeles o \"dioses\" habrán de ser juzgados por nosotros los Hombres\", que aun hoy pueden evocados, con riesgo siempre enorme, por la Teurgia). Cuando fueron consultados por el Senado romano con arreglo al estricto rito antiguo, conservado aún en la reforma de Numa Pompilio, accedieron a que, para el ensanche del viejo recinto del templo de Jano se fuesen proscribiendo, uno después de otro, los altares que lo impedían; pero no quisieron bajo ningún concepto, el retirar los de los dioses Término -el It tan econocido- y juventus, o sea Juvenca, la Ternero de Isis, por ser entrambas divinidades excelsas pertenecientes a la religión de los genios (JINAS), creencia que, según hemos visto, era la de los antiguos moradores de la península itálica\". Por supuesto, y como siempre, no había tal \"ensanche físico del Templo\", sino el \"ensanche moral\" -léase estrechamiento de la vieja Religión- en aras del nuevo y antropolátrico culto. Terminus o lt era la humana Fuerza Trascendente o Espiritual que, con el \"Tema de su Justificación\", venció a la necromancia atlante, y Flora o luvenca era la femenina Fuerza Mental o fuerza jina.\n\nEl tal nombre secreto de Roma, como mantram mágico, sólo era proferido en voz baja por el Pontífice en el acto del Gran Sacrificio. También era sacerdotal, aunque no tanto, el de Flora, que se celebraba cuando las fiestas Florales, y que dió lugar al nombre de la ciudad de Florencia. El civil o vulgar de Roma, según el propio Cantú, venía del griego Ρώμη, fuerza, o más bien del de Ruma, que en lenguaje latino-etrusco equivale a teta, y que ha conservado, con cargo a su abolengo oriental, el caló o lengua de los zíngaros (gitanos) , más bien que en recuerdo de Remo y Rómulo, amamantados bajo la higuera Ruminal, en recuerdo de la letra griega e o theta, que, como ya vimos, es el anagrama de Jano o de lo. El propio Guillermo Schlegel, acordándose del Πουδασασσύρες de Homero, acepta la etimología, aunque aplicándola a las colinas romanas, \"tetas\" también, como en varios lenguajes se dice de los cerros redondeados o graníticos. No conviene olvidar, además, que hay quizá siete Romas simbólicas, unas debajo de otras, a la manera de las siete Troyas descubiertas por el doctor Schliemann; y que tras la Roma republicana y de los Césares está la de Rómulo, Numa, Tulo Hostilio y Anco-Marcio; pero aún más hondo pueden evidenciarse etimológicamente la Roma vasco-española, heterosca o etrusca; luego, la PARSI; después, la caldaica o sabea, y, por fin, la jaína y la atlante. Por eso, los \"guerreros sabinos equivalen a los grandes chatryias prebrahmánicos, substituídos por el sacerdote o hierofante etrusco, acompañado por otro patriciado guerrero al estilo parsi, que destronó todos esos cultos arcaicos del Capitolio, y fué, a su vez, kármicamente destronado por los plebeyos.\n\nEn cuanto a los himnos de la Fraternidad jina de los Arvales, merecerían capítulo aparte por su arcaico e incomprensible texto, la desesperación de los mejores latinistas. Quintiliano dudaba ya en su tiempo de que los entendiesen ni aun los mismos sacerdotes sabios que los cantaban, cual pasa hoy en la Iglesia Romana con el sentido iniciático de algunos de sus himnos, tales como el Dies Irae. Varrón (De lingua latina) nos da un fragmento de ellos, el que empieza Choroiauloidos Ero, y que, según el arreglo de Grotefend, canta a la Edad de Oro de Ceres, la Buena Madre, nombre místico de Jana o la Luna, y a su reino como el mejor de todos los de la Tierra, sin que se haya alcanzado aún a interpretar aquel de la Orthographia de Terencio Scauro, que empieza \"Cume Poinas\", y alude a un sagrado Monte, que no es otro sino el consabido del Grial, o Monte Santo, a nuestro modesto juicio. En cuanto a los fragmentos que se descubrieron en la sacristía de San Pedro en 1778, unos empiezan con la expresiva frase de “Enos lases juvata\", cuyas palabras Enos lases han sido interpretadas por Hermann, por \"Nos lares\", cuando en realidad se refieren a Enos, Eneas o Jano (del verbo eno, enas, enam, \"salir del agua nadando\"), como Lha, o jefe de los lares, espíritus naturales o, \"jinas\", prototipo, por tanto, que dirían los ofitas y las gnósticos, de Ennoea, enoia o. la inteligencia (nous). El \"Júpiter Gra Bobi”, o \"conductor de la vaca\" es, en fin, un recuerdo saliobuddhista, bien entendida no. del Buddha Gautama de Kapilavastu, sino de otro alguno de las Buddhas o Tirtankaras jaínos, de las que hemos hecho mención en tantos lugares de esta Biblioteca. Bobe o bue, en efecto, según Calepino, es un \"animale noto\", taurus o bos.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146157, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001354.g61", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001354"], "reference_count": 3, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1323", "chapter_title": "===== CAPITULO 23 ===== CAPÍTULO XXIII. LOS \"JINAS\" Y ROMA", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 184, "text": "En efecto, a la Sibila Cumeana, cantada ya por Virgilio, y cuya existencia milenaria y mágica ya estaba en el año setecientos de sus días en los tiempos del troyano Eneas cuando éste arribara con sus naves a las playas del Lacio, se la consideraba recibiendo su inspiración mántica bajo los vapores sulfúreos de la gruta del Averno, por donde entrara, según Fenelón, el héroe Telémaco para buscar a su padre Ulises en los Campos jinas, Ulíseos o Elíseos, no lejos del laberinto astral-jina que Dédalo alzó en honor de Apolo, el .inspirador sibilino de aquella mujer-espectro, temible melanchrene, que diría Aristóteles. Los otros nombres de la sibila cumeana, tales como los de Herófila, Demópea, Femónea, Deiphobea, Amaltea, Nebia, Cimeriana, etc., merecerían por sí un capítulo especial en este libro, ya que este último nombre, por ejemplo, alude a la raza liliputiense y jina de los míticos cimerianos, verdaderos nibelungos de sus galerías, hombres-hormigas, en fin, de los que han quedado indelebles huellas aun en las propias pinturas rupestres, tan equivocadamente empezadas a estudiar hoy por los científicos de nuestros días.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146170, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001357.g62", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001357", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001358", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001359", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001360", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001361"], "reference_count": 9, "matched_forms": ["jina", "JINAS", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1356", "chapter_title": "===== CAPITULO 24 ===== CAPÍTULO XXIV. EL MITO OCCIDENTAL DE LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 682, "text": "===== CAPITULO 24 ===== CAPÍTULO XXIV. EL MITO OCCIDENTAL DE LOS \"JINAS\"\n\nLa Magia Blanca y la Negra repartiéndose el imperio del mundo. - Iniciados y sacerdotes. - A la Teogonia primitiva sucedió la adoración de los hombres divinizados, a veces perversos. - Sófocles, Epifanio y Cedreno. - Los titanes contra Saturno. - Jehovah-Jove, dios inferior de la generación. - ¡Las almas carecen de sexo!- Persia y el paganismo. - El \"Chronicon alejandrino\". - Cómo naciera el mito de Júpiter. - Correlaciones entre el mito nórdico, el griego y el persa. - Ocultación de la primitiva Sabiduria jina. - Osiris-Tiphon.- Los jinas se hicieron invisibles para los hombres adánicos. - Saturno-Israel. - Loa hombres divinos o \"reyes-pastores\". - El reparto de la tierra entre los tres hijos de Saturno. - El paraiso-jina de entonces o \"Jardín de las Hespérides\". - Héspero-Hércules, después de haber guiado a los hombres vuela al mundo de los jinas. - Maravillas jino-tartesias, según los clásicos. - Testimonio de San Agustin. - Sumisos y rebeldes. - Los titanes ibéricos. - Hércules es un titán jina.La radical tan en la toponimia universal. - Nisa. - La saeta mágica de Hércules y la brújula. - Los famosos \"bueyes del sol\" fueron los primitivos navios o \"esciphos\". - El mito de Hércules encierra en sí toda la historia primitiva.\n\nPara hacerse perfecto cargo de cómo pudo pasar la Religión Natural o Primitiva Sabiduría jina hasta el degradado estado religioso conocido con el nombre de Paganismo y Mosaísmo, es preciso que nos remontemos a las últimas épocas de la Atlántida, cuando, como en tomos anteriores llevamos dicho, la dicha Sabiduría se dividió en los dos Senderos de la Diestra, o Magia Blanca, y de la Siniestra, o Magia Negra, que, desde entonces, como la Inercia y el Movimiento, se reparten el imperio del mundo.\n\nEn efecto, los partidarios de este último sendero de perdición crearon un sacerdocio con el exclusivo objeto de aplicar las altas Verdades primitivas a sus particulares egoísmos, cual a \"lobos con piel de oveja\", según la divina frase evangélica, en daño de las clases menos evolucionadas que les seguían. Los otros, los Iniciados, en cambio, hicieron cada vez más secretas o esotéricas aquellas Verdades, creando los Misterios. Los unos, desde entonces, dividen para vencer, mientras que los otros unen para resistir al tenor del único Dogma Humano, que es el de la universal FRATERNIDAD\" proclamada por esos Seres Superiores o Hermanos Mayores de las Razas que se han llamado Melchisedec, Rama, Krishna, Zoroastro, Hermes, Odín, Arjuna, Hércules, Orfeo, Sanconiaton, Moisés\" Sinto, Confucio, Buddha, Jesús, etc., o sean los Tirtankaras de los jainos; \"\"Buddhas de la Confesión\", según consta en los Anales tibetanos y mogoles.\n\nDada, pues, la creciente y necesaria ocultación de aquellas Verdades, el campo histórico, único que conocemos (y pésimamente, por cierto), quedó, como era natural, aparentemente por aquellos. A la Teogonía de los dioses y semidioses substituyó la de los héroes, quienes, lejos de ser considerados como discípulos y continuadores de la obra redentora de aquéllos, han sido eumerizados más y más, hasta ser objeto de un culto grosero . Para complemento de la nefasta obra a muchos \"héroes del mal\" se les reputó como seres divinos, precipitando la caída, y a los viejos Maestros, en fin, se les cambió el nombre, haciendo de sus simbolismos trascendentales \"cosas reales y tangibles\"; quiero decir, cosas humanas, en lugar de superhumanas o divinas. Es cuando la Virgen Astrea, o Justicia de las Edades de Oro y de Plata, huyendo de la maldad de los hombres, hubo de retirarse al \"mundo de los jinas\", y ese Tercer Ojo de Dagma\" del Cíclope o de la glándula pineal con el que dicho mundo es visible, cesó de funcionar, quedando sólo sus primitivas videncias como \"intuición genial o jina\", no sin que ese mismo y perverso mundo inferior en el que yacemos, como verdaderos ciegos de aquel supremo Ojo, le siga denigrando desde entonces con el equivocado epíteto de \"fantasías\". 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Por de pronto, aquí vemos a un rey asirio e hijo de otro rey, eumerizado hasta hacerle a su muerte Señor de Cielos y Tierra, desposado con Hera, Jana o Juno, como el Wotan nórdico wagneriano está desposado con la terrible Frika o Frigia, la también Némesis conyugal, enemiga irreconciliable de la raza de los welsungos, rebeldes o jinas, como se ve en La Walkyria. De este monstruoso matrimonio nació Bdo, que es a quiennuestros historiadores reputan como primero de los reyes asiriobabilonios. También se ve al primitivo Hermes egipcio o Herman, el Señor-Hombre transformado en Mercurio, o, como si dijéramos, \"el dios de la curia\", no ya el Dios Desconocido primitivo. En cuanto al robo de Dánae o Diana, la Luna argiva o de los argonautas, es por un lado, la paráfrasis parsi de la Sita o Tais del Ramayana, y el precedente para la leyenda grecotroyana del robo de Helena. Finalmente, acaso por error de transcripciones, el tal Pico no es sino nuestro legendario Picio, prototipo de la fealdad verdaderamente monstruosa de un rey o dios tan impúdicamente perverso como el Júpiter del Olimpo grecolatino. Sin embargo, entiéndase bien, estas nuestras interpretaciones teosóficas estaban harto lejos del pensamiento de Huerta y Vega, inclinado, como era natural en su época e ideas, más bien a interpretar a la inversa todos estos mitos, o sea haciendo \"buenos\" a los personajes malos, y recíprocamente .", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146183, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001373.g64", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001373"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1356", "chapter_title": "===== CAPITULO 24 ===== CAPÍTULO XXIV. EL MITO OCCIDENTAL DE LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 187, "text": "En las anteriores citas clásicas, que podrían multiplicarse hasta lo infinito\" resalta el hecho originario de la idolatría o paganismo; es a saber: el adorar el símbolo (gato, perro, ave, etc.) como la cosa en sí y, no como sublime medio representativo de las verdades abstractas o trascendentes que ellos atesoraban: algo así como si se confundiese en patológica metonimia colectiva el continente por el contenido\" la materia por la idea, la letra, en fin, que mata, por el espíritu que vivifica. al tenor de la profecía del tres veces grande Hermes Trimegisto, cuando dijo que llegaría un día en que los sagrados símbolos matemáticos del pasado serían tomados como ídolos, degradando así los Misterios de Isis. Otra cosa que claramente resalta es la de que ni los dioses (jinas) querían dejar definitivamente la Tierra, ni podían ya convivir como antaño con aquella humanidad pervertida y caída, por lo cual optaron por mudar de figura, es decir, retrayéndose de manifestarse, ocultándose bajo el velo iniciático de la Diosa, en espera de mejores días, cuya aurora presentimos ya en nuestro tiempo al comenzar a traducir semejantes símbolos augusto .", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146189, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001378.g65", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001378", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001379", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001380", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001381", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001382", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001383"], "reference_count": 5, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1356", "chapter_title": "===== CAPITULO 24 ===== CAPÍTULO XXIV. EL MITO OCCIDENTAL DE LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 1386, "text": "Hesiodo y Homero, entre los antiguos, y el vidente Verdaguer, entre los modernos, han cantado con plectro de oro las singulares bellezas de este paraíso de los jinas, centro iniciático donde los titanes, gloriosos partidarios de la Religión primitiva, hubieron de refugiarse, quizá durante siglos, en el rincón occidental del mundo y último resto de la perdida Atlántida, donde, custodiados por el Dragón de la Sabiduría (Lucifer, el Portador de Luz o Phosphoros), se conservaban \"las manzanas de oro que daban la ciencia, el elixir de vida y la eterna juventud\", fruta del bien y del mal, manzanas de Freya y de Eva, que también pueden dar la muerte con la perversidad necromante de los que desde entonces acá han empleado los dones celestes iniciáticos en contra de los supremos intereses de la Humanidad. Por eso, en la dedicatoria de La Atlántida, el santo de \"Mossén Xinto\" se entristece por no poder ofrecer ya flor ni fruto del sagrado naranjo, sino \"sólo unas hojas de ese árbol\", hermosísimas, sin embargo, y a las que acompañan como flor de divina inspiración las delicias de ese canto II en que describe el iniciático \"Huerto\"; del IV, en el que, así como Wotan hace de una de las ramas de ese \"Arbol del Mundo\" la sagrada \"Lanza quiritaria de los Pactos\", el Hércules hespérico planta cerca de Gades otra virgen rama, antes de partir en dos con su maza, martillo o tau los montes del istmo libio-ibero para abrir el estrecho y alzar las columnas de su nombre, y, en fin, del draga o \"árbol de la mala magia\" de su rival Gerión, que en el canto VII \"llora sangre\" sobre su tumba, mientras que en Gades retoña el huerto con todas las delicias que aún se recuerdan de los tartesios y de su rey y fundador Gadir o Gadírico, por otro nombre Emmelo, sucesor, según La Atlántida, de Platón, de Neptuno o Bósphoro (el conductor de la Vaca) y de Clitones, la hija de Atlas, prototipo este último de la sepultada raza que aún \"sostiene el mundo sobre sus hombros\" .\n\nY buena prueba de las delicias de aquellos paraísos jinas, turdetanos y tartesios son las mismas palabras de los clásicos. Así, el juicioso Polibio, al cantar las maravillas del palacio de Menelao, no sabe comparadas con las de los régulos tartesios, \"que en medio del atrio (cual vimos de los incas) tenían vasos de plata y oro llenos de ese vino de cebada\" o cerveza, que también viéramos en los gallegos paraísos de los Tuatha de la verde Erín; Tito Livio los llama también régulos, porque dependían, como los de toda la comarca del Miño, Duero y Tajo, de los emperadores de la Atlántida (libro XXVII, cap. XXX) ; Diodoro Sículo (v. 2) hace el elogio del rico A urison, potentísimo rey ibero; el historiador hebreo josepho Gerionides (Ministerio, 1541), en su obra publicada en Venecia, formula sus escrúpulos acerca de que el robo que hizo Herodes de la mujer del rey de los hispanos cuando aquí vino desterrado, recuerda no poco a lo que con el rey de Egipto aconteciese a Abraham y a su esposa Sahara. Finalmente, San Agustín (De Civil. Dei) libro VIII) canta a su modo aquel paraíso diciendo:\n\n\"Antes de que se hallasen en España las venas de plata y oro, las guerras no existían, y muchos de sus hijos del país se consagraron al estudio de la Filosofía. Los pueblos vivieron seguros y quietos con santísimas costumbres; cada pueblo se regía por el Magistrado, nombrado cada año por los varones de más excelsa erudición y piedad. Las cosas todas se regulaban por lo bueno y por lo justo, no por el número de leyes, aunque se dice que hubo algunas escritas y de grandísima antigüedad, sobre todo entre los turdetanos. Los ciudadanos no tenían entre sí pleitos ni controversias, y si algunas había eran de la emulación en la virtud, la naturaleza de Dios, la razón y las buenas costumbres. Los hombres eruditos, en determinados días, controvertían públicamente de estas cosas, y también asistían mujeres a tales certámenes\".\n\nEl resumen de cuanto venimos diciendo es que toda la historia clásico-latina de España, menospreciada hoy como fábula por desaprensivas gentes que tienen el don funesto de esterilizarlo todo, es que en toda la zona occidental de Europa, antes de llegarse a los tiempos que llamamos históricos, acaecieron colosales luchas religiosas como triste herencia de la Atlántida, las cuales están simbolizadas en las luchas de los Titanes, ora contra Urano, primero, ora contra Saturno, su hijo, ora, en fin, contra Júpiter, venciendo al primero y siendo vencidos por el último y aun por el segundo. Aquellos \"hijos del dios Término\" (el dios It o Ti, cap. X de De gentes del otro mundo) para los cultos vulgares equivalían y siguen equivaliendo a asuras, welsungos, philis-theos, daimontes, tuathas y demás enemigos de los dioses exotéricos, de los dioses-hombres, nacidos de mujer, de los que tan pródigo se mostró desde el primer momento el antropomórfico o idolátrico paganismo. Pero ellos, en verdad, representaban la espiritualidad, el deber, el sacrificio, la Ciencia-Religión primitiva o jina, frente a las pasiones inferiores del hombre, cada una de las cuales, loh, ceguedad humana!, tenía un dios, un animal, un altar y un culto. Desterradas las nobles gentes jinas en Persia e India, primero, en el Mediterráneo oriental y en Egipto después, como más o menos llevamos apuntado, aún perduraron largos lustros en Occidente, a la manera del Sol, su imagen y su cuna (que diría Plutarco), quien cuarldo se oculta en aquellos países, aún sigue alumbrando algunas horas después en éstos, mientras Véspero (el planeta Venus en su elongación a la izquierda del Sol) todavía perdura entre tanto en aquéllos, recordándoles ¡;'elancólico el Sol que ya no luce para ellos y sí para los otros. . .\n\ny tan inmensa y decisiva fué esta influencia. que de Titanes y Titania derivan todos los más viejos nombres ibéricos: Lusitania, Carpetania, Turdetania, Aquitania, Britania, Mauritania, Tingitania, Edetania, ]acetania, Suesetania, Igeditania, Auritania, Contestania, Iliberitania y otras más. Pero como los tales rebeldes Titanes provenían de sangre ario-atlante de la Buena Ley, y habían venido de Oriente a la Atlántida en los dos días postreros de ésta, antes los vemos en los Tanis de Egipto, rechazando según Anquetil los ataques más furiosos, y en los atenienses, cuyos heroísmos relatara el sacerdote de Sais, o Issa, a Solón, y que Platón nos ha transmitido en sus Diálogos. El mismo Libro de los Números (cap. XIII), los Psalmas (LXXVII) e Isalas (cap. XIX), nos hablan de tales Titamin, Tsoan, Zoan o Chohan, nombres a su vez que sirven de puente para entroncar todas estas rebeldías con las más viejas aún y ya cosmogónicas que se leen en las Estancias de Dzyan, comentadas por la Maestra H. P. B. .\n\nEl prototipo de los verdaderos titanes o jinas fué Hércules, personaje que parece establecer el lazo entre la prehistoria y la historia, la verdad pura y el mito que la oculta. Es el más divino de los héroes y el más heroico de los hombres, y puede asegurarse que en todo país y en todo rinconcito del mundo tiene un nombre, habiendo ya nosotros apuntado algunos de ellos en capítulos anteriores. A la cabeza de los testimonios grecolatinos sobre él están los de Hesiodo (Theogonía, v. 983), Justino (libro XLIV) y Cedreno (Annales, folio 16), quienes nos le presentan, según ya vimos, entre las gentes del Gaedhil y de la Galia como un mago (og-ma) y \"como el primero que enseñó la Filosofía en su tiempo, por lo que sus contemporáneos le colocaron en el número de los dioses\". Sigue luego el de Diodoro de Sicilia, quien, sin violar el secreto iniciático sobre el que tenía que guardar silencio, nos da simbólicamente las líneas generales de la vida del Adepto de este nombre, quien, con el verdadero de Hari-Kulas (de Hari, Sol, y Kulas; familia) figura en el Rajistán hindú (su país originario), y con el de Hari-Mukh (el Sol manifestado) aún da nombre a una de las altas cimas al norte de Kashmir o Cachemira, en recuerdo también del antiquísimo Hari-Mukh egipcio. He aquí, en resumen, lo que nos enseña Diodoro (libro IV) , y que Huerta y Vega nos transcribe:", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146194, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001391.g66", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001391", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001392"], "reference_count": 3, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1356", "chapter_title": "===== CAPITULO 24 ===== CAPÍTULO XXIV. EL MITO OCCIDENTAL DE LOS \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 297, "text": "Finalmente, quien desee hacerse perfecto cargo de todo lo que en lo humano (o sea en clave histórica) representa Hércules, que lea el hermosísimo pasaje de Luciano, copiado en la página 208 y siguiente de De gentes del otro mundo, páginas en las que damos una idea general de cómo en la remota antigüedad el mito de Hércules está conexionado con todo el mundo primitivo, porque acaso él no es sino el divino Shama o Shamana, el jina o \"rey colectivo de todos los seres vivientes de aquí abajo, que recorrió el mundo entero instruyendo a los hombres en sus deberes respectivos, a cuyo efecto descendió desde su retiro de los montes Chaisagha (el monte de las saghas, urvalas o sibilas cainitas), y marchó primero hacia el Noroeste hasta la confluencia del Altock y del Sindh, donde edificó a Tapasya (¿la ciudad de la Devoción?) , y dirigiéndose luego al NO restableció las antiguas leyes y construyó sobre el Oxus a esa celebérrima ciudad de Bamián, cuyas ruinas y estatuas son aún hoy el asombro del viajero\" como nos enseña Wilford (Assiatic Researches, tomo VI, página 521) .\n\nDe ser cierto esto, tendríamos la más preciosa de las pruebas para enlazar todos estos capítulos de la historia humana primitiva con el capítulo VIII de esta obra, primero del consagrado al estudio de los jinas, y en donde, al tenor de las luminosísimas indicaciones de la Maestra H. P. B., ya vimos a los Lhas Espíritus o Shamanos, viviendo en un mundo jina, hoy para nosotros inasequible, pero que están siempre dispuestos, como Maestros de la Sabiduría, a venir, tutelares, hacia nosotros, siempre que, por el esfuerzo de nuestras virtudes y estudios, estemos dispuestos a recorrer heroicos como Hércules la mitad del camino o Sendero que nos separa de ellos.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146207, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001393.g67", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001393", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001394", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001395", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001396"], "reference_count": 4, "matched_forms": ["jina", "JINAS", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1392", "chapter_title": "===== CAPITULO 25 ===== CAPÍTULO XXV. LOS ALFABETOS \"JINAS\" y LA HISTORIA", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 312, "text": "===== CAPITULO 25 ===== CAPÍTULO XXV. LOS ALFABETOS \"JINAS\" y LA HISTORIA\n\nKalkas y el alfabeto numérico o calcídico. - De Subiaco a Roma, de Roma a Eubea y de Eubea a Kalkas. - El pueblo maestro de los atlantes, según Bailly. - Las ciudades calddicas de la Mogolia, Indochina, Sitia, Celesina, Lycia, Bitinia, Tracia, Macedonia, Etolia, Eubea. Sicilia, Pisa. - Io o la Minerva calcídica. - Las \"aves\" de Chalchis en la literatura universal. - Los pueblos del bronce, \"kalkas\" o \"celtas\". - El calcídico monumental, según Vitrubio y otros. - El calcídico de la hospitalidad primitiva. - Kalkas Y los Kabires. - Los augures de Kalkas. - Las Sibilas calcídicas. - Los \"cánnenes\" árabes y la poesía eclesiástica. - Calx-calcis o \"piedra del cálculo\". – La \"Chalchihuitl-cueye\" o Minerva calcídica mexicana. - El alfabeto tibetano. La primitiva numeración etrusca. - Jeroglíficos numéricos o calcidios. - La quinquena, la veintena y la decena o 10. - Los \"ogams\" calcídicos. - Bibliografía del Gaedhil.\n\nCuando en los capítulos VIII, IX y X hablamos de los jinas en Persia, México e Irlanda, pasamos, gracias a preciosas indicaciones de la Maestra H. P. B., a los originarios jinas de Asia, llámense ellos todas, shamanos o de otros varios modos, y cuyo centro o capitalidad es la célebre región mogola, de Kalkas, precedente notabilísimo de toda la historia primitiva de Grecia y de Roma.\n\nPero este nombre de. Kalkas o Chalkas, a su vez, es una clave preciosa que, bien manejada, puede suministrarnos las más extrañas indicaciones acerca de un alfabeto primitivo, iniciático, numéríco, calcídico o jina, a base tanto de los restos del Gaedhil cuanto de los principales alfabetos arcaicos. Esta curiosísima investigación acaso no resulte, ni con mucho, clara y perfecta; pero otra cosa no puede hacerse hoy en el estado de nuestros conocimientos. Con ello, y de pasada, habrán de quedar comprobadas \"científicamente\" además algunas verdades fundamentales de la Religión de los Estados o Doctrina Secreta, aparentemente perdidas para el mundo.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146209, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001415.g68", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001415"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jina"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1392", "chapter_title": "===== CAPITULO 25 ===== CAPÍTULO XXV. LOS ALFABETOS \"JINAS\" y LA HISTORIA", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 157, "text": "Y es tan primitivamente mágico y jina -decimos- el nombre de Calcis o Chalcis, que por su sabiduría así se llamaron también los augures, tales como los hijos de Thestor que acompañaron a los griegos al sitio de Troya (Calepinus, Septem linguarum), según se lee en el libro II de la Eneida, y a los betilos o piedras mágicas sonoras de que nos habla Blavatsky, se los llamó Chalcophonos, y el mejor traductor y comentarista latino del Timeo, de Platón, lo fué el filósofo neoplatónico del siglo IV, que se ocultó quizá bajo el pseudónimo de Calcidio, según el comentario impreso en Leiden en 1617 por Meuricus. Nuestra Historia Natural, en fin, siguiendo a Plinio (libro X, c. 8; XXXII, c. 3, y XXXVII, c. 11), denomina con los nombres de Calcídico y Calcídica a un ave nocturna; a un pez, a una familia de lacértidos y a otra de himenópteros con más de 2.000 especies.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146231, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001423.g69", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001423", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001424", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001425"], "reference_count": 2, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1392", "chapter_title": "===== CAPITULO 25 ===== CAPÍTULO XXV. LOS ALFABETOS \"JINAS\" y LA HISTORIA", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 528, "text": "Si ello así fuese –y aquí tenemos la historia de siempre, el eterno pleito entre el cretinismo tímido de la mera razón y el angélico vuelo de la intuición y de la imaginación creadora-, todavía caeríamos, como siempre, del lado de la Magia, o Ciencia de los jinas. En efecto, si a eso vamos, hasta el hecho de la extraordinaria abundancia de flósculos de calcio que hoy nos revela la espectrografía solar, en pasmoso reticulado, bajo las llamaradas de la fotosfera del Sol, acaso, no fue desconocida del antiguo sacerdocio iniciado, como no lo fueron las mismas manchas del sol, ni el notable fenómeno mágico de la dobler refracción de los romboedros del espato de Islandia, fenómeno que si hoy se explica matemáticamente es porque se apela –y perdónesenos la aparente petición de principio- al conocimiento calcídico, o sea a la Matemática; al cálculo, como palabra derivada de aquella radical latina de Kcalx-calcis, o más bien de calculi, el betilo, gema o pedrezuela caliza, que, colocada en los agujeros de los antiguos ábacos (o contadores, al estilo de nuestros rosarios, de las tarjas andaluzas y demás procedimientos gráficos), servían a los primitivos hombres para la contabilidad.\n\nLas mismas raíces latinas aludidas de calx-calcis y de calculi no son latinas, sino atlantes; es decir, de los vascos, iberos y protoamericanos, o toltecas, que a los atlantes sucedieron, toda vez que en los códices mayas, según demostramos en anterior estudio, existe la personificación que podríamos decir del cálculo y de la Matemática en la diosa Chalchihuitl, o Chalchihuitl-cueye, literalmente la diosa de la enagua azul (Chavero, México a través de los siglos), o sea Isis, Io, Maya, María, la Luna, la Minerva Calcídica, en fin, la diosa de aquellos jonios, jannos o jaínos, fundadores de todas las colonias calcídicas, con cuantas equivalencias, que pasan de ciento, hemos asignado a la Luna en nuestra obra De gentes del otro mundo, porque es harto sorprendente, en verdad, el que los mexicanos post-atlantes -arios ya, sin duda, como dice Blavatsky, arios de aquellos descendientes de Arjuna, cuando éste pasó a colonizar el Patala, es decir, América, según la epopeya del Mahabharata-, empleasen, para designar las pedrezuelas de contabilidad que aún hoy pueden verse pintadas en sus códices, la palabra chalchihuitl, o kalki-huitl, tan análoga a la latina calculi, sin que el pueblo etrusco-romano y el pueblo maya se conociesen ni tuviesen un secreto lazo de unión como el que indudablemente enlazó a todos los pueblos del tronco calcidio.\n\nA semejante alfabeto tibetano de Khalkhas o calcidio, que pasó de la Mogolia a Europa, como ya vimos, se refiere, entre otros autores, el tomo VI del Diccionario de Geografía Universal, de Antonio Vegas, en su artículo Thibet, cuando dice: \"El alfabeto que se usa en el Tibet es muy superior al mismo alfabeto chino, porque sólo comprende un corto número de signos movibles, cuya combinación expresa todos los sonidos f articulaciones.\" Por eso se le debe mirar como el más antiguo prototipo de los alfabetos conocidos y está compuesto de los mismos elementos que los antiquísimos caracteres brahmánicos, cosa muy natural, dado que es el efectivo alfabeto jina.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146239, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001465.g70", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001465"], "reference_count": 2, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1457", "chapter_title": "===== CAPITULO 26 ===== CAPÍTULO XXVI. LOS CELTAS Y SUS DRUIDAS", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 181, "text": "Pero como la ciencia oriental de los celtas o de la Edad del Bronce está inextricablemente ligada con la occidental de la Edad de Piedra, la separación es difícil. Por eso ha dado lugar a la eterna controversia de si es más antigua la una o la otra, controversia que queda zanjada si se consideran atentamente los tres extremos que acabamos de fijar, y que resumimos en este postulado importantísimo: La ciencia atlante es más antigua que la de los celtas venidos de la Ario-India; pero la ciencia atlante u occidental, a su vez derivó de la de los reyes divinos de la primitiva Lemuria, de hace unos cinco millones de años, y el país jina de Kalkas (de donde muchos cientos de años después la volvieron a tomar los celtas), perteneció y aun presidió a toda la evolución histórica de la Lemuria, porque fué el último resto del llamado Continente hiperbóreo o Segundo de las enseñanzas de la Primitiva Sabiduría, cuando la Humanidad carecía todavía de cuerpo físico y de sexo, como carecen los verdaderos kalkas, shamanos o jinas .", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146281, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001470.g71", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001470", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001471"], "reference_count": 2, "matched_forms": ["jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1457", "chapter_title": "===== CAPITULO 26 ===== CAPÍTULO XXVI. LOS CELTAS Y SUS DRUIDAS", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 342, "text": "Por lo transcrito se ve claramente que lo mismo Luciano y César, en la antigüedad, que Rolt Brash, en los tiempos presentes, no ignoraron el paso del alfabeto calcidio, y con él toda la cultura griega, desde la Eubea a la Galia e Islas Británicas, cosa, por otra parte, consignada por la tradición, que hizo pasar a las vecindades de Thebas a los Tuatha de Danand, cuando fueron expulsados de su territorio occidental por los atlantes necromantes o Firbolgs (rifeños occidentales, de las dos palabras abeto y noche, es decir, los de los perversos conocimientos), y en su nueva residencia helénica aprendieron la magia, como indica también Rolt Brash, antes de emigrar a lo largo de la Escitia, para establecerse en Escandinavia, con éxodo no poco semejante al de los godos, y retornar, al fin, a Irlanda, aniquilando a los Firbolgs, para ser, siglos más tarde, anulados a su vez por los milesios protohistóricos y pasar del estado propiamente humano al de jinas, ocultos en las colinas, dólmenes y raths, como efectiva o poéticamente, según sea el gusto o el escepticismo del lector, decimos en nuestro libro De gentes del otro mundo, en su capítulo VII. .\n\nTodo esto nos ha obligado a estudiar: a), el alcance filosófico histórico de la leyenda de los Tuatha de Danand y sus pueblos similares de tantas partes: los djins, jinas o jaínos, cosa que ya hicimos en el dicho libro; b), el contenido matemático de sus símbolos, independientemente de la aplicación literal o fonética que les fuera dada en tiempos ulteriores; c), las relaciones que tales simbolismos puedan tener con los demás orientales, mediterráneos o atlánticos; d), el abolengo que en las claves numéricas del Gaedhil puedan acaso hallar los rasgos escriturarios de los más primitivos alfabetos, y la base que sus combinaciones numéricas hayan podido dar a las combinaciones monosilábicas de las lenguas aglutinantes. No hay que añadir que tamaños problemas sólo podrán ser esbozados en estos modestos apuntes, en los que, como decimos algo que es nuevo, no podemos hacer nada que sea perfecto.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146286, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001510.g72", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001510", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001511", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001512", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001513"], "reference_count": 3, "matched_forms": ["jina", "JINAS", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1509", "chapter_title": "===== CAPITULO 27 ===== CAPÍTULO XXVII. ARIOS Y \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 641, "text": "===== CAPITULO 27 ===== CAPÍTULO XXVII. ARIOS Y \"JINAS\"\n\nSin el auxilio de los anales de Oriente es imposible encaminarse en el caos de la cronología primitiva. - Lemures, Atlantes y Arios. - Las cuatro Edades de Oro, Plata, Cobre y Hierro. - Veranos e inviernos heliacales, segun Platón. - La Humanidad \"física\" apareció sobre la Tierra hace próximamente cinco millones de años y la Raza Aria hace un millón. - Celtas, arios y post-atlantes trogloditas. - Los cíclopes. - El dios It o Ti. - El culto del Fuego y del Sol. - Los pelasgos y sus cien nombres históricos: cíclopes, titanes, kalkas, caldeos, accadios, cólquidos, arameos, jaínos, britanos, naboas, tuathas, tesalienses, micenianos, germanos, ercinios, hemiaritas, hiperbóreos, frigos, táuridos, phalegios, curetes, quírites, etc., etc. - Enseñanzas de César Cantu. - Los cabires en Lemnos, Samotracia, Peloponeso, Sicilia y demás regiones celtas. - Sus inmensos beneficios, solapados bajo el velo de la fábula y la leyenda. - Las dinastías divinas. - Niebuhr y su Historia de Roma. - La caída de Troya termina este sublime e inestudiado ciclo. - El Timeo, de Platón. - Dorios y jonios (\"los hombres del Sol y de la Luna\") . - Las Acrópolis. - Las \"tres castas\". - Los jinas y la conquista del simbólico \"Vellocino de Oro\". - La leyenda de los doce signos del Zodíaco. Esquilo, el divino griego, y su Trilogía. - La Electra, de Sófocles. - Otros clásicos de la Hélade en punto a estas cuestiones sugestivas. - Enseñanzas de H. P. B.\n\nNo es posible orientarse en el caos de la historia primitiva sin el auxilio de las cronologías iniciáticas tamiles-brahmánicas, las cuales, de acuerdo con la Geología, asignan al mundo (o sea a los evones transcurridos desde que la humanidad apareció físicamente ya sobre la Tierra) unos cinco millones de años de existencia hasta hoy. Primero se desarrolló la Tercera Raza-Raíz o Lemur (Edad de Oro), hacia las regiones actualmente ocupadas por el Pacífico, la cual por terremotos y erupciones (verano heliacal de Platón) se hundió hace más de un millón de años en números redondos, y por entonces la Cuarta Raza-Raíz, o de los Atlantes (Edad de Plata) llegó a la apoteosis de su esplendor, al par que nacía en las mesetas centrales de Asia o Ariana, la Quinta Raza-Raíz, que es la nuestra o Aria. Dada la correlación de la filogenia y la ontogenia, es de observar que con estas tres Razas troncales, madre, hija y nieta, aconteció como pasa entre los hombres, a saber: que cuando la madre declina, la hija llega a la plenitud de su desarrollo, y la nieta nace... Por eso los arios empezaron a extenderse por la Tierra antes de que se iniciaran las sucesivas catástrofes (invierno heliacal de Platón), que sepultaron a la Atlántida, hace ochocientos mil años, con la separación del continente atlante de lo que luego fué Eurasia, África y América, constituyendo sus restos las dos enormes islas de Rutha y Daytia, o de la Buena y de la Mala Magia, hace doscientos mil años, con el hundimiento de estas islas, quedando sólo la de Poseidón o Neptuno frente a Gades, y hace unos once mil años con la desaparición de esta última isla, recordada ya en las tradiciones populares con el nombre de Diluvio Universal.\n\nTuvieron así los arios extendidos por el mundo desde hace un millón de años, repetimos, una edad de oro en las postrimerías lemures; una de plata, cuando la apoteosis atlante; una edad de cobre, correspondiéndose más o menos con los últimos tiempos del continente sumergido, y una edad de hierro, en fin, que se dice comenzó hace unos cinco mil años, cuando el Avatar Krishna, cumplida su misión, desapareció de la Tierra, dejando el puesto a su discípulo Arjuna o Ra, el jina del Mahabharata, y que ya vimos aparecer en todas las regiones del mundo con los mil nombres conexionados con el de Hércules, que es el que principalmente se le asignó en Europa.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146326, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001515.g73", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001515", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001516", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001517"], "reference_count": 3, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1509", "chapter_title": "===== CAPITULO 27 ===== CAPÍTULO XXVII. ARIOS Y \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 1610, "text": "Estos pelasgos o ario-atlantes de Occidente reciben un nombre diferente en cada una de las regiones del mundo por las que se extendieron. Al tener aún abierto \"el ojo de la intuición\", como depositarios que eran más o menos de las verdades iniciáticas, se les llamó cíclopes, y edificios ciclópeos a las gigantescas construcciones que levantaron, y de las que doquiera, desde la Pensilvania norteamericana hasta el Oxus y el Aral, a través de Europa y África, se ven aÚn pasmosos restos; lirios y titanes, del dios lt o Ti, el Hércules, que les comandaba y sobre el que hay bastantes más datos de lo que se cree ; kalcas o caldeas o calcidios, tanto por su origen ante-atlante del país de Kalcas, al que así retornaban, como por conocer el cobre (calcas) y como por desarrollarse en una edad de franca decadencia, que del cobre, no del oro ni de la plata, recibiese su nombre; accadios (gentes de Acca-larentina, como si dijéramos), por conocer la navegación y haber pasado el mar con sus caudillos redentores, según pudimos apreciar en el curso de los capítulos precedentes; arcadios, por corrupción de accadios, o por el \"Arca\" o nave simbólica que los recuerda, aún hoy, doquiera haya un solo resto suyo; cólquidos, o cólchidos, como corrupción de la palabra calcis (conocimiento de la numeración, de la escritura jeroglifica-hierática y simbólica, cábala, etc.), como también viéramos ya en el capítulo precedente, pues es sabido que aún hoy en lenguas como la inglesa la sílaba a11 (todo) se lee 011; arameos o ari-manes, como \"hombres arios\", odiados y \"hechos diablos\" por los parsis ulteriores; druidas, por sus sacerdotes iniciados y por su culto al Fuego, es decir, al Sol, a la Pureza, a la Verdad sepultada en la catástrofe, a Ar o ra y a Ares, según ha ido apareciendo en diferentes pasajes de este mismo libro; armónicos, acaso por su conocimiento y alto concepto de \"la Armonía Universal\"; janos, por su inca, conductor o sacerdote-rey (IAO, TAO, IANUS, etc.); bretones o britanos, de brig, la radical aria de \"la que brilla, la que luce\", o sea siempre y por siempre el Sol (en sus cuatro sentidos: físico, psíquico, mental y espiritual); menfires o menhires, por ser \"hombre occidentales\" (de fir, rif, Occidente), o más bien por su culto al Fuego (fire, en inglés, todavía) , llamándose men-hires aún a las piedras de sus sepulcros; nahoas, nahuales en México y en ciertas partes de Arabia, Siria, etc., de Nebo, la Sabiduría iniciática; tuathas de Danand, por las' mismas o parecidas razones, ya dadas en otra parte; sumerianos (de Surja, el Sol), en Babilonia y Nínive; ti-huan-ascos o tihuanacos (en Perú); tesalienses primitivos, acaso por el expresado retroceso de sus peregrinaciones; mineanos, por su colonización en la isla de Creta, y micenian os, por otras semejantes en Asia Menor y Grecia; germanos, por el dios Hermes, Tot u Odin; ercinios, de \"erda\", la Madre Tierra; sabeos, por su propia sabiduría en las cosas celestes como en las terrestres; hemiaritas u homeritas, por su doble carácter ario (de origen) y atlante (de su época y país de colonización); camitas, por su instructor Cam, Jan o Jano; hiperbóreos, por las regiones en que los conocieron los griegos y por \"la Isla Blanca\", más allá del Boreas, de sus más excelsas y secretas tradiciones iniciáticas de la Primera Raza-Raíz (pitris lunares de la Doctrina Secreta); axinos o \"inaccesibles\" en el concepto jina; frigios, de la diosa Frika, luna o Diana-Lunus escandinava; misios o \"enviados\" para salvar a la humanidad troglodita de su ruina moral y física definitiva; tauridos, por su consabido culto mithraico, que pasó a dar nombre a la célebre cordillera armenia; phalegios, como eternos \"cometas humanos\", peregrinos o errantes; curetas y quírites, por sus hechos quiritarios (kyries, lanza, rayo de sol) y por sus caurias o curias; enios o aonios, por su Eneas, Ennos, Enoch, Jano o Noé, etc., etc.\n\nSi al lector le pareciesen duras, atrevidas y aun violentas algunas de estas deducciones, le contestaríamos con estos párrafos de un historiador tan poco adicto a estas cosas \"teosóficas\" como es César Cantú, quien, al hablar de los primeros habitantes de Grecia, confiesa lo siguiente (los paréntesis son nuestros):\n\n\"No puede dudarse de que bajo el nombre de pelasgos estaban comprendidos muchos y diversos pueblos, y de aquí proviene el distinto aspecto con que se han presentado, apareciendo en Italia como propagadores de las artes y de la civilización, mientras que en Grecia nos los pintan como gentes de extremada rudeza, a quienes Feroneo (el Feruer cabalista, \"Hálito Sephirotal\" o Emanación), hijo de Inaco (un jina), fué el primero que enseñó a fabricar casas, hacer uso del fuego y regirse como hombres racionales. Sin embargo, los hechos, usando un lenguaje muy diferente, demuestran que los pelasgos, raza tan benéfica como despreciada , llevaron a Grecia no ya este o el otro arte, sino un sistema completo de enseñanzas religiosas, artes y literatura. La áspera lengua de esta raza, más análoga al latín que al griego, se conservó en el dialecto eolio. ,Enseñaron también los pelasgos un método de escritura, cuyo uso era común antes de la llegada a Grecia del fenicio Cadmo . Establecidos en la Tesalia, la cultivaron del modo más sabio, y, prácticos en metalurgia, trabajaron las minas en Samotracia (la ciudad de los kabires jinas), en Lemnos y en Macedonia, como hicieron los cíclopes del Peloponeso, Tracia, Asia Menor y Sicilia, los cuales penetraban en las entrañas de la tierra con una luz en la frente, luz que originó la fábula de que tenían un solo ojo. Su ocupación y ciencia especial era abrir canales de desagüe, construir diques para contener las inundaciones de los ríos y dar salidas subterráneas a los lagos. Levantaron también muchas fortalezas, que en su -idioma se llamaron larisa (de lâ, espíritu), nombre apelativo que después vino a ser propio, y en la Arcadia, Argólide, Atica, Etruria y el Lacio se observan restos de sus construcciones, que acaso sean las mismas que las ciclópeas. Dieron, asimismo, cierta forma de culto (el Culto sin templo al Dios Sin Nombre) a los pueblos que no tenían más que prácticas groseras de religión, sin tradiciones mitológicas. En Dodona tenían el bosque sagrado, donde, desde lo alto de una columna, profetizaba la paloma, o donde pronunciaban oráculos las encinas. El centro de sus ritos era Samotracia, consagrada al culto de lo Cabires. Los beneficios que hicieron se descubren aún a través del velo de la fábula. En las pendientes del Olimpo, del Helicón, del Pindo, en aquella Arcadia en que la raza pelásgica se conservó pura y exenta de invasiones conquistadoras, ponían los griegos el origen de la religión, la filosofía, la poesía y la música. En las márgenes del Peneo apacentaba Apolo sus ganados y Orfeo amansaba a las fieras, y en Beocia fabricaba Anfión con su lira las ciudades, o lo que es lo mismo, ponía en ejercicio las artes de la imaginación para extender la cultura, la cual dió a la Grecia aquel carácter que jamás hubo ya de perder. Así, Oleno, Tamiris y Lino, procedentes de aquella raza y país, fomentaron con sus cánticos el sentimiento religioso, celebraron las primeras hazañas de los helenos, les disuadieron de los sacrificios humanos y de los odios hereditarios, instituyendo ceremonias en honor de los dioses y divulgando ideas superiores a los intereses materiales. Los reinos de Argos y de Sicione, los más antiguos de Grecia, fueron fundados por pelasgos; pelásgicas eran las dinastías de Tebas, de la Tesalia y de la Arcadia, y a ellas debieron su fundación Tirinto, Micenas y Licosura, reputada por la ciudad más antigua de Grecia y de las islas. El mismo Dardano, fundador de Troya, era originario de Samotracia, isla santa de los pelasgos tirrenos. Pero a los pelasgos les sucedió lo que a muchos hombres que parecen destinados a ser infelices. Orfeo es despedazado por las mujeres de Tracia; los habitantes de Aquilla apedrean a los focenses prisioneros; las mujeres de Lemnos asesinan a sus maridos; luego, los helenos que les suceden, después de vencerlos (no por valor, sino por la inexorable ley de los ciclos que traen el otoño y el invierno tras la florida primavera) los quieren difamar; y, guerreros como son éstos, desprecian a aquella raza agricultora e industrial, le atribuyen falsamente ritos sangrientos y sacrificios de víctimas humanas para alimentar el fuego, adorado por ella como misterioso agente de las artes todas; la Tesalia, la Licia, la Beocia, son tenidas por asilo de magas, y su ciencia, por misterios torpes y espantosos. Arrojados los pelasgos de la Tesalia, quedaron reducidos a la Arcadia, llamada también Pelasgia, y al pequeño territorio de Dodona, desde donde algunos pasaron a Italia, otros se dirigieron a Creta, para allí experimentar nuevos desastres, y los que quedaron en el país se confundieron con los vencedores y perdieron su nombre\". Igual, punto por punto, acaeció con los reales o aretes pelasgos del Apenino, a los que alude Tito Livio, unos, como montañeses, de orus, montaña sagrada, y otros, como procedentes de la Arcadia, llevados por Hércules. Estrabón los clasifica en oscos (vascos o españoles),aruncios (arios posteriores), sabinos o sabeos (caldeas), umbríos (nórdicos) y ausones (meridionales). Sófocles canta a todos estos jaínos, en una tragedia perdida, como enotrios (de Eneas) , ligures (procedentes de la primitiva Licosura, cuando no fundadores de ella), y tirrenos. Sus ciudades ciclópeas más célebres fueron Mefila, Sama o Luna, Vésbola, Trébula, Velabrum, Palatium, Issa, Tiora, Tauria, Córsula, Lista, Marruvium y Orvimum; y la Etruria italiana, en honor de ellos, se denominó \"tierra saturniana\" o \"tierra jaína\".", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146331, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001518.g74", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001518", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001519", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001520"], "reference_count": 5, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1509", "chapter_title": "===== CAPITULO 27 ===== CAPÍTULO XXVII. ARIOS Y \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 433, "text": "Por último, y para no cansar más, la importancia de estas gentes jinas está pintada con un solo rasgo, es a saber, el de Niebuhr en su Historia romana, cuando dice: \"Los pelasgos no eran un tropel confuso de gente vagabunda, como algunos los pintan, sino naciones establecidas en tierras propias y florecientes, gloriosas ya en un tiempo muy anterior al conocido por los escritores griegos; y tengo el pleno convencimiento de que hubo un tiempo en que los pelasgos constituían la población más numerosa de Europa, desde el Arno hasta el Po y el Bósforo... y es lo notable que en todas las tradiciones primitivas, por antiguas que ellas sean, siempre se encuentran ya los pelasgos en el apogeo de su poder, aunque la historia los presenta ya en su declinación y decadencia. Júpiter había puesto en la balanza sus destinos y los de los pueblos griegos; y el platillo de los pelasgos fué vencido (como lo es siempre el de los padres cuando se retiran discretos para dejar pasar a una vida y a un mundo mejores y dejar en libertad y en su propia responsabilidad a los hijos). La caída de Troya era el símbolo de su historia toda\".\n\nTienen estos autores sobrada razón; la caída de Troya inicia verdaderamente el período histórico o propiamente humano con todas sus desdichas, comenzando un tristísimo crepúsculo que fuera luego noche cerrada con esas tres grandes catástrofes ocultistas que militarmente hasta hicieron desaparecer los Misterios iniciáticos: la de Alejandro, en Oriente; la de César, en Occidente, y las de Cortés y Pizarro, en el Continente americano, preservado durante la Edad Media de un modo \"tan jina\". ¿Veremos lucir una nueva aurora después de la despedida de esa horrenda noche con nuestra Gran Guerra?\n\nNo lo sabemos; pero es lo cierto que, gracias a las enseñanzas teosóficas rápidamente apuntadas en cuanto llevamos dicho, podemos ya demarcar un período jina, adelón, abalónico o \"de los abuelos\", como le llamaron muchos clásicos, y que termina con la guerra de Troya, o más bien antes, con la simbólica o fabulosa Conquista del Vellocino de Oro de los jinas de la Cólchida; un período mítico que, desde este \"suceso\" hasta la caída de Troya o la de Alejandro, establece la transición y, en fin, un período histórico en el que aun la misma existencia de aquellos \"hemiaritas\" (protectores y protegidos, o jinas e iniciados en los Misterios) es negada como la mayor de las quimeras; ¡y eso en nombre de una pretendida ciencia histórica que jamás puede autorizar, en verdad, tamaño absurdo, a todas luces desmentible y desmentido!", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146334, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001523.g75", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001523", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001524"], "reference_count": 2, "matched_forms": ["jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1509", "chapter_title": "===== CAPITULO 27 ===== CAPÍTULO XXVII. ARIOS Y \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 703, "text": "La referida época de transición entre los jinas accadios, sumerianos o samitas, autores de esas primitivas escrituras hieráticas, ogámicas, cuneiformes, por quipos, etc., que hemos visto en todo el planeta desde los quichúa-incas y los tuathas, hasta los babilonios, fenicios y egipcios, está grabada aún con caracteres indelebles en las Acrópolis, igualmente repartidas por todo el mundo.\n\nAcrópolis (de akros, altura, punta, y polis, ciudad) equivale etimológicamente a \"vivienda y templo de gentes arcadias, solares o jinas\", tanto, que en dicha época de transición del período adelónico al mítico y al histórico se le fueron agregando las construcciones ya \"humanas\" de sus faldas y llanura circunvaladora que, como tales, constituyeron la Iópolis (de Io o Isis, la Luna), o sea \"la morada inferior, humana propiamente dicha o lunar, de los hijos de Io\" (o jonios entre los griegos) , quedando desde entonces la primera como arca de los tesoros religiosos, históricos y artísticos heredados por la santa tradición o \"cábala\"; lugar inamovible y templo de las divinidades protectoras de la urbe (hombres excelsos, ya empezados a divinizar desgraciadamente por la creciente e ignorante antropolatría) y asilo de sacerdotes y magistrados en las ulteriores épocas de invasiones entre sus dclópeos muros, mientras que en los antros, criptas o grutas naturales o artificiales, que nunca faltaban debajo del respectivo cerro (igual que en las pirámides egipcias), seguían verificándose las imponentes y terribles pruebas de la iniciación, algunas de las cuales han llegado hasta nosotros. Así, la Acrópolis y la Iópolis equivalieron entre los griegos a la Roma del Capitolio (caput, cabeza), y a la del Aventino (para las gentes adventicias, que los vientos de las guerras, revoluciones y esclavitudes remansaban sobre todas las grandes ciudades antiguas), al Urin-Cozco, solar o alto, y al Anan-Cozco, o bajo, de los incas (y no a la inversa, que es como equivocadamente nos lo da Garcilaso) , a la Sumaria, Somaría o Samaria (altura, lugar solar o de la salud, tanto espiritual como física), y a la Accadia (lugar femenino, inferior, de] valle o llano o \"de las aguas\"), de las más antiguas ciudades del Tigris y el Éufrates, Nínive y Babilonia, inclusive, o, en suma, a ]a \"ciudad alta\" y la \"ciudad baja\" de tantas y tantas poblaciones pelásgicojinas, como la Aka o Aeca samnita y su inevitable lengua sumeriana, análoga a la aún hoy llamada lengua accadia del Indostán, objeto de los estudios de Hyde Clark, o bien como nuestras Gerona, Tarragona, Málaga, Cádiz, etc. Y es tan cierta esta transición, que en las más notables de entre dichas ciudades, más o menos solares o cieJópeas, se suelen marcar tres barrios o ciudades distintas, es decir, verdaderas Tri-polis, como las numerosas que por eso llevan este último nombre en la historia, y entre las que pueden contarse, además: Roma, por su viejo Janículo, su Palatino-Capitolio regio, consular e imperial, y su siempre plebeyo Aventino; Creos y Megara, por su vieja y su nueva Acrópolis; Ilión o Troya, Tirinto (la de los tres recintos), Ramno, Nicomedia, Cío, Asos, Cícico, Sardes, Priena, Esmirna, Pesinoute, Perga, Argos, Sunio, Florentino, Veyes, Atenas, Licosura, Mantinea, Alea, Stinfalos, Corinto, Pilo, Yra, Esparta, Trifilia, Tebas, Patmos, Samos, Delos, Orcómenes, Mesenia, etc., cosa aún conservada en las poblaciones árabes, en las que el odiado elemento hebreo constituye por sí solo un barrio de parias ya poco menos que fuera de la ley, cual entre las gentes brahmánicas de las cuatro castas, y costumbre que data acaso de antes del siglo v de la Era precedente a la nuestra, cuando el incendio de Atenas por Jerjes, y cuyas huellas han quedado en el Partenón y demás sagrados edificios de la primitiva Acrópolis ateniense. Siempre, en efecto, han sido tres cosas complementarias: el hogar (ya el privado o templo de los penates, ya el de toda la ciudad, templo de las curias), el ágora (plaza o \"casa de todos y de nadie\") y el suburbio (lugar en ocasiones más propio de bestias que de hombres, y donde la falsa virtud de arriba, por \"inversión de polos\", muy frecuente en la vida de pueblos y de hombres, suele labrar, en las épocas de crisis principalmente, rosas de sus estiércoles, y excelsas virtudes de sus vicios) .", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146339, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001525.g76", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001525", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001526", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001527", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001528", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001529", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001530"], "reference_count": 12, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1509", "chapter_title": "===== CAPITULO 27 ===== CAPÍTULO XXVII. ARIOS Y \"JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 1855, "text": "En la gran región pelásgica o jina de Thesalia, célebre por su Larisa, su Far-salia y su Thebas Phthiotides (sucesora de la Dióspolis, Lucksor, Karnac o Thebas magna del Alto Egipto, y antecesora de la otra Thebas beocia) reinó largo tiempo la raza primitiva solar, representada por Aeson y por su esposa, la lunar Alci-medea, hasta que (como Numitor por Amulio en Lacio) se vió destronada por Pelias (¿Pallas-Atenea?), de quien aún se conserva un monte de este nombre. Pero Aetes o Aeson, el destronado, había dejado un hijo, Jason (cual Numitor una hija, Rea), que, ocultado a las persecuciones de aquél por su educador el centauro Quirón, el caurio o el kyrites (como Remo y Rómulo por el pastor Fáustulo, o como Amnón con el niño Hércules en Nysia) llegó a hacerse un verdadero héroe (como todos aquellos otros prototipos variantes del universal mito de Hércules), y en tal concepto bien pronto se vió sometido a una durísima prueba por Palias, el ogro usurpador, con el ánimo, por parte de éste, de que pereciese en la imposible empresa; es a saber: la conquista del inmenso tesoro iniciático ario de Aetes, por otro nombre el Vellocino de Oro, o sea de la Verdad iniciática, escondida allá lejos en la Armenia, o \"región de los manes, de los antepasados arios\", que ya vimos jugar en la leyenda caldaico-hebrea del \"Arca\" de Noé-Sargón-Xishustros, que salvó a los elegidos de perecer en la gran catástrofe diluvial o atlante .\n\nComo la tal empresa era de titanes, el solar Jasón-Orfe hubo de proporcionarse doce compañeros, que en el sentido astronómico (uno de los múltiples en los que, como siempre, puede interpretarse la leyenda) no son sino los doce \"dioses mayores\" o signos del Zodíaco, cuyo paralelo, al tenor de las constelaciones actuales, son más o menos éstos: Perseo (Aries), Orión o Hylas (Taurus) , Cástor y Pólux (Géminis) , Teseo (Cáncer), Ulises (Leo), Tifis (Virgo), Hércules (Libra) ,Esculapio (Escorpio), Antólico (Sagitario), Aquiles (el águila quizá \"al terrible jabalí\" (el cabir, viraj o avatur hindú, el avatar (o Piscis).\n\nParten, pues, de Tesalia los expedicionarios embarcados en su nave lunar de Argos; visitan a Lemnos y Samotracia, las dos islas jinas del mar tracio, célebres por sus kabires y jinas; cruzan por frente a la Troada, donde se quedan Hércules e Hylas (los dos signos zodiacales secretos); se detienen un punto en la Propóntide visitando al Artonesos Cícico, y, ya en el Bósforo Tracio de \"el conductor de la vaca\", tropiezan con la primera Chalcis, la Criosópolis o \"Ciudad Sagrada\" de Calchedón de Bithynia (la Bythos, lo, o Abismo de Aguas, de las ofitas de la Propóntide) , desafiando allí quizá \"al terrible jabalí (el cabir, viraj o avatur hindú, el avatar berraco, sucesor del avatar-pez y el avatar-tortuga y antecesor a su vez del avatar-león, el avatar-mono y el avatar-hombre, con los que los libros sagrados de Oriente han disfrazado simbólicamente las diversas etapas evolutivas). Atravesando ese mar tenebroso, para ellos euxino u hospitalario y para los demás axino o inaccesible, pasan desde la dioscura Dióspolis (Heraclea Pontica, la ciuQad de ]uno-Hera o lo); llegan, tras penurias infinitas, a la Sebaste del Phasis (la ciudad del buey Apis armenio de la Cólchida, tomo si dijéramos), visitan a las tres Colchides o. ciudades jino-calcídicas, y a la vuelta de tantas y tantas inauditas maravillas, después de instituir esa iniciación de los primitivos juegos olímpicos, se presenta el héroe en sus tierras (cual primitivo Tannhiiuser de retorno de las moradas de Venus Luna, o Sigfredo, de retorno de descubrir a la Walkyria), desposado con Medea, la aria o media, hija de Aetes y nieta del Sol, que, a bien decir, pese a la degradación necromante con que nos es presentada en la tragedia de Eurípidys bajo este título, no era sino la Primitiva Sabiduría jina o solar de la iniciación recibida por el héroe, quien luego, hombre al fin, como todos los héroes de la leyenda, después de haber visto a la Diosa sin velo alguno de falsa pudicia religiosa al uso, viene, ciego e insensato, a enamorarse de una mortal: Creusa, la hechicera hija del rey corinto Creonte (¿la fe ciega?) , gracias al brebaje de Moetis que le propina para olvidada... Pero ¡ay! que el Dios-Karma, la Némesis vengadora, por otro nombre Hado o Destino, no puede dejar impune semejante crimen de lesa divinidad, que no tolera rivalidades por parte de esta nuestra naturaleza animal, así humanizada y divinizada. La vulgaridad inferior de Creonte y de Creusa destierra impíamente a Medea profanando su casto tálamo; J asón desde entonces tal vez recibe el nombre de A-casto (que las leyendas posteriores le han creído compañero del héroe solar en la empresa), y la venganza llega por sí misma, sin que Medea, la Sophía aria, se vengue por sí de tal crimen, cual en la decadente tragedia griega. Así, pues, la corona y la túnica purísimas de Medea (la iniciación robada y profanada) constituyen el mayor tormento de entrambos pérfidos padre e hija, quienes mueren cayendo en el Hades, no sin antes ver morir a los hijos mismos de ese contubernio absurdo de la excelsa mentalidad del hombre con sus bajas pasiones animales, que no en vano son incompatibles entre sí las tres evoluciones sucesivas: animal, humana y divina...\n\nCon ello, las terribles y simbólicas tragedias de los Atridas se cernían en el ambiente, por decido así, y ellas, en efecto, llegaron más tarde con las demás cosas envueltas por la leyenda en estos otros dos mitos troncales de los griegos; la guerra contra Thebas y la guerra contra Troya, las ciudades sagradas del mito de Hércules nysio, después que ya había realizado entre los degenerados sucesores de los viejos pelasgos, aquellas famosísimas hazañas de la muerte de la hidra de Lema, el jabalí de Erimanto, el león de Nemea, la cierva dorada jina, los pajarracos antropófagos de la laguna Estinfalia, las crueles Amazonas impías, el estúpido Augias, el Minotauro cretense, los caballos de Diómedes, las vacas de Gerión, el dragón de las Hespérides, el águila del Cáucaso, el gigante terrestre Anteo, el monstruo Hesione, y demás simbólicas hazañas contra nuestras pasiones y los tristes efectos kármicos que ellas siembran en la desgraciada humanidad desde entonces, desde que perdió la Sabiduría Primitiva, sujeta a esas tres maldiciones de Medea que se llaman el dolor, la enfermedad y la muerte, de los que no podremos redimimos hasta que a ella retornemos nuestros ojos pecadores...\n\nEsquilo, el soldado glorioso de Maratón, Salamina y Platea; el iniciado vate o adivino de las Musas (de ad-divinum, \"el que llega a la Verdad en alas de la santa inspiración de las Musas\", otra de las formas augustas de la protección jina), ya hubo de revelámoslo, a costa de terribles peligros, en los 80 trabajos poéticos que consagró a estas cuestiones y de los cuales sólo muy contados, y no de los mejores, han llegado hasta nosotros. El Prometeo encadenado canta a esos excelsos renunciadores y caídos, caídos por el inaudito sacrificio de haber dado mente a los hombres, que es mucho más aún que darles la vida, robando a los cielos jinas el Sacro Fuego del Pensamiento, sin el cual no habría aún salido la humanidad de ese triste estado irracional en el que aún yace ¡ay! una gran parte del humano rebaño. Pero el santo don todavía siguió y sigue menospreciado, y lo que es peor, envilecido. De aquí las demás tragedias del desafiador de los dioses; de Sófocles el entronizador de los héroes, y de Eurípides, el adulador cruel de las pasiones del hombre. El primero, con sus sublimidades verdaderamente deificas; el segundo, con sus idealismos solemnes, y el tercero con su realismo desolador, en triste hora heredado luego por todos los pueblos europeos, que bebiesen las últimas heces de aquel período funesto de la decadencia griega con dorada máscara, semejante al blanqueo de los sepulcros, que diría el Evangelio...\n\nElectra, la mejor, tragedia de Sófocles, aún guarda el eco del terrible karma de aquellos griegos pecadores que habían profanado el tesoro calcídico del Vellocino de Aetes y su Aeb-Greine, o \"bendita tierra jina prometida, para (después de la tragedia de Jason y de Creusa, la hechicera corintia, o \"Mala magia de Moetis\") comenzar a vivir otra tragedia, la de Agamemnon (de aga, agua, y Memnon, el culto isíaco o jina, importado de Armenia más que de Egipto), muerto infamemente por Egisto, el monstruo humano nacido de la locura de Edipo con su propia madre Io-casta (la siempre virgen y a-sexual Io). Asesinado así el héroe, hermano de Menelao, por el amante criminal y la infiel esposa Clitemnestra (de no escribible etimología), Orestes, otro héroe hijo del héroe y de esta última, se hace llevar a la presencia de los infieles, \"como si estuviese muerto\" (estilo altamente iniciático y conservado hasta el día con otro ropaje mítico-hebraico en una institución bien conocida), y, con su feroz venganza sobre ellos, continúa la serie de los horrores y maldiciones de los Atrídas, horrores ¡ay! continuados bajo una u otra máscara hasta nuestros propios días... La tragedia sigue y sigue con las luchas de entrambas magias: la jina o Blanca de la vieja Cólchide aria, de Tideo, Copaneo, Anfiarao, Hipomedonta, Partenopeo y Adrasto, contra la subhumana o Negra de Cadmo, Polidoro, Labdaco, Lago, Iocasta, Edipo, Eteocles y Polinice, que tienen por teatro a Mesina, Argólida y Arcadia. El león de Nemea y el jabalíde Calcedón hacen de las suyas como antaño, salvándose sólo Adrasto. Y la tragedia eterna de aquella gran caída comenzó con la tan decantada por los bardos anteriores a Hornero, o sea con la muerte de Pélope por su padre Tántalo y de Dánae por Acrisio (el de las Acrópolis), con la terrible venganza de Perseo, el nieto, \"Y los ultrajes de Tieste sobre la mujer de Abreo, obligados precedentes de la dicha de Agamemnon, tiene su epílogo en esotro robo de Helena, mujer de Menelao de Esparta por París, el hijo de Príamo de Troya, inmortalizado por Hornero el ciego en las 24 rapsodias de su Ilíada, y en el que, tras el suceso histórico de la destrucción de Troya, hay que leer otro eterno simbolismo, semejante al que brota del primitivo Ramayana, y en el que se roban las ideas iniciáticas (representadas por las cautivas Helena, Criseida y Briseida) , para profanarlas con nuevos cultos antropolátricos... Los tres gritos de Aquiles (\"voz del que clama en el desierto\") son oídos en el mundo entero, sometido ya por siglos, no a la protectora tutela jina de los dioses, sino a la tiranía de las Aves de Aristófanes intermediaria usurpadora, al par, de los derechos de éstos sobre la Humanidad y de los anhelos filiales de éstos hacia aquéllos, que tal parece el sentido ordinario del célebre poema dramático, aunque tenga el otro sentido oculto y contrapuesto, a base de los mismos héroes, Evélpides (o \"buena esperanza\") y Pistero (\"buen amigo o guía\") quienes logran así edificar sobre el propio aire sus encantados castillos de la Nefele-cocigia jina.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146341, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001535.g77", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001535", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001536", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001537", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001538", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001539", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001540", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001541"], "reference_count": 17, "matched_forms": ["Jina", "jina", "JINAS", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1534", "chapter_title": "===== CAPITULO 28 ===== CAPÍTULO XXVIII. 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LOS \"JINAS\" Y LA FILOLOGÍA\n\nLazos jinas que ligan entre sí a todos los tomos de nuestra Biblioteca de las Maravillas. - Algunos ejemplos de ello. - La Filología como una de las columnas en que habrá de apoyarse la revisión teosófica de la Historia del Mundo. - La letra A y los lenguajes arcaicos. - El Fuego y la A, la doble A y el Agua. - Ojeada general acerca de las palabras Aaban, I Aad, Aah, Aahi, Aahim-Charim, Aahis, Aahison, Aahla, Aahotep, Aakaba, Aamés, AanasThoth, Aanra, Aassi, Aatzin, Aayon, Aba, Abaareca, Ababana, Ababil,' Abacote, Abadir, Abahai, Abahaitui, Abahonda, Abai, Abaia, Abangas, Abanquis, Abantes, Abantia, Abanto, Abas, Abarhisi, Abascante, Abascocba, Abatón, Abatos, Abazeus, Accalarentina, Acra, Acragas, Acramas, Acrisio, Acrópolis, Aennus, Aga, Agada, Agadea, Agag, Agajar, Agakhan, Agalegas, Agalis, Agalma, Agameda, Agamedes, Agamemnón, Agánipes, Agapita, Agaptolomeo, Agastia, Agathon, Agatilio, Agatino, Agation, Agatimia, Agatirsio, Agatodea, Agatodemon, Agavea, Agra, Agrigente, Akasha, Alah, Aleph, Alpha, Anas, Aretusa, Argólida, Aries y mil otras. - Valor ocultista de todas ellas en relación con los problemas que nos ocupan.\n\nLos anteriores tomos de esta Biblioteca de las Maravillas, en punto al problema de los jinas, pueden ser considerados, como diría un matemático, en función de cualquiera de ellos, o sea que, dada la idea esencial teosófica y ocultista que a todos preside, los diversos capítulos de ellos están ligados entre sí por infinitas conexiones jinas, lo que más de una vez nos ha obligado a repeticiones inexcusables, que son como puntos de cruce o nudos de la red ideológica que los abarca. Así, si frente a cada tomo nos imaginamos como apéndices de él a los restantes, las concordancias jinas históricas, míticas u ocultas de aquél se verán totalmente corroboradas y amplificadas en éstos, con lo cual no hay que decir si ganarán en vigor y en garantías de certidumbre, o al menos de probabilidad en el peor de los casos, las doctrinas a que se refiere.\n\nPor eso sería conveniente que el lector por sí mismo, a guisa de síntesis, echase una ojeada general sobre los hechos jinas más interesantes que saltan aquí y allá en repetidos tomos, y cuyo respectivo detalle puede verse en ellos. Cierto que todos aquellos hechos están tocados de ese esfumado de sombra y de misterio que caracteriza a las \"cosas del otro mundo\", o sea, matemáticamente, a las \"proyectivas ene-dimensionales en el mundo de la tercera dimensión\", que es el ilusorio mundo nuestro; pero nuestro deber es el de consignado así, bien seguros de que los ensueños del hoy han de ser en el mañana realidades augustas y redentoras que vengan a mejorar nuestra triste condición de caídos. \"Nada más repugnante, en efecto, decimos (tomo I, XV) que nuestra vida semianimal de hoy, toda desilusión, dolor, esclavitud y muerte; nada más hermoso, en cambio, que el ver salir de estos estiércoles las fragantes rosas del Ideal camino de un mundo mejor, del que antaño vinimos, y a cuya reconquista gloriosa hay que marchar con el arma del sacrificio, ya que nuestra salvadora razón, por los defectos que aún muestra en su naciente desarrollo, es a veces una especie de \"enemigo íntimo, y por eso toda \"verdad verdadera\" de alguna importancia ha sido en un principio una bella verdad, una verdad jina.\"\n\nEntre los pasajes más vivos del tomo I vemos así el de los ascetas primitivos del Bierzo, algunos como San Jenadio, \"el jina de Dios, el Jina bueno\" de Astorga (I, 18), viviendo alejado de los hombres con vida eremítica más vecina a la de los gimnósofos arios que a los necromantes monjes de la Tebaida, acerca de cuyas vidas más o menos jinas se dan en el tomo V, páginas 113 a 121, detalles interesantes. Estos detalles, por otra parte, se ven continuados en los tomos II y VI, con ciertos ascetas no menos curiosos de la serranía de Córdoba y Huelva, donde tenemos a granel los hechos jinas, tales como los de aquel santo hombre de Morón que viera a los jinas en el fondo de una ignorada mina fenicia (pág. 62), o esotro que el buen Emilio Carrere, con su gallarda y escalofriante pluma, nos relata de cierto ingeniero de minas, amigo suyo, quien asimismo los viese, según muestras, con esa luz astral que permite ver, mediante la glándula pineal, al decir de los ocultistas, cosas que son invisibles bajo nuestra luz física, pero que están, sin embargo, por bajo a su vez de esotra luz intelectual y espiritual, a la que se refieren aquellas mal comprendidas frases de \"lumen de lumine de Deo vera\" y \"lux perpetua lucente ad eis\", que juegan en ciertos cantos eclesiásticos.\n\nProcedente del referido tomo tropezaremos con la isla jina de San Brandán, probada \"hasta con acta notarial\" , que diría un jurista (VI, c. 13) ; con la cueva jina de San Saturio, y su leyenda Solar del jorobadito (Conf. teosóf., I, capítulo de Religión, Leyenda y Mito); con varias otras \"mansiones\" jinas en diversas partes de Andalucía (II, c. 10) ; en toda Asturias (I, c. VII y VIII de la parte primera), o por mejor decir, en España entera, como país genuinamente jina en sus toponimias, en sus leyendas, en su historia y hasta en muchas de sus costumbres, cosa evidenciada en mil páginas anteriores de los tomos aquellos.\n\nNo queremos dejar de consignar, sin embargo, otro \"hecho jina\" que leemos en un hermoso manuscrito con el ex libris de don Feliciano Ramírez de Arellano, marqués de la Fuensanta del Valle, y que lleva el título de: Memorias y antigüedades de la M. N. y A. Ciudad de Tudela de Navarra; en las páginas 138 a 201 se dice: \"El año 1564, a 17 de noviembre, se tañó milagrosamente la campana de la iglesia del lugar de Fontellas, teniendo atada la cuerda y haciendo un día muy sereno de aire. Tañóse estando la iglesia cerrada, cuyo prodigio repitió la campana en distintos tiempos, pues la primera vez se tañó a las doce del día, dando tres campanadas. En la segunda la vieron ocularmente, estando registrando y atando la soga de la dicha campana, y a éstas y muchas diligencias más que hizo el Lugar superó la novedad, porque continuó tañéndose varias veces. Esta noticia es extraída del proceso e información de testigos, que recibió don Miguel de Lerma, vicario general, con su fiscal don Diego de Calahorra, y está en el Archivo Decanal de esta Ciudad bajo la letra I (fenómeno idéntico al de las campanas de Velilla)\" (V, pág. 132).", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146351, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001547.g78", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001547", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001548", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001549", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001550", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001551", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001552", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001553", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001554", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001555", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001556", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001557", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001558", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001559", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001560"], "reference_count": 16, "matched_forms": ["JINA", "jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1534", "chapter_title": "===== CAPITULO 28 ===== CAPÍTULO XXVIII. LOS \"JINAS\" Y LA FILOLOGÍA", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 2556, "text": "La A es la primera letra de todos los alfabetos de origen ario o de la Quinta Raza Raíz, semitas inclusive, pues que en el primitivo lenguaje jina, calcidio o numérico, su valor fué siempre el de la Unidad Suprema, ]a Mónada, el Fuego, el Logos unitario, frente a Ja O, símbolo de la Nada-Todo, o el Cero, es decir, de ]a Divinidad Abstracta e Incognoscible, de donde todo emana y adonde todo vuelve después de su ciclo evolutivo. Por eso es el alpha de los griegos y el aleph de hebreos y cristianos; pero aquí precisamente empieza su cabalístico carácter jina. En efecto, en clave astronómica, este último nombre de Aleph, que significa toro o vaca, proviene de que, a] empezar el pueblo hebreo su historia (que no es, ni por sueños, la del mundo, sino la de la expulsión de esta raza de la Ariana, por su sensualismo) , el Toro era el primer signo de la eclíptica, como unos 2.000 años después próximamente ya lo era Aries (el cordero o Ra), y unos 5.200 años más, ya el punto vernal o de primavera, pasó, a su vez, a Piscis, coincidiendo así con la época del Cristianismo, quien por eso hubo de tomar al Pez o Ictius como símbolo iniciático de reconocimiento, cual aún se ve hoy en las Catacumbas. Esto constituía así un modo emblemático de consignar las Eras desde muy antiguo, por ejemplo, entre los asirios, quienes, al poner en lo alto de sus estandartes al signo Sagitario, marcaban su antigüedad de hace hoy unos 12 o 13.000 años, que son los que han transcurrido desde que Sagitario era el signo más alto (hoy el más bajo) de la eclíptica. Aleph, pues, era el jeroglífico del Toro parsi, y por eso se representó primero con una A invertida o.A La Primitiva Sabiduría, sin embargo, había antes de todo esto seriado los jeroglíficos de las letras de este modo, y a partir del cero u O: 1º., la Mónada o 1, constituyendo con la O el IO o IAO (el Logos Unitario); 2º., la Duada o A (el Logos Manifestado, TAO); 3º., la Triada o Δ; 4º., la Manifestación de la Divinidad en la materia o Tetracys (Maya, Ilusión); 5º., el Akasha o primitivo fuego, A (el Pensamiento); 6º., las Aguas del Chaos, en las que dicho Fuego o \"Ascua de Oro\" wagneriana se manifiesta (III, cap. XI); es decir, la doble AA que ya aparece en las notas etruscas de Ennio, y que por eso es inicial de cerca de un millar de palabras, todas relacionadas con el agua, y de las cuales, en Enciclopedias como la de Espasa, pueden contarse un centenar Esta doble AA, además, sufre pequeñas modificaciones, tales como la forma actual del aleph en la que se crea un verdadero nexo como los del sánscrito, en la forma de AIA, EA o ARA (con la R o eta femenina para mejor caracterizar al agua) o AWA (por el mismo motivo), y AB en personas e hindúes, substituyendo la segunda A por la letra siguiente B, que es la letra de la Duada, substitutiva del signo A o ve invertida acaso para recordar jeroglíficamente el gran misterio acuático de la cariocinesis celular que, \"por el fuego y el agua\", hace dos células de una, cosa que no ignoraron aquellos primitivos iniciados, como lo prueba el mito de Osiris-Tiphon que en otra parte puede verse (IV, página 410) , Y hasta hay una triple AAA en ciertas monedas romanas, quizá significando ya a la tierra. La doble A, en fin, enlazada con su propio nexo (por redundancia muy frecuente en las lenguas, o más bien por presentarse, a la vez, en las dos formas), da lugar al notable jeroglífico de ANA o \"las aguas\", de las que las Enciclopedias traen centenares de palabras derivadas, a las que no podemos descender ya aquí.\n\nBasta, en efecto, lo apuntado para afrontar ya el difícil problema del jeroglífico de los jinas, que podemos concretar en estos términos:\n\n1º. El jeroglífico ario de IO o del signo lingual védico oTo (del que dedujimos tantos otros en las páginas 122 y 320 de De gentes del otro mundo), entre los etruscos principalmente, o sea entre los dadores de las letras unciales y de la numeración a Roma (únicos rasgos escriturarios que, para no complicar, venimos usando en este capítulo), pudo tomar la forma del cuadrado y de una de sus diagonales de la que, como ya vimos, se forma, por participación, lAVo IANVS, Jano, prototipo de todo nombre jina o jaíno.\n\n2º. La palabra JINA que venimos empleando no es sino la casteIlanización de dicha palabra latina; su verdadera escritura, derivada del parsi y el árabe, no es fina, sino Djin, Djinn y así la vemos empleada por muchos autores , y en sentido de genios más bien maléficos que benéficos en las tres religiones occidentales: la judía, la cristiana y la mahometana, lo contrario de lo que sucede en la buddhista, hindú y jaína, donde los maruts, que tantas relaciones guardan con nuestros jinas, son objeto de religiosos himnos en los Vedas.\n\n3º. Otra forma de descomposición por notáricon (es decir, por lo que llamar podríamos \"taquigrafía ocultista\") de aquel cuadrado es la de VNV (al modo como vimos en la palabra ANA) que, con la S del círculo circunscripto al cuadrado (invertido, por supuesto, y girado 180 grados uno de los semicírculos sobre el otro, como ya vimos también al deducir el jeroglifico de ISIS del de IO) , nos dan la sagrada palabra VNVS o UNO, con la que representamos a la Mónada, manifestada luego como Logos en la Duada.\n\n4º. Anteponiendo a este último jeroglifico la 1, ya que antes se le pospuso al primitivo VNV la O de IO, tendremos IVNVS, JVNVS o LVNVS, el masculino originario del femenino Juno y Luna, por cuanto es sabido que la Luna, en el sentido cosmogónico-ocultista, es masculina, Deus-Lunus (como que su masa gira en torno de la Tierra a la manera del espermatozoide masculino antes de fecundar al óvulo con su caída) , así como es femenina en el sentido antropológico, ya que es la madre de las Mónadas humanas, que de ella pasaron a la tierra al comienzo de la presente Cuarta Ronda o ciclo astronómico. En cuanto a Juno, podemos decir lo mismo, por cuanto antes de designarse así a la celosa esposa del Júpiter antropomórfico pagano de los últimos tiempos, no fué sino Ana, Hera o Diana (la Luna), esposa del dios Junus o Jano, que diera su nombre al mes de la apoteosis solar, Junius, el mes de las calendas, nonas e idus de Jano o Junus.\n\n5º. Es sabido que el sánscrito (padre, no hermano, del griego y latín, como se cree) tiene siete vocales breves y otras tantas largas que pasaron a sus lenguas filiales, pero perdiéndose más y más, o aconsonantándose. Así, en griego quedaron la O (omicrón, breve o pequeña) y la Ω (omega, larga o grande); la E (breve o é-psilon) y la H (larga o eta), mientras que la A, I y γ (alpha, iota y úpsilon) degeneraron, quedando como breves y largas a la vez (aunque con distinto \"espíritu\" en unos casos que en otros, auxiliándose con los llamados diptongos, y aconsonantándose como la I (iota) que pasó a Ξ (xi) y aun a X (ji). Además, de igual modo que en sánscrito, las dos vocales ru y lru (breves y largas), pasaron a las semivocales P y A (rho y lambda), de donde derivan nuestra erre y nuestra ele (sencillas o dobles), con todo lo cual, las catorce vocales sánscritas siguieron, más o menos encubiertamente, disminuyendo de un modo considerable el número de las consonantes, que era de 34 en aquella lengua, Con estas observaciones previas resulta notorio que la religión Hin-du o lind, como la religión laina, la grecorromana primitiva de lana o luna y la primitiva de IAO (luego degenerada en el falicismo jehovático o de IOEVE), la chica del TAO-TE HIND (o King), etc., no son sino facetas de una sola Religión-Sabiduría originaria, la Religión Natural o de los jinas, el jainismo o más bien Cainismo, según las exégesis que hiciéramos en el comentario del capítulo I, tomo IV de esta Biblioteca .\n\n6º. En todas las religiones troncales, además, se nota la particularidad de que la doble A vea separadas sus dos letras por una tercera (que, ora es la H, o eta, como ya vimos, ora es la segunda letra del alfabeto, B, o beta), dando lugar en un caso a toda clase de desinencias (femeninas o acuáticas), y en el otro, a conceptos masculino de \"paternidad\". Así, el primer (taba\" que encontramos es el Aba-zeus o sea Júpiter (Ió-pithar, Io-eve) , no el \"Anciano de los días o Padre-Supremo\", sino la \"primera Emanación o Sephiroth cabalístico: \"ENSOPH\", Aennus, Enneas, Jana o Jano siempre. Como, por otra parte, este Zeus, Zeru-anas o Zoroastro original es la Fuente del Número, todo instrumento primitivo de cálculo (o aparato matemático-calcídico) - se llamó, por su augusto Nombre, Aba-zeus o Aba-cus, el Abaco, siendo uno de los más sencillos de éstos la famosa Tabla de Pitágoras para los productos de los nueve primeros dígitos. De aquí las maravillas que se leen acerca de los ábacos en las Enciclopedias, empezando por el Tratado de Algebra et Almuchabala, escrito por Leonardo de Pisa (Fibonacci), cuando, ya iniciado, regresó de Oriente, y en el que los ábacos se conjugan con sus respectivos planetas quizá desde los tiempos de la misma Atlántida, cuando no se soñase siquiera en cambiar, como los paganos de los últimos tiempos, los Dioses-Números-Planetarios por los Dioses-hombres de los diversos imperios en los que el gran Imperio atlante se descompuso. Los Abantes, hijos del perspicaz Linceo, último o duodécimo rey zodiacal de Argos, y de Hipermnestra, y entre los cuales se cuenta el parsi iniciado Parsifal o Perseo (siendo hasta seis los griegos divinizados en este último nombre), no son también sino los primitivos hombres arcadio-caldeos, iliónidos, jaínos, etc. (pues con cien otros nombres \"jinas\" pueden ser designados), cantados como héroes incomparables en Hesiodo, Homero, Herodoto y otros muchos autores clásicos. Todos, en efecto, eran orgivos o arios-luni-solares primitivos; todos, como tales jinas, custodiaban al áureo vellocino de la Religión Primitiva cuando fueron a robado con sus naves los helenos o selenos, es decir, los hombres lunares posteriores. Dan, Dzan o Kan era otro característico nombre patronímico de los Abantias, que les acredita igualmente de jinas. Y como tales jinas aparecen doquiera, por ejemplo, los abangas de Nigricia y Filipinas; los abanquis guaranís; los abannas mauritanos, astures y gallegos: los abanos de Colombia; los aba.nta de Livadia (con su templo de Apolo junto al Parnaso); abánticos, purblos \"solares\" de la isla de Negroponte, de la Eubea, la Fócida y la Galia Cisalpina.\n\nPor otro lado, abanto aún es una palabra del léxico popular español para designar al milano o aguilucho, en contraposición con el cuervo, y en sentido figurado, a \"la persona impetuosa y potente que arrolla todo cuanto se opone a su paso\", rasgo característico de los héroes, y abatas en griego designaba lo inaccesible, lo inasequible-jina, en recuerdo de la inescalable mole egipcia que sirviera (dicen los diccionarios) para tumba de Osiris, o sea, en suma, la Montaña o Pirámide iniciática lugar del temeroso Toro o vaca Abautos (la consabida Vaca pentápoda hindú), en honor del cual, acaso los primitivos vascos dieron nombre a la montaña de Tri-anos o Tri-anas (Bilbao)-, mencionada como la más rica por ptinio. A bas-a-bantis también es nombre de un gran Iniciado que tuvo estatua en el templo de DeIfos; es el Cisne de Diomedes, el hijo de Poseidón, y el productor del frenesí sibilino o mántico, después confundido con la epilepsia, y de Aretusa Acca-larentina, Marta, etc., como vimos; un centauro, émulo de Quirón el Instructor; otro héroe jina compañero de Eneas; un rey y un monte de Armenia; un sabio tío de Mahoma; un nombre patronímico de los shar o zares de Persia; un célebre rapsoda troyaDo, etc. Abascantes, en fin, es una palabra griega que bien pudo derivar de los accadios o vascos occidentales de aquellas comarcas, pues que, según se consigna en las Enciclopedias, viene del verbo baskain, fascinación, seducción, magia mala, y de a,. partícula privativa, con lo que vuelve sobre el tapete el famoso busgosa bask'-jain de toda nuestra costa cantábrica (De Gentes del otro mundo, Introducción). El zafiro o abas-cocha (azul de lago) es otro nombre bien extraño entre los del quichúa, porque refleja en su color azul obscuro la alta espiritualidad jina o celeste, que también es el color de la atmósfera en las grandes alturas. ¿Quién es, en verdad, el que con tales \"coincidencias\" no se siente asombra do? ¡Verdaderamente que aún no hemos empezado a deletrear en la lengua del Ocultismo!\n\n7º. Por último, entre las numerosas palabras jinas que saltan por doquiera se abre un diccionario, tenemos las de Acra y Agra, merecedoras también de especial atención, porque entrañan la eterna contraposición de lo masculino y de lo femenino, expresados, respectivamente, por sus sílabas Ac y Ag, puesto que la terminación Ra les es común, y ya sabemos, por otra parte, a qué atenernos respecto de ella.\n\nAcra es altura en celta, griego, latín, árabe, etc. Por eso, desde las sumidades floridas en las que culmina apoteóticamente la planta, hasta la ciudadela inexpugnable que desde allá arriba parecía proteger a la ciudad de sus faldas y llano, cual el padre a la familia o el ave a sus polluelos, todo era acros y agra, y los orígenes mismos de estas ciudadelas, con todo cuanto se refería al misterio de los pitris o padres, solía encerrarse en emblemas, acrósticos o jeroglíficos, porque acros-acra equivalía a \"punta\", \"altura\", \"promontorio\", algo excelso, agrio, fuerte, en fin, ya que, como dijo nuestro vate,\n\npor tales asperezas se camina\n\nde la inmortalidad al alto asiento...\n\nAsí, en el Acra de la Aególida, dominando el azul horizonte del Archipiélago de la manera que aún se ven las ciclópeas construcciones de la península Calcídica, se alzaba orgulloso uno de los más viejos templos jinas, el de Junus-Hera, y promontorios de igual nombre fueron los de Carmania, sobre el lago Meotis, el de Arcania en el Orontes, el típico de la Arabia, el de junto a Antioquía en la Mesopotamia, con tres grandes ciudades a sus pies, el de San Juan de Arce y el célebre de Brindisi en la Magna Grecia, frente por frente ya de las costas griegas. El Acra-batanea de la Idumea y el de entre Neápolis y Jericó, como el Acraf de la primitiva Persia junto al Caspio, con los pensiles y observatorio que siglos más tarde creó Abbas II el grande, y nuestra propia Acra-leuca mediterránea, hoy Peñíscola, no son sino recuerdos santos del primitivo culto samaariano o samaritano de las alturas, ¡de las alturas solares hindúes, meta a la que no se llegaba ni se llega sino después de haber apurado los cuatro períodos del ascetismo iniciático que se llaman acra-mas, o sea \"físico, intelectual y espiritual escalamiento de la altura\"!", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146363, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001565.g79", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001565"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jina"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1534", "chapter_title": "===== CAPITULO 28 ===== CAPÍTULO XXVIII. LOS \"JINAS\" Y LA FILOLOGÍA", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 264, "text": "En efecto, Aga-berta es la \"bis Melusina\" o Urganda medioeval, y Agadé o Aga-dea es la bis caldea, que dió nombre al famoso arrabal de Sippara o Cipara (la ciudad de las estelas o cipos, el Cerámico caldeo, como si dijéramos) al norte de Babilonia, consagrada a Venus-Anunit y a Soma o Samas (la luna) , dividida en dos partes (la Acro-polis y la Io-polis) por el canal Nahar, a la manera como lo estaban todas las ciudades antiguas, incluso, según vimos, la propia ciudad inca del Cuzco, y por eso las -Enciclopedias nos dicen que se conocen distintos sobrenombres de Agadé anteriores al primer imperio caldeo, nombres solares todos, añadimos nosotros, tales como Zatr-ganisar-Iuh, \"la imperial ciudad de Ganesha\" que diría un buddhista, o la Agama-arcana y las Agama-shastras de los védicos Upanishad; la patria del anciano Sargón, célebre por su biblioteca, que alcanzó por lo menos hasta el siglo VII antes de nuestra Era, y cuyos ladrillos cuneiformes aún son en el British Museum la desesperación de los doctos, todo con arreglo a la etimología griega de Aganós, que significa \"lo jina\", lo maravilloso, incluso cuando sirve para designar a aquella celeste Agalis, \"doncella de Corfú\", cuyas obras cita con encomio Ateneo y Su idas, o esa otra palabra también griega de Agalma o agalló, cuanto agradar y maravillar pueda, desde el trípode o el monolito aquel de Agalma toy Apollonius de las cercanías de Mileto, hasta el perfume mismo del agáloco, la madera de áloe quemada en los sacros fuegos de las vestales. . .", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146381, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001567.g80", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001567", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001568", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001569"], "reference_count": 2, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1534", "chapter_title": "===== CAPITULO 28 ===== CAPÍTULO XXVIII. LOS \"JINAS\" Y LA FILOLOGÍA", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 892, "text": "Contamos, en fin, con los Agag, nombre genérico lunar de los bíblicos amalecitas; AgaPita, uno de los nombres con los que Haman (o Hanuman, el dios-mono aliado de Rama en el Mahabharata) figura en el \"bíblico caldeo\" Libro de Esther (o Lsthara, la Estrella parsi); Aga Khan-Maho-Iati, el Viejo de la Montaña del Líbano, iniciador de los fundadores del Templo en los misterios lunares que poseyeron; Agaleas, pseudónimo de un célebre gramático alejandrino del siglo 11 de nuestra Era, de- la escuela de Aristófanes de Bizancio y comentador de los muchos misterios lunares que se leen en Hesiodo y Homero bajo velo histórico; Agam-Iamoc, divinidad peruana equivalente al Pachacamac inca, y como él sin Templo ni culto; Agapenor, hijo de Anceo y rey arcadio de Tagea, que asistió al sitio de Troya y participó del \"collar de la armonía\", don celeste que equivocadamente se dice le fué funesto; Agaptolemo o Ptolomeo, uno de los 50 hijos de Egipto (o gran iniciado, al modo de TriPtoleno, el inventor del arado) , que casó con la danaide Girena o Sirena; Agares, demonio de la Luna; Agastia, el célebre brahmán de los Puranas, hijo de Mitra o Varuna y de la ninfa Ur-vasi (fuego inferior o lunar), personificación a su vez del fuego de Agni-Vashistha, su madre, que transmitió a sus sacerdotes ermitaños, después de vencer a los rakshasas o titanes de Lanka (Ceilán) y a los vindias o lemures- hindúes, y cuyo prototipo español, por haber derrumbado el monte Vindhya, es \"Vuelca-cerros\", el de la leyenda de Juanillo el Oso (Conf. teosóf., I, pág. 225); Agathon (el daimón bueno), argivo, constructor del templo de Delfos e implantador de sus Misterios aprendidos de su Maestro Xeno-doro, el hombre solar; Agatic, espíritu lunar o del, contrario al del bien, o Jainhar, el jina de los hovas o Oveos mascareños y al que se ofrecen sacrificios humanos; Agatilio, el más lunar de los sobrenombres de Plutón; Agatino, pseudónimo de un gran médico espartano, discípulo de Ateneo en el siglo I, fundador de la escuela \"teosófica\" de los pneumatistas o espiriludistas, y de los episintéticos, o comparadores de las Religiones y las Ciencias, entre cuyos discípulos se contaron Herodoto, Teodoro, Arquígenes y muchos sabios romanos, entre los que produjo gran revuelo espiritual; Agation, genio de la medianoche, en forma, ora de hombre, ora de bestia, y cuyos talismanes tienen una media luna en su extremo inferior; Agatirno, hijo de Eolo, o sea \"negro espíritu de las nubes\", con reino en la Agatirnia de Sicilia; Agatirsos, los picti, de Virgilio, germanoescitas y sármatas, hijos de las necromantes amazonas, y conocidos con los nombres lunares de indatirsos, tisagetos, marsos, etc.; Aganice, rey iniciador de Tesalia, que predecía los eclipses; Agaladea, ninfa de Ptolomeo Filopator, se dice, pero más bien su \"Helena\" o numen, al tenor de las que se atribuyen necromantemente a los Adeptos, y que no son sino símbolos no humanos de su celeste Espíritu, al tenor de esa divinidad bienhechora que se llamó Agatodemon o \"Espíritu de las Aguas del Chaos\"; Agatón, abnegado hijo del troyano Príamo; Agavea, la hermosísima hija de Cadmo; Adán, el Kadmon cabalístico, y de Harmonía o Cosmos, que tan importante papel juega en los orígenes lunares de las bacanales y también en las iniciáticas tragedias de Esquilo...\n\ny no hablemos de los nombres Aga, con o sin aditamentos de ciudades, lagos o ríos, porque sería no acabar. Baste decir que en solo una Enciclopedia como la de Espasa hemos podido contar casi un centenar, repartidos por todo el planeta, como cuantas cosas hacen referencia a la Religión primitiva, y trascendiendo de tal modo a su origen lunar del Penjab o la Rajputana, que hasta alcanza a esos lunares instrumentos primitivos que se llaman la gaita (agajar), a la flauta (agada), a la guitarra y al violoncelo turco (aga-lick-man o agal-keman), con lo cual podemos llegar a establecer, por último, el nexo con dos palabras augustas en la tradición y en la historia: las nueve Agánipes o Musas del Helicón (el Monte Solar, de Beocia), como divinas inspiradoras del Arte y las leyendas parsis, arameas, hebreas, árabes, etc., llamadas agadas.\n\nAgadas o sagadas son, entre los rabinos, la parte más esencial del Talmud (enseñanza de las sagas, sibilas, pitonisas o profetisas, a bien decir), al lado de las halakas en la Mischna (o parte estrictamente dogmática y legal) , pero, en realidad, como hijas directas (aunque de mil modos profanadas) de las primitivas tradiciones jinas o solares que \"ya los antiguos bardos de todos los países históricos cantaban sin entenderlas\"', como dice Rolth Brash; y que han servido de base inspiradora absolutamente a todas las obras maestras de la Historia: Mahabharata, Ramayana, Ilíada, Eneida, Odisea, el Poema primitivo de Alcide (no el Cid de Alfonso VI, sino Hércules), Las mil y una noches, la Biblia, el Talmud, el Corán, y, en fin, otras, cual las de El Quijote, La vida es sueño, etc., etc., no son sino obras eruditas de éste y el otro genio que en ellas se inspiró. Todo verdadero agadista (léase novelista en el más alto y puro sentido) tiene que ser un efectivo taumaturgo o un aspirante a tal, porque en la agada está la esencia de toda poesía, de toda música, de todo teatro, de toda obra inspirada, en fin.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146383, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001571.g81", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001571", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001572", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001573", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001574", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001575", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001576", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001577", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001578", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001579", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001580", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001581", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001582", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001583", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001584", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001585", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001586", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001587", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001588", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001589", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001590", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001591", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001592", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001593", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001594", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001595", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001596", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001597", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001598", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001599", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001600", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001601", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001602", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001603"], "reference_count": 56, "matched_forms": ["JINA", "jina", "Jinas", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1569", "chapter_title": "===== CAPITULO 29 ===== CAPÍTULO XXIX. LA CUARTA DE LAS INTERROGACIONES DE LA ESFINGE", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 5093, "text": "El gran día ensoñado por Claude Bernard. - Ojeada retrospectiva por las páginas del presente libro y los tres postulados del mismo acerca de un segundo cuerpo que sobrevive a la muerte, un segundo mundo superior al que con ésta se pasa, y unos seres jinas que moran en dicho mundo. - Resumen de los \"hechos jinas\" anteriormente expuestos y de otros mil cuya enumeración es imposible. - Aladín, \"el jina de Alah\" y San Jenadio, \"el jina de Dios\".Jinas asturianos, vascos, orientales, americanos, austriacos, húngaros, árabes, romanos, griegos, etc., etc. - Enseñanzas de Edkins en su \"Chinese Buddhisme\". - Más Y más palabras relacionadas con los jinas. - Los Astomos de Plutarco y Pherecides de Samos. - A las tres famosas preguntas de la Esfinge tebana hay que añadir una cuarta, relativa a ¿con quiénes convivimos sin saberlo en este nuestro mundo? - Elementales y jinas. - Dos maneras de considerar al mundo jina. - El Ángel de la Guarda mahometano y cristiano.La luz de la Conciencia y nuestro gran JINA DORMIDO. - \"Plenitud\", el optimista breviario de Amado Nervo. - La Piedra filosofal no es sino el principio de la sabiduría jina.\n\nLa presente edad, egoísta y materialista cual ninguna, al no alzar jamás los ojos de la Tierra, aleja, con su insensata ceguera, el advenimiento de aquel gran día soñado por el sabio Claude Bernard, día en el que el fisiólogo, el filósofo, el matemático y el poeta hablen un mismo idioma trascendente, entendiéndose a maravilla unos con otros. Pero, ínterin el mundo, en su loca carrera, no rectifique su desvío hacia estas magnas cuestiones, siempre tendrá sobre su pensamiento y su corazón el pavoroso enigma de la muerte, porque como no vive santamente, y no investiga poco ni mucho en el magno problema, no puede morir con el ánimo sereno de quien sabe, como todos los arios, que no hay más diablo que nuestro propio cuerpo tentador, del que triunfamos con la muerte, renaciendo en cuerpo espiritual o jina, como nos ha dicho San Pablo.\n\nNuestra conciencia, sin embargo, no nos remuerde de haber obrado así en el curso de este complejo libro, en el que, como reza su título, hemos pretendido nada menos que el \"matar a la Muerte\", como lo pretendiera y consiguiera este último Iniciado cristiano... Emulos de aquel bravo caballero de la Historia de Clareo y Florisca que, en batalla descomunal con el sufrimiento, disfrazado de justador también, no halló otro medio para vencerle que el de \"hacerse el amigo y el hermano del sufrimiento mismo\", nosotros, que físicamente o como mortales habremos de rendir a la Parca nuestro tributo, creemos haber matado a la Muerte desde el momento en que, guiados por aquella enseñanza y mil otras análogas, nos hemos convencido de toda su mentira, haciéndonos casi su amigo así.\n\nY, deseosos de comunicar semejante convencimiento a nuestros lectores, hemos escrito este tan abigarrado como sincero libro, apoyándole en estos tres postulados (demostrados cien veces y siempre demostrables) , que nos es obligatorio el recordar a guisa de resumen:\n\na) Que, presidiendo a todas las funciones de nuestro cuerpo material o químico y visible, hay otro cuerpo espiritual, el cuerpo glorioso, ordinariamente invisible, que sobrevive a la muerte física según la enseñanza unánime de las religiones, del espiritismo y hasta del propio sentido común no pervertido por las cobardías materialistas . A corroborar semejante postulado se han dirigido los capítulos I al VII del presente libro, capítulos en los que, con la enseñanza unánime de diversos Iniciados, tales como Pitágoras, Platón, Plutarco y San Pablo, se han simultaneado las novísimas conclusiones de la Hipergeometria y del Método Analógico, que es el método más fundamental de cuantos conoce nuestra propia ciencia positiva.\n\nb) Que dicha supervivencia de nuestro cuerpo espiritual y glorioso se opera en otro mundo, mundo tan ligado, sin embargo, con este nuestro mundo físico, que, a bien decir, no hay entre uno y otro más solución de continuidad realmente que la derivada de nuestra triste ceguera por falta de un efectivo tercer ojo (el Ojo de la Intuición o del Cíclope), que yace atrofiado en nuestra glándula pineal, pero que empieza a actuar de nuevo en nuestros grandes poetas e intuitivos, quienes, con sus esfuerzos, levantan más o menos una punta de aquel clásico Velo de Isis.\n\ne) Que semejante mundo ha actuado, actúa y actuará constantemente en nosotros y en la Historia, y que sus habitantes son los llamados por nosotros jinas, es decir, hombres superiores a nosotros, que nos aman, protegen y guían, ora como \"difuntos queridos\", es decir, seres transitoriamente libertados de sus cadenas terrestres entre una y otra encarnación, ora como seres libertados ya en definitiva de la necesidad de bajar a nuestra cárcel de carne y de sexo, aunque ellos sean en cierto modo seres encarnados también en la tierra, pero en esos niveles físicos superiores llamados \"mundo etéreo\" por unos, \"estado radiante\" por otros, y \"plano de las entidades astrales\" por no pocos, siendo de escasa importancia el nombre, con tal que se admita el hecho en sí, pese a su calibre. Mas, como, a bien decir, este último punto era el de mayor importancia, dada nuestra lamentable práctica mental de pedir hechos en vez de pedir leyes, o, mejor, inquirir principios, todos los capítulos restantes, desde el VIII hasta el XXVIII, se han enderezado a aportar hechos y más hechos de interferencia, de conexión, de convivencia, en una palabra, entre hombres jinas o superiores y hombres inferiores o propiamente dichos.\n\nY no se diga que no se han encontrado en abundancia semejantes hechos, que han ido engarzándose como las cerezas y saliendo con no poco desorden histórico y geográfico, según las naturales exigencias expositivas. Primero es un historiador reaccionario, Anquetil du Perrón, quien comienza sentando aquel hecho jina de la historia de Darío, rey, quien tropieza al azar con semejante pueblo, el cual se le desvanece entre las manos cuando su soberbia de conquistador quiere asirle. En seguida nos salta otro hecho análogo acaecido en México, según el P. Durán, al gran emperador Moctezuma en la apoteosis de su poder, y a entrambos casos les hubimos de poner la consiguiente apostilla con otros hechos jinas semejantes que la maestra H. P. B., con su colaborador H. S. Olcott, consignan en sus libros, especialmente el de los todas y bilhs de la India y los shamanos y saberones de la Siberia y del Tibet.\n\nDel \"caso\" de México pasamos a ese otro, mil veces más asombroso, del nacimiento, desarrollo, apoteosis y caída del imperio cainita o jina de los Incas del Perú, con todas sus mil peripecias, inexplicables desde el punto de vista puramente humano y perfectamente explicables con nuestra \"hipótesis\" jina. Luego, dado el carácter hebreo, y no caldeo y ario, que los autores se empeñan en asignar a dicho pueblo inca, pasamos naturalísimamente a estudiar al viejo pueblo judío, en cuya Biblia nos saltaron al punto esos dos mágicos caracteres de Henoch o Jainok y de Helias o Elías, con el sugestivo e infalsificable detalle no humano de que ninguno de ellos muriese, sino antes bien -caso repetido en otras tradiciones de diferentes pueblos- fueron arrebatados al cielo, o sea al mundo jina, en brillante carro de fuego\".\n\nNo menos naturalísimamente pasamos de la Biblia al Evangelio, aunque no sin que espíritus estrechos de gentes que se dicen cristianas, y no conocen ni han leído nunca la dicha obra de los cuatro evangelistas y discípulos de Jesús, sintiesen cierto escándalo ante aserciones nuestras, no sólo ortodoxas, sino super-ortodoxas y evidenciables, lo mismo ante la más crítica Asamblea de sabios que ante el más ceñudo Concilio de obispos. Los hechos jinas saltaron, en efecto, decimos, aquí y allí con abundancia verdaderamente pasmosa y desconcertante, contribuyendo a robustecer el sublime prestigio de que el Evangelio goza, lo mismo entre cristianos de las tres confesiones en cisma que entre los librepensadores y los hombres de religiones extrañas al Cristianismo.\n\nA través del capítulo XVI, relativo a Los lagos iniciáticos, y que acaso sea el menos malo y el más meditado de todos los del libro, pasamos a examinar los jinas del \"Corán\", en armonía con los jinas de otras religiones infinitamente más antiguas, tales como la de los Eddas, reflejada en la obra de Wágner y procedente, con sus huríes y genios, no ya del Corán, sino quizá hasta de Las mil y una noches de los parsis post-atlantes. El tránsito, pues, a estas últimas y a su secuela de los Libros de Caballería quedaba de este modo establecido, explicándonos asimismo el porqué de la justa fama de obras como el Quijote, tan rica en elementos verdaderamente caballerescos y jinas, con todo lo cual ahonda ya un poco más en el misterio jina de aquel antiquísimo libro iniciático parsi que hoy nos sirven los traductores con todas las intolerables groserías de árabes y sirios por los que la obra hubo de atravesar para llegar a nuestros días.\n\nEnlazando todas estas cosas con la prehistoria y la historia de Occidente, pudimos hallar también numerosos hechos jinas concordantes, ora en los obscuros orígenes de Grecia y Roma, ora en los misterios de nórdicos, celtas y trogloditas, ora, en fin, en pueblos no menos extraños de Irlanda, de los cuales tenemos documentos que nos ponen en la pista de un alfabeto primitivo numérico, calcídico o jina, en el que las letras, que después fueron formando las lenguas conocidas, han sido previamente números. Las Calcis mágicas, que t:mpiezan en la propia Mogolia y se extienden por todo el ámbito de la tierra, resultan ser así uno de los más valiosos testimonios jinas que darse pueden, testimonios que nos invitan a preparar ulteriores desarrollos de esta idea en un futuro libro acerca de La magia y la escritura, y también a hablar muy por extenso de otros dos capítulos aquí omitidos por su extensión: el de Los jinas y las Sociedades Secretas y el de Los jinas y el Espiritismo.\n\ny cuenta también con que, a pesar del desarrollo dado a aquella parte de la presente obra, aún se quedan en el tintero infinidad de hechos y tradiciones jinas, para no abusar de las repeticiones en cosas ya tratadas en anteriores tomos de nuestra Biblioteca, siendo muy de recordar especialmente las siguientes, que en éstos pueden verse con mayor extensión:\n\nlo. El caso del obispo de Astorga, SAN JENADIO (el jina de Dios); los demás relatados en la parte de El tesoro de los lagos de Somiedo; el de Aladín (el jina de Alah), con m maravillosa Lámpara, en Las mil y una noches, y el de los célebres caínos o jinas de los picos de Ario, los Urrieles y la Peña Santa, de los que, sin darse la debida cuenta, nos habla don Alejandro Pidal en sus Discursos y articulas literarios, en texto reproducido por el capítulo último tle aquella nuestra obra.\n\n2º. La singular leyenda vasca del Basojaun, o vasco-jaíno, \"señor de los bosques\" también en Centro-América , anciano venerable, proteico y extraño, tan popular en toda la Vasconia; las tradiciones jinas de las grutas del Mithraeo y del Serapeum, conocidas, en parte, por el propio San Jerónimo; las de los otros jinas o señores, asimismo relacionadas con los Nobiliarios de los grandes linajes vascos o pirenaicos del Conde P. Barcelos, de Don Molino, Don From (o Formo Orionis de los firbolgs gaedhélicos) , de los Bearnés, Boíl, Bover, Bonastre, Baldaura, Butrón, Idiáquez, Loyola, Múgica, Crespio, etc., detallados por el señor De la Quadra-Salcedo en su prólogo a nuestro libro De gentes del otro mundo, con todos los numerosos casos más apuntados en este último.\n\n3º. Los múltiples casos jinas que avaloran la obra Por las grutas y selvas del Indostán, de H. P. Blavatsky, base de toda nuestra Biblioteca, relativos a los saniasis, a los yoquis dikshatas, a los Morias de Kalapa y suryavanshas, con los no menos chocantes que aparecen en Páginas ocultistas y cuentos macabros, de la misma, tales como el de Un Matusalén ártico, el de La hazaña de un gossain hindú, La mano misteriosa, etc.\n\n4º. Los que en el capítulo V de De Sevilla al Yucatán se relatan acerca del Médico de Marón, poniéndolos en labios del Dr. De Brind; relato que, a bien decir, me ha sido hecho por testigos fidedignos. Alguno de estos hechos figura también en la obrita de nuestro admIrado amigo Emilio Carrere que lleva el sugestivo título de Interrogaciones al Misterio, Almas brujas y Espectros grotescos, obra de tan recomendable lectura.\n\n5º. Las recientes manifestaciones de Clarence Winchester en el diario inglés Daily Mail, con la confesión que le hiciese un célebre piloto-aeronauta acerca de la frecuencia con que los llamados \"fenómenos de espejismo\" (fenómenos jinas más de una vez) se dan en las altas capas de la atmósfera, y que los tales aeronautas confunden fácilmente con los de la visión psicométrica, cosa muy natural desde el momento en que sólo por visión psicométrica o anormal, o bien por visión superior o iniciática, parece pueden hoy ser vistos tales seres. Los célebres terrores experimentados por los moradores de Vidarse, cerca de Werardin (Hungría), y que hace pocos años nos relataron los diarios austríacos acerca de \"los soldados. fantasmas y sus espadas flamígeras\", se relacionan con cosas de éstas, no menos que con los famosos \"ángeles exterminadores\" que saltan acá y allá en la Biblia, en las grandes justicias contra la humanidad pecadora y perversa . Es más: hasta en el argot, o lenguaje familiar de los aviadores, se ha introducido la frase de \"evitar la región de los monstruos\" en las ascensiones, o sea huir con los aeroplanos de ciertos sitios del aire en donde existen para estos aparatos, por vacíos de presión, vecindades de caminos, cruces de corrientes, etc., etc., verdaderos \"escollos\". No hay que olvidar al efecto dos cosas igualmente científicas: una, que allí donde hay materia, aunque sea gaseosa, allí hay una fuerza; fuerza que es inteligente a su manera, como todas las de la Naturaleza, y que semejante realidad es \"un ser\", en el puro y riguroso sentido metafísico, puesto que es \"un algo separado de algo\"; otra, que semejantes seres nos resultan invisibles, bien por tener un índice de refracción en sus cuerpos idéntico al del medio que los rodea, bien por pasar por el campo de nuestra retina con velocidad superior a la décima de segundo, bien por ser. \"de cuarta dimensión\", al tenor de lo apuntado en los primeros capítulos. Tampoco hay que olvidar, en fin, en esto de lo \"invisible\" aquel sabio dicho de Schopenhauel (El Mundo como Voluntad, I, 15, Y Parerga, cap. XVII) , de que \"las ciencias físicas acaban siempre por tropezar con las cualidades ocultas, a cuya categoría pertenecen las fuerzas elementales de la Naturaleza; fuerzas cuyo estudio compete a la Filosofía y no a la Ciencia\".\n\n69 Las continuas alusiones de todos los libros clásicos a estas gentes jinas, bajo uno u otro nombre. Así, Jesús nos dice que \"hay muchas moradas en la casa del Padre\", y si hay tales \"moradas\", por fuerza habrá también \"muchos moradores\", coincidiendo en ello con Lucrecio en su poema De Rerum Naturae, cuando canta que \"existen otros hombres, otras tierras y otros mundos\". No otra cosa que esto es lo consignado por otros muchos, tales como el Padre Kircher, en su Oedipus Ejiptiacus y en su Viaje Estático Celeste; Antonio Reita, en su Oculus Enoch et Elie; Plutarco, al hablamos de aquel misterioso viejo que dijo encontró en la orilla del mar Erithreo; Euclides, al hablar de su maestro Kalias o \"el antiguo\"; Proclo, al consignar en ms Comentarios al Timeo, que \"Dios alzó junto a nosotros una tierra inmensa, con montañas y ciudades análogas a las nuestras\", tierras jinas visitadas poéticamente por Astolfo en el Orlando de Ariosto, y que no son, como se cree, la luna, sino el terrestre mundo de los jinas, ese que figura en el cuento de \"Alibab y los ladrones\" y en otros de Las mil y una noches, y que se repiteen la Misión de Faraón al reino de Punt, especie de \"visita de los magos de Moctezuma al país de los Antepasados\", que ya consignáramos al principio de este libro. Corrobórase con ello la frase de H. P. B. de que \"la Naturaleza tiene rincones muy extraños y aislados para sus elegidos, lejos del bullicio y las perversas pesquisas de los hombres\", tales como aquellas viejas ciudades americanas próximas a Santa Cruz de Quiché, visitadísimas por gentes buddhistas y jaínas -las gentes jinas del Bab-bur-ain-bachi-, y en las que no posaran jamás su planta los conquistadores españoles, como tampoco la han puesto los habitantes de los respectivos países en las grutas que, ocultas por toda clase de mayas, yacen en sus territorios respectivos. Estas grutas, pese a las investigaciones de los arqueólogos, solapan y solaparán todo el tiempo que aún continuemos así, las verdades trascendentales de la Religión Sabiduría y a su aforismo, reproducido en los libros sagrados de Oriente, que dice: \"Aquellos que sólo practican el bien en este mundo (sannyasis y vanaprasthas) adquieren la facultad de conversar con los devas y con las almas de los que les han precedido en el swarga, mucho antes de que se libren de sus mortales envolturas\".\n\n7º. Los jinas, en fin, de nuestro libro, gentes de cuya existencia estamos matemáticamente, y aun algo más que matemáticamente, convencidos, son, en suma, esos viajeros misteriosos que durante toda la Edad Media, cuando mejor o peor había una fe, labran imágenes, hoy venerandas, y desaparecen después sin dejar rastro de sí; o que descienden en isíaca cohorte sobre el pizarroso cerrete de Jaén, dando lugar a la piadosa leyenda, un tanto desnaturalizada, de aquellas gentes, que por algo se enorgullecen con el patronímico de giennenses, o \"jinas\" como si dijéramos; o que encargan al divino Mozart, pocos días antes de su muerte, el célebre Requiem que iba a cantarse en sus propios funerales; o que asientan con secular firmeza en el Talmud de Henoch, procedentes del antiquísimo libro etíope de este nombre, para soplar sus divinos efluvios sobre la frente de Victor Rugo, al escribir sus Orientales, que luego se ha gloriado de instrumentar César Franck en su poema sinfónico con piano titulado Les Djinns o sea Los finas; o que tremolan desde remotos tiempos en esos himnos del Yayur Veda, relativos a los ajinas o acuinas, los \"médicos maravillosos\" que hicieron andar a Paravrij, \"que estaba cojo y ciego\" (cojo y ciego moral más que físico), que devolvieron la vida (la vida física y la espiritual) al gran Rijrasva, y el oído (\"el espiritual oído para oír\") al hijo de Nioshada, y eran, en suma, las divinidades, o más bien las humanidades divinas o antecesoras de los jinas-terapeutas, remediadores de nuestros males, hijos éstos del egoísmo y del vicio, con los medicamentos solares de la virtud, los lunares del arte y los terrestres de la ciencia positiva.. Jinas, en fin, que con su extraño nombre de antiquísima fonética, apoyada en el Djan, Dzan, Chhan o Dan chino y tibetano, o sea en lo que el Chinese Buddhisme de Edkins llamaría segundo nacimiento interno por la meditación y el conocimiento, dan lugar a infinitas palabras derivadas, tales como el to-jin chino, que significa, según A. Rovelacque (La linguistique, histoire naturelle du langage), \"multitud, cohorte de gentes\"; hind, cierva (la famosa cierva que el loco príncipe persigue en tantas leyendas parsis y occidentales); hinde, obstáculo, impedimento, e hinder, impedir, dificultar (aludiendo sin duda a los obstáculos que se presentan siempre al hombre para ascender a aquel su alto mundo); hint, seña, aviso, sugestión, insinuación, como los que de semejante mundo bajan para iluminar a los buenos... El propio nombre Djeminy o Djaiminy del gran filósofo védico no es en sí sino un anagrama de este inefable y sacrosanto apelativo con que los hombres designamos a los seres superiores; janos, jaínos y jenios o genios.\n\nLos pueblos aseamos de Plutarco y de Pherecides de Samos, uno de los maestros de Pitágoras; los pueblos legendarios lemures de la Ciudad del Sol, de la Patagonia; los ti-huan-accas o tihuanacos arios de los Andes, de los que tanto habla Ciro Bayo en sus Césares de la Patagonia y en los Caballeros de El Dorado (De gentes del otro mundo, cap. X); los extraños sacerdotes hindúes que, según Schlegel, llevaron la religión de J ano o Saturova a la Ciudad Eterna; los sadhus vaqueiros que Olcott viese junto a la cueva de Kali (Por las grutas y selvas del Indostán, cap. III); las razas tripolitanas, de las que Julio Verne, en su Matías Sandorf, nos habla, y que \"no habitan en región alguna que no figure en D.1onedas de plata\" (el metal de la Luna); los incomprensibles entes del Umtersberg, de que nos habla Franz Hartmann, y los gnomos misteriosos del monasterio de Veruela, y tantos otros de las incomprendidas leyendas de Gustavo Bécquer, o los que viese, sin duda, Alejandro Csoma de Koros, en su harapiento viaje heroico por las regiones inexploradas de la Tartaria y la alta India del Hind o Hindo y el Juma; en una palabra, los centenares de casos extrahumanos que pueden verse \"espumando\" aquí y allá en esa gran caldera de Pedro el Botero que se llama Historia, nos hacen tan inminente. tan inevitable la toma en consideración de ellos, por muy \"fantásticos\" y muy \"absurdos\" que nos parezcan, tanto que, de hoy en adelante, hay que agregar con estos personajes proteicos una nueva interrogante a las tres famosas preguntas de la Esfinge tebana, diciendo: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? Y, sobre todo, ¿con qué seres potentes e invisibles convivimos en este bajo mundo?\n\nEl lector que en los momentos sublimes de su reconcentración en el mismo y en su vida espiritual se haga esta última pregunta, que pocos se han hecho, acaso no podrá encontrar en estas modestas páginas nuestras, de mero aluvión informativo, la ansiada solución a tamaña \"cuarta pregunta\"; pero, al menos, si quiere ser justo, que se fije, después de leerlas, en esa contraparte -o \"hemisferio tenebroso\" de los llamados elementales y elementarios de teósofos y cabalistas, mundo de gentes opuesto, por decido así, al santo mundo de los jinas, y, como ellos, invisibles de ordinario, pero harto visibles, ¡ay!, en sus continuas sugestiones tentadoras que siempre nos están empujando hacia la locura, la perversión y el crimen...\n\nJinas y elementales son, pues, según nuestras sospechas. los dos polos contrapuestos del mundo etéreo y el mundo astral que, en cuarta o ulteriores dimensiones del espacio, envuelven y dominan a nuestro mundo físico, con una superioridad sobre nosotros análoga a la que tiene el hombre sobre los animales, físicamente más fuertes y mejor armados que él mismo, pero que con el Arma Encantada de la Imaginación y la Razón son por el hombre vencidos. Pero las fronteras separadoras entre los dos dichos \"hemisferios de lo astral\" están muy borrosas, y son muy difíciles de determinar hasta en las regiones mismas que tanto se ocupan de ellos. Es una confusión muy semejante a la de nuestra palabra \"día\", que unas veces es empleada en sentido estricto para designar solamente el tiempo intermedio entre la salida y la puesta del sol, presentándose entonces como contraria de la palabra \"noche\", mientras que otras veces es empleada en sentido lato para denotar el tiempo empleado por la tierra en su rotación, y abarca por ello tanto al \"día\" en sentido egipcio como a la \"noche\" misma.\n\nAsí, hasta en nuestros mismos libros anteriores aparece semejante confusión entre un mundo de los jinas, bueno y protector. y un mundo jina, malo y cruel, que es el concepto corriente en los libros religiosos, con sus \"suras y asuras\", \"ángeles y demonios\", \"genios buenos y genios malos\", etcétera; mientras que en el libro presente, apartándonos en apariencia de aquellas enseñanzas religiosas, sobre todo del Corán, y que son meros velos , hemos considerado como únicamente jina a semejante mundo hiperliminar; porque, en efecto, los jinas o entidades del bien, legítimos señores del tal mundo, tienen sometidos bajo su poder a los elementales perversos de lo astral, residenciándolos de tiempo en tiempo, como ya vimos lo hacían los shamanos del capítulo IX, relativo a Oriente y los jinas, obligándolos a reparar los males causados, en esas \"rectificaciones históricas\" que nosotros decimos, y por las que el bien acaba triunfando siempre sobre el mal, aunque otra cosa crea nuestro cretinismo, y rodeando además con sus protecciones (el Corán, Sura XIII, v. 12) a todos y a cada uno de los hombres a la manera del llamado \"Ángel de la Guarda\" por los cristianos.\n\nY, a punto ya de terminar nuestra difícil tarea, no encontramos nada mejor que reproducir la frase que aparece en la sura XVII, verso 31 del Corán, que dice: \"Hemos difundido en este libro toda clase de enseñanzas y parábolas para la instrucción de los hombres, aunque éstos tengan siempre por costumbre el negarse a todo, excepto a su ciega incredulidad.\" Para ello hemos procurado emplear, no sólo la luz ordinaria de la ciencia positiva y de la historia, luz que está en la misma Madre Naturaleza, sino esotra luz interior de 1a Intuición, que dijo el clásico, mediante la cual puede reconocer el hombre las cosas espirituales: Luz de luces, Lumen de lumine de Deo Vero, cumpliendo ese precepto que hasta la misma Iglesia Católica consigna al comenzar la Misa y que es la patente mayor de la grandeza del librepensamiento, cuando reza: Emitem lucem tuam et veritatem tuam, ipse me deduxerunt et aduxerunt in Monte Santumtuum et in Tabernacula tua, luz, en fin, que es también la perpetua Luz Celeste que alumbra a nuestros jinas o muertos o . ¡Et lux perpetua luce ad eis!\n\n\"Vivimos en el Espíritu -dijo Castelar- como vivimos en el aire; y como amamos, creemos\", pero no en creencias exotéricas, impuestas por otros y arteramente veladas por ellos, dejando la letra que mata y no el espíritu. que vivifica, sino creencias asentadas en el gran principio de que la Divinidad que anima al Cosmos todo también nos anima a nosotros en forma de esa Luz interior de nuestra conciencia, que es el Sol esplendoroso de nuestro místico cielo interno, a condición sólo de que no le nublen las densas tormentas de nuestras pasiones, esas pasiones que al quitarnos de la vista ese nuestro Sol, también nos hacen invisibles a \"los hijos del Sol\", que son los jinas, y a cuyos deleites de vida superior pareció aludir Plinio en sus Epístolas cuando dijo aquello de Demus alienes oblectationibus veniam, ut nostris impetremus...\n\nY puede el hombre, como dice Maeterlinck, haber cometido los crímenes más viles, sin que el mayor de ellos alcance a debilitar por un instante el hábito de frescura y de pureza inmaterial que le cobija en sus ensueños, mientras que a veces el mero acercamiento de uno de esos llamados sabios, acaso precisamente por la paradoja de que ignoran todo cuanto convenirles pudiera, puede sumir a nuestra alma en las tinieblas más angustiosas y densas, porque el hombre, pese a sus dolores, de caído, es un eterno optimista que confía siempre en esa Voz Interior de nuestro JINA DORMIDO, verdadero Oro del Rhin de nuestras Aguas mentales y caóticas, que le hace caminar entre abismos y espinas hacia un mañana de liberación resplandeciente, cuando se deje aquí abajo su bestia y vuele a la celeste Morada de los Jinas, Devas, Angeles o como se los quiera denominar, y que le aguardan gozosos como a peregrino que regresa de un viaje de penalidades y peligros.\n\nNuestro amigo don Antonio Zozaya, en una de sus crónicas gallardísimas, nos lo ha dicho también con estas frases lapidarias:\n\n\"Un bello breviario de Amado Nervo, Plenitud, ha arrancado a un crítico ilustre, tan genial como dolorido, una imprecación contra el optimismo. El mundo debe ser mirado con ojos de recelo. El optimismo nos priva de la noble inquietud, de la divina tragedia espiritual que engendra la belleza. Las voces optimistas deben ser en nosotros tímidas y tenues; nuestras campanas de Pascua deben sonar siempre a lo lejos; la esperanza optimista debe cantar en el ingenuo tono sensual de las pánidas flautas, o en la armonía jubilosa, pero desgarrada, de los mártires, o en la media voz suspirante de los místicos; pero nunca en el tono categórico de los Decálogos, sino con el eco remoto de las princesas de Maeterlinck.\n\n\"Es verdad, pero el optimismo es eso precisamente. La afirmación de que todo es bueno e inmejorable no existe ni siquiera en Leibnitz; no puede encontrarse fuera de la necia y paradójica doctrina de Panglos. El optimismo consiste en reconocer que el dolor es nuestro patrimonio, en sentir la mente conturbada y las entrañas rotas por el hierro de la adversidad; pero sintiendo a lo lejos esos ecos, esas campanas, esos llamamientos que nos dignifican y ennoblecen y sin los cuales la belleza no existiría y tras los cuales se extiende enigmática, pero magna y sublime, la que Goethe llamaba \"región silente de las causas\". El absoluto pesimismo, sin esperanza y sin consuelo, es incompatible con la belleza, y por eso, conforme a la frase socrática, únicamente los artistas pueden ser verdaderamente sabios, y sólo los que saborean toda la amargura del vivir son verdaderamente felices.\"\n\ny tamaña felicidad, añadimos nosotros, es la natural felicidad que sigue a todo dolor y todo esfuerzo, piedra filosofal de la que ha dicho Franz Hartman:\n\n\"No es la piedra filosofal una piedra en el sentido ordinario de la palabra, sino una expresión alegórica que significa el principio de sabiduría, en el cual el filósofo que lo ha adquirido por experiencia práctica (no el que está simplemente especulando sobre él) puede confiar tan por completo como en el valor de una piedra preciosa, o como confiaría en una sólida roca sobre la cual hubIese de construir los fundamentos de su casa (espiritual). Es el Cristo que está en el hombre; el amor divino sustancializado. Es la luz del mundo; la esencia misma de la que fué creado el Universo.\"\n\nEl reino jina de semejante Luz es muy superior a cuantos edenes pueden enseñar místicos y poetas, aquellos que llegaron a describirle en textos arcaicos a la manera del Libro de los Números, caldeo, o del famoso manuscrito cifrado que se dice poseyese el célebre conde de Saint-Germain, reencarnación o continuación más bien de la personalidad excelsa que la historia conoce por Apolonio de Tyana, el contemporáneo del emperador Adriano, venerado como un dios en la Roma de los Césares.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146387, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001607.g82", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001607"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jina"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1605", "chapter_title": "===== CAPITULO 30 ===== CAPÍTULO XXX. \"LA MUERTE DE LA MUERTE\" OPERADA POR LA FILOSOFÍA", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 228, "text": "El mundo jina y la teoría de la relatividad. - La relatividad y la \"maya\" buddhista. - Los dos \"viejos postulados\" de la ciencia cartesiana. - Los dos enigmas del encorvamiento del rayo luminoso y de la rotación del perihelio de Mercurio. - El principio de relatividad en la Vida y en la Muerte. - Todo ciclo vital se mantiene por \"la muerte\" de otras vidas. - La cuna es un se. pulcro y el sepulcro es una cuna. - La muerte diaria y la muerte definitiva. - Últimas frases de algunos hombres célebres. - Las comprobaciones científicas de Varigny con los \"muertos\" vueltos a la vida. - El miedo a la muerte no es simplemente sino el temor a lo desconocido. - Casos notables relativos a este temor. - Cómo mataba a la muerte la antigua iniciación en los Misterios. - Benéficos mecanismos naturales que suprimen el dolor de verse morir. - El \"viejo y el nuevo vestido\" de San Pablo. - La muerte no es sino una purificación o \"katarsis\". - El simbolismo de la \"Mariposa de Psiquis\". - Cómo puede él inducir a crasos errores ocultistas. - Ejemplos históricos de esto último. - Las momias egipcias. - El milenario espectro de una princesa faraónica en el propio Museo Británico. - Casos concordantes expuestos en la \"Historia de la Sociedad Teosófica\", de Olcott. - Antítesis eterna entre el alma y el cuerpo. - El ave de ciertos papiros egipcios. - La necromancia del sacerdocio en aquel pais. - Conclusión y resumen.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146423, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001613.g83", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001613", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001614"], "reference_count": 3, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1605", "chapter_title": "===== CAPITULO 30 ===== CAPÍTULO XXX. \"LA MUERTE DE LA MUERTE\" OPERADA POR LA FILOSOFÍA", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 458, "text": "\"¡Luz, más luz\"', gritó también en análogo trance Goethe, no pidiendo, por supuesto, luz en sus mortuorias tinieblas, sino asombrándose de la creciente y celeste luz con que en el nuevo mundo de los muertos le amanecía. Y mientras que Dante, hablando sin duda con aquellos mismos e invisibles. jinas que en vida le inspirasen la Divina Comedia, les decía al morir: \"¡Venid, venid a mil\", el gran Mahoma, oyendo la llamada de uno de aquéllos, le contestaba a su vez: \"¡Señor, Señor, he oído tu voz y hacia Ti me vut:lvo\"', y ahora el Tasso, anticipándose al morir a aquella profundísima frase con la que Fenelón comienza su Telémaco, exclamaba asombrado al sentir la caricia de aquella realidad consoladora: \"¡Si no existiera la muerte, no habría en la Tierra un ser más desventurado que el hombre!\"...\n\n¿A qué seguir por este camino de las frases con que los grandes hombres han cerrado su laborioso ciclo de aquí abajo y abierto su glorioso ciclo de allá arriba? ¿A qué recordar también la sublime muerte o tránsito del Maestro Beethoven, como la de Simeón Ben Jocai y la de Isdubar, el Hea-bani caldeo, a la luz de un relámpago, bajo el estallido de horrísono trueno, e incorporándose en el lecho del dolor, con el brazo derecho en alto, para \"dar solemnemente la entrada\" a la invisible orquesta jina de los desencadenados elementos; orquesta ya escuchada también antaño con ocasión de su Sexta Sinfonía? ¿A qué recordar, en fin, aquella solar llamada jina, tan mal interpretada, del Varón de los Dolores, de \"¡Heli, Heli, lacma sabactanil\", con la que dió por consumado Su Sacrificio? o. Como todos los caminos van a Roma, un sabio francés, M. Varigny, se ha consagrado, por su parte, a estudiar de un modo, por decido así, experimental, el fenómeno de la muerte, tan vagamente definido, y su conclusión definitiva ha sido la de que la muerte no sólo es indolora siempre, sino que en ocasiones hasta resulta agradable, moral y materialmente. Aunque la frivolidad al uso pueda preguntarse cómo se ha podido llegar a saber semejante cosa, siendo así \"que no hablan los muertos\", lo cierto es que como siempre, según la propia teoría de la Relatividad, hay un camino para asaltar lo inaccesible. Varigny ha sabido encontrar este camino en el estudio detenido de aquellos casos límites de gentes, tales como los ahogados que han estado \"a dos dedos de morir\", como vulgarmente se dice, y que inevitablemente habrían muerto sin el oportuno auxilio, ya que, según la ciencia, desde que el hombre recibe un golpe mortal y pierde el conocimiento, la muerte existe. \"El miedo a la muerte -dice también el sabio biólogo- no es sino un temor a lo desconocido.\"", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146429, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001620.g84", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001620", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001621", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001622", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001623", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001624"], "reference_count": 6, "matched_forms": ["jina", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1605", "chapter_title": "===== CAPITULO 30 ===== CAPÍTULO XXX. \"LA MUERTE DE LA MUERTE\" OPERADA POR LA FILOSOFÍA", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 1209, "text": "Semejante mecanismo benéfico, \"creado por la Ley para suprimir el dolor de la muerte\", existe, sin disputa, agregamos nosotros, testigos de cierto valor por habernos visto más de dos veces en trance de muerte, en uno de los cuales, casi desahuciado por los médicos, toda mi tarea consistía, ¡oh ironía de la vida!, en pensar cómo se afilaba mi nariz y cómo me deslizaba \"río abajo\" en la corriente de la Luz Astral sin duda, río encargado de arrastrar en su corriente a las almas de los que desencarnan, como los otros ríos naturales se encargan de ir arrastrando en sus ondas todo cuanto perece en sus orillas. .. ¿Qué mecanismo mejor, en efecto, para lograr aquel objetivo de anestesia moral al par que física que el de la propia naturaleza con los delirios de la calentura? Nosotros hemos visto más de uno de estos enfermos graves creyéndose en el delirio estar -o acaso estando ya de hecho su alma en los Campos Elíseos- a la orilla de pintorescos arroyuelos jinas, cabe frondas deliciosas, a juzgar por las exclamaciones de fruición y las frases de alegría y de entusiasmo que sus moribundos labios proferían. Más aún: confesamos solemnemente que estos casos han contribuído a confirmarnos en la convicción de la existencia allende la muerte de nuestro sublime mundo jina, e igualmente en la realidad de hecho del solemne y CERTÍSIMO mito asturiano de la Huestia o Santa Compaña, al que, a más de los capítulos VII, parte 2ª., y VIII, parte H, de El tesoro de los lagos de Somiedo, hemos consagrado, con casos de nuestra propia y genuina experiencia personal, los epígrafes de la segunda edición de En el Umbral del Misterio, que llevan por títulos: \"La fiebre de un sueño\"; \"¡Yo he visto a la Huestia!\"; \"Varios fenómenos psíquicos de mi vida\".\n\nSi la solemne conclusión que antecede fuese cierta, como parece, no cabría hallar una recomendación más eficaz para nuestras ideas filosóficas relativas a los Misterios Iniciáticos, a los que tantas referencias llevamos hechas en nuestro Wágner, mitólogo y ocultista. En efecto, como allí puede verse con mayor detalle, parece ser, por las veladas referencias de Platón, Séneca y otros escritores grecolatinos iniciados en los Misterios de Eleusis, que en ellos se representaba sobre las aguas del Lago Sagrado o \"pista\", y a manera de nuestras obras teatrales de gran espectáculo, el porvenir del alma después de la muerte física. Es más: en las iniciaciones egipcias más solemnes de los maestros, cuyo ceremonial es recordado hasta en nuestros días por otras instituciones que se dicen sus herederas, está probado que el iniciador o hierofante, según apuntamos en el capítulo de finas y trogloditas, sometía al candidato a una especie de trance hipnótico que dejaba inerte, desmayado y como muerto a su cuerpo físico, al par que llevaba al alma por los amplios confines del mundo jina o de lo astral y lo etéreo en verdaderas peregrinaciones que la tradición ha llamado, verbigracia, \"el descenso de Orfeo a los infiernos (Hades) para libertar a Eurídice\", \"el de Perseo para libertar a Andrómeda\", \"el de Pitágoras\", \"el de Telémaco en busca de su padre Ulises\", etc., etc. No hay que decir con esto que, a partir de semejante momento, luego que al tercer día el inerte cuerpo del candidato despertaba de su letargo físico bajo el primer rayo del sol naciente conservando plena conciencia sin embargo de que se había visto cadáver (en su cuerpo de carne), al par que vivo (en su doble astral, cuerpo en el que recibiera la iniciación), el iniciado no temiese ya en adelante a la muerte (según la propia frase de Cicerón al volver de su iniciación eleusina), y estuviese apto para realizar, con desprecio de una muerte que ya para él la mentira, los mayores heroísmos.\n\nY no hay que decir si semejante triunfo sobre la muerte cierra el viejo ciclo semianimal de la vida terrestre del hombre, para abrir al par el nuevo ciclo humano propiamente dicho de la vida jina, ni el relieve sublime que con todo esto tomaran aquellas frases del iniciado Pablo que cerraron nuestro libro De gentes del otro mundo y abrieron el actual; frases supremas, lapidarias y definitivas como las de la siguiente paráfrasis: \"Hablamos con claridad, no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro\" (II Corint., c. III) y decimos \"que hablamos sabiduría, mas no sabiduría de este siglo, sino Sabiduría de Dios en Misterio. .. (I Corint., capítulo II) . \"Despojaos del hombre viejo que está en vosotros, y con el Espíritu de vuestra propia inteligencia vestíos del hombre nuevo\" (Efes., IV, 23 Y 30), \"porque hay cuerpos celestiales y cuerpos terrenales. Trajimos aquí lo terreno y llevaremos la imagen de lo celestial, y he aquí que os digo un misterio:... los muertos resucitarán incorruptibles, y al así revestirse de inmortalidad se cumplirá la palabra que está escrita de \"¡Tragada ha sido la muerte en la victoria!\" ¿Dónde, pues, está ¡oh muerte!, tu victoria? ¿Dónde, ¡oh intrusa!, tu aguijón?\" (I Corint., capítulo XIV). Hay, sí, que pasar por una katarsis) o purificación, que nos despoje del viejo vestido de carne para dejarnos en nuestro primitivo vestido de luz. ¿Acaso la Naturaleza, analógica y serial siempre, no nos da continuamente ejemplos de ello?\n\nVed, si no, ese simbolismo extraño de la griega mariposa de Psiquis, o sea el alma humana cuando opera el tránsito final de este a los otros mundos. Pues ese mismo simbolismo lo estudia ya nuestra ciencia positiva en la llamada histólisis de los insectos, o sea en su período de transición de la larva a la mariposa, cuando el insecto yace como crisálida en el interior de su capullo o \"retiro iniciático\" de aquella su transformación definitiva, transformación en la que \"hasta adquiere alas para volar\" después de unos días pasados en verdadera disolución o como \"putrefacción\" del anterior cuerpo de larva, que en el momento supremo de tamaña crisis viene casi a descomponerse en sus elementos celulares primitivos para formar con los viejos y rudimentarios órganos larvares de \"efectivo gusano\" los nuevos órganos de \"ave efectiva\". Esto, salvo el detalle de la visibilidad (a la vista ordinaria, ya que ni aun ello ocurre para la visión de los llamados videntes, es lo que acontece con nuestro \"segundo cuerpo\" o cuerpo glorioso, formado sin duda, a través de la descomposición orgánica del cuerpo físico, en los primeros días que subsiguen al sepelio, o en los primeros instantes que subsiguen también, en su caso, a la cremación del cadáver y en los que el recién nacido para el nuevo y glorioso mundo jina puede al fin, tras las miserias de la vida, parafrasear al vate Meléndez Valdés en La Tarde, cuando dice: \"¡Todo es paz, silencio todo; todo en estas soledades me conmueve y hace dulce la memoria de mis pasados males. . .¡\"\n\nPero no hay que detenerse en estas consideraciones, so pena de extraviarse en la apreciación del mayor problema de la muerte y el consiguiente tránsito post-mortem del alma humana al glorioso mundo de los jinas. En efecto, el mito de la mariposa de Psiquis, con toda su belleza griega, puede inducimos a un craso 'error, ya apuntado por H. P. B. Y que a toda costa es preciso evitar.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146436, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001631.g85", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001631", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001632", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001633", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001634", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001635", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001636", "roso_de_luna_libro_jinas.p0001637"], "reference_count": 6, "matched_forms": ["Jinas", "jinas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1605", "chapter_title": "===== CAPITULO 30 ===== CAPÍTULO XXX. \"LA MUERTE DE LA MUERTE\" OPERADA POR LA FILOSOFÍA", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 1225, "text": "Si, como inspiradamente dijo San Agustín, el grano de trigo ha de morir previamente, para terminar y multiplicarse, mal puede nacer el alma a la vida superior del mundo de los Jinas SI antes no se corrompe su cuerpo, su \"cubierta\", su \"cárcel\", y mal puede alejarse tampoco-de este mundo inferior en el que fuese efímero Peregrino o errante Cometa, mientras le quede más o menos subsistente un lazo siquiera de los de la antigua conexión, una cadena sola, como la que aún queda, sin duda, en los primeros momentos de la muerte, cosa que experimentalmente puede comprobarse que queda en algunas momias célebres. .. ¿Conocéis, lectores, el caso de la famosa momia egipcia llamada de Katesbel, con ese vivo prodigio muerto que aún admiran los visitantes del British Museum?\n\nPara quienes ignoren el caso, diremos, extractándolo de periódicos tan serios como el Times, que cierto arqueólogo inglés de principios de este siglo envió, entre otros hallazgos suyos en el país de los Faraones, la lujosa momia de una princesa de la más antigua dinastía, y cuya belleza aún parecía conservarse como en sus ya archi-seculares y pasados días. Para colmo de la maravilla diríase que ella conservaba \"un como resto de voluntad\", y semejante \"voluntad\" se manifestó desde el primer momento en que viese profanado su sacro retiro por la insana curiosidad de la ciencia europea, pues que desde el punto y hora en que se pretendió sacada de allí, los \"casos extraños de desgracia\" se sucedieron sin interrupción en los obreros que la extrajesen, en el sabio profanador de aquel recinto, en los conductores de ella para el embarque y hasta en el buque mismo que la trajese a Europa. Todo fueron en torno de la \"airada\" momia catástrofes y más catástrofes, aun después de instalada en la sala que hoy ocupa, y donde, por extraño contraste, que recuerda poco más o menos a la magia de Asclepios, Trofonio, Lourdes y Limpias, parece que opera curaciones maravillosas entre sus más fervientes admiradores, que acuden a contemplada y a sentir su protectora presencia, como si realmente estuviese aún viva. Y es tal la concatenada serie de las diarias maraviIlas de \"protesta\" de la momificada joven princesa, que según parece, y en previsión de males mayores, se trata seriamente de restituida al reposo de su egipcio retiro...\n\nLa ciencia oficial, como siempre que se trata de algo que excede a su ceguera de topo en punto a cosas de lo hiperfísico, no ha podido silenciar este hecho, que ha corrido así, como \"caso curioso\", por todas las revistas del mundo, ni menos a explicarle a su modo cretino. Por tanto, ante el dilema de no dar explicación alguna, o dar una explicación ocultista a guisa de hipótesis, creo que será preferible esto último.\n\nY semejante explicación no puede ser más sencilla, tras cuanto llevamos expuesto extensamente. La momia del Museo Británico, conservada intacta casi en su cuerpo a través de milenios por la pericia necromante del sacerdocio egipcio de su tiempo, es lo que los libros de caballería llamarían \"un caso de encantamiento\", un caso en el que el Alma de la joven en cuestión no ha seguido el ciclo natural de las otras almas, remontando en su psíquica órbita más allá de la región de la Luna, que diría Plutarco, sino que ha quedado en un mundo intermedio, EL MUNDO DE LAS AVES, de Aristófanes, mundo que, con su \"nube etérea\", cortara antaño las comunicaciones entre el mundo inferior de los hombres y el mundo superior de los jinas. Y si esto no fuese verdad, ha sido creído al menos por los sacerdotes que pintaron con notable esmero láminas como la del Papiro número 10.470 del British Museum, que puede verse reproducida casi en la escala original por las notables publicaciones de R. B. Fleming. En efecto, en la pintura en cuestión, sobre la propia momia de un sacerdote y entre jeroglíficos alusivos al caso, se ve, flotando, al ave dicha, con su faz humana y tostada, como corresponde a las gentes aquellas, que eran siluras, erithreas o morenas, con su expresión y actitud hierática, y con su vuelo protector, que no se aparta un punto de su momia física, y que, por tanto, no puede remontar a los cielos como el Fénix de la tradición europea, el Lí-Sao de la leyenda china, el ave Gatuna parsi y tantas otras inmortales de la, leyenda áurea; sino que planea sobre aquélla como el ave sobre su nido...\n\n¿Cuánto y cuánto no habremos decaído los pueblos europeos (pese a los pujos de una cultura material, que no es, en otro orden de ideas, sino incultura psíquica), dado que aún nos parece archipoético el simbolismo de la mariposa de Psiquis, simbolismo de insectos, por bajo del egipcio simbolismo de aves, que llevamos visto, otro tanto como lo está este del verdadero simbolismo ario primitivo, que ora fuera solamente matemático, ora vegetal, como en el de la Flor del Loto, cuya raíz corpórea está en el cieno del estanque, sus hojas psíquicas en el seno tranquilo y \"lunar\" de las aguas del mismo, mientras que su corola, que es el alma ya libertada, y su perfume, que es el Espíritu mismo, se bañan ya bajo los rayos del Sol vivificador?\n\nEncenagados en nuestros escepticismos, y creyéndonos dichosos en nuestra paupérrima miseria de caídos que están ciegos, pues que perdiésemos el uso de este tercer ojo de la intuición o \"del cíclope\", en el que se podían contemplar estas cosas, ni aun vemos ya la mariposa, esa \"mariposa\" que, según ciertos ocultistas, puede ser objetivada en el mundo etéreo y hasta físico, visible por la acción de la Magia, tanto de la Blanca como de la Negra. Y no es lo peor que no la veamos, sino que no queramos verla, cerrando voluntariamente los ojos del alma a series de luminosas verdades, como las que hemos ido presentando amontonadas en las páginas de este sincero libro: libro que viene a ser un complemento del De gentes del otro mundo y que acaso sea continuado con otro en el que, con toda extensión, se trate de Los jinas y las Sociedades secretas y Los jinas y el espiritismo, pues acaso en parte alguna como en las grandes sociedades secretas o iniciáticas, tales como los g;ymnósofos de la India, que se burlaron de la locura de Alejandro el macedónico; los pitagóricos griegos, los sufis persas, alma de toda la ciencia árabe; los drusos y cristianos de San Juan, del Líbano, depositarios del verdadero cristianismo y origen de los Hermanos de la pureza, asiáticos y africanos, y de la poderosa Orden del Temple; los rosacruces, de Fez, cuya doctrina perdura, aunque aparentemente se hayan retirado ellos del contacto con el depravado mundo; y, en fin, la Masonería del siglo XVII, tan por encima filosófica y moralmente de la vulgaridad mundana, contra lo que ignorantes y malvados pueden suponerse, tienen los \"casos jinas\" a centenares en su historia y en sus ritos.\n\nEn cuanto al Espiritismo -doctrina tan reprensible en el empleo de la mediumnidad provocada como respetable en su filosofía y en sus manifestaciones \"espontáneas a través de la Historia\" -, él es un archivo insondable de \"hechos jinas\", merecedores de un estudio científico imparcial en el sentido en que hemos insinuado o esbozado los numerosísimos del presente libro.", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146447, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_libro_jinas.p0001638.g86", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_libro_jinas.p0001638"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["JINAS"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p1:b1637", "chapter_title": "FIN DE \"EL LIBRO QUE MATA A LA MUERTE O LIBRO DE LOS JINAS\"", "page": 1, "page_end": 1, "word_count": 14, "text": "FIN DE \"EL LIBRO QUE MATA A LA MUERTE O LIBRO DE LOS JINAS\"", "source_page": 1, "citation_page": 1, "printed_page": null, "pdf_page": 1, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 146454, "page_kind": "pdf"}], "generation": {"model": "mixed: gpt-5.6-sol (July waves) + claude-opus-5 (roso_de_luna_libro_jinas) + deterministic re-anchoring to the 2026-09-02 inventory (all 33 reviewed books)", "audit_model": null, "prompt_version": "external_source_semantic_review_v1", "prompt_hash": "731bd72a3b4c26a1e8b1901e6415e791e36636937c86323e84d689e85273d261", "input_hash": "f1a907ada10434ba8d558986ca9a7816683a494826c5cc53f1c3bc00e862a509", "source_hashes": {"term_extraction_fable/source_candidates/files/roso_de_luna/libro_que_mata_a_la_muerte_es.txt": "1f3b3cc2f8fca5baf16abc4aed282fb43b5ba31c5b70d2e1893ced7cbe5845a1"}}, "publication_date": {"title_es": "El libro que mata a la muerte o Libro de los Jinas — Mario Roso de Luna", "events": [{"type": "first_printing", "label_es": "Primera edición", "earliest": "1920", "latest": "1920"}], "research_status": "known_from_registry", "publication_kind": "original_spanish", "kind": "source", "dating_method": "bibliographical_research"}, "reader_doc_id": "source-roso_de_luna_libro_jinas", "reader_access": "full_text", "reader_notice_es": null}, {"book_id": "roso_de_luna_sevilla_yucatan", "title_es": "De Sevilla al Yucatán. 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Prestóse entonces el jiña de Rodrigo de Cotta—que así, en adelante, le llamaremos—a servirme de guía en mi difícil empresa, con más saberes sobre el particular que el viejo Mesonero Romanos o el nuevo Pedro de Répide.\n\nBajamos, pues, entrambos, en animada conversación acerca de nuestros fraternales amigos de la Ciudad del Befis, hacia la clásica Plaza del Rastro, admirando a derecha e izquierda aquellas tenduchas de zoco marroquí, atiborradas de mil cosas heferóclitas, astrales restos de hermosas grandezas que fueron: la repujada armazón orinienta de una farola señorial que vio acaso pasar, bajo las irisaciones de sus cristales de colores, embajadores al modo del picaro Bückinghan, o de los no menos picaros de Richelieu y de Mazarino; arneses cordobeses de potros que caracolearan un día en aire de torneo en plena fiesta de la Plaza Mayor, áureas hebillas que antaño fuesen de episcopal sandalia; cadenas esposadoras de algún pobre liberalote, estilo Riego, Torrijos o eí Empecinado, camino del suplicio en nombre de un Dios clemente y misericoidioso; 1 broches, acaso de oro, efectivas bocas sin dientes, quiero decir, armazón sin las piedras que en tiempos les exhornasen; camafeos, relicarios, iontiilos, trípticos rafaelianos con pátinas de dolores y manchas que eran toda una historia; restos, trozos, fragmentos, piezas, armazones, nonadas, de esas que las humanas urracas que llamamos chamarileros y anticuarios pescan en los remanzos del torrente cenagoso de la vida... in torrente vivís vitae, contribuyendo con ello, tanto o más quizá que el más encopetado académico de la Historia de San Fernando, a salvar de la muerte tesoros inapreciables de los tiempos que fueron.\n\nMi amigo, como buen Jiña, era un maravilloso psiquiatra, a quien bastaba el ver el más ínfimo despojo del pasado para reconstituir, erudito e intuitivo, una historia entera fotografiada en la luz sideral del aura del objeto en cuestión, como él decía. Así que me condujo sin vacilar por entre el laberinto de las malolientes callejuelas vecinas, hasta meterme en un antro, tugurio, cueva de lenocinio, zaquizamí, bodegón o como deba llamársele, dentro del centenar de las palabras afines que para cualquier cosa atesora nuestra divina fabla castellana. 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Ignorante en materias artísticas juzgaba yo, a bulto, que aquello podría en efecto ser una gran cosa, pero mi amigo, uua vez en la calle, aseguróme que el vargueño, que apenas me había costado 200 pesetas, era un tesoro artístico que no desmerecería de aquellos oíros salidos de las manos de tallistas al estilo de Montañés, de Durero o de Benvenufo Cellini. El viejo, o era tonto, o andaba falto de dinero, sin duda, y así para estudiar mejor el mueble como para someterle a una limpieza harto requerida, le hicimos llevar al famoso Bar del Torreón junto a la Plaza de San Ildefonso, donde posaba, cuando tenía algo qu¿ comer en él, cierto italiano habilísimo, verdadera interrogante en punto a misterios ocultistas y que tenía manos de mago en todo lo referente a restauraciones artísticas. Cofia aseguraba de él que, en la propia India, había sido iniciado con pruebas aterradoras que duraron siele días en los misterios ultraprodigiosos de los jiñas y sus obras subterráneas estalactícas, de las que la propia Alhambra granadina o el Alcázar sevillano no son sino remedos infelices... El cenar con Cotia en el Bar del Torreón y al lado del vargueño, era, pues, corolario inevitable, de todo lo acaecido.", "source_page": 22, "citation_page": 22, "printed_page": null, "pdf_page": 22, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 234228, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000079.g2", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000079"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jiñas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p21:b1", "chapter_title": "CAPITULO I Los duendes de un vargueño en el B a r del Torreón", "page": 26, "page_end": 26, "word_count": 39, "text": "—Vamos—dije, renunciando a la empresa—una bromita y nada más de nuestro italiano, agradecido al cubierto que le hemos puesto. ¿Quién sabe si a estas horas, el infeliz artista asceta, ha pasado ya al mundo de los jiñas?", "source_page": 26, "citation_page": 26, "printed_page": null, "pdf_page": 26, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 234247, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000098.g3", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000098"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jiña"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p28:b0", "chapter_title": "CAPÍTULO II Extrañas telepatías", "page": 29, "page_end": 29, "word_count": 39, "text": "Cómo pasé aquellas horas, no acertaré a decirlo. 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Dije «acomodados en un departamento», y dije mal, porque no tuvimos tiempo ni de acomodarnos con los tres o cuatro transbordos que hubo que hacer antes de vernos, a través de las mallas de los ferrocarriles secundarios que hay entre Sevilla, Huelva y Cala, en la estación de Castillo de las Guardas, frente por frente ya de SierrajMorena.", "source_page": 54, "citation_page": 54, "printed_page": null, "pdf_page": 54, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 234384, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000249.g7", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000249"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jiñas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p53:b0", "chapter_title": "CAPÍTULO Y Las relaciones del doctor de Brin", "page": 61, "page_end": 61, "word_count": 172, "text": "Deseoso Arias.Monfano„,de1 queJe. dejasen.,, tr.a.aqujJo_.en^u_Peña y Santuario de, Atajar, con sus libros, con sus meditaciones y con fas inspiraciones que en esta gruta y en la entonces desconocida Gruta de las maravillas de Aracena, recibía me figuro yo de los jiñas, continuó el doctor , guiso renunciar al par el odioso encargo de la biblioteca escorialense, como más tarde renunció aÜn obispado y otras 3ignidades_y\"éñ 1573 escribía a Zayas, el secretafiÓ^e Felipe segundo, desde Anveres: «En lo que toca a mi particular, afirmo a vuestra Magestad delante de Dios, que soy muy ageno de ambición de dignidades, ni de otros estados, y que el mayor que hasta ahora he deseado siempre ha sido el tornarme a mi Peña, porque jamás me ha pasado por el pensamiento escoger oficio, sino dejar a Dios el arbitrio entero de mí y de mis cosas que se que Él solo sabe y puede darme lo que he menester para mi salvación que es lo que más deseo....", "source_page": 61, "citation_page": 61, "printed_page": null, "pdf_page": 61, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 234417, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000254.g8", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000254", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000255", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000256", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000257", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000258", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000259", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000260", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000261", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000262", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000263", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000264", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000265", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000266", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000267", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000268", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000269"], "reference_count": 14, "matched_forms": ["jiña", "jiñas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p63:b0", "chapter_title": "CAPÍTULO TI Una asignatura ocultista", "page": 63, "page_end": 66, "word_count": 1951, "text": "El jiña Casas de Hermes. Lo que contaron de él Torres y Cotta. —Una familia misteriosa de Morón.—El maelstron astral de la cueva de Benaoján. Lo que vio en el cerro de Salomón el número de Iripo.—Emilio Carrére y su expeluznante relato jiña. —Un yogui moderno.—Lo que pudo ser y no fué el Concilio de Trento. —León Castro, la Inquisición y el P. Moriano.—San Ginés, un Budda cristiano, y Santa Brígida. Maravilloso sello en la Biblioteca del Escorial. Infinito-igual cinco.—¡La mente del hombre es infinita! •\n\n—Doctor,—dijo Moníalvo al arrancar de nuevo el faetón, después de nuestra grata merienda antes de que continuéis, ¿seríais tan bondadoso que me aclaraseis un concepto de vuestra hermosa disertación? Habéis dicho que el ario del monte sólo anhelaba que le dejasen tranquilo en su Peña de Alhajar, con sus libros, sus meditaciones y las inspiraciones que acaso recibía de los jiñas en dicha gruta y en la entonces desconocida de las Maravillas...\n\n—Igual duda se me ocurrió a mí—añadió Cotta—pero no quise formularla por que venía un jiña con nosotros.\n\n—¡Esta es buena! exclamamos todos.\n\n- Si el jiña Hermógenes Casas o Casas de Hermes,—continuó impávido Cotta- ese mismo que ahora, en sustitución de Torres, charla alegre con nuestros auriga.\n\n—Explicaos. Cotfa, explicaos.\n\n—Con el mayor gusto—continuó bajando la voz el gran Podrigo—porque habéis de saber que ese muchachofe sano, guapo, robusto y de largas orejas que nos acompaña por mera devoción al doctor, tiene, en su familia, según él me ha referido varias veces,, algunas particularidades muy extrañas de verdadero jiña tal y como nuestro cronista no los ha descrito en su libro De gentes del otro mumdo.\n\n¡Cepita!—¡exclamé, saltando sobre el asiento.\n\n—Si, todos los ascendientes de Hermógenes, mineros por derecho propio, que decía el senador de la comarca,eran verdaderos jiñas. El primero de sas antecesores de que hay memoria en Morón y en toda la Serranía de Ronda, fué un extranjero, una especie de conde de Saint Germain, venido no se sabe de donde, quien apareció por primera vez entre el personal de unas minas de platino y hierro magnético que se empezaron a laborear hace años en lo más recóndito del enorme pinar vecino a IO-PO e IRI-PO, es decir de Coripe y Algámitas o Argámitas de dicha serranía que hace el frentea la vecina África y a las históricas columnas de Hércules.\n\nComo las minas fracasaron como fracasan todos los buenos negocios mineros por las codicias de los consocios, unos con otros, el hombre se estableció en Morón o Mor/am, como él, sin saberse porqué, decía, dedicándose a la enseñanza de niños y jóvenes con un provecho grande y una abnegación sin límites. Conocía el extrangero a fondo el entonces naciente espiritismo aunque no se sabe que le practicase nunca, y muchas veces trabajaba en el campo en beneficio de los pobres y aún se agrega que gozaba de una disimulada clarividencia y otros poderes curativos, por cuanto cierta vez vino a consultarle una pobre mujer.forastera con una joven a quien aquejaban terribles ataques histero-epilépticos, y al punto la dijo a aquella que cuidase de curarle el alma antes que el cuerpo para que el chico no tuviera el mismo triste sino que su padre había tenido. En efecto, el joven se ahorcó de allí a pocos días y se supo después en Morón que el padre se había ahorcado también años hacía, por disgustos que le dieran la mujer y el hijo.\n\n—Todo eso es cierto—confirmó Torres, el de Morón;—yo también lo he oído, y en cuanto al padre de nuestro jiña que vivía siempre bajo tierra es fama que no había buscador de minas más experto en cien leguas a la redonda, como que los ingleses de la Tharsis y otras compañías le pagaban espléndidos sueldos ora para que les encontrase yacimientos nuevos, ora para que tornase a hallar las capas y filones por las fallas mineras perdidos y se cuenta también según él mismo nos ha confirmado a varios íntimos—que eil una ruinosa mina fenicia no lejos de Benaoján o Ben-jaiñ había seguido largo trecho por una tenue lucecita fosfórica que le iba guiando en aquel laberinto. Otra vez, buceando por una falla en el clásico cerro de Salomón, en Huelva, se había caído por la cortadura a unos sesenta metros de profundidad y cuando volvió en sí del aturdimiento de un golpe que no fué moría' por verdadero milagro, vio luz por la oquedad adentro y, al asomarse lleno de curiosidad vio en torno de la lucecita una media docena *de hombres que no eran hombres», quienes, a! sentirse descubiertos desaparecieron «como nieblas que se esfuman bajo los rayos del sol», al par que se alejaba !a luz. Retornando más tarde con su cuadrilla a la grieta, en el sitio de los jiñas aquellos, hallaron monedas, herramientas y cacharros ibérico fenicios tn prodigiosa cantidad, amen un cofrecito lleno de estatuillas de oro que se llevaron los ingleses. —¡Me asombráis, buen Torres!—interrumpió Cofta!, porque días pasados el misteriosísimo Emilio Carrere me contó, concordando con nuestro relato la siguiente historia: (1) «Un ingeniero de Montes conocido mío, que actualmente vive en Madrid, fué llevado'por su profesión a un terreno abrupto, lleno de profundas ruinas. Le acompañaban varios obreros y algunos vecinos del pueblo cercano. Llegaron a una cueva que en el país tenía una leyenda de superstición, y el ingeniero quiso bajar a conocer por sí mismo aquel enigma. Un aldeano le advirtió que ninguno de los que bajaron volvió a subir. El ingeniero sonrió excéptico; se ató una cuerda a la cintura, y provisto de una gran linterna, descendió. Al cabo de cinco minutos, desesperados tirones de la maroma advirtieron a los de arriba que el explorador pedía auxilio Le ascendieron rápidamente y el ingeniero apareció, pálido, con los ojos enloquecidos de terror y erizado el cabello.\n\nPreguntáronle que cosa había visto, y con muestras de un espanto extrahumano, se negó a responder. —¡Es horrible lo que he visto, pero no puedo decir nada! ¡Sería fatal para mí!—Un obrero de espíritu bien templado, se burlaba del pánico de su Jefe y solicitó bajar para comprobar tan horripilante extraño espectáculo. No pudieron disuadirle y bajó al fondo de la cueva. Pocos instantes pasaron cuandos los de la superficie sintieron violentos sacudimientos de la cuerda. Extrajeron al obrero y, horrorizados, vieron que estaba ciego y mudo. ¡No volvería a ver lo que vio, ni podría contar lo que había visto! Todos le rogaron que escribiese lo que le había sucedido y él se negó con violentas sacudidas de cabeza. ¿Qué es lo que había visto ei aquella cueva? ¿Sería acaso el palacio encantado, la guarida tenebrosa de un jiña feroz y vengativo?...\n\n(1) Reproducida después por el insigne escritor en la revista Nuevo Mundo de 8 de Febrero de 1918.\n\n—Puedo añadir continuó Torres—que el joven Casas de Herirles ha heredado todas aquellas cualidades de familia, y, así enredando de monago en los desvanes más recónditos de la iglesia del pueblo, tropezó con un precioso manuscrito en tres legajos conteniendo la historia toda de Morón con los verdaderos orígenes fenicios de las gentes de la región, y los yacimientos de oro y plata explotado por ellos, entró con unos cuantos atrevidos en las cuevas no sé si de Morón o de Liluergo hasta allí donde el lago subterráneo corta el paso a los profanos indiscretos. Al médico del pueblo gran excéptico como buen médico se le metió en la cabeza el navegar lago adentro en un barquichuelo, en unión de otros dos parientes del jiña y es forma que llegaron a un punto en que retenidos por una fascinación magnética y como por un torbellino de aguas, quedaron inmóviles con el barco clavado. No había fuerzas humanas que le hiciesen navegar adelante ni atrás, hasta que el joven jiña, con sorpresa de los otros tres, más fuertes que él, dio una vigorosa remada que arrancó, al barquito de su encanto. El médico sufrió grandes crisis nerviosas y murió al poco tiempo, si saberse de que enfermedad.\n\nPara terminar, en fin, con esta famila tan jiña y tan extraordinaria, diré que el padre de Hermógenes, después de las aventuras referidas y de otras mil a cual más maravillosas, se retiró a las sierras de Aracena, donde hizo una vida ascética muriendo en opinión de un efectivo santo, una de cuyas penitencias era la de ponerse en cruz y boca abajo como un yogui, al habla quizás también, como del Maestro Ar.'as Montano decía hace poco el doctor, con esos superhombres o lo que sean, secreto encanto de estos rincones de misterios hacia los que, sin saber por qué, caminamos, y sobre lo's que nuestros sabios nos podrán decir sin duda mucho mas.\n\n—No sé lo que puedo ni lo que debo decir - replicó el doctor, con modestia.—Solo sí sé, que, renuncio a daros respecto del polígrafo extremeño los detalles que, mas por extenso podéis ver en el Elogio que le consagra la monografía de González Carvajal, tomo séptimo de las memorias de la Real Academia de la Historia; en las obras de Gorris.su biógrafo, en 1842 y en la cuanto inconmensurable obra Bibliotheca hispalensis vetus de Nicolás Antonio y en las citadas de Menéndez Pelayo. En resumen, que nos encontramos con las siguientes cosas, tan peregrinas como incontrovertibles. La primera, que el sacerdote que en San(j$n\\ Hufc^J Marcos de León vistió el hábito de Santiago; que el rey de nuestros escriturarios,corrector de las versiones bíblicas interlineables de Alfonso de Zamora, Pedro Ciruelo y Santos Pagnino; el S a - lomón de España, en fin, fué al Concilio de Trenfo, donde, si bien fué oído con asombro, yo os aseguro que no fué entendido ni atendido, por que al serlo él, a aquel otro ocultista y alquimista discípulo de Paracelso y Tomás de Aquino que también fué, muy otros habrían sido los cánones emanados de tal concilio..Segúndo^ugeJL autor de la maravillosa, de la inardita versión de la Biblia en hebreo, griego, latín y castellano conocida por La políglota de Anveres, volviendo del revés la Vulgata de los Setenta; la Biblia de Vatablo y tantas otras tenidas hasta enlonces por intangibles y que culminaron en la Políglota de Cisneros, fué llevado a la Inquisición, por el bilioso León de Castro, como fray Luís y como todos los demás rebeldes gloriosos de la época, tras los cuales, como dice el padre Villalva, acaba por aparecer siempre Arias Montano con su mas o menos encubierto judaismo, que no^era'.'en verdad sino ocultismo y cabalas, tos mas sublimes, o sea, «la Matemática, Esfera (Asfrologia) y otras mil buenas artes» con las que, al decir de las Memorias sepulcrales del real monasterio, simultaneaba nuestro polígrafo sus lecciones de griego y latín. Si a esto agregáis que tradujo del latín el misterioso e inesfudiado Itinerario de Benjamín de Tude/a; que fué el maestro del gran extremeño fray Pedro de Valencia, célebre por sü Discurso sobre ¡as brujas y otras cosas tocantes a la Magia, y que sil predilecto lo fué San Ginés, asceta fundador, el santo jiña que según la leyenda dorada se alimentó en su cuevalargos años como GSO'tám'érBudha' '*córi Ta leche déla \"vaca b\"\"d\"é\" la cierva», y \"cuy o cerro de San Ginés se alza junto a los de Aracena y Alájarcomprendereis que,-puesto así ya en la pista, no podta_yarnpor~nada ni por nadie de dejar de seguir el hilo ocultista que de tan inopinada manera se me había venido a las manos.", "source_page": 63, "citation_page": 63, "printed_page": null, "pdf_page": 63, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 234422, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000289.g9", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000289"], "reference_count": 2, "matched_forms": ["jiña"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p71:b0", "chapter_title": "CAPÍTULO VII Un amigo nuevo", "page": 72, "page_end": 72, "word_count": 72, "text": "—Joven jiña—dijo festiva y cariñosamente el doctor a Casas así que volvimos al faetón—tened la bondad de continuar en la delantera con Torres. 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Sigüenza.—Obras secretas de San Isidoro.—El viejo veneciano y el polígrafo.—Libreros a estilo de Bulwer Litton.—Por qué el Escorial pudo ser y no fué la octava maravilla del mundo.", "source_page": 95, "citation_page": 95, "printed_page": null, "pdf_page": 95, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 234546, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000392.g13", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000392"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jiña"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p95:b0", "chapter_title": "CAPÍTULO X. 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Ignoro si, en efecto, es históricapa anécdota que de aquél se cuenta cuando, reconvenido por su pelo rojo de jiña por cierto mínimo de esta última, «pelo igual al que se dice tenía Judas», hubo de respo nderel sabio:—¡No lo sét, pero si me consta que Judas era uno «de los de la compañía.... de Jesús»—Mas como quiera que sea, no hay que olvidar el formidable informe de Arias Montano Sobreel modo con que gobiernan los padresde la Compañía, niel pérfido de Mariana contra el polígrafo en el que éste «recibía tan menguada justicia,» que «e/ León bramando,* de su rival Castro ni el bilioso Lindano, obispo de Ruremunda, le pudieron nunca dejar peor, y cuenta que el mismo jesuíta padre Mariana, tan artero con Arias Montano, no dejó de confajiarse a su vez por el hebraísmo del maestro, porque las doctrinas de este supuesto hebraísmo fueron, al tenor del proverbio oriental «como la madera de sándalo que perfuma el hacha que la corta,» y de aquí la acusación lanzada poco después por el padre Juan de Rivera contra el propio padre Mariana «por su afición a los rabinos».", "source_page": 99, "citation_page": 99, "printed_page": null, "pdf_page": 99, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 234560, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000396.g14", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000396"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jiñas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p95:b0", "chapter_title": "CAPÍTULO X. 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El grupo de los que Íbamos a quedarnos en la cueva para seguir nuestra proyectada correría ocultista lucimos en alia voz como que nos despedíamos por dominarnos ya.el sueño, y escondiéndonos como chicos juguetones allá hacia los fondos acuosos de la izquierda, dejamos salir a Torres, a Montalvo y al guarda, con cuantos se habían agregado, bien ageno a pensar, este último de que nos quedábamos agazapados allí dentro en lugar de estar ya, como unos bienaventurados, durmiendo. Seguros, pues de nuestra impunidad, pronto encendimos dos lámparas de acetileno que aposentamos sobre dos salientes alabastrinos y agrupándose en torno mío Pintado el doctor. Cotta y Casas, al modo de los jiñas del cerro de Salomón que antaño viera el padre de este último, les hablé de esta manera:\n\n—Todos vosotrosconoceis, amigos míos, las verdaderas aunque extrañas aventuras que a mi gran don Antonio de Miranda y Col y a éste su discípulo nos acaecieron en Asturias, buscando el tesoro de los lagos de Somiedo. Rercordareis también los memora bles acaecimientos de la Quintana de las rosas, de Peña Aullan, con el imponente don Hermógenes de Faes y Ventiboglio, n cuyo lado y bajo cuyas órdenes y protección pasamos en el prodigioso edificio encantado de la Quintana veinticuatro horas justas, sin que me fuese permitido revelar luego a los lectores de mi dicha narración ocultista las estupendas cosas que allí dentro nos acontecieron.\n\n—¡Sí, lo recordamos todos!—, dijeron a coro mis amigos.\n\n—Y por cierto que es el pasaje de sü obra que más me ha hecho pensar—añadió el doctor.\n\n— Pues bien. Hoy puedo revelaros ya todo lo acaecido. Abreviando razones os diré que en aquella misteriosa quinta astur recibí una iniciación severísima a estilo egipcio aunque de resultado no demasiado satisfactorios merced a las taras kármicas de mis muchos defectos iniciación sobre cuyos detalles aun no me es permilido hablar. Básteos saber que, colocado mi inerte cuerpo físico en un sarcófago de mármol análogo a los que en las Pirámides existen, mi doble astral fué separado por el Maestro; precipitado a inmensa distancia; filtrado, por decirlo así, con velocidad de proyectil a lo largo un dédalo de grutas y abismos que se sucedían sin cesar unas y otras, hasta detenerme en la mansión toda llena de luz en que ahora nos hallamos, gruta que no sólo he identificado ahora en su «Garra del León», en su «Ostensorio», en sus Colgaduras de nieve y demás detalles, sino que recuerdo nítidamente que la mágica sombra de mi iniciador hierofante me dijo solemne desde ahí enfrente:\n\n- Joven cronista, esta es la maravillosa gruta en la que voz y seis amigos vuestros más, teósofos taríesios también, os veréis reunidos antes de cinco años para emprender uno de los viajes más extraños y peligrosos, a fuer de iniciáticos, que ha conocido este |ig'o. De ella partiréis quizá para lo que aun resta de la Atlán aatlüe Platón y de la otra Gran Aíláníida, si de ello resultareis dignos después de las pruebas. Entre tanto bajo las penas mas severas, nada diréis a nadie de lo que os ha acaecido en este primer ensayo actual de iniciación en los misterios del pasado* lo que don Antonio de Miranda, su discípulo oficiante agregó:\n\n—Cuando hagáis el viaje, yo estaré con vosotros, en espíritu.\n\nMis compañeros quedaron en un embolado silencio, que rompió Cofta, diciendo:\n\n— ¡Oh, dichosísimos Vargueños y qué cola no os traíais, con vuestros golpes!\n\n—Una cola harto más larga que lo que suele ser corriente en el Espiritismo—añadió Peinado.\n\n—¿Qué hacer, ante t o d o ? - s e preguntó el doctor.\n\nY como si fuese una respuesta tácita a su pregunta, las dos brillantes luces deacetileno palidecieron,se contrajeron,se aclararon hasta alcanzar el tamaño de dos granos de trigo, mientras que, corredor adentro, una pálida, inquieta y cambiante lucecita fosfórica parecía mostrarnos el camino, invitándonos a seguirla.\n\n— ¡Es la lucesifa misma que antaño vio mi padre!—exclamó alborozado Casas, el jiña.\n\n—¡Pero es imposible el seguirla, porque se interpone el lago que tenemos ahí, a los pies!.. .\n\n— ¡Al bote!; ¡al bote!—nos digimos todos, poniéndonos en marchai—Que Ellos, los Maestros, sean con nosotros, ya que nuestra intención es pura.\n\nLa lucesita se acercó como flotando, sobre las aguas, paradógicamente disminuida otro tanto de lo que las nuestras de acetileno tornaban a su brillo primitivo. Como el bote era pequeño hubo que hacer dos travesías igualmenle felices y de menos de trescientos metros por las aguas del lago que allí son muy profundas. —Advierto,—me dijo el jiña al volver por Cotta y por mí, habíamos quedado los últimos que ni la lucesita se apaga como se le apagó a mi padre en la falla del cerro de Salomón, ni la barquilla se ha visito detenida en su boyar por mágico remolino de fuerzas invisibles, como le sucedió a mi hermano, y esto si que es un presagio feliz.", "source_page": 109, "citation_page": 109, "printed_page": null, "pdf_page": 109, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 234590, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000441.g17", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000441"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jiñas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p104:b0", "chapter_title": "CAPITULO XI En la Qruta de las 7Waravillas", "page": 112, "page_end": 112, "word_count": 82, "text": "Pronto, se hizo la luz tan brillante y límpida que más que alumbrar, parecía darnos vida. Apagamos, pues, o se apagaron, los focos de acetileno, y al paso lento que ella parecía marcar, según cuadraba a las bellezas inenarrables de aquella siempre cambiante A/hambra de los jiñas, caminamos poco más de una hora, por un suelo accidentado, pero no demasiado penoso, siguiendo, según mibrújula de bolsillo exactamente en la dirección délas pizarrozas alturas que culminan en el cerro de San Ginés.", "source_page": 112, "citation_page": 112, "printed_page": null, "pdf_page": 112, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 234609, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000450.g18", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000450"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jiña"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p114:b0", "chapter_title": "CAPÍTULO XII ¿7X\\ontcmo, cabalista?", "page": 115, "page_end": 115, "word_count": 26, "text": "En efecto, el propósito de nuestros amigos era el de entrar a buscarnos hasta donde fuera posible, entrando desde Valverde, por la bocana del cerro jiña.", "source_page": 115, "citation_page": 115, "printed_page": null, "pdf_page": 115, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 234618, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000504.g19", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000504"], "reference_count": 3, "matched_forms": ["jiña", "jiñas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p123:b0", "chapter_title": "CAPÍTULO XIII Un asceta del siglo X X .", "page": 128, "page_end": 128, "word_count": 271, "text": "—Porque habéis de saber—nos dijo, como quien hace una penosa revelación—que a seis kilómetros más al Sur de Alájar, del otro lado de esas sierras coronadas por tenues girones de niebla, se extienden los célebres llanos de Grullos u Oralia, cerca de donde se halla la capilla de San Bartolomé, capilla alzada sobre las minas del templo celtibérico, tartesio o túrdulo más afamado por toda esta tierra. No lejos de allí estuvo también el pueblo y templo de Olisis u OId-Isis, la vieja diosa ¡sis egipcia traída a estas regiones por los periplos de la raza aquella que también fundó en la desembocadura del Tajo a su gemela Olissipo o Lisboa, metrópoli atlántica que sólo tuvo rivales en Gades y Coruña. Además de as tradiciones y documentos que yo os daré en breve, tenemos, cauce abajo de Riva Seca los restos de El Patrás, o sea la ciudad de los padres, paires o jiñas; la misteriosa Fuente jiña del Oro; los baños minero-medicinales vecinos a La Corte, a Santa Ana la Real y a¿ primitivo monasterio y castillo dé Almonaster el Peal. rico en piritas de hierro y cobre, entre los Sitios jiñas también llamados La Joya y la Cueva de la Mora. Todos estos lugares, dijo, solapan grandes misterios del pasado, que yo mismo ignoro, y aunque los supiese acaso no podría revelároslos tampoco... 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Ved: el ruedo atlante y el actual no son sino un Zodíaco en el que constelado, se sienta el público; el iniciador o hierofanfe, es el maestro, los banderilleros dea pié, son los compañeros, y los picadores, a su vez, los aprendices. Por ello estos últimos van sobre el caballo, es decir con todo el lastre encima de su no domado cuerpo que suele caer muerto en la brega; los compañeros, al poner las banderillas o bastos ya empiezan a sentirse superiores a \\a fiera, es decir que son ya a la manera del Arjuna de BhagavadGita-los perseguidores del enemigo, mientras que el Maestro, con la capa de la ilusión o sea con el dominio de Maya y con la espada del Conocimiento iniciatico, resulta, ala manera del dios Krishna de aquél poema, no los perseguidores, sino los matadores de la fiera, de la simbólica bestia bramadora, que también viese en el Kameloc o Kama-loca el propio rey Arfhus, jefe de los caballeros de la Tabla redonda, «toreros de lo astral» que yo diría, si no temiese vuestras sonrisas", "source_page": 157, "citation_page": 157, "printed_page": null, "pdf_page": 157, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 234761, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000599.g22", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000599", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000600", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000601", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000602", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000603", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000604", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000605", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000606", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000607", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000608", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000609", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000610", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000611", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000612"], "reference_count": 3, "matched_forms": ["jiña"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p159:b0", "chapter_title": "CAPÍTULO XVII Una levitación espiritista, y sus consecuencias.", "page": 159, "page_end": 160, "word_count": 536, "text": "¡OLISIS! - La célebre caña de los siete nudos.—¿Filtrados por la roca viva?—Otra vez en el Huerto de Getsemani.—Los terrores del sobrino del asceta. Un hermano mayor de los vargueños de marras.—¿Ocultismo o espiritismo?— La ¡evitado inteligente del arcón y el tesoro de sus libros.—Mil pesetas a cuerna—El cuitado del sobrino se resigna. — El jiña Hermógenes\n\nCasas y su Arca de la Alianza, camino de Sevilla. - Lo que soslayó en uno de aquellos libros viejos el sabio doctor de Brin.\n\nA las siete de la mañana ya estaba en pie Cotta, haciéndonos levantar más que deprisa a todos y, sin dejarnos tomar ni una mala taza de café, nos obligó a tirar repecho arriba, camino de la Peña de la Ermita, sin pasar siquiera por el Huerto depelsemaní, como había dado en llamar al retiro de nuestro asceta. u El doctor, sonriente y benévolo siempre, y siempre rápido en el obrar ocultista, le dejaba hacer de guión, yendo él y todos nosotros detrás a un paso más que militar, como si al asalto fuésemos de una fortaleza. Así que en muy- breves minutos enfrontamos a campo-través, con la boca de la cueva.\n\n— ¡Eureka!—gritó Coíta así que puso el pié en la entrada.—Por aquí han pasado hace poco los dos. Las huellas de sus pisadas están frescas!\n\nEn efecto, al punto pudimos comprobar, estampadas en el barro de la caverna, las huellas de dos clases de pisadas. Unas, nomuy pequeñas, las de Peinado, sin duda; otras diminutas, como los pies del asceta, que desde el primer momento nos habían llamado la atención en el huerto. Siguiéndolas, llegamos hasta el sitio en que la especie de túnel que hace la gruta presentaba una bifurcación. Allí Cotta, como herido por un rayo, se detuvo exclamando:\n\n—¡Las pisadas no pasan de aquí y, sin embargo, no se advierten huellas de retroceso!\n\nY , un instante después añadió:\n\n—Pero, en cambio, ¡Ved lo que aquí está escrito!\n\n—Todos quedamos estupefactos. Sobre la tersa superficie del lodo aparecía escrita con pulso firme y letras latinas esta palabra:\n\n—¡Él es, sin duda quien lo ha escrito, trazando además esta flecha que parece apuntar hacia la roca viva!—conMnuó Cotta, preso casi de un accidente nerviso—¡Aquí está, en efecto, su célebre «caña de los siete nudos» que tanto daba que pensar en S e -\n\nMontalbo, el doctor, el jiña y yo, que seguíamos ansiosos con la mirada todo cuanto nos iba mostrando espantado Cotta, quedamos sencillamente aplastados. Nuestro amigo—mariposa no se equivocaba un punto, porque la misteriosa palabra estaba escrita allí y estaba también su bastón de siete nudos.\n\n¡Esto es maravilloso!—clamó Montalbo. • ¡Maravilloso, maravilloso!— repetimos a coro.\n\nPasados aquellos momentos de sorpresa, y convencidos de que no había pisadas de retorno, quedamos confundidos.\n\n—A Oiisis, pues, señores. No hay otro camino. Pero, puesto que ustedes no hallarán medio, ni yo tampoco, de filtrarse roca adentro como gnomos, ya que no se descubre posibilidad alguna de seguir más por esta covacha, pese a la flecha misteriosa, opino que debemos volver a nuestro albergue y disponerlo todo para partir hacia Olisis al modo humano, ya que no al modo jiña,—dijo, siempre sensato, el doctor.", "source_page": 159, "citation_page": 159, "printed_page": null, "pdf_page": 159, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 234767, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000629.g23", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000629", "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000630"], "reference_count": 2, "matched_forms": ["jiña"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p159:b0", "chapter_title": "CAPÍTULO XVII Una levitación espiritista, y sus consecuencias.", "page": 162, "page_end": 162, "word_count": 185, "text": "— Y vos, gran jiña, a vuestro puesto, es decir, sentado sobre el arcón, al que no desamparareis un instante y caminifo en el acto para Sevilla—dijo el doctor a Hermógenes Casas dándole un cariñoso golpeciío en las espaldas amen de unos billetes para el camino.—Yo quedo en telegrafiar al querido profesor Castro para que os reciba en Sevilla, por la puerta trasera de mi casa, que da al Campo del ferial, ¿y que sea de noche, eh? ¡No tengamos bromitas, ni cuentos como los de marras con los Vargueños, es decir ¿entendéis?, que no se entere ni la fierra.\n\nEl mozo Hermógenes, no precisaba tantas explicaciones,-según lo avispado que era, y aunque le costase trabajo separarse de nosotros, obedeció en el acto al doctor, como buen jiña servicial que siempre fuera. El Arca de la Alianza, como la bautizó al punto el picaro Cotia fué depositada solemnemente sobre el carromato y envuelta todo lo disimuladamente posible en el capotón de viaje y la manta de Peinado, arrancando al paso lento del vehículo, camino de Sevilla, con eljina de Hermógenes cantun eando encima.", "source_page": 162, "citation_page": 162, "printed_page": null, "pdf_page": 162, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 234797, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000642.g24", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000642"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jiña"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p165:b0", "chapter_title": "CAPÍTULO XVIII Por el campo de los clásicos gnósticos y greco-latinos.", "page": 166, "page_end": 166, "word_count": 103, "text": "A todo ésto ¡oh eterna y compleja ley de conjugación entre ¡a materia y el espíritu! no habíamos probado bocado y eran las dos de la tarde, sin que nos diésemos ni cuenta de ello, como tampoco se la diera al partir el buen jiña. 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Embebecidos nosotros en el recuerdo de aquellos siempre memorables tres días pasados en la alhaja de Alájar, hablábamos poco, pero nuestros pensamientos barajaban en extraña asociación de ideas, las exfupendas revelaciones del doctor acerca del polígrafo e Iniciado Arias Montano, el ario del monte, que no parecía sino que había hecho una región de misterio y de magia de aquella Gruta de las Maravillas por donde habíamos pasado subterráneamente hasta el cerro de San Ginés, el templo jiña donde habíamos creído ver una extraña asamblea de ancianos leyendo en sendos libros de piedra, y a donde habíamos sido conducidos por no menos inquietantes lucecitas: et lux perpetua luce ai eis... Luego la loca de la casa, que tan cuerda y salvadora es siempre cuando se sabe dirigirla e interpretarla en su divina grandeza, nos representaba, vivido, el encuentro en la mañana primera del asceta del Huerto de Getsemaní, aquel idiota, como así mismo se decía imitando a San Pablo, que alguna vez se le escaparon en francés, típicas frasecitas con giros de extraño políglota, frases a las que el anciano ponía sordina con inocentadas como lo de... «esto lo oí en un barco cuando iba a Santiago de Cuba», «aquello lo aprendí por casualidad en la hoja de un calendario», «esotra no tiene nada de particular; lo sabe cualquiera», y cosas por el esfilo que demueslran que el saber, como el amor y el dinero no puede estar oculto mucho tiempo.\n\nY una vez posada la imaginación en la personalidad proteica, nobilísima, adorable de aquel asceta o aquel jiña, del Salomón de España, que sin duda alguna vivía asfralmenfe en aquellos sus rincones queridos donde fres siglos antes la Inquisición le prendiese por Mago y ocultista, no había medio de evitar la sospecha de que una especie de Fraternidad iniciática se desarrollaba, acaso desde tiempo inmemorial, por aquellos sitios tan apartados del comercio del mundo. Las gentes de Olisis, los templarios del medio-evo, Arias Montano, el asceta del Huerto, ¡ay! y pronto también, quizás, nuestro presidente Peinado, que tan inopinadamente se había retirado para siempre del mundanal ruido a nuestra propia vista y dejándonos tan estupefactos como doloridos, eran los eslabones que nosotros conocíamos de la Cadena santa, en la que tal vez nosotros íbamos a ser eslabonados también cuando de ello fuésemos dignos, pero, ¿cuantos otros eslabones tartesios no se habrían también engastado en los pasados siglos? Aquellos gloriosísimos Trajano, Séneca, los dos Balbos, San Isidro, San Leandro y demás glorias similares, amen de cien otros para nosotros desconocidos, ¿formarían también áureos eslabones en la Cadena aquella?... 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Como habíamos descansado, no quisimos detenernos en la minera población, y sí continuar nuestras aventuras, visitando el histórico monasterio de la Rábida, después de haber telegrafiado a Torres a Almonasler, correo de San Bartolomé, para que se nos uniese en Huelva, caso de que el buen guía no estuviese ya a aquellas horas reunido con Peinado y con su maestro, o, quién sabe si avecindado ya, como un jiña más, en la ciudad encantada de Olisis.\n\nUn jiña fantástico.", "source_page": 216, "citation_page": 216, "printed_page": null, "pdf_page": 216, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 235040, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000880.g28", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000880"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jiña"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p215:b0", "chapter_title": "CAPITULO I I . 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Ese bosque, digo, en el que los humanos, teniéndole al lado, jamás les es permitido pisar, ni aún advertir siquiera su existencia, fué antaño parte de la región atlántica y, una de las fuentes del río Odiel que tenéis ahí delante, río que después de juntarse con el Tinto, seguía corriendo hace 200.000 años leguas y leguas por las fértiles'comarcas hoy sepultadas del inmenso continente, uniéndose después con el Guadiana y el Guadalquivir y mucho más allá con el Tajo y el Duero, por cima de la divina Kali Sekelmesa, al Norte de la metrópoli atlante que se llamó la Ciudad de ¡as Puertas de Oro, de los que apenas si los hombres conservan las más vagas leyendas y tradiciones Pero los monjes alejados de aquí por otra maya mía, se acercan, venid, pues, conmigo hasta la orilla de ese mar que oculta el gran misterio de los siglos.", "source_page": 218, "citation_page": 218, "printed_page": null, "pdf_page": 218, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 235048, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000914.g29", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0000914"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jiñas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p215:b0", "chapter_title": "CAPITULO I I . 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Se la conocía también por Cerne o Certne, en recuerdo de la Cerne de las trescientas sesenta y cinco puertas de oro, o capital antes sepultada, ochocientos años hacía, y que es a la que, bajo velo, aludiera Platón en sus Diálogos. También se la llamó Merópide, en recuerdo de aquella otra Merópide primitiva de hace también ocho^ cientos mil años, y de la que a Teopompo hablasen los sacerdotes de Frigia. En fin, a esta ciudad se la llamó asimismo Kalia-Shekelmesa o Shekelmesha primitiva, por los escasos sobrevivientes de la sumersión de mi gadírico reino, aquellos sacerdotes de la Buena Ley, que, poco tiempo antes de la última catástrofe de hace once mil años que demarcó ya los continentes europeo y africano en la forma que hoy tienen, huyeron hacia Oriente y fundaron, en lo que hoy es el oasis marroquí de Tafilete, a la ciudad de Shekelmesha, que diría Fournel, ciudad en cuyas ruinas actuales, de las que los árabes nómadas o beduinos no tienen ya ni memoria, existe un centro iniciático o jiña, harto digno de un estudio ocultista, porque en la fraseología mágica «fundar una ciudad» equivale más bien a «establecer una doctrina», una escuela de Magia primitiva.\n\nDentro del recuerdo que todas estas cosas han dejado en las leyendas parsis y caldeas, y el mayor aún que ellas habrían dejado a no ser por las destrucciones operadas en todos los restos atlantes no sepultados ni destruidos por los necromantes ascetas de la Tebaida y de otras partes, mi reino fué uno de los diez reinos o nomos en los que se dividiera la herencia atlante de Neptuno o Poseidonis; una de las diez dinastías o generaciones antediluvianas de Sanchoniaton y de Beroso; uno de los diez nomos de que habla la leyenda china del poema del Li-Sao; uno de los diez estados formados «en el último extremo del mundo», o sea en los territorios atlantes al Oeste de las Columnas, es decir, de las ciudades que seguían la doctrina iniciática de Hércules-Kaimurath, y cuyo simbolismo no supo comprender Bailly al estudiar la leyenda caldea de los reyes devas o gigantes atlantes que reinaron «nueve mil años antes», y de los peris o parsis, «más pequeños, pero más sabios y buenos, que sólo reinaron dos mil años, también antes, del hombre post-atlante, el hombre rojo, o sea nuestro bíblico Adán», es decir, las generaciones ulteriores a aquel terrible diluvio.\n\nEn cuanto a la península en que nos encontramos, formada por la confluencia de los dos ríos, ella es la península Gerira del Shemmish, que tanto ha preocupado a vuestro historiador Joaquín Costa. Vedla hecha isla por ese canal que separa la acrópolis en que nos encontramos del resto de la ciudad, cuyas tres calles principales marcan con su triple fila de árboles y su mayor anchura, la letra sagrada, la H inicial del nombre venerando de Hércules, no de otro modo que los arúspices y magistrados atlantes, en el sagrado arado de Triptolemo demarcaban la doble cruz cardo-decumana y el perímetro circular de toda nueva ciudad, invocando a los dioses tutelares, es decir, a nuestros jiñas y pitris.", "source_page": 310, "citation_page": 310, "printed_page": null, "pdf_page": 310, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 235243, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0001083.g33", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0001083"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jiñas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p309:b0", "chapter_title": "CAPÍTULOX ñ la vista de una ciudad atlante.", "page": 313, "page_end": 313, "word_count": 199, "text": "—Como nada hay inútil en la naturaleza, este mi encantamiento o desgracia por mis culpas, ha sido, en parte, mi fortuna. Verdad es que no he tenido ese placer o descanso celeste que tienen todas las almas entre encarnación y encarnación, y que estoy sometido de tiempo en tiempo a un humillante dolor que me callo, pero, en cambio, el bondadoso, aunque justo, poder del Dios Karma, me ha permitido enfrascarme a mi completa satisfacción en el estudio reposado y tranquilo de la riquísima biblioteca mágica que encierra mi palacio: ¡la biblioteca de mi buen padre, donde, como entre los jiñas de Yshmomia, no sólo existen cuantas obras se deben a la más remota antigüedad sabia, sino hasta los más modernos y menos estimados por la frivolidad de los contemporáneos, y el libro de Paredes sobre los tramontamos celtíberos es, sin duda, uno de los más estimables. Por otra parte, vosotros no tenéis que envidiar, en este punto de bibliotecas, a la sepultada Atlántida, después de descubiertas aquellas criptas que visteis junto a los hermosos lagos de Somiedo astures. Pero... no divaguemos más y contemplemos con calma a mi ciudad querida: ¡Antiquitas procime accedit ad Deo!, que Cicerón dijo.", "source_page": 313, "citation_page": 313, "printed_page": null, "pdf_page": 313, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 235251, "page_kind": "pdf"}, {"passage_id": "roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0001122.g34", "paragraph_ids": ["roso_de_luna_sevilla_yucatan.p0001122"], "reference_count": 1, "matched_forms": ["jiñas"], "volume": 1, "chapter_id": "v1:p317:b0", "chapter_title": "CAPITULOXI", "page": 330, "page_end": 330, "word_count": 159, "text": "¿ Y qué añadir que no' sea también un pálido reflejo de la realidad, acerca de las viviendas particulares alineadas a derecha e izquierda de las vías exteriores? 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Lo invisible no es nunca sino <lo visible, no visto»; ni lo ignorado y mágico no es tampoco sino «lo que no se ha estudiado todavía, porque no nos ha dado la santa gana de estudiarlo, dentro de la eterna ceguedad de nuestras pasiones, entre ellas la de nuestro pedantesco orgullo», al tenor de aquella intuición de Voltaire de que «para nada hace falta tanta filosofía como para ver y apreciar bien los fenómenos que pasan a diario inadvertidos a nuestro lado mismo?. ¿Quiénes son, en efecto, los que continuamente pasan a engrosar las filas de los precitos, los caídos en la Necromancia del fenomenismo hipnótico y espiritista, sino cuantos desdichados no han alcanzado a vivir la continua magia de los fenómenos más triviales de nuestra existencia, ni a ver tampoco la insustituible, la continua Magia del Arte y de la Naturaleza? ¡Oh, vosotros, cuántos sois los que no queréis ir a la Montaña, sino que la Montaña venga dócil a vosotros!...\n\nDigo, pues—continuó el doctor—,.que el mundo tiene extensa noticia histórica de esta isla o islas, como la tiene del mundo entero ese que a nuestro lado vive y que llamamos de los pitris o de los jiñas. 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Fray Juan de Abreu Galindo (1632), siguiendo las etimologías de su antecesor Fray Alonso de Espinosa (1594), nos habría dicho en efecto, que entrambas estatuas representaban respectivamente a Huaya-Xiraxi, u Osiris y a At-maya-ce-huaya-xiraxi, o Isis, literalmente «la diosa que es una con el dios Osiris», pues estos son igual que entre los mejicanos, los dos dioses del Ome-ce-cut-tli o «el cielo de los dos en uno», ya que los otros nombres de Hu Cancha «el Dios Poderoso», de «cancha» mole o roca. Hu-canech, Manú celto o Manú-Ceito, etcétera, son probablemente posteriores, y alguno como el de AlKorán, claramente arábigo. Todo ello, por supuesto, sin contar la interminable lista de nombres indígenas cuya significación dicen los doctos que les resulta totalmente desconocida, pero en la que Montalvo y nosotros no vimos sino nexos etimológicos con conceptos orientales y ocultistas que nos eran harto conocidos por Asturias, tales como los derivados de la raíz sánscrita Ar, el fuego solar o Ra, el Cordero sagrado ario o bien de Ar-ga, la deidad femenina lunar, en Argama, Arguayo, Arguayoda, Arguineguin, Arico, Aripe, Arinaga, Ariñez, Arona, Arecida, Arecife, Araya, Arafo, Arona, Artedara, Artejevez, Artenara, Arucas, Arure, Argual, Archifira...; los de Gerián Jini-Jina y Jinamar en Gran Canaria, que recuerdan al Gerión hispánico y a nuestros consabidos jiñas; los mil nombres isiaeos, como el de Yosora de Valverde en la isla de Hierro y de Guía en Tenerife, y, en fin los derivados de la palabra sánscrita tamas, «tinieblas», «occidente» etc., tales como Tamaide, Tamachuste, Tamarino, Tamanca, Tamaraceite y Tamaretilla en el archipiélago canario, concordados en el frontero continente africano, nada menos que con los de la siguiente lista, que aún se podía seguramente aumentar, a saber: Tamaide, Tamaduste, Tamaimo, Tamanca, Tamaraceite, Tamara, Tamase, Tamarsit, Tamagrut, Tamnugalt, Tamkasselt, Tamaretilla, Tamdjurt, Tamesluhat, Tamedint, Tamelelt, Tamailt, Tamarrakecht, Tamedraret, Tameskaret, Tamakucht, Tamdakt, Tamtetuch, Tamaruft, Tamessult, Tamrakt, Tamait, Tamansift, Tamanart, Tamedint, Tanzarart, Tamalikt, Tamsakt, Tamsur y sus similares de Timekkit, Timekzatin, Timcha, Temdauzguez, Tlmassinin, Timekkit, Timshisht, Temenes, Temlet, Timisha, Timedgahs, Timkert, Temessuin, Timzurin, etc., denominaciones geográficas, exclusivamente bereberes, se dan con mayor profusión a todo lo largo del Gran Atlas y en la región meridional de Marruecos, cercana a la costa atlántica, conocida por el Sur. 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Lohengrin, en efecto, es un Swan, loan o Dhyan-Choan en el famoso poema de Conrado de Würzburgo, titulado precisamente Der Schuan-ritter (o «el Caballero del Cisne»), poema en el que se inspiró luego hacia el siglo XIII el llamado Lohengrin bávaro, alma, a su vez, de la partitura wagneriana, como ya hemos dicho. Pero Lohengrin-Schwan es también el Kwan-Shi-Yin, Jain o jina, o Yain de la Isla Sagrada buddhista de China, personaje que aparece flotando, según enseña Blavatsky, sobre un ave acuática o Cisne negro (Kala-hamsa) y que vierte sobre la cabeza de los mortales (especie de bautismo de loan, Koan o Juan, el precursor de Jesús en la leyenda cristiana) el elixir de vida para transformarlos en inmortales dhyanis. Kwan-Shi-Yin es, pues, un equivalente del Logos o Verbo platónico, y con Kwan-Yin, su contraparte femenina, es el Chonubis egipcio y el Chistos-Sophia de los gnósticos alejandrinos (1). 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Así, pues, siguiéndola fielmente, nos permitimos sólo consignar que los tres hijuelos del romance en cuestión, son, a nuestro juicio, las tres razas supervivientes de la catástrofe atlante a las que tantas veces nos hemos referido en esta BIBLIOTECA, sobre todo en De gentes del otro mundo. La primera de ellas, la de los jinas, o sea la de los Tuatha de Danand (1) de las leyendas gaedhélicas, que, invisibles a los ojos de los hombres vulgares, habitan diferentes lugares ocultos de la verde Erin, separados de nosotros por el Velo del pecado de Adán, y huyendo de nosotros y de nuestra perversidad como huye el ciervo, pero conservan sin embargo todas sus características humanas primitivas, simbolizadas en ese blanco y humano pie, que hay que cortarle para lograr su desencantamiento, es decir, en ese pie humano con el que los jinas, a pesar de su espiritualidad superior a la del hombre, se asientan como nosotros en la tierra, viniendo así a ser nuestros hermanos mayores.\n\n(1) Tres hijuelos habia el rey. Origenes de un romance popular castellano. Revista Critica Hispano-Americana, año III (1917), t. III, núm. 1.°\n\nPor eso, para el Sr. Laiglesia, el ciervo del pie blanco es en realidad un hombre puro, un caballero transformado, por arte de magia, en ciervo, es decir, en hombre lunar o jina, como los que en aquellas obras llevamos descritos (2). En cuanto a la doncella que exige del héroe la consumación de tan difícil aventura, como lo es, sin duda, la de cortar el pie al ciervo que fieros leones-los leones u obstáculos de todo sitio iniciáticocustodian, no es sino la eterna Dama, la Suprema Esencia de nuestro Divino Espíritu que exige siempre de su Caballero, o sea del Alma humana, todo género de inauditos prodigios, de valor y de sacrificio. Por tal causa, semejantes héroes de la Acción y del Pensamiento redimido y libre son, en nuestra vieja fabla castellana, verdaderos Quintañones, y su Dama en cuestión recibe a su vez el nombre de Quintañona, en el romance de Tyolet, en el de Lanzarote y en otros, es decir, son aquellos los dominadores del quinto Principio humano, que es la Mente, según en tantos otros lugares llevamos dicho, aunque ya en el romance de Lanzarote, que es posterior a los otros, el héroe tenga por dama, no a la Quintañona, sino a Ginebra, «que es reina de los jinas, o sea otra de las mil ramificaciones del mito. Dada, pues, la espiritualidad excelsa del simbolismo de dichas Quintañona, comprende bien que fuese «la que a Lanzarote escanciaba el vino...» el vino de la espiritualidad transcendente, en las copas iniciáticas de Sukra y de Manti, que ya hemos mencionado otras veces, copas que no son, en suma, sino el Santo Grial en su significación de Cáliz de la suprema Bebida o néctar iniciático de los dioses. La dama Male-haut, literalmente para nosotros, «la viril suministradora de la fuerza de lo Alto, es otro aspecto de Quintañona que no ha escapado a la aguda intuición del Sr. Laiglesia.\n\n(1) Ya vimos en citada obra que estas gentes son los Tahua de Diana o «de la Luna y por eso están siempre simbolizados por un ciervo o Vaca que rara vez es visible a ojos mortales.\n\n(2) Todas cuantas leyendas posteriores nos hablan de la Dama de pie de cabra, no son sino contrapartes complementarias de este mito del ciervo de pie humano, y, como él, alusivas al doble carácter al par humano y selvático de toda la raza jina.\n\nEl mismo autor insinúa con raro acierto que el perro-guía, la trailla que ayuda al caballero en su descomunal aventura, no es sino el cisne de Lohengrin, de la leyenda La conquista de Ultramar, y como tanto hemos hablado ya acerca de esta última, añadiremos sólo que el tal perro es el equivalente a la Mule sans frainz, la mula loca y sin freno, del romance artúrtico -o sean nuestras terribles pasiones-que más o menos tarde nos han de llevar, una vez dominadas, hasta la conquista del ciervo del pie humano, o sea hasta la caza de los board encantados o jinas de que hablan, como vimos en De gentes del otro mundo, las leyendas de los Tuatha de Danand, El falso demandante del ciervo, que también aparece en los romances, o sea el no menos falso Klingsor del Parsifal, que, por medios reprobados, pretende, en vano, escalar el Templo del Grial, no es sino la personificación de la Mala Magia, siempre en acecho contra todos los héroes para frustrar todos sus esfuerzos y apropiarse, caso de triunfo de aquéllos, el fruto de sus desvelos, como aquel senescal del rey de Irlanda que en la leyenda tristánica, para lograr, por reprobadas artes, la mano de la rubia Iseo, no vacila en cortar la cabeza del monstruo que antes había matado Tristán de Leonis-el caballero del León-, sin advertir que, como siempre, su mismo delito había de delatarle, ya que, al reclamar el premio de la pretendida hazaña, Tristán se interpone y muestra al rey la lengua de la sierpe monstruosa que, como trofeo, antes cortó (1).\n\nFalta otro extremo, el más importante en el sentido oculto, respecto del precioso lay de los tres hijos del rey, o sea el del ermitaño, el Gurnemanz o Gurú, que guía al caballero para que pueda encontrar, al fin, al ciervo de pie humano, y con él todo el iniciático misterio atlante de los jinas. Ya en la página 187 de esta obra, al comentar el mito de los Lohengrines o Kwan-Yines, redentores que descienden siempre al conjuro del hombre recto cuando, falto éste ya de todo auxilio humano, entona el Tema de la Justificación, hemos hablado del pasmoso diálogo védico entre Krishna y Marytreya, diálogo por el que aquél revela a éste que cuando el verdadero ideal humano va a sumirse en la vieja condición animal, un elevadísimo Sér «del círculo de los Devas», un efectivo Kurú, Marú, Morú o Moria de la Dinastía Solar o de la Edad de Oro, aparece o se encarna como un Buddha salvador de la Humanidad. 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En El tesoro de los lagos de Somiedo, hemos tratado acerca de los eclipses, «colocándonos por tercera vez a la sombra de la Luna y de su Grial; y De gentes del otro mundo, la hemos consagrado al gran Misterio de los Jinas, o por otro nombre, en lo humano, a los Caballeros del Grial, a un posible Montsalvat transcendente, que nos es hoy inabordable merced al Velo de Isis, o Velo sexual adámico, y para que nadie, en efecto, pudiera llamarse a engaño con la lectura de este último libro, cuidamos de consignar, en el Preliminar, las siguientes conclusiones, que nos es forzoso reproducir aquí: a) Que existe a nuestro lado mismo, una humanidad que nos es invisible por nuestros pecados o limitaciones, nacidas del sexo. b) Que ella posee tesoros inauditos, a la manera del tan inestimable del Santo Grial. c) Que nos es imposible, mientras no superemos al sexo, cual los santos, el ponernos ni al habla siquiera con semejante superhumanidad, de la que ha hablado siempre, sin embargo, la leyenda universal. d) Que semejantes seres son los fieles custodios del Grial, o de la Piedra Iniciática, es decir, de la suprema Religión-Síntesis, que fué la primitiva de la Humanidad; la Religión de Jano, o de los jinas, de las que son corrupciones el actual jainismo y todas las religiones posteriores, religiones respetabilisimas, sin embargo, porque aun conservan recuerdos de aquéllas más o menos velados, entre los pliegues de sus mitos respectivos. e) Que el Norte y Occidente de Europa y muy especialmente España, conservan también preciados restos jinas, que, en su ceguera positivista, aun no han logrado sorprender los arqueólogos, pero que saltan a la vista de todo investigador bien intencionado, etc., etc.\n\nConviene en fin, no olvidar que, pese a las crueles persecuciones de que siempre han sido objeto por parte de todos los Klingsor perversos, eternamente se ha hablado, desde que el mundo es mundo, de instituciones iniciáticas, llámense éstas Colegios sacerdotales paganos, gimnósofos o jinas solitarios del Asia Central, lohanes, samanos, ascetas egipcios, pitagóricos antiguos, rosacruces medioevales, templarios, masones primitivos y demás Fraternidades, más o menos conocidas, cuya sola lista ocuparía docenas de páginas. Si, pues, como dice la Maestra, la existencia de la moneda falsa presupone a la legítima, aunque deputásemos-muy lejos de lo que está en nuestro ánimo-como absolutamente falsas y mendaces semejantes instituciones a las que, más o menos, han pertenecido los hombres más gloriosos de la Historia, siempre quedaría en pie la certidumbre de que, o ellas fueron gloriosísimas al modo de la del Grial, o, al menos, reflejaban y parodiaban ellas otra Institución más alta, velada al profano en absoluto y con todas las características supremas que al Montsalvat asigna el Parsifal. Dentro del riguroso y admirable orden y ley de seriación que rige al mundo, es natural que a una Iglesia paciente y a otra Iglesia militante, diremos, por valernos del hermoso símil cristiano, corresponda una Iglesia triunfante: la de los Hermanos que han remontado ya por el áspero sendero de la Salvación-per aspera ad astra, que dice el lema latino-verdaderos Hijos de Dios en el más bello sentido místico, y Hermanos mayores de la Raza, quienes, ocultos a nuestras miradas profanadoras, velan, sin embargo, por nosotros, sin mezclarse en nuestro Karma o sea sin mermar en lo más mínimo nuestra libertad y nuestra responsabilidad... El mismo orden natural que nos ha dado la santa tutela de los padres, nos depara también esotra tutela y guía de Aquellos, interin en uno y otro caso, no podamos valernos por nosotros mismos, que es el ideal supremo de todas las deliberaciones redentoras del progreso moral, intelectual y fisico. Por eso, del mismo modo que ya vimos al ocuparnos del rinconcito del Bierzo, a los templarios de Ponferrada proteger, con sus armaduras y albas capas de Caballeros del Grial, a todo peregrino camino de la Compostela española donde yace el cadáver del apóstol Santiago -el rebelde apóstol Prisciliano, más bien, según otros-nos veremos cada uno de nosotros, si meditamos sobre ciertos hechos extraños de nuestra vida, protegidos de igual modo por aquellos efectivos, aunque invisibles Caballeros jinas del Grial, Lohengrines de nuestros dolores, Iseos de nuestros anhelos, Gurnemancios protectores que guían como Maestros nuestros primeros y vacilantes pasos por el doloroso sendero de nuestra liberación...", "source_page": 506, "citation_page": 506, "printed_page": null, "pdf_page": 506, "page_validation_status": "unverified", "pdf_text_layer_status": "unknown", "pdf_highlight_enabled": false, "reader_line_id": 174076, "page_kind": "pdf"}], "generation": {"model": "claude-opus-5-5", "audit_model": null, "prompt_version": "external_source_semantic_review_v1", "prompt_hash": "731bd72a3b4c26a1e8b1901e6415e791e36636937c86323e84d689e85273d261", "input_hash": "9e34f5f30243b5b6ce74de060f023d2a38bf7756b1b14bae4699290e24789768", "source_hashes": {"term_extraction_fable/source_candidates/files/roso_de_luna/wagner_mitologo_y_ocultista_1917_es_working.txt": "31f3770af4ab67a6cc7dfa35cf6dcd451bcea137a1237f81e1fe862f1ff72354"}}, "publication_date": {"title_es": "Wagner, mitólogo y ocultista (el drama musical de Wagner y los misterios de la antigüedad) — Mario Roso de Luna", "events": [{"type": "first_printing", "label_es": "Primera edición", "earliest": "1917", "latest": "1917"}], "research_status": "known_from_registry", "publication_kind": "original_spanish", "kind": "source", "dating_method": "bibliographical_research"}, "reader_doc_id": "source-roso_de_luna_wagner_mitologo", "reader_access": "full_text", "reader_notice_es": null}, {"book_id": "huiracocha_rosa_cruz", "title_es": "Rosa-Cruz", "title_en": null, "author": "Arnold Krumm-Heller (Huiracocha)", "classification": "strong_source_reference", "definitional_usefulness": "strong", "source_attribution": "immediate_or_important", "same_sense": "yes", "historical_eligibility": "Original Spanish", "bibliographic_witness": "Original Spanish work; retained Upasika working text requires edition-level comparison.", "working_edition_note": null, "source_pdfs": [{"volume": 1, "path": "term_extraction_fable/source_candidates/files/huiracocha/rosa_cruz_es.pdf"}], "retrieval_only": false, "definition_es": "Jinas es un estado o fenómeno de la cuarta dimensión, invisible para el vulgo, en el que pueden existir templos, objetos y congregaciones ocultas. 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